jueves, 24 de septiembre de 2015

Variación sobre epitafio de una lápida


Cuando llegas en avión a Heraclio, la capital de la isla de Creta, cuyo nombre recuerda hoy al héroe griego Heraclés o sea a Hércules, te encuentras con que el aeropuerto donde aterrizas lleva el nombre del escritor Nikos Kazantzakis*, porque aquí  fue donde nació (1883-1957). En aquel entonces la ciudad se llamaba Megalo Castro, que significa  Gran Plaza Fuerte,  y estaba bajo dominio turco. En Heraclio reposan hoy sus restos mortales bajo una cruz desnuda. La iglesia ortodoxa no permitió que fuera enterrado en un cementerio por lo que su tumba se halla sobre una de las murallas de la ciudad.



El epitafio (de epi "sobre" y  tafio "tumba") del prolífico escritor cretense, autor de novelas llevadas a la gran pantalla con gran éxito de crítica y público con títulos como Alguien debe morir (basada en Cristo de nuevo crucificado), Zorba el griego ó La última tentación de Cristo, reza lo siguiente: "No espero nada, no temo nada, soy libre". 



Que en griego suena algo así como: den elpiso típota, de fobame típota, ime léfteros. Arcás, nuestro dibujante griego moderno más clásico, se nos descuelga, por su parte, con este rostro entristecido y compungido, y la siguiente leyenda que modifica significativamente el epitafio citado: "No espero nada, lo temo todo, ¿soy libre?".

 

Si comparamos los dos textos, el de la lápida del escritor y el de la viñeta de Arcás observamos que además  de las significativas variaciones de la segunda línea -supresión de la negación y sustitución de la palabra "típota" (algo, en frase negativa nada) por "ta panta" (todo)-, el texto concluye con un expresivo signo de interrogación (;). La afirmación jubilosa de la tumba del escritor "soy libre" se convierte en la viñeta de Arcás en una pregunta poco menos que retórica o por lo menos irónica: ¿Soy libre? (Por cierto, Arcás recupera la forma clásica del adjetivo "eléutheros" (libre) en vez de la que usa el epitafio, la popular "léphteros").

*Quizá sea preferible transcribir su nombre a la española, tal como suena: Nicos Casanchaquis. O mejor todavía, sin la s final de su apellido, como a él le gustaba: Nicos Casanchaqui.


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