martes, 27 de enero de 2015

Amor y odio: dos variaciones sobre el mismo tema.

1.-Catulo:

Los  dos versos seguramente más célebres de Catulo son su declaración de amor y odio simultáneos hacia su amada y odiada Lesbia, pseudónimo literario de Clodia (poema 85).

Odi et amo. Quare id faciam fortasse requiris.
Nescio, sed fieri sentio et excrucior.

Su traducción en versión rítmica del hexámetro y del pentámetro dactílicos que componen el dístico elegíaco sería algo como esto:


La odio y la quiero. Quizá me preguntas que cómo lo hago.
No lo sé, pero así siento que es y es mi cruz.

He aquí la musicalización que hizo Carl Orff de este poema dentro de sus Catulli Carmina:



2.- Marcial:



Dice la copla popular, que algunos atribuyen a don Antonio Machado (hasta tal punto su nombre propio se ha convertido entre nosotros en sinonimo de poeta popular por antonomasia): “Ni contigo ni si ti / tienen mis penas (o mis males, según otra versión) remedio; / contigo,  porque me matas; / y  sin ti porque me muero”. La mayoría de los críticos, sin embargo, consideran que es una copla anónima, que ha alcanzado el estado de gracia de la popularidad. Uno la oye y se identifica con ella inmediatamente. El tema del “ni contigo ni sin ti” ya lo trató nuestro poeta hispanorromano Marcial en uno de sus más breves epigramas, compuesto por un dístico elegíaco. 

Eres difícil y fácil, amable y arisco tú mismo.
Ni contigo capaz soy de vivir ni sin ti.


Sólo el genio de algunos poetas puede expresar con muy pocas palabras como hace aquí Marcial todo un caudal de sentimientos contradictorios de amor y odio hacia una misma persona, en este caso del mismo sexo. Así dice en versión original el epigrama XII, 46 arriba traducido rítmicamente:


Difficilis facilis, iucundus acerbus es idem:
nec tecum possum uiuere nec sine te.

domingo, 25 de enero de 2015

¿Por qué "las" bacantes?

Porque eran las mujeres las que celebraban los ritos de Baco. Serán las mujeres de Tebas las que, cuando llegue la fiesta, se liberarán del yugo que la sociedad en general y la ciudad en particular les imponía entregándose a la bacanal. El rey Penteo prohibirá su celebración para evitar desórdenes públicos. No le gusta ese dios llamado Baco o Dioniso, un forastero que tiene algo de femenino, lascivo y afrodisiaco,  como reconoce él mismo en la tragedia de Eurípides «Las Bacantes» (vv. 233-238): 
 
Y dicen que ha venido un extranjero aquí,
hechicero encantador del país de Lidia,
que de rubios bucles lleva melena perfumada,
con la oscura magia de Afrodita en su mirada,
que durante el día y por la noche se entretiene
organizando bacanales de muchachas.

Cuando llegaban las fiestas, las esposas abandonaban a sus maridos y las madres a sus hijos así como el  gineceo -la habitación presidida por la rueca y el telar que dentro de la casa les estaba reservada a las mujeres, donde hilaban y tejían- y las labores propias de su sexo, y, huyendo de «sus labores», iban a los montes a encontrarse en estado libre y salvaje con la naturaleza, que era el templo donde se le rendía culto al dios, cuyo techo era el cielo abierto.

 La juventud de Baco, William Bouguereau (1884)

Son muchas las quejas de las mujeres que, a través de la literatura clásica, hemos recibido. Por ejemplo el propio Eurípides, pone en boca de Medea (vv. 230_231) la siguiente consideración:

De todo cuanto hay con vida y tiene juicio,
la criatura más desgraciada somos las mujeres.

¿Qué hacen las bacantes en el monte? En las bacanales hay dos elementos primordiales: uno es la música y la danza: La música es un elemento terapéutico y purificador, diríamos que catártico. Predomina la flauta frigia, como instrumento, Con el acompañamiento de flautas, tambores y platillos, los fieles, en particular las mujeres, bailaban hasta entrar en trances extáticos. El otro elemento es el consumo de vino, que, indudablemente, tiene también una función terapéutica, el vino quita las penas proporcionando el olvido de los problemas, y el sueño reparador. Eso hace que el adivino Tiresias exclame en la misma tragedia de Eurípides (vv. 282-283)

«el sueño y el olvido da de males diarios
y no hay de penas ninguna otra medicina» 

 Bacchanalia, Auguste Levêque (1864-1921)



De alguna manera Baco, o Dioniso, es el dios de la liberación. Los romanos le llamaban el padre Líber. En principio de la liberación de la mujer, pero no sólo de la mujer. El dios quiere que se le dé culto sin diferencia de clases y por eso ofrece por igual al rico y al pobre el don del vino que aleja los pesares y preocupaciones. Sin diferencias de clase social ni de sexos, Baco, o Dioniso, viene a liberar a los tebanos de la opresión a la que están sometidos. La opresión no es sólo el poder que encarna Penteo, que a fin de cuentas es un gobernante racionalista que no quiere desórdenes en la ciudad, la opresión es la ciudad misma, la sociedad tal y como está establecida, por eso las bacantes invitan a huir de las calles de Tebas y a ir a danzar a los montes. Proponen la evasión de la ciudad, de la polis, el mayor logro de la civilización griega de época clásica, de la organización política, y la vuelta a la naturaleza. Una vez que lleguen allí se entregarán a la danza desenfrenada, liberadora, que les conducirá al éx-stasis, a un salirse de sí mismas.
 
La ciudad oprimía a los esclavos, privados de libertad, y a los metecos o extranjeros que vivían lejos de sus ciudades de origen sin muchos derechos, pero también a los hombres libres, a los propios ciudadanos. El propio Eurípides en Hécuba hace decir a la reina de Troya (vv. 864-867):

¡Ay! De los mortales no hay ninguno que sea libre;
que o se es esclavo del dinero o de la suerte,
o la mayoría democrática o los decretos
a usar te fuerzan normas contra tu criterio.

La falta de libertad no se debe sólo a la existencia de un poder político opresor: la falta de libertad es consustancial al ser humano, que ha huido de la naturaleza y se ha impuesto el yugo de la ley. En el ritual dionisíaco hay otros elementos que corroboran este retorno a la naturaleza: Se descuartiza un carnero con las propias manos, sin ayuda de ningún utensilio, la técnica humana es despreciada. A continuación, se produce la ingestión de su carne cruda, no cocinada,  lo que supone el mismo desprecio hacia la civilización, personificada aquí por el hallazgo del fuego, que le debemos a Prometeo, que sería el desencadenante de la civilización. 

 El triunfo de Baco o Los borrachos, de Velázquez (1629)

En el año 186 a. de C., el Senado de Roma decidió prohibir el culto a Baco, extendido por Italia y la propia Roma ("Romae primum, deinde per totam Italiam"), que se consideró como una verdadera conspiración para derrocar el régimen imperante. Los senadores romanos veían en estas ceremonias atroces orgías de sexo y sangre con un componente sádico, por lo que decidieron reprimirlas publicando el  senadoconsulto "de Bacchanalibus". El historiador Tito Livio nos lo narra ampliamente en su Historia de Roma, libro 49, capítulos 8-18.
  
 


viernes, 23 de enero de 2015

Carpe diem, según Marcial




El poeta hispanorromano Marco Valerio Marcial ha tratado en varios de sus epigramas el viejo tópico horaciano del "carpe diem". Por ejemplo, en este, que es el número 15 del libro primero,  dedicado a su viejo y entrañable amigo Julio,   que está a punto de cumplir los sesenta años y que, a pesar de su avanzada edad, no ha vivido la vida,  porque siempre ha pospuesto los gozos -gaudia non remanent sed fugitiua uolant- en aras de un porvenir que nunca llega. Podría titularse "Esperando el porvenir", como aquella copla que popularizó Carmen Martín Gaite en el título de uno de sus ensayos: "Sentaíto en la escalera, / sentaíto en la escalera, / esperando el porvenir / y el porvenir que no llega."


 Julio, el mejor de mis muchos amigos y más entrañable,
si algo la lealtad vale de vieja amistad,
ya casi sexagenario, pues poco te falta, y no obstante
cuenta tu larga edad vida poquísima aún.
No pospongas a bien lo que veas que pueden negarte.
Sólo por tuyo ten lo que pusiste en tu haber.
Cuitas te aguardan y larga cadena de pena acuciante.
No permanece ningún gozo, volando se van.
Julio, atrápalos pues con tus manos y dales alcance,
que huyen con todo así de íntimo abrazo también.
Créeme, no es decir "Viviré" propio de alguien que sabe.
Vida que está por vivir llega muy tarde. Vive hoy. 



O mihi post nullos, Iuli, memorande sodales,
si quid longa fides canaque iura ualent,
bis iam paene tibi consul tricensimus instat,
et numerat paucos vix tua vita dies.
Non bene distuleris uideas quae posse negari,
et solum hoc ducas, quod fuit, esse tuum.
Expectant curaeque catenatique labores,
gaudia non remanent, sed fugitiua uolant.
Haec utraque manu conplexuque adsere toto:
saepe fluunt imo sic quoque lapsa sinu.
Non est, crede mihi, sapientis dicere 'Viuam':
Sera nimis uita est crastina: uiue hodie
.

domingo, 18 de enero de 2015

Del género gramatical




Una de las cosas que puede enseñarnos el estudio de otra lengua –y cuanto menos se parezca a la nuestra tanto mejor para este caso-  es lo relativa que es la nuestra. Dice con mucha razón Agustín García Calvo en el prólogo de su “–ES- estudio de gramática prehistórica”, que el trato con otras lenguas, sobre todo cuando son muy diferentes de la propia, sirve para desengañarnos “de la tendencia, muy humana, a confundir lo idiomático con lo común”. Y es que creemos que lo que es normal en nuestra lengua (y por lo tanto en nuestra cosmovisión de la realidad) tiene que ser común a las demás, lo que se demuestra enseguida como falso con un simple análisis comparativo.
 
Las palabras alemanas, por ejemplo, tienen género gramatical y se clasifican en masculinas, femeninas y neutras, como las griegas y latinas.  Las masculinas llevan el artículo “der”, las femeninas “die” y las neutras “das”. ¡Qué diferencia con el inglés donde sólo hay un artículo “the” para todas las palabras y donde no existe el género gramatical! ¡Qué diferencia con la nuestra, donde sólo hay género masculino y femenino en los sustantivos!

Llama la atención, al comparar el alemán con nuestra lengua, lo relativas que son algunas de nuestras convenciones lingüísticas y que a nosotros nos parecen lo más natural y normal del mundo. Por ejemplo, cualquiera diría que es natural que la palabra “sol” tenga género masculino y la palabra “luna” lo tenga femenino, y digamos “el sol” y “la luna”, porque así sucede en nuestras lenguas romances derivadas del latín (italiano, francés, portugués y español), donde estos astros se identificaron con Apolo como dios solar y Diana como diosa lunar. 

 Signos astronómicos de Marte y de Venus: los hombres son de Marte y las mujeres de Venus.

Nos parecerá tan natural que habrá quien incluso se atreva a racionalizar lo irracional y decir que es lógico que el sol sea masculino porque es activo, agente, emisor de luz, mientras que la luna, que recibe la luz solar de la que se impregna porque no tiene luz propia, es pasiva, paciente, receptiva, y otras majaderías por el estilo, deduciendo a partir de ahí rasgos definidores de la “virilidad” y la “feminidad”. 




Pues bien, el estudio de otra lengua, en este caso del alemán,  nos vacuna contra estas ridículas convenciones idiomáticas, porque en alemán, precisamente, se dice “die Sonne” (el sol es femenino) y “der Mond” (la luna es masculino), justo lo contrario que en romance. Pero es que además, palabras como la “mariposa” o la “primavera”, que nosotros interpretamos como esencialmente femeninas, también son allí masculinas: “der Frühling” o “der Schmetterling”.

¡Qué confusión más grande la de asociar el género gramatical (masculino, femenino o neutro) con el sexo masculino o femenino de los animales y las personas! Pero nuestra propia lengua nos inmuniza un poco contra esa tentación, si sabemos escuchar lo que nos dice por lo bajo: el sexo de los varones es, en su versión culta, sí,  masculino (el pene) pero en su expresión popular, coloquial o vulgar, es  precisamente femenino (la polla o la picha, que el diccionario de la RAE califica como "malsonantes"), y el de las féminas en su forma culta es femenino (la vulva o la vagina) pero masculino en lenguaje corriente y moliente  (el coño, del latín cunnum, o el chocho, más vulgar, con repetición expresiva del fonema "ch" para indicar blandura, como en chichi), para que luego digan los feministas que el lenguaje es machista. El lenguaje no es machista ni feminista. Somos nosotros los que somos lo uno o lo otro, o ambas cosas, o ninguna de las dos cosas, que en el fondo son muy parecidas, tanto que son lo mismo pero al revés.

Nota sobre el símbolo de Venus: Al "espejo de Venus" también se lo denomina cruz ansada porque es una cruz con una parte superior en forma de óvalo o ansa en latín (ansam>asa). Corresponde a un jeroglífico egipcio llamado "anj" que significa "vida". Sería la llave de la vida, que adoptaron los cristianos coptos como símbolo de su fe en la cruz de Cristo, y será también el símbolo del cobre, de Venus y de lo femenino, relacionado en este caso con el útero.

sábado, 10 de enero de 2015

Una invitación de cumpleaños



He aquí el texto de una carta escrita en latín hace casi dos mil años de puño y letra de una mujer llamada Claudia Severa a su hermana Lepidina, para invitarla a la celebración  de su cumpleaños; una carta que ha llegado hasta nosotros, encontrada en un recóndito lugar del Norte de Gran Bretaña, la Britania romanizada, concretamente, en el campamento fortificado de Vindolanda, donde estaba acuartelada una de las guarniciones romanas que custodiaban la frontera, el muro de Adriano, que separaba la civilización de los territorios de los bárbaros del Norte.


La carta tiene su importancia porque es uno de los primeros documentos que conocemos escritos en latín por una mujer, y, aunque no es un texto literario, refleja bastante fielmente la vida cotidiana de aquellos civiles y militares que intentaban llevar una vida normal en medio de un territorio hostil. 

Se han encontrado más cartas en Vindolanda que ponen de relieve las duras condiciones de vida de los soldados de aquella guarnición. El hecho de que las cartas de Vindolanda estén escritas a mano, y con distintas caligrafías, muestra que no son obra de escribas profesionales, sino que las tropas romanas acuarteladas tenían un alto nivel de alfabetización y culturización.


Hay información bastante cumplida de todo ello en inglés en esta página  

La carta dice así:  Claudia Seuera Lepidinae suae salutem.  (Claudia Severa manda un saludo a su querida Lepidina) III Idus Septembres, soror, (El día tercero antes de las idus de septiembre -el 11 de septiembre, según nuestro calendario actual-, hermana, ) ad diem sollemnem natalem meum (para la celebración de mi fiesta de cumpleaños) rogo libenter facias ut uenias ad nos (te ruego gustosamente que hagas lo posible por venir a vernos). Iucundiorem mihi diem interuentu tuo factura sis. Me harías con tu visita este día muy feliz. Cerialem tuum saluta (Saluda a tu querido Cerial) Aeilius meus et filiolus salutant. (Mi Elio y mi hijito os mandan saludos).  Sperabo te,  soror (Te esperaré, hermana).  Vale, soror, anima mea (Adiós, hermana, mi vida). Ita ualeam karissima et haue (Así esté yo bien, queridísima, y recibe tú mi saludo.   Sulpiciae Lepidinae Cerialis a Seuera ( A Sulpicia Lepidina, esposa de Cerial, de Severa.


He aquí el vocabulario de esta epístola:

ad: para, a
anima -ae: alma

carus -a -um: (con el sufijo superlativo -issim- que conservamos en castellano e italiano) querido
dies diei: día

et: y

facio -is -ere feci factum: hacer
filiolus -i: (diminutivo de filius hijo) hijito


haueo: alegrarse, recibir un saludo (Puede escribirse también sin hache. De hecho conocemos esta fórmula de saludo, en imperativo, en la frase que le decían al césar los gladiadores: Ave, Caesar, morituri te salutant (Salud, César, los que van a morir te saludan)  o en la oración cristiana Ave Maria)

Idus -uum: idus (el día 13 de cada mes, salvo los meses de marzo, mayo, julio y octubre, en los que dicha fecha recaía en el 15). 
ita: así, de este modo

iucundus -a -um: (con el sufijo intensivo -ior-) agradable, placentero, gozoso

interuentus -us: llegada, visita.

carissimus -a -um: Superlativo de carus -a -um querido. Podemos considerar que es una falta de ortografía escribirlo como hace Severa con K en vez de con C.


libenter: de buena gana, con gusto, con agrado,voluntariamente

meus mea meum: mío, mi.

mihi: dativo de ego , que hemos heredado en la declinación española (pues seguimos declinando, aunque no lo parezca ni seamos muy conscientes de ello,  los pronombres personales:  yo me conmigo).
natalis natale: natal, relativo al nacimiento


nos nostrum: nosotros
rogo -as -ae -aui -atum: rogar, suplicar

salus salutis: salud, saludo
saluto -as -are -aui -atum: saludar

September Septembris: septiembre (antiguamente el séptimo mes del año, cuando este comenzaba en marzo, antes de la reforma de Julio César. La palabra está formada por el número siete -septem-, como octubre con el número octo -ocho-, noviembre con el novem -nueve- y diciembre con el decem -diez-)  
sollemnis -e: solemne,  etimológicamente significa acontecimiento que sólo se produce una vez al año: solus annus.
soror -is: hermana (conservamos la forma abreviada de la palabra en sor, como se denominan las monjas; en francés bajo la forma soeur, y en italiano suora)

spero -as -are -aui -atum: esperar

suus sua suum: suyo, su (con un valor afectivo añadido: su querido)

te: Acusativo de tu tú, que conservamos en castellano con la misma forma: te, porque seguimos declinando, aunque no nos percatemos,  el pronombre personal de segunda persona del singualr: tu te ti contigo

tuus tua tuum: tuyo, tu (con valor afectivo añadido: tu querido)

uale: imperativo de ualeo: cuidarse, estar bien de salud, que se utiliza para despedida.

uenio -is -ire ueni uentum: venir

En las columnas de la izquierda tenemos las letras del abecedario latino tal y como las conocemos, y en la derecha como aparecen en las cartas de Vindolanda, una escritura cursiva.



Si quisiéramos utilziar esta caligrafía para escribir una carta, podríamos empezar poniendo "salve" que era el saludo habitual entre los romanos, y lo sigue siendo aún en italiano formal moderno. Lo escribiríamos probablemente así: 

lunes, 5 de enero de 2015

Una película de gran belleza




La grande bellezza de Paolo Sorrentino (2013) es una gran película que comienza con una secuencia en que un turista japonés se desmaya en los jardines del Janículo, víctima del síndrome de Stendhal, ante el impresionante panorama que se ofrece de la ciudad eterna, fulminado por una belleza espectacular e insoportable. Una de las películas italianas más importante de los últimos tiempos que homenajea a la ciudad que fundaran Rómulo y Remo, y que no deja indiferente a nadie. Para mí se trata de una obra maestra, puro cine que, de alguna manera, recuerda a Roma de Fellini y a Gente de Roma de Ettore Scola.

Roma vista desde el Janículo, en el Trastévere