viernes, 17 de abril de 2015

Contradictio in adiecto



Contradictio in adiecto (mejor que contradictio in adjecto, porque en latín nunca hubo jotas): expresión que se traduce como contradicción en lo añadido, es decir, en el adjetivo que acompaña a un sustantivo para calificarlo o determinarlo. Refiere a aquellos casos en los que en un sintagma nominal se verifica una contradicción entre el sustantivo y el adjetivo que lo complementa.

Es técnicamente un tipo específico de la contradictio in terminis o, lo que es lo mismo, de la contradicción en los términos,  o, con voz griega, oxímoron, que significa “agudo sinsentido”. Un ejemplo de contradictio in adiecto seria la expresión un “silencio elocuente”, porque se observa una contraposición semántica entre la definición de silencio y la nota que le añade el adjetivo “elocuente”, o sea, "hablador", pues este último hace referencia a una característica contraria a la implicada por el sustantivo. Estamos armonizando dos conceptos opuestos en una sola expresión, formando así un tercer concepto: el silencio por definición no puede hablar ni ser elocuente; sin embargo, hay algunos silencios... que lo dicen todo.



Lo contrario del oxímoron u oximoro, con acentuación latina ya que la penúltima sílaba es larga, es el pleonasmo, o sea, la redundancia  viciosa de palabras distintas pero con el mismo significado o parecido: lo vi con mis propios ojos, por ejemplo. 

Propongo como ejemplo de pleonasmo o de redundancia viciosa este: líder negativo. Me explico: un líder (anglicismo, porque es un préstamo del inglés leader, conductor) es por definición siempre malo. Me diréis que hay conductores buenos y malos. Y es verdad. No tengo nada que objetar a eso. Pero la palabra líder no es sinónimo de conductor exactamente. Veamos lo que dice la Academia al respecto:   Persona a la que un grupo sigue, reconociéndola como jefe u orientadora. Es decir: un líder es un jefe reconocido como tal. Pues bien no hay ni ha habido ni habrá nunca ningún líder positivo: todos los líderes o jefes reconocidos como tales son malos. Un líder positivo o bueno sería, por lo tanto, como decir un buen demagogo (o conductor de pueblo):  una contradictio in adiecto.  

¿Qué voy a decir entonces de la expresión “líder positivo” que tanto fomentan algunos psicólogos hodiernos? Pues que estamos dando por sentado que es positivo que haya líderes, y que, por lo tanto, hay líderes buenos que saben a dónde van (que saben lo que quieren, que saben cuál es su fuerza, que saben...) y a dónde conducen a sus seguidores. Estamos dando por bueno que hay un liderazgo positivo que se opondría a un liderazgo negativo, sin cuestionarnos que cualquier liderazgo de por sí es intrínsecamente perverso.  Y eso es, como cualquiera siente, sencillamente falso: todos los líderes son negativos, porque lo positivo, me daréis la razón, es que no haya líderes: que no sigamos a ningún pastor, porque tampoco somos en definitiva ningún rebaño.
.

No hay comentarios:

Publicar un comentario