viernes, 4 de septiembre de 2015

Parce metu, Cytherea




Parce metu, Cytherea: Le dice Júpiter a Venus en la Eneida de Virgilio «Pierde el miedo, Citerea» o, más llanamente, “No tengas miedo, Citerea”,  dirigiéndose a la diosa con este curioso epíteto de origen griego, como revela la presencia delatora de la i griega. Otro poeta como Ovidio usa la forma del adjetivo acabada en –eius Cythereius y se la aplica a los sustantivos heros (héroe) y mensis (mes): el Cythereius heros es Eneas, hijo de la diosa Venus y del mortal Anquises,  y el Cythereius mensis es el mes de abril, que estaba consagrado a Venus.


¿A qué alude Virgilio cuando llama a Venus, la Afrodita griega, Citerea? Pues a una isla griega precisamente, llamada Citera,  Kýthira en griego moderno, una de las llamadas jónicas, que se encuentra al sur del Peloponeso, donde era especialmente adorada esta diosa en la antigüedad. Fue aquí donde la diosa de la belleza y del amor pisó tierra por primera vez después de surgir de las espumas del mar. De aquí se dirigió a Chipre, sede de su santuario más antiguo y venerado, donde se estableció tomando la isla bajo su protección, según el Atlas mitológico de Grecia de Pedro Olalla.

Andrew Bostock, autor de una guía de viajes sobre el Peloponeso, se pregunta en un artículo publicado en The Guardian si Citera, precisamente, es la isla griega perfecta. Lleva treinta años frecuentando las islas griegas y durante este tiempo ha visitado cuarenta. ¿Qué es lo que buscaba? Un pueblecito pequeño con su puerto, dos o tres playas y, con un poco de suerte, alguna ruina o iglesia en lo alto de una colina con vistas al mar. No menos importante era para él que la isla no estuviera literalmente invadida por los turistas. Este año ha encontrado la isla idílica con la que llevaba soñando muchos años, con sus gargantas, cascadas de agua y playas paradisíacas -tiene más de treinta- de cristalinas aguas azules y fina arena blanca: ha descubierto Citera, y se ha enamorado de ella.


 Playa de Calami, de difícil acceso, pero según el autor, paradisíaca.

Citera está, nunca mejor dicho, bastante aislada: está lejos de otras islas más conocidas y populosas. Se puede llegar a ella volando siempre que sea en vuelo nacional, pero la mejor manera de arribar a ella es por mar.


A principios del siglo XX, muchos isleños emigraron a Australia (o "La Gran Citera," como se la conoce allí). Muchos de sus descendientes vuelven cada verano y a menudo incluso los lugareños hablan con un acento australiano no poco sorprendente y delator de esa emigración. Aparte de estos, sin embargo, la isla recibe pocos turistas.
 

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