sábado, 7 de noviembre de 2015

¿Qué representa la cabeza cercenada de Medusa?


Hay un pequeño texto de Sigmund Freud de 1922 que lleva por título "Das Medusenhaupt" (La cabeza de  Medusa) que analiza el simbolismo, claramente sexual como no podía ser menos para el doctor de Viena, de la cabeza cortada y serpentífera de la gorgona Medusa que enarboló Perseo como arma letal que dejaba de piedra a sus rivales y que finalmente regaló a la diosa virgen Atenea, quien la portaba en su escudo o en su pecho. Establece el padre del psicoanálisis la siguiente ecuación "decapitación = castración", por lo que el miedo que produce la visión de esta cabeza separada de su cuerpo, sería similar al terror masculino ante la amenaza cercenadora de su castración.




Cabeza de Medusa de Caravaggio (1597)



Ese terror lo siente el niño cuando ve el sexo femenino por primera vez, quizá el sexo de la madre rodeado de vello: esa visión lo deja petrificado por la amenaza que conlleva de castración masculina: la mujer sería un varón castrado, de ahí surge sin duda el concepto de "inuidia penis" .

El hecho de que la diosa Atenea porte la mayoría de las veces la cabeza cercenada de Medusa lo interpreta en el sentido de que se trata de una diosa inaccesible, esencialmente virgen e inabordable, que ofrece el sexo horripilante de la madre a la visión masculina. "A los griegos por lo general bastante homosexuales, afirma Sigmund Freud,  no podía faltarles la representación de la mujer que les horroriza por su castración."


No conozco el texto que cita Freud de Rabelais donde un diablo emprende la fuga después de que una mujer le muestre su sexo, pero sí he encontrado un cuento en verso de  Jean de Lafontaine (1621-1695), el célebre fabulista  que tanto les debe a Esopo y a Fedro, que se titula "Le diable de Papefiguiere", incluido en sus "Cuentos y relatos", donde la protagonista, una tal Perrette, espanta al demonio, que dentro de la tradición cristiana personifica el espíritu maligno,  levantándose las faldas y mostrándole la vulva y diciéndole que es la herida que le ha hecho su marido, el labriego al que iba a castigar el demonio, lo que provoca que el diablo llegue incluso a persignarse y huya aterrorizado ante el susto de su vida. El pobre diablo burlado teme, sin duda alguna, que le suceda a él lo mismo que a Perrette, es decir, padece el complejo masculino de la castración. Así representó Charles Eisen dicha escena en un grabado para la ilustración del cuento del escritor francés: 


           Grabado de Charles Eisen (1720-1770)             
  

Si analizamos las representaciones artísticas de esta cabeza, sus cabellos son serpientes, y las serpientes son precisamente símbolos fálicos para el padre del psicoanálisis que sustituyen al uirile membrum: la multiplicación de dichos símbolos sirve como amuleto apotropaico, precisamente, para espantar la amenaza de castración. "Es notable -afirma Freud-  que, a pesar de ser horribles en sí mismas, estas serpientes contribuyen realmente a mitigar el horror, pues sustituyen al pene, cuya falta es la causa de ese horror."



 
El análisis freudiano va más allá y dice que también las representaciones del sexo masculino - entre los romanos los numerosísimos Príapos itifálicos o los amuletos consistentes en penes erectos- o sus sucedáneos, los símbolos fálicos tienen un efecto aprotropaico, servirían también para espantar al espíritu maligno. Su exhibición sería una manera de decir "No te temo, te desafío; yo también tengo un miembro viril", para alejar así la amenaza de castración. 

 Relieve pompeyano con la leyenda "hic habitat felicitas": Aquí habita la felicidad.


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