miércoles, 14 de diciembre de 2016

Agrigento y la verde Sicilia


Una moderna escultura  en bronce de lo que parece un ángel alado y desnudo, sin manos, brazos ni pies, del artista polaco Igor Mitoraj (2011) delante del templo de la Concordia en Agrigento nos recuerda la ascensión a los cielos y posterior caída del hijo díscolo de Dédalo, Ícaro,  que logró salir del laberinto como su padre con la ayuda de unas alas artificiales, y volar tan alto como un pájaro que surca  el cielo inconmensurable, pero se elevó tanto que el sol derritió la cera que unía las plumas de sus alas y  la caída  fue espantosa: acabó precipitándose en el vacío víctima de la ley de la gravedad. Dura lex, sed lex. 


Ícaro caído, se titula el bronce que yace en el Valle de los Templos donde se alzan todavía varios santuarios dóricos,  y no pocos olivos y almendros. El templo de la Concordia que se halla detrás del bronce es uno de los más elegantes por la armonía de sus proporciones y constituye una de las obras más grandiosas de la arquitectura griega en Sicilia. Los templos no son de mármol blanco como el Partenón, sino, más humildes, de pobre arenisca, pero ahí siguen, desafiando el paso del tiempo en Agrigento, Sicilia, la isla de las tres puntas, extremos o promontorios, la Trinacria o Trinacia de Homero. Sicilia fue en la antigüedad otro de los nombres de Grecia, la Magna Grecia.


Agrigento fue fundada en el 581 antes de Cristo por colonos griegos de Rodas y Creta en el delta del río Acragás. En principio fue una estación comercial, que se relacionaba con la vecina y opulenta Cartago,  para ser posteriormente una de las ciudades más importantes del Mediterráneo.  Los griegos la llamaron Acragás, Agrigentum los romanos, Kirkent los árabes y Girgenti los sicilianos actuales.

Les gusta a los sicilianos citar el presunto verso homérico: «La verde isola Trinacria, dove pasce il gregge del sole», que remite al canto XI de la Odisea de Homero, lo que viene a significar en nuestra lengua: "La verde isla Trinacria, donde pace el rebaño del sol". El caso es que no encuentro por ningún lado el "verde" que le aplican a la isla en los hexámetros homéricos.

Es verdad que en una traducción italiana de la Odisea de Homero publicada en 1828, debida a Ippolito Pindemonte,  se leen estas palabras: Quando, tutti del mar vinti i perigli / approderai col ben formato legno / alla verde Trinacria isola, in cui / pascon del Sol, che tutto vede ed ode / i nitidi montoni e i buoi lucenti. En la preciosa traducción al castellano de José Manuel Pabón, hecha del griego directamente, leemos así los versos originales en los que se basa la traducción italiana: Una vez atracada tu sólida nave en la isla / de Trinacia después de escapar a las cárdenas aguas, / unas vacas verás pastando entre recias ovejas: / son del Sol, el que todo lo mira, el que todo lo escucha. 


El adjetivo que emplea Homero y que se refiere al mar que baña la isla y no a la isla en sí es "ioeidéa pónton", lo que traduce Pabón por "cárdenas aguas", ya que "ioeidéa" quiere decir que tira hacia el violeta, de reflejos violáceos, oscuro, como en la más prosaica pero no menos excelente versión que hace al castellano de la Odisea homérica Luis Segalá y Estalella, en la que leemos: "...así que ancles la bien construida embarcación en la isla Trinacia, escapando del violáceo ponto, y halléis paciendo las vacas y las pingües ovejas del Sol, que todo lo ve y todo lo oye";  pero no verde, como incluye el traductor italiano de su cosecha en su traducción hasta el punto de que hace pasar por homérico un epíteto como "verde" que él aplica a la isla de Sicilia, a la que de ningún modo puede por otra parte calificarse como verde. Lo que nadie le niega al traductor italiano, sin embargo, y en lo que todos los traductores están de acuerdo es en que Sicilia es la isla del Sol, del griego Helios.  

  

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