miércoles, 22 de junio de 2016

Cursum perficio

Cada vez que llega a su fin un cuso académico,  no está de más hacer alguna consideración siquiera etimológica sobre lo que es un curso escolar, aprovechando el silencio obligado y realmente educativo que se decreta en las aulas y por los pasillos durante el verano. La palabra "curso" es sinónima de "carrera" y de "recorrido", de ahí el transcurso o correr del tiempo, y el curso de un río o el discurso más prosaico de un político, que se reduce a leer lo que está escrito y a no decir nada que no se haya dicho ya. 

Los romanos llamaban a la carrera política la carrera de los honores. El "cursus honorum" era, en efecto, la sucesión de cargos públicos (cuestor, edil, pretor...)  por los que pasaba un político romano hasta llegar al consulado y a la jubilación en el senado. Muchos eran los que empezaban esa carrera pero sólo unos pocos los elegidos democráticamente que llegaban a la meta. Estos cargos públicos eran honoríficos, es decir, reportaban honor exclusivamente, lo que no es poco, pero nunca dinero, porque la honorabilidad no se retribuía económicamente, reñida como está con el vil metal.

Hemos llegado a un nuevo fin de curso, una vez más,  con la inmensa alegría y la no pequeña tristeza que eso supone, sentimientos contradictorios que se dan a la par. El curso escolar es una metáfora de una carrera competitiva con una salida y una meta de llegada, con un principio y un final, que se repite todos los años. ¡Lástima que sea siempre así! ¡Qué pena que todos los años tenga que empezar un nuevo curso escolar más viejo que el catarro, una nueva carrera siempre igual!  ¿No sería más deseable, pregunto yo, que no hubiera ninguna carrera ni ninguna competición, ningún camino previamente establecido que recorrer, ya que, como dijo el poeta, "caminante, no hay camino, / se hace camino al andar", que no hubiera ningún principio ni final, ya que el aprendizaje -o desaprendizaje, mejor dicho: siempre nos desprendemos de alguna idea o prejuicio mal inculcados y aprendidos- es un proceso que dura toda la vida? No olvidemos que la escuela (la scholé de los griegos o el ludus de los romanos) era el ocio, es decir la actividad que no se sometía al negocio del trabajo ni al de las vacaciones complementarias, que sólo sirven para justificación del trabajo. No olvidemos tampoco que el curso verdadero de nuestra vida, el verdadero curriculum uitae no tiene principio ni fin, por lo que no hay ni puede haber apertura ni fin de curso que valga.

Aquí os pongo, sin embargo, para celebrar con la alegría y la tristeza que merece este fin de curso al que estamos asistiendo, real como es pero falso esencialmente,  porque la vida sigue,  el "cursum perficio" de Enya, cuya letra en latín dice así:

Cursum perficio.
Verbum sapienti...
  Quo plus habent, eo plus cupiunt.
Post nubila, Phoebus.
Aeternum



Finalizo mi viaje
(ó concluyo el curso, ó acabo la carrera).
A buen entendedor,  pocas palabras.
Cuanto más tienen, tanto más quieren.
  Después de las nubes, el Sol.
Eternamente.

La letra, como podéis comprobar, no tiene mucha coherencia  interna, aunque resulta sugerente: es una repetición de máximas como "uerbum sapienti (sat est)", que quiere decir, una palabra (es suficiente) para el sabio, o sea, a buen entendedor pocas palabras bastan.  "Post nubila Phoebus": Después de las nubes, Apolo (o sea, Febo, es decir, el Sol), para indicar que después de la tormenta llega siempre la calma. Otro de los proverbios que repite Enya es "Quo plus habent, eo plus cupiunt" cuanto más tienen, tanto más desean. Y el lema que da título a la canción "cursum perficio": acabo el curso, concluyo mi carrera, mi viaje termina aquí. 

Era por cierto esta inscripción latina “Cursum perficio” la que se leía a la entrada de la pequeña casa que la actriz Marilyn Monroe tenía en Los Ángeles, su única propiedad, donde terminó el viaje de su vida en agosto del año 1962.


Buscando el origen de esa expresión, encuentro que “cursum perficio” es el lema del clan escocés de los Hunter, "cazador", un apellido muy común en Escocia y muy extendido también por el universo mundo. El escudo representa a un galgo sentado correctamente sobre sus cuartos traseros, con una antigua corona a modo de collar en el cuello. El lema latino podría estar basado en una frase de san Pablo con la que el apóstol resume su vida, concretamente en una carta a Timoteo, que reza literalmente: "Bonum certamen certaui, cursum consummaui, fidem seruaui", lo que quiere decir:  He librado un buen combate, he acabado la carrera, he conservado la fe. Lógicamente no es una cita literal, dado que el apóstol dice "he consumado mi carrera", y utiliza un pretérito perfecto, y nuestro lema usa el presente, pero el significado de ambos verbos latinos viene a ser muy parecido. La influencia y difusión de la Vulgata fue sin duda muy grande en toda Europa durante la Edad Media, lo que podría explicar el origen cristiano -concretamente paulino- del lema de los Hunter.

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