miércoles, 7 de septiembre de 2016

De Propercio, el ocio y el grano de arena.



1.- DE PROPERCIO (CUATRO TUITES MÁS)

his tu semper eris nostrae gratissima uitae,
taedia dum miserae sint tibi luxuriae.
(I, 2, vv. 31-32)
Vas muy grata a serle a mi vida siempre por esto:
mientras el lujo y su afán,         mísero,  hastío  te den.

oOo
cuncta tuus sepeliuit amor nec femina post te
ulla dedit collo   dulcia uincla meo.
(III, 15, vv. 9-10)
Todo lo ha sepultado tu amor y mujer ya ninguna 
dulces abrazos le ha     dado a mi cuello tras ti.

oOo
sic noctem patera, sic ducam carmine, donec
iniciat radios     in mea uina dies. 
(IV, 6, vv. 85-86)
 Voy a pasar entre copas y versos la noche, así hasta
que en mi vino a beber     entren los rayos del sol.

oOo
nunc te possideant aliae: mox sola tenebo:
mecum eris, et mixtis            ossibus ossa teram.
(IV, 7, vv. 93-94)
Que hoy te posean las otras: después voy yo, sola, a tenerte:
tú conmigo,   y voy     hueso con hueso  a pulir.

   

2.- OTIUM, CATULLE,  TIBI MOLESTUM EST:  Dicen que la ociosidad es la madre de todos los vicios. Hasta un poeta tan sensible como Catulo se dice a sí mismo que no le conviene estar ocioso, como si él supiera lo que le conviene y lo que no. ¡Qué mala prensa tiene en este mundo nuestro el ocio, que en latín se contrapone al negocio, desde que nos dijeron que teníamos que trabajar para ganarnos la “vida”, reduciéndola a mísero jornal! Y, sin embargo, de la ociosidad es de donde pueden surgir todas las artes, gozos y libertades. Lo que pasa es que a los Señores del Tiempo, es decir a los fabricantes de relojes, calendarios, y agendas varias, no les gusta que vivamos libres de su control, sin estar cumpliendo constantemente planes preestablecidos. Quieren que planifiquemos nuestra vida, que diseñemos, como ellos dicen, nuestro futuro, que cronometremos nuestro tiempo, que trabajemos para convertir todo lo que toquemos en oro, como el rey Midas, en oro de lo que cagó el moro, es decir, en mierda, según la lúcida interpretación freudiana del dinero. Quieren que no vivamos, que nos limitemos a existir sobreviviendo en una triste existencia que ni siquiera merece el digno nombre de “vida”, en definitiva, en una forma de muerte. Sin embargo, sólo el que no cronometra el tiempo ni hace planes para el futuro, el que no sabe ni en qué día ni hora vive, puede encontrarse lo inesperado, como el que se pierde en el bosque. Eso sí que puede ser vida: lo que no nos esperamos, lo que no estaba previsto ni programado en nuestras agendas, lo único que puede sorprendernos y que, al contrario de los negocios y empresas humanas, está más allá del éxito y del fracaso, más allá de la victoria y de todas sus derrotas.

 Busto de Catulo en Sirmión, lago de Garda

3.- APORTAR UN GRANO (O SU GRANITO) DE ARENA (PARA QUE SE HUNDA EL BARCO).- No encuentro por ninguna parte el origen constructivo del dicho “aportar uno su grano de arena” para lograr algo positivo. En su lugar he hallado una cita en Agustín de Hipona donde el santo nos advierte de que hay que tener mucho cuidado con los llamados “peccata minuta”, o “faltas pequeñas” que no son graves de por sí cuando son pocas, pero sí cuando su número aumenta y llegan a ser muchas. Y pone como ejemplo los granos de arena, que si se echan en una nave en número pequeño no importan ni cuentan nada, pero en gran cantidad pueden llegar a hundirla: Quam minutissima sunt grana harenae! Si harenae amplius in navim mittatur, mergit illam ut pereat. ¡Qué menudísimos son los granos de arena! Si se echa en una nave más cantidad de arena, la hunde hasta irse a pique.


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