jueves, 30 de julio de 2015

Reforma de la enseñanza en Francia

Cuando las barbas de tu vecino veas pelar, pon las tuyas a remojar... Reza el refrán,  y por algo será.  Pocos  ecos nos han llegado a España del debate que ha generado la reforma de la secundaria que pretende llevar a cabo  el sedicente gobierno socialista del señor Hollande en el país vecino. Los profesores de Latín y Griego se quejan amargamente de la práctica desaparición de sus materias que supondrá,  incluidas a partir de ahora en el cajón de sastre o saco roto de la "interdisciplinaridad" o "interdisciplinariedad" que de ambas maneras parece que se puede decir y de ambas suena muy bien un palabro tan largo y tan aparatoso como abstruso el concepto que encubre, que parece querer decir mucho más de lo que dice sin que signifique al fin y a la postre gran cosa.

La ministro de educación, la señora Najat Vallaud-Belkacem, tergiversando la realidad como suelen hacer todos los políticos, afirma cínicamente que ni el Latín ni el Griego van a desaparecer por culpa de su reforma, sino que gracias a ella precisamente van a generalizarse a todos los alumnos, que las cursarán como una EPI  (Enseñanza Práctica Interdisciplinar) denominada Lenguas y culturas de la antigüedad (sic), que suena muy posmoderno, dejando de ser una opción elitista.

En Francia la enseñanza del Griego y el Latín es tachada generalmente de elitista, porque totalmente optativa como es en la actualidad,  sólo se imparte,  y prácticamente fuera de horario o en una franja excluyente, en algunos centros considerados de "excellence", siendo por otra parte los alumnos que la cursan cada vez menos. La enseñanza de las lenguas clásicas gozaba hasta ahora de cierto prestigio en el país galo,  reservada como estaba a los alumnos  procedentes de las clases sociales altas que elegían cursar estas asignaturas, lo que le ha valido ese calificado de elitista.

(La equivalencia es 5º, 4º,  3,º 2º = 1º,  2º,  3, º 4º de ESO respectivamente; 1º y Term.= 1º y 2º Bto)  


La reforma que se pretende llevar a cabo elimina la oferta educativa de Latín y Griego de un plumazo. Y la ministro camufla este dato diciendo que lo que hace es generalizarla, ampliarla a toda la población francesa, dentro de un contexto interdisciplinar: es decir un poco (no mucho) de Historia, otro poco (tampoco mucho) de Literatura y cultura general y prácticamente nada de Latín ni de Griego, a lo sumo el alfabeto, un poco de mitología para entretener, y pára de contar;  todo ello bajo la etiqueta más comercial y comestible de EPI, nada de teoría: lo que se imparte es enseñaza práctica, manualidades,  y nada de "disciplinar", palabra que procede de "discipulina", que era lo propio del "discipulus", es decir, de aquel que estaba realizando la acción de "discere" o aprendizaje, o sea, la actitud de curiosidad  e interés del que estaba aprendiendo, sino interdisciplinar, es decir, diluido entre varias asignaturas o materias en un vaso de azúcar edulcorante: un poco de cada cosa para que no indigeste y no mucho en demasía de nada.  

Parece que este debate se ha politizado en Francia, donde el Partido Socialista Francés, actualmente en el gobierno, defiende esta reforma que se pondrá en práctica si los dioses no lo remedian a comienzos del curso en 2016, y donde la oposición de centro derecha se opone a ella.


Pero no todos los socialistas están a favor de la reforma de la señora  Najat Vallaud-Belkacem. El filósofo y escritor francés Régis Debray publicó este interesante alegato en Le Journal du Dimanche, de donde lo tomo y traduzco sin permiso, el 12 de abril de 2015, titulado: La reforma de la secundaria, un progresismo para los nulos (quizá deberíamos traducirlo por "torpes").

"La reforma de la enseñanza secundaria revela claramente la miopía de nuestros gobernantes. La eliminación mal camuflada del griego y el latín, ahogada en la «interdisciplinaridad», olvida el hecho de que esta enseñanza es, ante todo, disciplina. Lo interdisciplinar sólo puede venir después, en la enseñanza superior: levantar el tejado antes que los cimientos es destruir por adelantado la casa. 

Esta falsa reforma  aplica al dominio escolar la visión del mundo de nuestra clase dirigente. Ésta está desprovista de conciencia histórica, educada en la superstición de la economía y de las finanzas, consagrada al culto exclusivo de la cifra y de lo cuantitativo. Los reductores de cabezas apuntarán enseguida a la literatura y el francés, dialecto folclórico –el todo-economía va de la mano con el todo-inglés –, y la historia se reducirá a una porción congrua. El sr. Moscovici (comisario europeo francés) se comunica ya por cartas en inglés con el sr. Sapin (ministro de economía francés).


«Tras el latín y el griego, la literatura, el francés, la historia serán reducidas a su porción congrua.»




El desprecie de las humanidades surge de una idea tontita, el progresismo para los nulos, según la cual lo nuevo borra lo antiguo, y se puede hacer con la innovación numérica caso omiso de la herencia cultural. Es exactamente lo contrario de lo que se está viviendo en el mundo entero: lo posmoderno está lleno de tradiciones reencontradas y curiosamente rejuvenecedoras. Israel es un país ultramoderno que ha hecho que resurja una lengua muerta, el hebreo. ¿Qué es el retorno de lo religioso, en los Estados Unidos como en Rusia y en China, por no hablar del mundo musulmán, sino el hecho de tener necesidad de referencias en las que refundarse, ancladas en los trasfondos del alma colectiva? Para lo mejor como para lo peor. Las humanidades son para lo mejor. Allí donde se rompen las cadenas de la transmisión educativa renace lo peor, la religión sin cultura, la que impulsan las formaciones exclusivamente tecnológicas. ¿Hace falta recordar que los cuadros fundamentalistas, donde quiera que sea, salen de las facultades de ciencias y técnicas, y no de las de letras?





La supresión de la enseñanza de las lenguas clásicas conlleva la formación de generaciones prudentemente conformistas, con la nariz pegada al índice bursátil de Dow Jones. El latín y el griego dan los medios de perspectiva crítica, los científicos son los primeros en reconocer que tienen necesidad de esta mezcla de flexibilidad y de rigor de espíritu que da la frecuentación de los autores antiguos. Pero la enseñanza del latín y del griego es tachada de elitista. ¿De quién es la culpa? Cuando la escuela se degrada, el ascensor social se atasca. 

Los ricos mandan a sus hijos a los United States o a la privada. Que los pobres no aprendan ya gran cosa en Francia en la escuela pública no les molesta en absoluto. Lo más curioso es que el latín y el griego se portan bastante bien en la costa este americana. Pronto va a ser necesario ir al Nuevo Mundo para formarse en las culturas del antiguo. ¿Quién va a pagar los billetes de avión? Seguro que no los hijos de los obreros. ¿Es eso igualitarismo? La emancipación por el saber no es el alineamiento sobre el común denominador, la asíntota hacia cero. Es la oportunidad brindada al mayor número de poder encontrar los fundamentos de nuestra historia común, y de poder por ese camino tender hacia lo más alto, con el esfuerzo y el trabajo."


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