miércoles, 12 de noviembre de 2014

Un soneto de Bécquer



Nuestro poeta romántico por excelencia y antonomasia, Gustavo Adolfo Bécquer, escribió un soneto, sí, en su juventud, probablemente el único que escribió; un soneto lleno de alusiones clásicas a Homero, Troya y Aquiles, la Musa de la historia Clío y al gran Alejandro Magno, donde viene a decirnos que él no va a ser un poeta épico como Homero, que cantó la historia de Troya y la cólera de Aquiles con la lira que le dio la Musa Clío, ni tampoco va a ensalzar a un personaje histórico de la talla de Alejandro Magno, sino que va a dedicarse a la poesía lírica amorosa.

En el soneto de corte clásico abundan los hipérbatos que invierten el orden que las palabras tienen normalmente en la lengua, anteponiendo en este caso concreto el complemento del nombre formado por la preposición "de" al nombre que complementa "de Troya malhadada la rüina", en lugar de "la rüina de Troya malhadada"; "del ciego Aquiles el esfuerzo y brío" en lugar de "el esfuerzo y brío del ciego Aquiles"; "de Alejandro el poderío" en vez de "el poderío de Alejandro".  Se subraya o enfatiza así el significado del elemento desplazado, que ha sido colocado en primer lugar, y se imita también la sintaxis latina, donde es normal esa construcción: honoris causa o verbi gratia, por ejemplo, son expresiones habituales en latín, donde causa honoris o gratia verbi resultarían hipérbatos. 


Bécquer, que se halla  -atención a los dos hipérbaton- "del Betis en la orilla"  va a prefeir cantar "de las selvas los amores", y, como dice en el verso final, "el dulce lamentar de los pastores", dando a entender que va a cultivar la poesía amorosa de índole bucólica y pastoril, y haciéndose eco del verso aquel de la égloga de Garcilaso de la Vega "El dulce lamentar de dos pastores /Salicio juntamente y Nemoroso...".


  
Homero cante a quien su lira Clío
le dio, y con ella inspiración divina,
de Troya malhadada la rüina,
del ciego Aquiles el esfuerzo y brío.

Ensalcen de Alejandro el poderío
ante cuyo valor su frente inclina,
con asombro la sierra que ilumina
el sol desde Libia al Norte frío.

Que yo del Betis en la orilla, cuando
luce la aurora, y las gallardas flores
se despliegan el aura embalsamando,

cantaré de las selvas los amores,
los suspiros de céfiro imitando
y el dulce lamentar de los pastores.

Bécquer romperá con el clasicismo en sus Rimas, que son explosión de romanticismo tanto en la métrica como en los temas literarios, pero seguirá cultivando el hipérbaton. Recordad aquellos versos:  "Del salón en el ángulo oscuro, / de su dueña tal vez olvidada, /  silenciosa y cubierta de polvo /veíase el arpa"; o aquellos otros de "Volverán las oscuras golondrinas /en tu balcón sus nidos a colgar". 


2 comentarios:

  1. Hola,
    tuve una época, hace muchos años, en que me gustaba mucho Bécquer, y me compré con mi escasa paga varias ediciones de sus obras. Sin embargo, no recuerdo este soneto, ha debido de quedar fuera de muchas ediciones. Es tan clásico que no parece suyo...
    Gracias por compartirlo.
    Un saludo

    ResponderEliminar
  2. Gracias a ti, Sara, por el comentario. Estoy de acuerdo contigo: no parece que lo escribiera Bécquer, y, sin embargo, es uno de sus primeros poemas. Un saludo, y mis mejores recuerdos.

    ResponderEliminar