lunes, 20 de abril de 2015

Dos contradicciones más

-Imagen iconoclasta: Cuando decimos que alguien cultiva una imagen iconoclasta, incurrimos en una contradicción en los términos, un oxímoron u oximoro, en concreto una contradictio in adiecto o en el adjetivo con el que calificamos al sustantivo. Una imagen iconoclasta sería una imagen que destroza las imágenes, rompedora, que entraría en contradicción consigo misma, contraria a todas las imágenes habidas y por haber y opuesta, por lo tanto, a los iconos, que son las imágenes consagradas y que reciben un culto religioso. 

Iconos eran, en principio, representaciones religiosas de pincel o relieve, usadas en las iglesias cristianas orientales, y, más en general, cualquier tabla pintada con técnica bizantina. Se fomentó su culto entre los feligreses, porque llegaban más fácilmente a ellos que las escrituras sagradas. No obstante, algunas religiones como el Islam han prohibido siempre el culto a las imágenes. Dos nuevas acepciones se suman a esta, que es la tradicional: icono es también el signo que mantiene una relación de semejanza con el objeto representado; p. ej., las señales de tráfico en las carreteras. E icono es también, en el campo de la informática, cualquier representación gráfica esquemática utilizada para identificar funciones o programas.
 



Así define el diccionario de la Academia iconoclasta: Del gr. εἰκονοκλάστης, rompedor de imágenes.


1. adj. Se dice del hereje del siglo VIII que negaba el culto debido a las sagradas imágenes, las destruía y perseguía a quienes las veneraban. 
2. adj. Se dice de quien niega y rechaza la merecida autoridad de maestros, normas y modelos. 

Ninguna de las dos definiciones es muy objetiva: Notad que la Academia habla de "el culto debido a las sagradas imágenes" en la primera definición, sin cuestionarse qué es una imagen sagrada y por qué lo es, y ved que en la segunda definición se incurre en la misma petición de principio "merecida autoridad de maestros, normas y modelos". Tanto en una definición como en la otra sobran los participios "debido" y "merecida", si queremos establecer una definición objetiva y no caer en la iconodulía o veneración -dulía es, más que adoración, dependencia rayana en la esclavitud- de las imágenes, como hace la Real Academia. 

Estamos acostumbrados a ver, por ejemplo, camisetas con anuncios de logos multinacionales, que, además de caras, resultan propaganda gratuita para las transnacionales que hay detrás, con lo que los portadores de esas prendas acaban, por mor de la disidencia y del “look” contestatario, vistiendo la misma prenda conformista, como si fuera el uniforme de la China comunista de Mao, y  haciéndoles además el juego a las grandes firmas, convirtiéndose en sus hombres-pancarta y sin cobrar por ello, antes todo lo contrario: ¡pagan por hacer publicidad de una marca luciéndola y proyectando una imagen inconformista, que es lo más conformista que puede haber!

Un ejemplo: Un futbolista inglés archiconocido, cuyo nombre no voy a citar aquí, pero que estará en la mente de casi todos. Dicen que su mujer, experta en marketing y merchandising -observad el discreto encanto de estos gerundios anglosajones de raíz inequívocamente latina-, convirtió su matrimonio en la nueva pareja real de Inglaterra, desarrollando el lado fashion y cool de su apuesto marido, al que transformó en un ídolo cuyo atuendo y aliño indumentario, sorprendentes trenzas y cortes de pelo, aretes de diamantes, tatuajes y otras excentricidades o intentos de salirse (ex-) del meollo o cogollo del centro mismo  (-céntrico) de la vulgaridad que nos constituye, se convirtieron enseguida en puntos inevitables de referencia para millones de jóvenes del entero mundo, ávidos de disidencia y de proyectar rabiosamente una imagen rebelde de sí mismos, una imagen iconoclasta, una mera moda.   

¿Por qué es una contradictio in adiecto "imagen iconoclasta"? Porque la única imagen iconoclasta sensu stricto sería la no proyección de ninguna imagen, cosa harto difícil en estos tiempos que vivimos en los que cualquier imagen dicen que vale más que mil palabras, cosa que es radicalmente falsa, porque siempre evocará más imágenes una palabra que palabras una imagen, y porque vivimos en una época en que la abundancia de imágenes televisivas o impresas ha acabado atrofiando nuestra imaginación.

Siempre recordaré a una abuela mía que llamaba "santos" a las ilustraciones de los libros. No iba muy desacertada en una época en que todas las imágenes tienden a convertirse en iconos, es decir, en imágenes sagradas, tal es la reverencia y el temor religioso con los que las adoramos. 

-Voluntad popular: Según el lógico Frege,  la expresión “voluntad popular”, der Wille des Volks, como decía él, es un ejemplo de expresión lingüística con significado y sentido aunque sin referente, cuyo carácter abstracto, teológico, fabuloso y contradictorio, no se le escapa a nadie. ¿Existe una sola y genérica “voluntad popular” o varias y, más aún,  muchas y concretas,  tantas al menos como pueblos? En este último caso ¿cuántas “voluntades populares” existen, si es que existen verdaderamente? ¿Tantas como comunidades políticas organizadas democráticamente desde arriba? ¿Qué cosa puede ser la voluntad del pueblo, esa voluntad general y a la vez voluntad de todos y cada uno de los componentes de ese pueblo? ¿Que gobierne la izquierda o la derecha, o esa componenda que llaman el centro? ¿O que gobierne alguna fuerza política que todavía no se ha dibujado en el panorama electoral? ¿No será, más bien, que no gobierne nadie, que no mande nadie, que nadie sea más que nadie, que el pueblo sea su único y solo soberano?

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