domingo, 25 de enero de 2015

¿Por qué "las" bacantes?

Porque eran las mujeres las que celebraban los ritos de Baco. Serán las mujeres de Tebas las que, cuando llegue la fiesta, se liberarán del yugo que la sociedad en general y la ciudad en particular les imponía entregándose a la bacanal. El rey Penteo prohibirá su celebración para evitar desórdenes públicos. No le gusta ese dios llamado Baco o Dioniso, un forastero que tiene algo de femenino, lascivo y afrodisiaco,  como reconoce él mismo en la tragedia de Eurípides «Las Bacantes» (vv. 233-238): 
 
Y dicen que ha venido un extranjero aquí,
hechicero encantador del país de Lidia,
que de rubios bucles lleva melena perfumada,
con la oscura magia de Afrodita en su mirada,
que durante el día y por la noche se entretiene
organizando bacanales de muchachas.

Cuando llegaban las fiestas, las esposas abandonaban a sus maridos y las madres a sus hijos así como el  gineceo -la habitación presidida por la rueca y el telar que dentro de la casa les estaba reservada a las mujeres, donde hilaban y tejían- y las labores propias de su sexo, y, huyendo de «sus labores», iban a los montes a encontrarse en estado libre y salvaje con la naturaleza, que era el templo donde se le rendía culto al dios, cuyo techo era el cielo abierto.

 La juventud de Baco, William Bouguereau (1884)

Son muchas las quejas de las mujeres que, a través de la literatura clásica, hemos recibido. Por ejemplo el propio Eurípides, pone en boca de Medea (vv. 230_231) la siguiente consideración:

De todo cuanto hay con vida y tiene juicio,
la criatura más desgraciada somos las mujeres.

¿Qué hacen las bacantes en el monte? En las bacanales hay dos elementos primordiales: uno es la música y la danza: La música es un elemento terapéutico y purificador, diríamos que catártico. Predomina la flauta frigia, como instrumento, Con el acompañamiento de flautas, tambores y platillos, los fieles, en particular las mujeres, bailaban hasta entrar en trances extáticos. El otro elemento es el consumo de vino, que, indudablemente, tiene también una función terapéutica, el vino quita las penas proporcionando el olvido de los problemas, y el sueño reparador. Eso hace que el adivino Tiresias exclame en la misma tragedia de Eurípides (vv. 282-283)

«el sueño y el olvido da de males diarios
y no hay de penas ninguna otra medicina» 

 Bacchanalia, Auguste Levêque (1864-1921)



De alguna manera Baco, o Dioniso, es el dios de la liberación. Los romanos le llamaban el padre Líber. En principio de la liberación de la mujer, pero no sólo de la mujer. El dios quiere que se le dé culto sin diferencia de clases y por eso ofrece por igual al rico y al pobre el don del vino que aleja los pesares y preocupaciones. Sin diferencias de clase social ni de sexos, Baco, o Dioniso, viene a liberar a los tebanos de la opresión a la que están sometidos. La opresión no es sólo el poder que encarna Penteo, que a fin de cuentas es un gobernante racionalista que no quiere desórdenes en la ciudad, la opresión es la ciudad misma, la sociedad tal y como está establecida, por eso las bacantes invitan a huir de las calles de Tebas y a ir a danzar a los montes. Proponen la evasión de la ciudad, de la polis, el mayor logro de la civilización griega de época clásica, de la organización política, y la vuelta a la naturaleza. Una vez que lleguen allí se entregarán a la danza desenfrenada, liberadora, que les conducirá al éx-stasis, a un salirse de sí mismas.
 
La ciudad oprimía a los esclavos, privados de libertad, y a los metecos o extranjeros que vivían lejos de sus ciudades de origen sin muchos derechos, pero también a los hombres libres, a los propios ciudadanos. El propio Eurípides en Hécuba hace decir a la reina de Troya (vv. 864-867):

¡Ay! De los mortales no hay ninguno que sea libre;
que o se es esclavo del dinero o de la suerte,
o la mayoría democrática o los decretos
a usar te fuerzan normas contra tu criterio.

La falta de libertad no se debe sólo a la existencia de un poder político opresor: la falta de libertad es consustancial al ser humano, que ha huido de la naturaleza y se ha impuesto el yugo de la ley. En el ritual dionisíaco hay otros elementos que corroboran este retorno a la naturaleza: Se descuartiza un carnero con las propias manos, sin ayuda de ningún utensilio, la técnica humana es despreciada. A continuación, se produce la ingestión de su carne cruda, no cocinada,  lo que supone el mismo desprecio hacia la civilización, personificada aquí por el hallazgo del fuego, que le debemos a Prometeo, que sería el desencadenante de la civilización. 

 El triunfo de Baco o Los borrachos, de Velázquez (1629)

En el año 186 a. de C., el Senado de Roma decidió prohibir el culto a Baco, extendido por Italia y la propia Roma ("Romae primum, deinde per totam Italiam"), que se consideró como una verdadera conspiración para derrocar el régimen imperante. Los senadores romanos veían en estas ceremonias atroces orgías de sexo y sangre con un componente sádico, por lo que decidieron reprimirlas publicando el  senadoconsulto "de Bacchanalibus". El historiador Tito Livio nos lo narra ampliamente en su Historia de Roma, libro 49, capítulos 8-18.
  
 


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