lunes, 28 de marzo de 2016

Ozimandias, faraón de faraones

Llevo un par de días dándole vueltas y más vueltas a este precioso soneto de Percy Bysshe Shelley (1792-1822), el poeta romántico inglés, donde se celebra el derrumbe de todos los imperios, Ozimandias, intentando reproducir en castellano el ritmo y la rima del original, su musicalidad,  lo que lejos de haber sido un engorro ha sido para mí una tarea más que gozosa, en la que ha sido un placer perder el tiempo. 


Y este es mi humilde resultado: he tenido que renunciar al endecasílabo inglés -el pentámetro yámbico- por la imposibilidad de reproducir en once sílabas castellanas lo mismo que las diez (más una) inglesas, y lo he reemplazado por un verso de trece sílabas -¿trisdecasílabo?- para poder trasladar el mismo contenido; conservo sin embargo, claro está, para no hacerle mucha más traición al poema y al poeta, el ritmo yámbico del original que tanto nos recuerda al tictac de un reloj o, mejor aún, al latido acompasado de un corazón con su sístole y diástole. Y en cuanto a la rima -¡consonante!- le he seguido -y me ha costado alguna pequeña infidelidad- el juego a Shelley reproduciendo su original disposición encadenada ABAB  ACDC  EDE  FEF.

I met a traveller from an antique land
Who said: Two vast and trunkless legs of stone
Stand in the desert... Near them, on the sand,
Half sunk, a shattered visage lies, whose frown, 

And wrinkled lip, and sneer of cold command,
Tell that its sculptor well those passions read
Which yet survive, stamped on these lifeless things,
The hand that mocked them, and the heart thad fed: 

And on the pedestal these words appear:
'My name is Ozymandias, king of kings:
Look on my works, ye Mighty, and despair!'

Nothing beside remains. Round the decay
Of that colossal wreck, boundless and bare
The lone and level sands stretch far away.



Oí a viajero de antiguo país venido
decir: Dos pies de piedra enormes y sin dueño
se alzan en el desierto. Al lado, casi hundido
yace en la arena un busto roto,  cuyo ceño,
 
fruncido labio y mueca de un poder transido,
revelan que el autor pasiones reflejaba
que, fijas en lo inerte, sobreviven hoy
a la mano escultora y ser que las cebaba.

Y estas palabras se hallan en el pedestal:
"Mi nombre es Ozimandias, rey de reyes soy:
¡Ved, poderosos,  mi obra y desperad de tal"

No queda nada ya. Sin fin ni rastro apenas,
en torno a ruinas de un naufragio colosal,
se extienden lejos solas, rasas las arenas.
 
 oOo

Valga como ilustración gráfica esta reproducción multicolor del busto de Alejandro Magno que hizo Andy Warhol, el padre del engendro de eso que se llamó "pop art",  como hizo con el rostro de la entrañable Marilyn. Es, en efecto, Alejandro Magno otro Ozymandias, heterónimo del faraón Ramsés el grande de la decimonovena dinastía del antiguo Egipto.

                                             Alejandro Magno, Andy Warhol 1982

No hay comentarios:

Publicar un comentario