miércoles, 30 de noviembre de 2016

El homo digitalis está on line (y 2)

“El sujeto de hoy es un empresario de sí mismo que se explota a sí mismo. El sujeto explotador de sí mismo se instala en un campo de trabajo en que es al mismo tiempo víctima y verdugo”. (Byung-Chul Han, Psicopolítica, traducción de Alfredo Bergés, editorial Herder, pág. 93)

 El homo digitalis, siempre on line, incluso cuando duerme, si es que duerme pendiente como está las veinticuatro horas del día de la minúscula pantalla, depende tanto del hilo de la red que lo enreda que cada vez se relaciona menos con las personas que tiene alrededor, o, mejor dicho,  sólo se relaciona con quienes están a su lado  virtualmente, convirtiéndolos en sus contactos,  con los que no tiene, paradójicamente,  ningún contacto físico, sino sólo el táctil a través de la pantalla de su smartphone.

 Hay quien dice que no es el uso de las redes sociales, sino el mal uso o abuso de ellas lo que fomenta la soledad y el egocentrismo narcisista, así como los falsos amigos, convertidos en followers que dan un “me gusta” (like en la lengua del Imperio),  pero en realidad todo uso lleva implícito en sí el abuso, y no sólo por hacer un uso excesivo, sino sobre todo porque no es el usuario, pese a su nombre, el que utiliza la Red, sino la Red la que utiliza al usuario.



El usuario se convierte de hecho en un empleado de la Red a tiempo parcial que se dedica a emitir y a recibir información a todas las horas, a producir y a reproducir, haciéndose eco de lo que otros proclaman. ¿Qué es esta información? Cualquier cosa que se publique en la Red. La superabundancia de información que circula por las redes nos desinforma paradójicamente, hace que no distingamos lo importante de los superficial.

El homo digitalis, que ha dado el paso de sujeto a objeto digital, se conviertre así en emisor y receptor de información, en agente de la Red. En definitiva, el usuario es un dependiente, alguien que tiene dependencia, que está subordinado a la Red, que lo obliga a confesarse públicamente y a leer las confesiones públicas de los demás en menos de ciento cuarenta caracteres, atrapados como están, por mensajes mínimos y raudos, algunos efímeros, en diversas pantallas estupefacientes en las que hay pocos vislumbres de razón común y muchas, demasiadas opiniones personales. 



Estamos asistiendo a la vieja polémica de la neutralidad de los medios. Quieren convencernos de que la tecnología no es ni buena ni mala, sino neutral, independiente de esas categorías morales; lo que puede ser bueno o malo es el uso que nosotros hagamos de ellas, por lo que nos ponen en guardia contra el mal uso de las tecnologías que podamos hacer, cuando lo que estamos diciendo aquí y se nos oculta es que es la tecnología la que nos usa a nosotros, la que nos convierte en sus empleados, en sus usuarios: sin querer estamos trabajando gratis et amore para Facebook, Twitter, Snapchat… y un largo larguísimo etcétera. ¿A cambio de qué? A cambio del mísero jornal (money is time lo mismo que time is money) de convertir nuestra vida en biografía on line que discurre a través de la línea imaginaria del tiempo, lo que se llama en la lengua del Imperio, time line.




Paul Van Haver, más conocido como Stromae, es un cantante, compositor y productor belga muy conocido en todo el mundo y especialmente en el ámbito de la francofonía por sus letras. He aquí su Carmen, una parodia del aria de la famosa ópera que es sobre todo una sátira del famoso pájaro azul que representa una de las redes sociales más populares.


lunes, 28 de noviembre de 2016

Un crucero por el Mediterráneo

ALARGA EL VERANO. Decía el eslogan o grito de guerra de una agencia de viajes que patrocinaba un crucero por el Mediterráneo. HASTA NOVIEMBRE. CRUCEROS POR EL MEDITERRÁNEO. La equiparación “verano” y “viaje” es tan notoria que para proponernos un viaje de otoño, se nos dice que prolonguemos el verano, como si en nuestras manos estuviera hacer una cosa así... 

La agencia de viajes está pensando en un determinado público, en aquellos que están en el otoño, precisamente, de la vida, por así llamarlo, es decir, en la tercera edad como se dice con horripilante eufemismo, dado que “los mayores de 65 años recibirán una maleta” como obsequio de viaje. Evidentemente, son los jubilados, es decir aquellos que han concluido con júbilo su vida laboral y viven en unas perpetuas vacaciones, apartados de la servidumbre laboral del trabajo asalariado, los destinatarios de estos cruceros por el Mare Nostrum, porque son los que pueden permitirse el lujo de viajar en esas fechas al no estar sujetos como los funcionarios del Estado y empleados públicos a vacaciones en agosto, en plena temporada alta. 

Los precios de los diversos cruceros no se especifican con exactitud, como cabría esperar: sólo se nos da el importe mínimo: “desde 1000 euros”, por ocho días de crucero en régimen de Pensión Completa (sic, por las mayúsculas iniciales). 

Los buques, que zarparán de Venecia o de Barcelona, harán escala en lugares tan emblemáticos como Estambul, navegarán por el estrecho de los Dardanelos, anclarán en Atenas, y arribarán a las islas griegas, evocándonos en parte la Odisea del divino Homero y la peripecia de su héroe Ulises. Islas como Rodas, Miconos o Santorini, sin olvidar Corfú, o los puertos de Marsella y Civitavechia, que permitirá llegar a Roma y recibir las bendiciones del jefe de la cristiandad. O Palermo o Siracusa o Taormina, en la isla de las tres puntas, o Túnez en el norte de África, donde se irguió la legendaria Cartago,  o ya entre nosotros Palma de Mallorca. 

Pero nada, en realidad, más alejado que estos cruceros de los viajes y peripecias de Odiseo: se trata de un viaje programado: ya se sabe lo que hay que ver y lo que hay que hgacer antes de haberlo visto en cada ciudad. Un viaje programado es un viaje que ya está realizado antes de hacerlo y que por lo tanto, desengañémonos, que bastante engañados estamos, no merece la pena. Apenas tendrá tiempo el viajero de perderse por las calles de esa vasta geografía mediterránea tan llena de resonancias y sugerencias, y de descubrir algo que le sorprenda, algo inesperado, algo que no esté en la oferta de las excursiones optativas.

 Si hacemos escala en el Pireo, por ejemplo, que es como se sabe el puerto de Atenas, hay que ir a ver corriendo las ruinas del Partenón, y fotografiarlo rápidamente y hacerse retratar delante de él con la estúpida sonrisa turística para mostrar y demostrar a nuestros contactos de facebook que uno ha estado allí y ha visto lo que tenía que ver... 

Se nos advierte finalmente que las plazas están limitadas, como si se tratara de un lujo exclusivo de unos pocos: la fotografía de uno de los buques, sin embargo, deja ver que, lujo o no, se trata de un barco enorme y de un viaje masificado: pueden ser varios miles, no pocos, los viajeros alojados en un único barco-lata de sardinas, con los consabidos problemas de embarque y desembarcarque -todos a la misma hora- y las aglomeraciones en los momentos del desayuno, almuerzo y cena. 



Para lo que hay que ver, que ya está más visto que el TBO, mejor quedarse en casa, que resulta más barato, y no encolerizar al divino Posidón,  o sea a Neptuno, que puede provocar agitando las olas con su tridente la irritación de los mares y no pocos mareos: repárese en la relación etimológica entre el mar y el mareo, así como entre la náusea y la “nauis” o el “nauta” que eran los nombres que los romanos daban a la nave y al navegante respectivamente. Etimológicamente todo está relacionado también con el naufragio.

No olvidemos, además, si decidimos hacer este viaje de placer, que el Mare Nostrum está sembrado de cadáveres de refugidados sirios y libaneses, que es una enorme fosa común y anónima de subsaharianos que intentaron desesperadamente llegar a la otra orilla a nado o en patera, arribar a otras costas huyendo de las guerras y politicas de sus países, igual que hicieron en la antigüedad Eneas y los troyanos supervivientes del desastre de Troya, o la reina Didó, que escapó de Tiro y Sidón y de la crueldad de la dictadura del tirano Pigmalión y buscó y encontró asilo político en el norte de África, donde fundó Cartago... Si eso no nos amarga el crucero desde el ojo de buey de nuestro camarote o desde la barandilla de la cubierta donde tomamos el sol ajenos a lo que pasa delante de nosotros mismos y enajenados, que venga Dios y lo vea.

sábado, 26 de noviembre de 2016

El homo digitalis está on line

El homo digitalis es el sujeto digital, cualquiera que lea esto en una pantalla. El sujeto digital u homo numericus está sometido a la Red. La etimología de la palabra “sujeto” no engaña a nadie ni deja lugar a dudas: sub-iectus: sujetado, sojuzgado, subordinado, súbdito: sub quiere decir que está por debajo, y iectus, (modificación de iactus, igual que en ob-iectus, implica que está echado, lanzado, arrojado, como el dado (alea) de la aleatoria suerte que se tira al aire (iacta est).

El sujeto digital es alguien que se propone a sí mismo como objeto digital de consumo: graba su voz, filma su imagen, que publica y publicita, privatizando sus ocurrencias individuales y personalizadas, por lo que puede decirse, con exacta terminología, que es un idiota que se idiotiza. El prefijo ob indica enfrentamiento y, antes que eso, encuentro cara a cara. El sujeto digital es alguien que, como Narciso, se encuentra con su propia imagen, y que, como algunas estatuas de Buda, se dedica a lo que el bachiller Sánchez acertó a denominar onfaloscopia, es decir, a la contemplación de su propio ombligo, que exhibe impúdicamente además para el público.



El sujeto digital es un heautontimorúmeno, víctima y verdugo de sí mismo simultáneamente, no sucesiva- ni alternativamente. Terencio acuñó esta expresión griega y tituló así una de sus comedias: el hombre que se atormenta e inflige castigo a sí mismo, la víctima que colabora con su verdugo, que no es otro más que él mismo. El homo digitalis puede, por lo tanto, exclamar como el personaje del poema de Baudelaire: ¡Yo soy la herida y la navaja! / ¡Soy el sopapo y la mejilla! / ¡Yo soy el cuerpo y soy la rueda, / y soy la víctima y verdugo!

El sujeto de hoy es el homo digitalis, recluso y, a la vez, guardián de su propia cárcel que es él mismo. Su biografía se reduce a su TL (timeline, en la lengua del Imperio), la línea temporal donde expone en secuencia cronológica a su propia mirada ególatra, y a la contemplación de los demás, especialmente de sus seguidores (followers, en la misma lengua), todas las ocurrencias propias y ajenas de las personas a las que sigue, tejiéndose la tupida red de un entramado social, donde las relaciones están mediatizadas por una pantalla que virtualiza la realidad desvirtualizándola paradójicamente.


 El homo numericus siempre "atento a su pantalla"

Decía Susan Sontag (1933-2004): “Life is a movie; death is a photograph.” La vida es una película; la muerte es una fotografía. Fotografíar a alguien, según ese aforismo, sería asesinarlo; hacerse un selfie o una selfie, como quiera decirse, un suicidio. Y no es exageración. Añadía Susan Sontag: All photographs are memento mori. To take a photograph is to participate in another person’s (or thing’s) mortality, vulnerability, mutability. Precisely by slicing out this moment and freezing it, all photographs testify to time’s relentless melt.”  Todas las fotografías son un memento mori. Tomar una foto es participar en la variabilidad, vulnerabilidad y mortalidad de otra persona (o cosa). Precisamente, al recortar este momento y congelarlo, todas las fotografías son testimonio de la disolución implacable del tiempo. ("Sobre la fotografía").

La Red hace que sus usuarios estemos interconectados, que estemos en línea “on line”, alineados. Línea es en su origen un curioso adjetivo que ha suplantado al sustantivo. Se decía en efecto, in illis temporibus, cuando en el mundo se hablaba todavía la lengua franca latina, “linea chorda”: es decir “cuerda de lino”: un cordel de lino que usaban carpinteros y albañiles para hacer rectos sus trabajos, de donde pasó a significar “línea” en general. Chorda era el sustantivo latino, que evoluciona en castellano a “cuerda”, en su origen palabra griega (“chordé”), que significaba “tripa” e incluso “cuerda de un instrumento musical hecha con tripas”, y que se omitió y se sobreentendía cuando se decía simplemente “(chorda) linea”.

El caso es que esta palabra, que en gallego se escribe liña, en portugués linha y en catalán llinya, pero se pronuncia igual en las tres lenguas, se dijo también liña en castellano viejo allá por 1220, de donde derivaron los términos actuales aliñar, que propiamente significaría “poner en línea”, y su contrario desaliñar, pero liña se perdió. Hoy nadie comprende esta palabra.



Hacia 1490 se restableció la palabra latina original como cultismo línea y así ha llegado hasta nuestros días. En francés, por su parte, se dijo ligne, de donde quizá le venga al inglés no sin el influjo latino culto, line, mientras que en italiano se conservaba el adjetivo latino sustantivado linea y en rumano se dice linie.

Es curioso cómo del nombre de esta hierba, el lino, cuyo tallo se utiliza para confeccionar tejidos, y la linaza, su semilla, para extraer harina y aceite, se haya llegado al significado actual, y se diga, por ejemplo, que la linería son los tejidos de uso diario en el hogar: los manteles, las toallas la ropa de cama y demás. Esto nos lleva a la lingerie: linge en francés (evolución de ligne) era camisa, lo que uno se ponía para la cama: una camisa o un camisón. Y de ahí a la lencería o conjunto de lienzos y de ahí a la ropa interior femenina (y masculina?). Y es que la etimología de lienzo nos retrotrae al latín linteum, que también está relacionado con el linum: en principio tejido que se hace de lino, luego de cáñamo o algodón también.




El caso es que estamos alineados, puestos en línea, on line, en fila india, como los soldados en un desfile, uno detrás de otro, todos interconectados. No caminamos, no podemos ir a nuestro ritmo, según nuestro paso, a donde queramos, sino que seguimos una línea trazada, la línea del tiempo (timeline), un camino, desoyendo la voz del poeta, a don Antonio Machado, que nos repetía que no había camino, que no había ninguna linea trazada de antemado, “sino estelas en la mar”.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

A propósito de Antígona

Nos recuerda Unamuno en el prólogo de La tía Tula (un prólogo, dice él, que se pueden saltar los que van a leer la novela, pero que a nosotros nos interesa ahora a otro propósito)  que las palabras paternal y paternidad derivan de pater, padre, y maternal y maternidad, de mater, madre, y no es lo mismo, ni mucho menos, lo paternal que lo maternal, ni la paternidad que la maternidad, como es bien sabido. Añado yo por mi parte que tampoco es lo mismo el patrimonio (lo propio del padre: la propiedad y el dominio) que el matrimonio (lo propio de la madre, la crianza de los hijos).

El caso es que le extrañaba a Don Miguel que junto a fraternal y fraternidad, de frater, hermano, no tengamos *sororal y *sororidad, de soror, hermana. Comenta Unamuno que la palabra inexistente *sororidad no equivaldría exactamente a fraternidad. Tanto las palabras latinas frater como soror se han visto sustituidas en castellano por germanus y germana, que en principio era un adjetivo, relacionado con el sustantivo germen, que significaba “del mismo origen”, de forma que cuando se decía en latín frater germanus o soror germana quería decir “hermano o hermana de padre y madre, del mismo origen germinal”. El sustantivo acabó omitiéndose y el adjetivo ocupando su puesto, como ha pasado tantas otras veces (pensad por ejemplo en frases como: se fumó un (cigarro) puro; amaba mucho la (tierra) patria; todas las mañanas bebe un (vino) blanco, etc). De los adjetivos sustantivados germanus y germana procede nuestro léxico familiar hermano y hermana, quedando relegados frater y soror al ámbito monástico religioso, pues de ahí, en efecto, proceden fraile (apocopado en fray) y sor. Y de ahí hermandad, palabra que no distingue ya de sexos. Pero no es lo mismo la hermandad que la fraternidad, tampoco. Y esta última no es lo mismo que la *sororidad, que decía don Miguel. Si hermandad y fraternidad no distinguen de sexos, *sororidad introduce el componente femenino, lo que hace a su vez que fraternidad, que en principio era ajena a la distinción sexual, neutra, se polarice a su vez como masculina.  

Le extrañaba en efecto a Unamuno que no dispusiéramos de la palabra, por lo que él se apresuró a inventarla, dado que teníamos un ejemplo ilustre de *sororidad en el personaje del que pasamos a ocuparnos, Antígona, esa “santa del paganismo helénico, la hija de Edipo, que sufrió martirio por amor a su hermano Polinices, y por confesar su fe de que las leyes eternas de la conciencia, las que rigen en el eterno mundo de los muertos, en el mundo de la inmortalidad, no son las que forjan los déspotas y tiranos de la tierra, como era Creonte”. Destaca en este párrafo el uso que hace Unamuno de vocabulario cristiano para aplicárselo a Antígona: “santa”, “martirio” y “fe”. No debería extrañarnos tanto cuando una de las proclamaciones más célebres de Antígona, que según ella justifica su actuación contraria al real decreto dictado por el tirano, es el verso 523: Yo no he nacido a fin de odiar, sino de amar, lo que constituye una proclamación cristiana de amor universal avant la lettre. La réplica que le da Creonte es muy significativa: Al ir abajo, ama a esos, si hay que amar; / mas, vivo yo, no va a mandarme una mujer. Creonte también acusa de virilidad a Antígona, y proclama que él no va a dejarse gobernar por una mujer. 

 Antígona frente al cadáver de Polinices, Nikifóros Lytras (1865)

En la tragedia de Sófocles Creonte acusa a su sobrina Antígona de haber faltado a la ley, es decir, a su mandato regio, rindiendo servicio fúnebre a su hermano, el fratricida, y ella le habla del poder igualador de la muerte. Creonte no comprende cómo se ha atrevido a rendir honras fúnebres al hermano que ha asolado Tebas lo mismo que al que la ha defendido (Eteocles). Ambos son hermanos carnales de Antígona, sólo que a ojos de Creonte uno es un héroe y el otro un villano despreciable que no merece ni siquiera las mínimas honras fúnebres. Antígona le dice que en el otro mundo hay igualdad ante la ley, y que lo que en este hace a unos héroes y a otros villanos quizá no sea válido allá abajo.

Antígona aparece, según don Miguel, ante los ciudadanos de Tebas y de su tío Creonte como una heroína anarquista. Quizá descubrió la ley eterna porque ella era hermana carnal de su propio padre Edipo, con el que había ejercido oficio de *sororidad también. El acto *sororio de Antígona, dando tierra al cadáver insepulto de su hermano, era un acto anarquista, como bien comprende Creonte, por lo que no tiene empacho en proclamar: ¡Más grande no hay que la anarquía mal ninguno! (Antígona, verso 672)

Para don Miguel de Unamuno Antígona “representa acaso la domesticidad religiosa, la religión doméstica, la del hogar, frente a la civilidad política y tiránica, a la tiranía civil, y acaso también la domesticación frente a la civilización”. Se oponen aquí lo doméstico, es decir el ámbito de la familia y del parentesco, que sería propiamente lo femenino,  a lo civil, a lo político y estatal, que es lo masculino. Y se pregunta Unamuno: “Aunque ¿es posible civilizarse sin haberse domesticado antes? ¿Caben civilidad y civilización donde no tienen como cimientos domesticidad y domesticación? Hablamos de patrias y sobre ellas de fraternidad universal, pero no es una sutileza lingüística el sostener que no pueden prosperar sino sobre matrias y sororidad.

 Antígona echa tierra sobre el cadáver de su hermano Polinices, Jules-Eugène Lenepveu (1835-98)

Vuelve aquí Unamuno a (re)inventar un neologismo: *matria, a imagen y semejanza de patria. Si la patria es la tierra del padre configurada como unidad política, la *matria sería no la tierra de la madre en un supuesto matriarcado, sino la madre tierra sobre la que el padre ejerce su soberanía en esta nuestra sociedad patriarcal, la única que hay, convirtiéndola en su patrimonio, en una patria, en un Estado: la matria sería la materia sobre la que se establece la patria, el dominio masculino.

Prosigue la reflexión unamuniana con una comparación entre la sociedad humana y el mundo de las abejas: “Y habrá barbarie de guerras devastadoras, y otros estragos, mientras sean los zánganos, que revolotean en torno de la reina para fecundar y devorar la miel que no hicieron, los que rijan las colmenas”.

Y concluye afirmando que también hay "abejos" y "zánganas", es decir, que la adscripción de lo femenino (maternidad, sororidad, matria, matrimonio...) a las mujeres y de lo masculino (paternidad, fraternidad, patria, patrimonio...) a los varones no es una característica sexual biológica, digamos, sino que todos, varones y mujeres, tenemos algo de Marte y algo de Venus: lo marcial se funda sobre la represión de lo venéreo.
  

viernes, 18 de noviembre de 2016

De amore amoribusque (Del amor y los amores)



Vamos a declinar la palabra latina AMOR, que ha evolucionado a AMOUR en francés, a AMORE en italiano, y a AMOR en castellano, y a recoger, de paso, algunas frases -versos, reflexiones, sugerencias- sobre el amor y el desamor de nuestros poetas, filósofos y escritores.

NOMINATIVO  Es el caso del Sujeto y el Atributo.  Y ¿qué mejor que un verso de un poeta tan grande como Pablo Neruda para atribuirle alguna cualidad al sujeto del amor y contraponerlo al desamor? “Es tan corto el amor y es tan largo el olvido” :: AMOR.

VOCATIVO No se distingue morfológicamente del nominativo. En este caso usamos la palabra no para predicar algo de ella ni para atribuirle ninguna cualidad,  sino para actuar sobre la realidad que nombra, interpelándola. Y ya que estamos con el amor, una queja del poeta italiano Giacomo Leopardi: “¡Ay, amor! ¡Qué mal me gobernaste! ¿Por qué un sentimiento tan dulce me trae tanto dolor, tanto deseo?” :: AMOR.

ACUSATIVO:  Desempeña principalmente la función de Complemento Directo de un verbo transitivo. Por ejemplo, esta invitación original que hace el novelista argentino Julio Cortázar no a hacer el amor (Complemento Directo) sino a que él (Sujeto) nos haga a nosotros: “Ven a dormir conmigo: no haremos el amor. Él nos hará.” :: AMOREM.


GENITIVO:  Es el caso que sirve para que un nombre se trasponga a la cateogría de adjetivo de otro nombre. Y nada mejor que, ya que estamos hablando del amor, una declaración platónica, del filósofo Platón: “La mayor declaración de amor es la que no se hace; el hombre que siente mucho, habla poco” :: AMORIS.

DATIVO: Corresponde a la función sintáctica del Complemento Indirecto, y, aunque estadísticamente es un caso poco frecuente, suele aparecer con el verbo “dar”, de donde le viene el nombre de “dativo”, e indica en principio la persona o cosa personificada a la que se le da o se le quita, que para el caso es lo mismo, algo. Una bonita reflexión de nuestro don Benito Pérez Galdós sentencia: “Al amor no se le dictan leyes”, donde viene a decir que nadie (Sujeto) debe imponer leyes (Objeto o Complemento Directo) al amor, que sería el Objeto o Complemento Indirecto :: AMORI.

ABLATIVO:  Es el caso de la mayoría de los complementos circunstanciales, es decir, el caso más adverbial de todos, porque traspone al nombre a la categoría de adverbio que indica circunstancias temporales, causales, locales y un largo etcétera. Un buen ejemplo puede ser esta consideración filosófica de Friedrich Nietzsche:   “Todo lo que se hace por amor, se hace más allá del bien y del mal” :: AMORE. (Aunque en este caso podríamos recurrir también, a la hora de decirlo en latín, a la preposición PROPTER más acusativo: PROPTER AMOREM, dado que el acusativo si va precedido de preposición suele trasponer al nombre a la condición de adverbio también y a funcionar por lo tanto como complemento circunstancial).


Y, aunque la palabra amor se declina muy mal en plural, porque parece que no puede haber muchos amores simultáneamente o  “poliamor”, sino uno sólo y verdadero cada vez, pasamos ahora al plural, donde algunos ejemplos, aunque en menor número, encontramos:  

NOMINATIVO:  ¿Quién mejor que otro poeta, esta vez Mario Benedetti, para hablar de los amores en plural como sujeto de una frase? Esto es lo que dice el poeta, muy sentido por muy contradictorio que parezca: “Los amores eternos son los más breves” :: AMORES.

VOCATIVO:  Así se despedía nuestro romántico Espronceda de sus amoríos juveniles: “Adiós amores, juventud, placeres, / adiós, vosotras, las de hermosos ojos, / hechiceras mujeres” :: AMORES. 

ACUSATIVO: De nuestro romancero, donde se habla, como en nuestra lírica, del amor, que es uno y único cada vez,  muchas veces sin embargo en plural:  Dígasme tú, el marinero, / que Dios te guarde de mal,  / si los viste a mis amores, / si los viste allá pasar” :: AMORES.

GENITIVO: Recurramos a William Shakespeare y a su tragedia más romántica: Romeo y Julieta:  Dos familias iguales en nobleza, en Verona, lugar de estos amores,  derraman, por recíprocos rencores sangre inocente con brutal fiereza” :: AMORVM.  

DATIVO:   Un fragmento de una novela de Vicente Blasco Ibáñez, donde se ve bien la función de este caso : “Y se entregó a unos amores de imaginación, en los cuales la distancia hermoseaba aún más a aquella mujer” :: AMORIBVS.

ABLATIVO:  . –Nunca se distinguieron formalmente en plural Dativo y Ablativo en ninguna de las cinco declinaciones latinas. En esta frase del griego Plutarco tenemos un buen ejemplo de un Complemento Circunstancial de Lugar que equipara a los amores con las espinosas zarzas: “Quien en zarzas y amores se metiere, entrará cuando quiera, mas no saldrá cuando quisiere :: AMORIBVS.


He aquí otras frases de amor y amores de algunos de nuestros escritores con la forma latina correspondiente: 

-Al amor  lo pintan ciego y con alas. Ciego para no ver los obstáculos y con alas para salvarlos. (Jacinto Benavente) :: AMOREM.

-Yo soñara, madre, un sueño / que me dió en el corazón: / que se iban los mis amores / a las tierras de Aragón. (Gil Vicente) :: AMORES.

- Ama y haz lo que quieras. Si callas, callarás con amor; si gritas, gritarás con amor; si corriges, corregirás con amor, si perdonas, perdonarás con amor. (San Agustín)  :: AMORE, AMORE, AMORE, AMORE.

 Les falta algo de amor a los amores que no son un infierno de dolores. (Ramón de Campoamor)
:: AMORIS AMORIBVS

- Tristes hombres, si no mueren de amores (Miguel Hernández) :: AMORIBVS.



lunes, 14 de noviembre de 2016

Propercio huyendo del amor



Se propuso Propercio, herido del amor de Cintia, hacer un viaje a Atenas para tratar de olvidarla, convencido como estaba de que si dejaba de verla y ponía tierra y mares por medio lograría librar su alma de esa dolorosa pasión. 

Hace al final de esta elegía (III, 21) buenos propósitos: la filosofía académica de Platón o la de Epicuro podrán consolarlo, también la oratoria de Demóstenes o las comedias de Menandro, es decir, la literatura, sin olvidar las obras de arte tanto pictóricas como escultóricas que podrá ádmirar allí. Confía lograr con el viaje, en definitiva, y con la cultura el alejamiento y olvido defintiivos de Cintia.

Ignoraba, sin embargo, Properico aquel verso de Horacio que dice post equitem sedet atra cura: detrás del jinete galopa a su grupa la negra murria. Es decir, que en vano se propone distraerse, alejarse y olvidarse de Cintia, porque ella, quiera Propercio o no,  va a ir siempre con él como si fuera su propia sombra. Nadie huye de su propia sombra. 
  


 Magnum iter ad doctas proficisci cogor Athenas
    ut me longa graui soluat amore uia.
Largo viaje a la culta Atenas  emprendo a la fuerza
porque distancia a mí   libre de males de amor.

crescit enim assidue spectando cura puellae:
    ipse alimenta sibi maxima praebet Amor.
Crece en efecto mi pena  al mirar a menudo a mi niña:
sirve al amor el amor     mismo el menú principal.

omnia sunt temptata mihi quacumque fugari
    possit: at exsomnis me premit usque deus.
Todo lo he intentado a fin de lograr como sea
que huya; mas él,  dios que no     duerme,  me acosa sin fin. 


...at exsomnis me premit usque deus


 bis tamen aut semel admittit, cum saepe negarit:
     seu uenit, extremo dormit amicta toro.
Una con todo o dos veces me acepta, por más que se niega:
 o ella  si viene, a dormir     se echa vestida al diván.

unum erit auxilium: mutatis Cynthia terris
    quantum oculis, animo tam procul ibit Amor.
Sólo habrá una salida: cambiado el país, cuanto a mi vista
Cintia se aleje, el Amor         lejos de mi alma se irá.

nunc agite, o socii, propellite in aequora nauem,
    remorumque pares ducite sorte uices;
¡Venga ya, compañeros, al agua botad  el navío,
turnos a suerte echad     para remar a la par,

iungiteque extremo felicia lintea malo:
    iam liquidum nautis aura secundat iter.
y desplegad propicias las velas a lo alto del mástil:
ya abre a la navegación         ruta la brisa a favor!   

 Romanae turres et vos valeatis, amici,
    qualiscumque mihi tuque, puella, vale.
¡Torres de Roma, adiós, y también a vosotros, amigos,
y como quiera a ti,     niña, conmigo que estés!



ergo ego nunc rudis Hadriaci uehar aequoris hospes,
    cogar et undisonos nunc prece adire deos.
Voy pasajero bisoño a ser  del Adriático ahora 
y hoy a los dioses del mar      debo elevar mi oración.

deinde per Ionium uectus cum fessa Lechaei
    sedarit placida uela phaselus aqua,
Cuando mi lancha, bogando a través del Jónico, arriado 
haya en Corinto, en paz         plácida, velas después,

quod superest, sufferre, pedes, properate laborem,
    isthmos qua terris arcet utrumque mare.
en lo que queda, a sufrir preparáos,  pies, el camino,
donde el Istmo en mitad     parte a las aguas en dos.

inde ubi Piraei capient me litora portus,
    scandam ego Theseae bracchia longa uiae.
Cuando me acoja la orilla del puerto después  del  Pireo,
remontaré el largo vial          que hizo Teseo erigir.



illic in spatiis animum emendare Platonis
    incipiam aut hortis, docte Epicure, tuis;
Empezaré en los espacios allí de Platón a curarme 
mi alma, o en tu jardín,         sabio Epicuro, tal vez;

persequar aut studium linguae, Demosthenis arma,
    libaboque tuos, munde Menandre, sales;
 o estudiaré arte de hablar, de Demóstenes arma, 
y libaré el humor,              fino Menandro, de ti;


aut certe tabulae capient mea lumina pictae,
    siue ebore exactae seu magis aere manus.
o  atraerán los cuadros pintados sin duda a mis ojos 
su obras quizá de marfil    hechas o  bronce mejor.

aut spatia annorum et longa interualla profundi
    lenibunt tacito uulnera nostra sinu:
O el transcurrir de los años  y larga del  mar la distancia 
van en mi corazón      mudo la llaga a sanar;

seu moriar, fato, non turpi fractus amore;
    atque erit illa mihi mortis honesta dies.
o he de morir por mi sino, no de un triste amor malherido;
y el de mi muerte será            día de honor para mí.

viernes, 11 de noviembre de 2016

"Homo tontolculus"


A propósito de la viñeta de Forges sobre la evolución del pithecanthropus erectus,  que se ha convertido en “homotontolculus”, el último homínido de la era virtual y tecnológicamente emprendedora (que no aprendedora), que camina hacia atrás, móvil en ristre como su único instrumento prensil (y en España hay ya más celulares que españoles, dicho sea entre paréntesis),  vamos a entretenernos aquí un poco con el origen de la palabra “tonto” precisamente. ¿De dónde procede?

Su etimología es muy discutida. Para algunos, vendría del latín attónitum, participio de attonare, verbo formado a su vez por el prefijo  ad- y el verbo tonare “atronar”, que en principio significaría “tronado, tocado por el trueno o herido por el rayo”, lo que, si no es verdad, parece a simple vista bastante ingenioso.

Lo que está claro y no discute nadie es que el término evoluciona por la vía culta o, lo que es lo mismo, bajo la influencia conservadora de la lengua escrita, a “atónito” en castellano, que la RAE define  como  “pasmado o espantado de un objeto o suceso raro”. Esto sucede una vez que cae bien pronto la –m del acusativo,  y que la u  final se abre en o (muy pocas palabras como espíritu, ímpetu o tribu conservaron esta u en fin de palabra), y que la t geminada se simplifica, del siguiente modo:  ATTÓNITU(M)> ATTÓNITO> ATÓNITO. 

Hasta aquí no hay objeción, y todo el mundo está de acuerdo. Según los partidarios de la ingeniosa etimología, el cultismo “atónito” por la vía popular o vulgar sufriría, al ser palabra esdrújula, la síncopa temprana de la “i”, y la pérdida de la a- inicial átona, fenómeno no muy generalizado, pero que le sucedió también, por ejemplo, a la palabra “amorem”, que conservamos restituida como “amor” pero que por la vía popular derivó a “mor”, en la expresión algo ya obsoleta: “por mor de”, es decir “por amor de”. La evolución que proponen los partidarios de esta ingeniosa  teoría sería: ATÓNITO> ATONTO > TONTO. 

Son tres las objeciones que se le pueden achacar:

-Primera: La palabra “tonto” no está atestiguada en castellano hasta 1570, una fecha bastante tardía para una término de uso tan común. Sólo tiene poco más de cuatrocientos años reconocidos de existencia. A partir de ahí, aparecen recurrentemente sus numerosos compuestos tontería, tontear, tontuelo, atontamiento, tontaina y demás, pero antes de esa fecha no hay rastro en ningún documento escrito.  

-Segunda:  La sonorización de las oclusivas sordas intervocálicas se produjo históricamente antes de la síncopa de las vocales átonas en interior de palabra; es decir que el paso *atónido es previo a la pérdida de la /i/,  por lo que sería muy extraño que  la /i/ se hubiera perdido antes y mantenido la /t/, como argumentan los defensores de la ingeniosa pero peregrina teoría.

-Tercera y más grave objeción: la evolución de la o breve acentuada de “attónitum” es, como se sabe, el diptongo ue en castellano. Es decir, suponiendo que se hubiera perdido la a- inicial átona, la evolución esperada de (at)tónitu(m) al castellano, tendría que haber sido tónito>tónido>tondo>*tuendo, que no está documentada. 

Pero lo más curioso es que, de hecho, esa a- inicial no se ha perdido, y la evolución de ATÓNITO prosiguió a ATÓNIDO > ATONDO > ATUENDO.  Por muy extraño que parezca, la palabra “ATUENDO” procede de “atónito”, y es por lo tanto el término patrimonial, atestiguado como está a partir de 1019 bajo la forma no diptongada todavía “atondo”, del doblete correspondiente al cultismo "atónito". La RAE define “atuendo” como “aparato, ostentación, atavío y vestido”. La deriva semántica de este término, que pasa de adjetivo a sustantivo, y de significar “pasmado, aturdido” a “vestimenta” se debe a la pompa, fausto o aparato estruendoso que ostentaba la majestad real, que se extendió al ajuar y al mobiliario que acompañaba al monarca en sus viajes, y que causaba estupor y asombro, y que dejaba atónito –herido o deslumbrado por un rayo, asombrado-  a todo el mundo, tanto a cortesanos como a plebeyos,  a la vista de la parafernalia estrepitosa y escandalosa del rey. De ahí pasó a designar a los avíos más modestos con los que cubrimos nuestra desnudez los súbditos del soberano. 

Lo que nos trae, sin querer a la memoria, el cuento aquel de "El traje nuevo del emperador" de Hans Christian Andersen, más conocido como "El rey desnudo", cuya moraleja es que no tiene por qué ser verdad aquello que todo el mundo cree que lo es, o que la verdad no depende de la opinión de la mayoría democrática. Sólo un niño se atrevió a decir lo que todos veían y nadie osaba proclamar: "El emperador está desnudo". El nuevo atuendo del rey era, francamente, ridículo y brillaba por su ausencia.
¿Cómo explicamos, entonces, el origen de la palabra “tonto”, si desechamos la procedencia de “atónito” y no encontramos en latín nada que se le parezca ni mucho ni poco de donde pudiera proceder? 

Para el maestro Corominas, y esta parece la teoría más plausible hasta la fecha, la palabra “tonto” sería una creación  expresiva o imitativa, de origen onomatopéyico, que se ha producido en varias lenguas, y que puede relacionarse con "bobo". Las personas con problemas de entendimiento o comprensión suelen hablar balbuceando; si repetimos la sílaba "bo", resulta bobo, creamos una onomatopeya, es decir, hacemos una palabra que imita la forma de hablar de la persona a la que alude, como los niños cuando dicen el "guauguau" en lugar de "perro". Se repetiría la sílaba "to": toto reforzando la pronunciación con un infijo nasal /n/: de donde saldría "tonto" o, más usual en hispanoamérica, "zonzo" (reforzando la sílaba "zo"). 

Este procedimiento de creación de palabras expresivas es muy frecuente en el lenguaje infantil, como demuestran los ejemplos papa, mama, caca, tete, tata, titi, coco, nana, nene, y un largo etcétera. De similar origen que la palabra "tonto" sería “tuntún”. En la expresión “al tuntún”, voz creada con la repetición de la sílaba tun tun, se sugiere que se hacen las cosas de golpe, sin plan ni concierto, “a tontas y a locas”.  La repetición de la consonante y la vocal evoca la idea de insistencia necia, es la imitación de un balbuceo o intento de decir algo que no tiene sentido, como los casos paralelos que cita Corominas de chocho, bobo, lelo, soso, fofo, memo y, especialmente, zonzo, que como hemos dicho, se usa en hispanoamérica como sinónimo de tonto.

Parece que la palabra "tonto" surgió en Italia, siendo una creación del italiano moderno y no del latín,  y de ahí se extendió a España y Portugal, por lo que resulta ajena a otros ámbitos del romance como al francés y al rumano.

martes, 8 de noviembre de 2016

El mito del progreso

Tomo como ilustración de los versos de Ovidio tres imágenes del artista alemán del siglo XVII, Johann Wilhelm Bauer, que dibujó 150 escenas de las Metamorfosis, con una breve descripción en latín y en alemán cada una, de la estupenda página The Ovid Project: Metamorphosing the Metamorphoses a cargo de Hope Greenberg del departamento de Clásicas de la Universidad de Vermont de los EEUU.

Edad de Oro:



En el libro primero de las Metamorfosis, versos 89-150, recoge Ovidio el mito de las edades, que había tomado del poeta griego Hesíodo, según el cual la historia de la humanidad no avanza en un sentido de progreso hacia mejoría, sino en una degeneración caracterizada por su progresivo empeoramiento. La Edad de Oro no se caracteriza porque haya maravillas que ahora no hay, sino porque no hay todavía en el mundo las realidades que mueven a espanto, como la economía de los mercados –curiosamente en la Edad de Oro el oro no era un valor de cambio, porque no existe el dinero todavía-, las guerras y las políticas que las justifican, los gobiernos ni los Estados. Tampoco existen los jueces ni las leyes, porque hay Justicia y no hace falta por lo tanto que existan tribunales que dictaminen lo que es justo y lo que no... Es decir, la Edad de Oro es una Arcadia idílica donde no existen gobiernos, ejércitos ni trabajo asalariado. No se ha inventado la navegación, por lo que no existe el comercio. Se trata de un paraíso terrenal en el que reina Saturno, es decir, la anarquía.

De oro la edad se creó la primera, la cual, sin mandarlo
nadie, sin ley, cultivaba el deber y el bien de su grado. 
Miedo y castigo no había ni en bronce decretos grabados
se promulgaban tremendos ni el pueblo temía, postrado
voz de su juez, sino que eran a salvo sin un mandatario.
Pino talado no había aún de sus montes bajado
ni uno a las olas marinas a ver el mundo a lo largo, 
ni otras costas ajenas sabían los seres humanos. 
No todavía ceñía ciudades un foso escarpado, 
no broncirrecto clarín ni corneta de bronce curvado
hubo, no cascos ni espadas: sin necesidad de soldados
iban las gentes viviendo la cómoda paz a resguardo.
Todo lo daba la tierra también de balde, y sin rastro
de un azadón, por sí misma, ni herida de reja de arado, 
y es que, pagados con frutos nacidos sin nadie plantarlos,
bayas de arbusto cogían y fresas silvestres del campo,
guindas y moras en los espinosos zarzales colgando, 
y las bellotas caídas del árbol de Júpiter ancho. 
Era sin fin primavera y mecían los céfiros plácidos
flores nacidas sin siembra con brisas de aire templado; 
luego la tierra ofrecía su fruto además sin trabajo, 
y encanecía la mies sin barbecho de espigas y granos: 
ríos ya iban de leche, de néctar ya ríos manando, 
e iba en verde encina la rubia miel chorreando.

Edad de Plata

 
 La Edad de Plata es la edad de Júpiter, que se ha hecho con el poder destronando a Saturno, es una degeneración de la edad anterior que se caracteriza por la aparición de las cuatro estacionens. Se acabó la primavera idílica inicial y comienza su andadura el tiempo cronometrado de los ciclos de la naturaleza. Los seres humanos comienzan a resguardarse del cambio climático adquiriendo conciencia del clima en viviendas que en principio fueron grutas. Del mismo modo, comienza el trabajo con el desarrollo de la agricultura y de la ganadería que no eran necesarias en la etapa anterior.

Luego que el mundo, echando a Saturno al lóbrego Tártaro,
era de Júpiter, hubo la raza de plata llegado
que era más vil que la de oro, más noble que el bronce arrubiado.
Jove restó duración al vernal buen tiempo de antaño, 
y entre inviernos y estíos y otoños desigualados
y una fugaz primavera, partió en cuatro tramos el año.
Pronto entonces el aire ardió, del fuego abrasado, 
tórrido, y hielo quedó congelado del viento en carámbanos:
pronto entonces entraron en casas: fueron los antros
casas, matas espesas, follaje a corteza enlazado; 
fueron pronto entonces semillas de Ceres en largos
surcos sembradas, y uncidos al yugo los bueyes bramaron. 

 Edades de Bronce y de Hierro


La Edad de Bronce se caracteriza por la aparición de las armas, y, por lo tanto, de la guerra hasta entonces inexistente.

Vino al cabo después, la tercera, la raza bronceña, 
más de carácter atroz y pronta a las armas horrendas,
 no aún criminal:

Finalmente hace su aparición la Edad de Hierro, que es la peor de todas y que es, huelga decirlo, la nuestra. Aparecen ahora todos los males que conocemos: la propiedad privada, la sangre, la mentira, el arte de la navegación y el comercio, la división de la tierra, y el dinero que lo pone todo en venta, a las cosas y a las personas, cosificándolas. Como consecuencia de la aparición del dinero, la Justicia, representada como una doncella que hasta entonces había reinado en la Tierra, huye de este mundo y se convierte mediante un catasterismo en una constelación sideral: Virgo.

...de hierro durísimo es la postrera. 
Pronto irrumpió en la edad más vil de la férrea vena
 todo mal, y huyeron deber, verdad y vergüenza;
 y en su lugar surgieron engaños, estratagemas, 
trampas, sangre y afán criminal de bienes y hacienda. 
Velas echaban al viento, sin que el marinero supiera
 de él, y las quillas que habían crecido siempre en cimeras
 cumbres saltaron en olas de desconocidas mareas.
 Y, antes común como luz del sol y el aire, la tierra
 la dividió agrimensor sagaz con larga lindera.
 No le exigían tan sólo al rico terruño cosecha
 y el merecido alimento, sino que en su entraña se adentran
 y esos tesoros que había guardado y metido en sus negras
 minas profundas, botín de malvados, ya desentierran;
 y hubo surgido el vil hierro, y peor, el oro, que en venta
 pone: surgió la que lucha con uno y con otro, la guerra,
 y hace blandir las armas fragosas con mano sangrienta.
 Viven a saco: ni fía el huésped de aquél que lo hospeda,
 ni suegro de yerno, y es rara también la avenencia fraterna.
 Trama el fin de su esposa el marido, del cónyuge aquella:
 mezclan venenos amortajadores madrastras siniestras; 
antes de tiempo el hijo la edad pregunta paterna.
 Yace vencida Piedad, y abandona la Virgen, postrera
 diosa, la tierra manchada de sangre, y se vuelve sidérea.

   Desaparece la justicia de la faz del mundo cuando se impone la Justicia, es decir el poder judicial con sus tribunales  que dictaminan lo que es justo y lo que no, y con sus penas de privación de libertad que nos hacen creer a los que estamos fuera de los centros penitenciarios que, por contraposición a los reclusos, somos libres.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Han Hon Hen

La lengua sueca, que es de origen germánico, no distingue géneros gramaticales masculino/femenino ni en sustantivos ni en adjetivos. Dispone de un género UTRUM, “animado” digamos, de palabras acabadas en -en, reservado en principio a los seres vivos sea cual sea su sexo, por ejemplo en häst, un caballo) e “inanimado” (género NEUTRUM, o palabras acabadas en -ett, reservado en principio a las cosas ett hus una casa) que designa a los seres inertes, aunque también se da un reparto de “individuos” frente a “abstracciones”; por ejemplo, en björk “un abedul” -especie- frente a ett träd “un árbol” -género o concepto general-. 
  
El reparto, en todo caso, está muy lejos de ser racional, como sucede en todas las lenguas, donde las divisiones de género que no son más que clasificaciones de palabras no responden a abstracciones, sino que las abstracciones se hacen a posteriori. Por eso las gramáticas suecas aconsejan que aprendamos la palabra con su correspondiente artículo “en” “ett” porque sí, sin buscar muchas explicaciones. Es decir, que, una vez enunciada la "regla", las excepciones son tan numerosas que vale más olvidarse de la "regla" : por ejemplo el género de la palabra “león”: por lógica, según lo expuesto,  debería ser UTRUM, es decir, debería llevar el artículo determinado EN, sin embargo lleva ETT, y se dice ett lejon “un león”, y no el esperado *en lejon.

Como prefijos las formas en y ett que estamos viendo funcionan como artículo indeterminado, como sufijos funcionan como artículo determinado: en häst un caballo,  hästen el caballo

La única excepción a este sistema general es el pronombre de tercera persona del singular, donde aparte de los susodichos géneros UTRUM o común ("den") y NEUTRUM ("det") hay un masculino ("han") y un femenino ("hon").  Normalmente, el masculino "han" se usaba como género no marcado.  

Al parecer, el SAOL, el diccionario de referencia de la lengua sueca, publicado y revisado cada diez años por la Academia  de  dicha lengua -organismo que otorga cada año el Premio Nobel de Literatura y que este año se ha lucido concediéndoselo al excelente compositor pero no escritor Bob Dylan- en su última edición del 15 de abril del año pasado introduce un pronombre personal de tercera persona neutro creado ex professo por el movimiento feminista de ese país en los años sesenta del siglo pasado como alternativa al uso del género gramatical masculino como no marcado, en situaciones que hacen referencia tanto a mujeres como a varones. En sueco existía, como queda dicho, un pronombre masculino han (él) y otro femenino hon (ella), y ahora se propone o impone el pronombre hen, que no tiene género, es decir, que es neutro: ni él ni ella, sino *elle o algo así, diríamos en español, o ello si no estuviera reservado para las cosas. Hen sirve para referirse a una persona sin especificar si es varón o mujer, bien porque se desconoce su sexo biológico o bien porque es irrelevante precisarlo; también puede utilizarse para hablar de las personas transexuales o de aquellas que no se identifican con ninguno de los estereotipos sexuales. Uno de los argumentos a favor de esta imposición es que diciendo “hen” se evita la expresión políticamente correcta “él o ella”, pero lo malo del invento es que “hen” en sueco es también un sustantivo que significa “gallina”.

Algo parecido han propuesto algunos feministas que se haga en castellano so pretexto de “visibilizar a la mujer”. Para evitar expresiones no discriminatorias y redundantes como “los suecos y las suecas están contentos y contentas” podría utilizarse una terminación neutra -ni masculina ni femenina- acabada en -e: “les sueques están contentes”. Evitaríamos así fórmulas engorrosas y políticamente correctas como la repetición de lo mismo con distinto morfema de género gramatical. Con esta propuesta marcaríamos el género masculino, hasta ahora no marcado o genérico.

Un profesor, por ejemplo, que tenga chicos y chicas en clase, que suele ser lo habitual, salvo en algunos colegios concertados que segregan al alumnado por su sexo, no podrá decir “mis alumnos” para referirse a la totalidad del grupo, sino “mis alumnes”, con todos los adjetivos que quiera aplicarles concordados en género neutro y número plural: estudioses, vagues o lo que sea... Asimismo, una madre que tenga un hijo y una hija no hablará en plural de sus “hijos” porque no sería políticamente correcto -sólo podría decirlo según el rigor feminista que se quiere aplicar en el caso de que fueran todos varones- sino de sus “hijes” -sin especificar su sexo.

No hace falta decir que es tan ridículo como artificioso, y ¡sexista!, contra lo que pretenden, dado que al crear ex nihilo un género gramatical no marcado, estamos marcando el masculino, que antes era el no marcado, lo que va contra la economía de la lengua, que no tiene nada que ver con la economía capitalista, sino con los procesos de ahorro de repeticiones innecesarias por superfluas.

El hecho de querer imponerle normas a la lengua es igual que querer poner puertas al campo. Las Academias de la Lengua dicen que ellas no son prescriptivas, sino descriptivas, pero lo malo es que la descripción que hacen acaba convirtiéndose para mucha gente en prescripción. La Academia describe supuestamente  el habla de la gente, pero la gente que va de culta por la vida acaba hablando lo que escribe/dicta la Academia, que pasa de ser descripción a prescripción.

Lo peor de todo  es que  hay "algunes", algunos y algunas, que no "satisfeches" con promulgar todo tipo de leyes y reales decretos desde arriba, creen que hablando y escribiendo así van a solucionar algún problema, cuando lo que están haciendo es crear uno donde no lo había.

En la viñeta de arriba se hace burla de la decisión de la academia sueca de utilizar Hen ("gallina") como pronombre bisexual frente a Han ("él") y Hon ("ella"), y los contrapone a otros monosílabos existentes en esa lengua con el resto de las vocales.