viernes, 21 de octubre de 2016

Eunucos, castrados y capones


La palabra eunuco procede del latín "eunuchus" y está tomada del griego "eunûchos", término compuesto de "euné", que significa lecho nupcial, y el verbo "ékho" guardar, custodiar. Etimológicamente, por lo tanto, significa "aquel que custodia la cama (de las mujeres)".  No hace falta decir que estos vigilantes estaban castrados, práctica muy extendida en los harenes de las cortes de los monarcas orientales. 

Así define el término el diccionario de la academia:  Hombre castrado que se destinaba en los serrallos a la custodia de las mujeres. De ahí, hombre castrado, sin más, y, por consiguiente, hombre poco viril, afeminado.  

En la antigüedad, fue práctica común la castración de niños con dos fines. Habría que distinguir el ámbito religioso del civil.  En el civil, abundaron los eunucos en las cortes de los monarcas orientales. El rey de Persia los utilizaba como guardianes de su harén y como leales protectores de su trono, ya que no podían iniciar una dinastía propia al carecer de descendencia. En época de Augusto algunos personajes importantes cercanos al emperador tuvieron esclavos eunucos como Mecenas y Sejano.

En el ámbito religioso, aparecen los eunucos relacionados con cultos de diosas femeninas de Anatolia. Atis, por ejemplo, es en la mitología clásica el joven consorte de la diosa Cibeles (Cíbele o Cibebe en su forma lidia, la gran diosa madre de Anatolia) y el prototipo de sus devotos eunucos. Según el relato frigio,  es hijo de Agdistis y de la ninfa Nana. Atis fue amado por Agdistis, ser andrógino o hermafrodito, es decir, que poseía los dos sexos, y enloquecido por él hasta el punto de autocastrarse en el curso de una ceremonia orgiástica, provocando con su ejemplo la automutilación de los espectadores. Este mito, según Pierre Grimal, era la transposición de escenas que se desarrollaban realmente en el culto asiático de la diosa Cibeles. 

 Cibeles y Atis, altar romano procedente de Asia Menorr (finales del siglo III)
Atis, apoyado en un árbol ala derecha, observa a la diosa madre Cibeles 
que se acerca en su carro tirado por dos leones.
 


Su culto entró en Roma en torno al 150 de nuestra era. Se le otorgaron atributos celestiales y llegó a ser una deidad solar, suprema, todopoderosa que brindaba supuestamente a sus iniciados una especie de inmortalidad. Suele representarse como un joven afeminado, con el distintivo gorro frigio.

Fue práctica muy común durante el Renacimiento la castración de niños cantores, llamados castrati, en italiano (plural de castrato), para que conservaran una voz aguda de soprano, mezzo-soprano o contralto. En castellano se los denominó “capones”, del verbo “capar” que es sinónimo de “castrar”, aunque hoy día esta palabra se reserva a los pollos que se castran para su engorde.

La irregular película Farinelli, il castrato (1994), del director Gerard Corbiau nos ha dejado sin embargo esta magnífica aria de Handel de la ópera Rinaldo, un auténtico cántico a la libertad: Lascia ch'io pianga / mia cruda sorte, / e che sospiri / la libertà./ Il duolo infranga / queste ritorte / de' miei martiri / sol per pietà. Déjame llorar /  mi dura suerte, / y suspirar / por la libertad; / rompa el dolor / estas cadenas / de mis martirios / sólo por piedad. 


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