sábado, 18 de octubre de 2014

El Padre Nuestro pagano de Rubén Darío



Cuenta Plutarco (1)  que en tiempos de Tiberio, o sea de Cristo, y en el Mar Jónico, un barco con destino a Italia se vio obligado a detenerse junto a las islas Equínades, en las costas del Epiro, no lejos de la actual Corfú.

Entonces se oyó una misteriosa voz procedente de las Paxos, dos islotes deshabitados cercanos, llamando al capitán del barco, que era egipcio, por su nombre propio y pidiéndole que al llegar a Palodes anunciara literalmente que el gran dios Pan había muerto.    

Así lo hizo el capitán del barco. Al arribar a Palodes gritó: "El gran dios Pan ha muerto". Y al instante se elevó “un gran lamento no de una sola persona, sino de muchas, lleno de estupor”. 

Este anuncio se ha interpretado a menudo como la muerte del paganismo consumada tras el advenimiento de Cristo. La palabra paganismo procede de "pagum", que significa lugar: Pan representa el mito de la arcadia feliz, el paraíso idílico y bucólico, que podria hacerse realidad aquí y ahora, en estos mismos pagos, si no se proyectara sobre ellos la sombra de la cruz.
 
La nueva religión instauraba una fe monoteísta caracterizada por una negación de la sensualidad y del pluralismo religioso. La muerte del gran dios Pan no podía significar más que el derrumbe del mundo grecorromano.

El poema de Rubén Darío "Padre Nuestro de Pan", incluido en su Lira póstuma, expresa la nostalgia moderna -o modernista, si se prefiere- de los valores sensuales  paganos de la antigüedad.  Rubén reivindica el paganismo en este su Padre Nuestro, compuesto por ocho cuartetos de versos de nueve sílabas con rima ABBA, que contiene ecos del Pater noster cristiano. 

Padre nuestro, padre ambiguo
de los milagros eternos
que admiramos los modernos
por tu gran prestigio antiguo.

 La ninfa junto a la fuente pasa

y tiene en su blancura
lo que inspira, lo que dura,
lo que aroma y lo que abrasa.

Pues al ver la viva flor
o la estatua que se mueve,
hecha de rosa y de nieve,
nos toma el alma el amor.

 Pan nuestro que estás en la tierra,

porque el universo se asombre,
glorificado sea tu nombre
por todo lo que en él se encierra.

 Vuélvanos tu reino de fiesta

en que tú aparezcas y cantes
con los tropeles de bacantes
mancillando la floresta.

 Hunde siempre violento y vivo

y por tus ímpetus agrestes,
en el cielo cuernos celestes
y en la tierra patas de chivo.

Danos ritmo, medida y pauta
al amor de tu melodía,
y que haya al amor de tu flauta
amor nuestro de cada día.

 Deudas que el alma amando trunca

están en tu disposición,
y no le concedas perdón
a aquel que no haya amado nunca.

Sirva como ilustración del espléndido poema de Rubén Darío esta poderosa  imagen titulada "The afternoon of the faun"  de Carlos Schwabe (1923),  que tanto abunda en la Red, sin  que en la mayoría de los casos se cite su autoría y procedencia. Se ve al dios agreste y pastoril caracterizado con sus patas de cabra y cornamenta de macho cabrío tocando la flauta llamada en su honor de Pan. 


La flauta de Pan no es más que la metamorfosis de la ninfa Siringe o Siringa, que narra el poeta Ovidio, de la que se enamoró el fauno y a la que persiguió infructuosamente hasta que ella se arrojó a un río buscando la muerte, donde se transformó en unas cañas. Pan abrazó las cañas en lugar de la ninfa carnal de la que se había encaprichado, suspirando. En ese momento su suspiro se convirtió en las notas musicales de la flauta de Pan formada con cañas de desigual longitud. 

La iconografía de Pan, que es la de los faunos y los sátiros, ha servido para representar en el mundo cristiano a los demonios. Y, de alguna manera, Pan es el anticristo nietzscheano. Fue quizá el grito del capitán del barco egipcio lo que hizo que cundiera el pánico, palabra que procede de Pan precisamente, un pánico por lo que significaba la muerte de este dios, que ha llegado hasta nuestros días y oídos.

La estupenda película de Guillermo del Toro "El laberinto del fauno" (2006), titulada en inglés "Pan´s labyrinth", ha puesto de moda entre nosotros otra vez la imagen del Fauno o de Pan.

(1) Plutarco, De defectu oraculorum, 17.

2 comentarios:

  1. ¿Podrías poner un "gadget" de seguidores? Así podríamos estar al día de las entradas sin tener que ir a buscar el blog...

    ResponderEliminar