miércoles, 10 de agosto de 2016

Poeta, poesía y poema.




Poeta, poesía y poema: tres palabras griegas: poeta, poietés, el hacedor, el creador; poesía, poíesis, la creación; poema, poíema, lo creado, el resultado de la creación del poeta. Esto sí que es una trinidad: padre, el poeta, hijo, el poema, y espíritu santo, la poesía: tres en uno. 




La poesía es un intento desesperado de devolver a las palabras su poder de evocación de las cosas en contra de su significado conceptual habitual, que como un velo opaco recubre la realidad que tenemos delante, ocultándonosla y haciendo de ella nuestra gran desconocida, la gran y terrible incógnita, que sólo podrá despejarse gracias a la poesía... 
 
La poesía devuelve al lenguaje su magia primigenia, convierte a las palabras en palabras mágicas, susceptibles de suscitar presencias y de resucitar, como la música de Orfeo, la música de verdad, a los muertos. La poesía nos lleva más allá. Una de sus florituras más importantes es la metáfora, o la transferencia, dicho a la latina, y no me refiero a la operación bancaria en que se transfiere dinero de una cuenta a otra sino a la traslación del sentido de una palabra  a otra, en virtud de una comparación tácita que rompe el principio filosófico de identidad A=A sobre el que se basa nuestra lógica, dado que la poesía nos lleva más allá y nos dice, por ejemplo, A=B: las perlas del rocío, la primavera de la vida...

Vivir sin música no es vivir: no se puede vivir sin música porque la música es lo único que consigue, como Orfeo a Eurídice, hacernos revivir, salir del infierno de la realidad y convertir nuestra existencia en vida, volver a vivir.

Os dejo con el aria "Tu sei morta" de la ópera Orfeo de Monteverdi

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