domingo, 19 de julio de 2015

De Propercio a Cintia



¿Es verdad, Cintia, que andas en boca de todos en Roma
            tú y que vives en no       desconocido desliz ?
¿Eso merezco esperar? Me las pagarás, fementida;
            huracanado Aquilón,             Cintia, mi viento será.
Pero hallaré entre muchas mujeres falsas a alguna
            que la celebridad            quiera en mi verso alcanzar,
no me ofenda con una  conducta tan dura,  y  de ti se
            vengue; tarde vas,        ay, tan amada, a llorar.
Mi ira está hoy muy reciente, es hora ya de marcharme.
            Créelo, amor volverá               si se diluye el dolor.
Ni olas egeas  tanto se mudan con viento del norte
            ni ante el noto veloz         negro se va nubarrón
como amantes que riñen varían con una palabra;
            mientra se pueda, tú      quítate el yugo fatal.
Algo habrás de sufrir, pero sólo la noche primera;
            todo mal de amor          es, si lo aguantas, menor.
Tú, sin embargo,  por dulce derecho de Juno patrona,
            vida, no te hagas ningún             daño con tu presunción.
No sólo el toro embiste al rival con su cornamenta,
            lucha la oveja que ha     sido atacada también.
No arrancaré de tu cuerpo perjuro yo tu vestido
            ni romperá mi furor        puerta que se me cerró,
ni enloquecido osaré sujetar tu anudado cabello,
            ni maltratarte a ti             yo a manotazo brutal.
¡Búsquelas esas peleas tan torpes el maleducado
            cuya cabeza jamás,          noble, la hiedra ciñó!
Yo escribiré lo que nunca tus años borren que vivas:
            “Cintia, preciosidad;          Cintia, de frágil moral”.
Créeme, aunque desprecies las habladurías del vulgo,
             este poema te hará,        Cintia, perder el color.   


 Propercio y Cintia en Tívoli, de Auguste Vinchon (1827)

Cintia  (Cynthia, en latín) es el pseudónimo literario de la amada de Propercio, que probablemente se llamaba Hostia y era, según algunas conjeturas, una prostituta de lujo. El pseudónimo evoca la isla de Delos, cuna en la que nacieron los hijos de Júpiter y de Latona: Apolo (también conocido por eso como Delio por antonomasia) y Diana (también llamada Delia por la misma razón). Nacieron, al parecer, al pie del monte Cinto de dicha isla, por lo que se les da a menudo los sobrenombres de Cintio y de Cintia respectivamente.   El nombre de la amada aparece repetido cinco veces en esta elegía, que es la número 2 del libro segundo de las elegías del autor. El libro primero se abre precisamente con su nombre propio, sobre el que gira toda la obra de este poeta. Este es el dístico de héxametro y pentámero dactílico:

Cynthia prima suis miserum me cepit ocellis,
contactum nullis ante cupidinibus.

Cintia, pobre de mí, me atrapó la primera al mirarme,
antes no herido yo      de otra ninguna pasión. 


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