viernes, 1 de enero de 2016

¿Qué pasa aquí?

Pues nada, no pasa nada: que el año viejo, el mismo año de siempre, nos sugiere Arcás, se cambia, o lo que es lo mismo, se disfraza y retoca detrás del biombo para parecer un año "nuevo", como si no fuera el mismo perro viejo con distinto collar, un collar donde pone 2016, como podía haber puesto 713 ó 4583 o cualquier otra cifra aleatoria. Lo que pasa es que todo cambia para poder seguir igual (Giuseppe Tomasi di Lampedusa dixit).

Si comparamos el griego de los personajes de Arcás con el griego que hablarían Sócrates y Platón, es decir, con el griego clásico, notamos enseguida que es la misma lengua. Quizá la diferencia más notable, aparte de algunos cambios en la pronunciación, es que para decir año el griego clásico preferiría la palabra "étos", que se sigue utilizando en griego moderno, donde se habla por ejemplo del "sjolicó étos" o año escolar, pero en griego moderno se prefiere para felicitarse el año supuestamente nuevo la palabra de rancio abolengo "jrónos" (que conservamos en cronómetro y cronología sin ir muy lejos, y que tenía un significado más amplio de "tiempo" en general, lo que ayuda también un poco más a la hora de entender mejor el chiste).

 



  

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