jueves, 7 de julio de 2016

De la Inmaculada Concepción a Eurovisión y la Unión Europea

El logotipo de la Unión Europea que consiste en doce estrellas doradas de cinco puntas dispuestas en círculo sobre un fondo azul fue diseñado por el pintor estrasburgués Arsène Hetiz en 1955 y tiene un claro simbolismo religioso, católico y mariano para más señas como veremos. 

 
Según la Wikipedia sabelotodo, el artista se inspiró en un texto del Apocalipsis XII, 1, sobre la inmaculada concepción de la virgen María, que dice en la versión vulgata en latín: et signum magnum paruit in caelo: mulier amicta sole et luna sub pedibus eius et in capite eius corona stellarum XII (duodecim), o lo que es lo mismo en castellano: Y una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida del sol, y la luna debajo de sus pies, y sobre su cabeza una corona de doce estrellas.

Es decir, se inspiró en algo como esto, donde vemos a la virgen María resplandeciendo como un sol con una corona de doce, precisamente una docena de estrellas sobre su cabeza -doce son los meses del año, doce las horas del día y doce las de la noche, doce los apóstoles, doce las tribus de Israel, doce los dioses del panteón olímpico, doce los trabajaos de Hércules, doce los signos del zodíaco...-, y el niño Jesús en sus brazos. Encima, debajo y a los lados el texto apocalíptico latino.


O, como esta Inmaculada Concepción de Murillo, que tiene la luna a sus pies, resplandece como un sol y está coronada por la docena de estrellas doradas. Todo ello nos lleva a la sugerencia de que Europa, que ya no es la princesa fenicia raptada e inseminada por el rijoso toro de Zeus/Júpiter de la vieja fábula mitológica, sería la virgen María que está a punto de concebir ("inmaculada" -sin mácula, sin mancha- concepción) un engendro político y económico, tanto monta, denominado Unión Europea.



El número de estrellas del logotipo europeo no alude a los países que forman dicha unión, que creo que son 28 en la actualidad, 27 si excluimos al Reino Unido tras su salida decidida en referéndum, sino a las estrellas de la corona de la Virgen que son tradicionalmente doce desde el texto apocalíptico de la mujer  preñada que clamaba con dolores de parto y sufría tormento por parir, mientras que el Dragón -el diablo- esperaba ese momento para devorar a la criatura recién nacida, que sería un hijo varón... Pero los ángeles, capitaneados por el arcángel Miguel, lucharán contra el Dragón, la serpiente antigua, lo arrojarán a la tierra, y lo llamarán Diablo y Satanás.

Siempre que TVE conectaba con eurovisión en los años setenta para ofrecer algún evento, por ejemplo el indecente festival de la canción,  la pantalla se ocupaba con un logotipo con las doce estrellas en círculo mientras se oía el Te Deum de Charpentier a guisa rimbombante de himno. Aquí puede observarse esta relación simbólica religiosa, católica en concreto y mariana más específicamente, de las doce estrellas unidas en círculo que coronaban la cabeza de María santísima.



Sin menoscabo de todo lo anterior, me gustaría resaltar la similitud existente entre el logotipo de la Unión Europea y el Ícaro de Matisse, que simplifica al máximo la historia mitológica que subyace: el vuelo de Ícaro que dotado de unas alas se acercó tanto al sol que éste derritió la cera que las ligaba, precipitándose al mar donde morirá ahogado el desafortunado volador. Matisse, utilizando la técnica del collage, con una mínima expresión plástica, nos hace ver una gran figura negra humana, cuyas extremidades superiores podrían ser tanto sus brazos como sus alas,  entre estrellas amarillas sobre un fondo de azul celeste oscuro, sin olvidar el pequeño punto rojo de la silueta humana que simbolizaría sin duda el corazón.

   Ícaro, Henri Matisse (1944)


Quien no conozca la historia de Dédalo e Ícaro puede pensar que se trata de la caída del ángel, o del ángel caído, es decir, de Lucifer, expulsado del cielo por rebelarse contra los mandatos de Dios y desobedecerlos. Otra vez Dragón, la vieja serpiente del paraíso... Su nombre Lucifer significaba "portador de la luz". También era conocido como Luzbel, "el de bella luz", pero desde su expulsión pasó a llamarse Satanás o Satán.

Sin embargo, el cuadro de Matisse no deja lugar a la duda. Se titula "Ícaro" y refleja la caída de Ícaro, y la reflexión de que sólo el que se eleva, el que levita y alcanza el cielo puede sucumbir a la dura ley de la gravitación universal y caer, después de tocar con su mano las estrellas, en las profundidades del océano. Pese a su fracaso,  un puntito rojo, su corazón, sigue latiendo en su pecho todavía.

Otro tratamiento moderno de este mito, mucho más convencional, sería el que hizo Marc Chagall en 1975, que reflejó así la caída de Ícaro, entre una multitud de gente que lo observa y que no hace o no puede hacer nada por evitarlo, reducida a su condición de telespectadora.  

La caída de Ícaro, Marc Chagall (1975) 

¿Estará el engendro político-económico o económico-político de la Unión Europea, abocado como Ícaro, tras haber alcanzado las doce estrellas del firmamento, una vez abrasadas sus frágiles alas por haberse acercado demasiado al astro rey,   abocado a precipitarse en el mar y ahogarse ante el asombro y la indiferencia de todos? ¿Será retransmitida su caída y el hundimiento de todas las bolsas europeas por eurovisión? Permaneceremos atentos a las pantallas de nuestros teléfonos inteligentes en las próximas horas de los próximos días... 


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