viernes, 12 de junio de 2015

Ponga un coach (otro anglicismo) en su vida



Titular de un periódico de tirada nacional: “Diez claves para ser feliz en el trabajo”. Subtítulo: “La coach Fulanita de Tal (no hace falta dar nombres propios que no vienen al cuento del caso) explica cuál es la actitud que produce mayor bienestar en cualquier tipo de empleo”. Las claves no dejan de ser los consejos típicos y tópicos supuestamente bienintencionados y consabidos tales como “duerme al menos seis horas diarias” o “sé optimista”,  dirigidos a la aceptación incondicional de la maldición bíblica veterotestamentaria que es el trabajo. 

Lo que me ha llamado poderosamente la atención y rechinado en los oídos es el anglicismo “coach”: ¿Qué necesidad tiene la lengua de Cervantes, que es la nuestra, de admitir un palabro como ese? ¿Se trata acaso de un nuevo invento que carece de denominación en nuestro vocabulario? Veamos: ¿Qué es un coach en este contexto? Un “coach” es alguien que te ayuda a desempeñar mejor tus funciones y a cumplir tus expectativas, quien te infunde un wishful thinking o pensamiento ilusorio o ilusionista, o voluntarioso, lo que te lleva a creer ingenuamente que la realidad es como tú quisieras que fuera, creyéndote más feliz al no percatarte de lo infeliz que eres. 


 
Algunos dicen que poner un coach en la vida es la mejor inversión de futuro que se puede hacer, y hablan de coach personal y empresarial, de coach para el éxito y la autoestima entre otras majaderías. El vocablo procede del verbo inglés to coach que significa entrenar. El sustantivo coach, por lo tanto, puede traducirse sin ningún problema por entrenador, por lo que no necesitábamos esa palabra en nuestra lengua, dado que tenemos una traducción equivalente. El problema es que con la palabra viene el concepto. Y ahí es donde está el peligro, pues un coach no deja de ser lo que otras veces se ha llamado gurú o maestro espiritual, o, con otro anglicismo, líder, del verbo to lead "guiar, conducir"; por lo tanto, un guía, un conductor que nos lleva a donde a lo mejor no merece mucho la pena que vayamos ni que nos lleve nadie.

A la actividad que desempeña el coach la denominan  coaching con el omnipresente e invasivo gerundio en –ing, capaz de convertir cualquier extravagancia en una actividad digna de entrar en el diccionario como el balconing o el puenting. Ya se colaron hace tiempo el smoking, que era el traje de los caballeros para la hora de fumar, el camping,  el parking y hasta el footing, y ahora nos amenazan con el fracking o fractura hidráulica. Se entiende por coaching  al proceso de entrenamiento mental que florece sobre todo en el ámbito empresarial o emprendedor, como gustan de decir ahora para disimular el regustillo capitalista del término, pero también en el terreno personal, psicológico -especialistas en ti-  y de la relaciones sociales,  y que procede del mundo deportivo, cuya actividad está dirigida a la aceptación sin muchas condiciones del principio de realidad.


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