martes, 11 de agosto de 2015

Cuatro transformaciones de Zeus


El pintor portugués de ascendencia griega Niquías Escapinaquis (Nikias Skapinakis, según la transliteración habitual),  pintó entre 1970 y 1979 una serie de nueve cuadros titulada Las metamorfosis de Zeus.   Esta temática de la tradición clásica muy querida por los pintores desde el Renacimiento para acá se centra en las numerosas aventuras extraconyugales de Zeus, que adquiere diversas metamorfosis generalmente en forma de animales machos para seducir a diferentes figuras míticas femeninas.

1ª Transformación: En toro.
 
Aquí, Zeus se transforma en un toro para seducir a Europa, y cuando ella se ha sentado en su lomo, la rapta. Niquías ha actualizado el tema y transforma a la legendaria princesa fenicia que acabará dando nombre a nuestro continente en una Miss, Miss Europa, como prototipo ideal de belleza femenina. El cuadro se titula “Rapto de Miss Europa”. Nos hallamos ante una mujer desnuda e impregnada de una fuerte carga sexual. Han desaparecido todas las referencias mitológicas para reducirse la escena a su desnudez animal, tampoco hay colores oscuros ni ningún dramatismo asociado a ellos. Predominan los tonos fuertes que caracterizan la obra de este pintor. Su cuadro, si lo comparamos con un tratamiento más clásico como el de Tiziano, parece un cartel publicitario de consumo que enseguida relacionamos con el arte Pop.

 Moneda griega de dos euros que representa el rapto de Europa.

2ª Transformación: En águila real.
 

Aquí nos encontramos ante las siluetas negras de una mujer y un águila recortándose en un fondo blanco. El águila real es aquí no sólo el símbolo de Zeus, sino su metamorfosis. Él águila está en vuelo. El erotismo de la escena se debe a la desnudez de ambos personajes en el contexto del rapto mitológico. Podríamos pensar en el rapto de Ganimedes, pero Escapinaquis titula este cuadro, el VII de su serie: “Egina y el águila arrebatadora”. No es un tema tan tratado en la pintura como el de Ganimedes, la aventura homosexual de Zeus, el que aborda Escapinaquis aquí. De hecho, a diferencia del rapto de Europa, hay muy pocas representaciones iconográficas de este tema: Egina era una ninfa, hija del díos río Asopo. Fue  arrebatada de su palacio y llevada por los aires a una isla del golfo sarónico, muy cercana de Atenas, donde el dios consumó su unión con ella, por lo que le prestó su nombre: la isla de Egina. De esa unión nació Éaco.

 Egina visitada por Júpiter en forma de águila, Jean-Baptiste Greuze 1767-1769

3ª Transformación: En cisne.
 
Este es uno de los temas mitológicos más abordados por la pintura occidental. Cuando se hallaba Leda a la orilla de un río, se le apareció Zeus transformado en cisne que, fingiendo huir de la persecución de un águila, buscó refugio en su seno, uniéndose carnalmente a ella. Esa misma noche Leda se acostó con su esposo Tindáreo. Se cuenta que Leda puso después dos huevos: de uno nacieron la bella Hélena y Pólux, hijos de Zeus, y del otro Clitemnestra y Cástor, hijos de Tindáreo. La originalidad del cuadro de Skapinakis es que presenta un cisne negro, un cygnus atratus, una especie originaria de Australia, descubierta a finales del siglo XVII. Un tratamiento diferente, con un cisne blanco, hizo Dalí en su Leda atómica de 1949.
 


 4ª Transformación: En caballo.

Nos hallamos aquí ante la última muestra de la serie, titulada “Día y el caballo seductor”. No he encontrado ningún otro cuadro con esta temática mitológica. No es una de las metamorfosis más conocidas de Zeus, ni muchísimo menos, pero sí está documentada en algunos autores clásicos. Robert Graves recoge la noticia en sus Mitos griegos. Día era la mujer de Ixïón y madre de Pirítoo, el compañero de Teseo. Según Homero, Zeus, ardiendo en amores por ella, la hizo madre de Pirítoo. Eustacio en sus comentarios a la Ilíada, que no he podido consultar, dice que Zeus transformado en caballo intentó seducirla dando vueltas a su alrededor, lo que explicaría con una falsa etimología el nombre de su hijo Pirítoo relacionándolo con el verbo griego “peritheo” correr en torno. También Higino en su fábula 155 donde habla de los hijos de Júpiter dice que Júpiter (Zeus) engendró a Pirítoo de Día.  

En el canto XIV de la Ilíada, Zeus, hace una lista de sus amores, cuando le pide a Hera en un bello pasaje que se acuesten juntos porque le ha entrado un repentino deseo muy grande de ella, mucho mayor que el que le embargó otras veces por otras mujeres o por ella misma. Empieza aludiendo a Día, la primera de todas, después cita a Dánae, alude a Europa como la hija de Feniz, cita a Sémele, la madre de Dioniso, y a Alcumena o Alcmena, la madre de Heraclés, con su acentuación oxítona griega, o Hércules, y finalmente a Leto o Letó, con igual acentuación griega, madre de Apolo y Ártemis. La traducción en ritmo dactílico con rima asonante o parcial que recuerda a nuestros romances medievales se debe a Agustín García Calvo, que crea algunos epítetos castellanos recreando a Homero, como "beltobellina" o "belcabellina" para resaltar la belleza de los tobillos o de los cabellos respectivamente.

“Y ahora ¡en amor vamos, ea, tú y yo a acostarnos a prisa!:
Pues nunca jamás de diosa o mujer deseo me había
venido enredándoseme al corazón en ansia tan viva,
ni cuando de la mujer de Ixïón en amores ardía,
la que dio a luz a Pirítoo el par-de-dios-en-valía,
ni cuando a la hija de Acrisio, a Dánae beltobellina,
la que dio a luz a Perseo, entre todo mortal maravilla,
ni cuando amé de Feniz el de-luenga-fama a la hija,
que me parió a Minó y Radamantus, prenda divina,
ni cuando a Sémele o cuando a Alcumena en Tebas altiva,
que fue de Heraclés corazón-de-león la madre cumplida,
y Sémele de Dïonuso, a la raza mortal alegría,
ni cuando a Démeter la reina y señora belcabellina,
ni cuando a Letó glorïosa, ni cuando, no, ni a ti misma,
Como ora a ti te deseo y un dulce amor me domina”.

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