lunes, 3 de noviembre de 2014

La desgracia de ser griego



“La desgracia de ser griego” es el título de un librillo que lo dice todo sobre la temática que aborda. Su autor es el escritor griego contemporáneo Nicos Dimu (mejor que la transcripción Nikos Dimou de la portada), y ha sido traducido con gran éxito al castellano, francés, inglés, alemán, italiano, chino y búlgaro.   El libro se compone de 196 aforismos o máximas breves como los trinos de los pájaros,  a modo de modernos tweets,  que se leen en poco tiempo pero que nos hacen cavilar mucho más de lo que podría parecer a primera vista. Fue publicado en 1975, traducido en 2012 al castellano por Vicente Fernández González y publicado por Anagrama; escrito hace cuarenta años, está sin embargo de plena actualidad por aquello, tal vez,  de Machado de que "hoy es siempre todavía". 

 
A Nicos Dimu le duele Grecia, y reflexiona sobre las causas de ese dolor. He aquí algunos de sus pensamientos:

Si el ser humano, en cuanto humano, lleva dentro de sí la desgracia, ciertas categorías de seres humanos tienen mayor propensión a ella. E incluso ciertas naciones. Entre ellas, sin duda alguna, los griegos. Los griegos de hoy...  Es decir que si ser humano implica ya la certeza de cierta cantidad de desgracia, ser griego augura una cuota mayor.


Un mito: “Cuello griego no soporta yugo”.  Busco y busco otro pueblo cuyo cuello haya soportado tantos yugos como el nuestro.





Aunque habla de Grecia, lo que dice no trata sólo de Grecia, es perfectamente exportable al resto del universo mundo, y cómo no, también al rabo de toro de Europa que es esta España nuestra. Los aforismos -agudos como dardos-  «Dondequiera que vaya, Grecia me duele», o «Todos cuantos amaron esta tierra murieron jóvenes, suicidas o locos. Grecia es una amante cruel»,  podría haberlos suscrito, cambiando sólo un topónimo, nuestro don Miguel de Unamuno,  al que le dolía -y mucho- España. 


 

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