miércoles, 29 de octubre de 2014

A vueltas con la Muerte


El 1 de noviembre se celebra el día de Todos los Santos, y el día 2 es el día de las Almas de los Fieles Difuntos. Durante estas fechas se rinde culto a los muertos, y es tradición visitar los cementerios y llevar flores a las tumbas de los que han emprendido ya el último viaje a través de la laguna Estigia en la barca de Caronte.

La entrada principal del Cementerio Central de Managua presenta, a propósito, una leyenda latina que reza: Letum non omnia finit,o lo que es lo mismo:  La muerte no pone fin a todas las cosas. No debe extrañarnos, por cierto, que muerte también se diga en latín "letum",  además de "mors, mortis", porque de "letum", precisamente, deriva nuestro adjetivo "letal", sinónimo de "mortal". 

En otro cementerio, el insular de San Michele en Venecia, se halla la misma inscripción como epitafio de la lápida de la tumba del poeta ruso exiliado en Estados Unidos Joseph Brodsky, galardonado con el Nobel de Literatura en 1987. Brodsky quiso ser enterrado en Venecia, a la que dedicó el libro “Marca de agua”, ciudad en la que el poeta y viajero, que no turista,  encontraba la paz y la belleza de "la città piu bella del mondo" reflejada en el espejo del agua de la laguna. Le encantaba viajar todos los inviernos  a Venecia, huyendo de la plaga sofocante del turismo veraniego, en invierno, cuando sólo el tañido de las campanas podía despertarlo a uno plácidamente un domingo por la mañana. 


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Letum non omnia finit no es una frase cristiana todavía, sino un verso del poeta latino Propercio (muerto en el año 15 a. de C.),  escrito a raíz del fallecimietno de su amada Cintia, que ahora sirve como lema del cementerio de la capital nicaragüense y de epitafio a la tumba del poeta ruso. Hace mención a los Manes, que eran las almas de los difuntos, a los que se rendía culto en Roma para tenerlos propicios.

El dístico completo de Propercio (Elegias, IV, 7)  dice así: Sunt aliquid Manes, letum non omnia finit / luridaque euictos effugit umbra rogos.  Y viene a significar:  "Algo las ánimas son: no acaba todo la Muerte, / y huye la sombra gris, viva, de la cremación".

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Nuestro don Antonio Machado reformula este tema ante la muerte de su amada Leonor, con la que sueña como si estuviera viva,  en su célebre poema Soñé que tú me llevabas, incluido en Campos de Castilla,  en el que se pregunta al final con una exclamación interrogativa: ¡quién sabe / lo que se traga la tierra!

Soñé que tú me llevabas
por una blanca vereda,
en medio del campo verde,
hacia el azul de las sierras,
hacia los montes azules,
una mañana serena.
Sentí tu mano en la mía,
tu mano de compañera,
tu voz de niña en mi oído
como una campana nueva,
como una campana virgen
de un alba de primavera.
¡Eran tu voz y tu mano,
en sueños, tan verdaderas!...
Vive, esperanza: ¡quién sabe
lo que se traga la tierra!

Amancio Prada ha puesto música a este poema de Machado, que además canta con su prodigiosa voz. Escuchémoslo:

 


En otro lugar, suspira hondamente Machado y canta: Late corazón... No todo / se lo ha tragado la tierra. Machado, pues, con ¡Quién sabe /  lo que se traga la tierra! y con No todo / se lo ha tragado la tierra reformula en nuestras letras el tópico Properciano de Letum non omnia finit, traducido por Aníbal Núñez como "no se termina todo con la muerte".


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En la Edad Media surgieron las célebres Danzas de la Muerte, de las que la Danse Macabre francesa parece ser una de las primeras. La Muerte invita a todos los nacidos a participar en su baile, desde papas y emperadores hasta pobres jornaleros. Nadie se salva de ella. Ya lo había dicho Horacio en un célebre verso latino: Pallida mors aequo pulsat pede pauperum tabernas regumque turres: La pálida muerte llama con igual patada a las chabolas de los pobres y a los palacios de los reyes.

Así dice, por ejemplo, una copla en la que la Muerte justiciera acusa al rey de tirano, avaro e injusto, invitándolo al baile ("venid para mí") y dejando bien claro quién es el auténtico monarca de este mundo:

Rey fuerte, tirano, que siempre robastes
todo vuestro reino y fenchistes (1) el arca,
de fazer justicia muy poco curastes,
según es notorio por vuestra comarca;
venid para mí, que yo só monarca
que prenderé a vos e a otro más alto... 

*fenchistes: está por henchiste, es decir, por llenaste. Robastes, fenchistes y curastes presentan una desinencia -stes de la segunda persona del singular del pretérito indefinido, con una -s superflua, porque procede de la forma latina -isti, sin -s final, pero explicable, porque es análoga al resto de la conjugación castellana, donde todas las segundas personas del singular acaban en -s salvo precisamente esa, por lo que son formas que, aunque gramaticalmente incorrectas, se oyen y se dicen todavía en nuestra lengua.

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Los que hablamos alguno de los dialectos de la vieja lengua de Roma  consideramos que la muerte tiene género gramatical femenino. Españoles (la muerte), franceses y catalanes (la mort), italianos (la morte), portugueses y gallegos (a morte), rumanos (moartea) imaginamos a la muerte como una terrible mujer, la señora inmortal de la guadaña, que viene a arrebatarnos la vida que nos queda.



Sin embargo, esto no sucede en todas las lenguas de Babel. En griego, sin ir más lejos, la muerte tiene género masculino (ho thánatos), por lo que los helenos imaginaban que era un doncel,  hermano gemelo del sueño (ho hýpnos), y  lo mismo sucede en alemán, donde la muerte tiene también género masculino: der Tod. En inglés las palabras no tienen género gramatical, por lo que diríamos que no es ni masculina ni femenina, sino en todo caso neutra: the death.



En fin, como puede verse, la categoría gramatical del género no está presente en todas las lenguas, y, si lo está,  no es significativa, es completamente aleatoria y responde a criterios de formación y clasificación de palabras,  lo cual debería hacernos ver lo relativo que es nuestro ángulo de visión, nuestro propio punto de vista, la particularidad o parcialidad de nuestro idioma, y lo necesario que es conocer algún otro para poder desengañarnos. 


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He aquí una recreación musical del grupo alemán Corvus Corax de una de estas danzas que nos invita a todos, tarde o temprano, ricos o pobres, viejos o jóvenes, hombres o mujeres a bailar. 




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