sábado, 28 de enero de 2017

No hay mal que para bien no venga




Los refranes en su mayoría están muy lejos de ser la expresión de lo que podríamos llamar sabiduría popular. Sirven tanto para un roto como para un descosido, es decir, para una ocasión como para la contraria. Véase por ejemplo: "Al que madruga Dios lo ayuda", pero también "No por mucho madrugar amanece más temprano". En conclusión, si valen para todas las ocasiones, no valen para ninguna, es decir, no expresan sabiduría ninguna.

Otro ejemplo: “Sabe más el diablo por viejo que por diablo”. Da a entender este refrán que las personas mayores, por el simple hecho de haber vivido más que los jóvenes, son más sabias. Menuda sandez. La sabiduría no está en los años, sino en los desengaños.

Pero hay algunos refranes, muy pocos a la sazón, que tienen razón porque expresan algo de esa milenaria y escéptica sabiduría popular. Por ejemplo: "Donde menos se espera salta la liebre." La liebre, o el gazapo, en efecto, saltan donde y cuando menos se piensan, porque son inesperados. Otro refrán muy bueno: "No hay mal que para bien no venga".


Plinio el Viejo, hablando del acónito en  el libro XXVII de su Historia Natural,  donde trata de las hierbas medicinales, en el capítulo II, parágrafo 9, dice lo siguiente: sed maiores oculorum quoque medicamentis aconitum misceri saluberrime promulgauere aperta professione, ne malum quidem ullum esse sine aliquo bono.

Lo que viene a significar en esta nuestra lengua que nuestros antepasados promulgaron que el acónito se mezclaba muy saludablemente también con medicamentos para los ojos con una clara declaración de que no hay ningún mal ciertamente sin algún bien.

El término acónito –acentuado en latín como palabra llana– tiene una etimología bastante discutida. Se admite generalmente que deriva de la palabra "akone," que quiere decir "rocoso" y que corresponde al área geográfica donde suele crecer esta planta, el aconitum napellus.  Lo que no se discute es lo de “napellus”, que quiere decir pequeño nabo, dado que es el diminutivo de napus, y que da origen a los nombres populares de la planta como  anapelo de flor azul, nabieyo o  napelo, entre otros.

El acónito es bien conocido desde la antigüedad por su extrema toxicidad, como veneno para untar la punta de las flechas utilizadas por los pastores para matar a los lobos –de ahí que vulgarmente se conocza a la planta también entre nosotros como “matalobos”, y también "casco de Júpiter" y "hábito del diablo"–, y hasta de las modernas balas, y como veneno en ejecuciones, homicidios y suicidios; también se dice que es un constituyente de "ungüentos para volar" que se usaba en brujería para imitar la sensación de vuelo. Aunque se ha empleado en medicina tradicional y se usa en disoluciones homeopáticas, la eficacia médica de la que habla Plinio no está oficialmente reconocida.  



Lo que interesa de la cita de Plinio, para relacionarla con nuestro refrán, es su última parte: ne malum quidem ullum esse sine aliquo bono, o incorporando la negación:  malum quidem nullum esse sine aliquo bono, lo que podemos glosar como que no hay ningún mal por muy malo que sea que no entrañe algún bien, es decir, que no hay mal que por bien no venga, como reza el refrán castellano, donde “por” debe entenderse como “para”: no hay mal que no venga para hacernos algún bien. Por tiene el significado antiguo de para, procedente de “per ad”. En efecto, tanto nuestro "por", que sirve para expresar la causa, como nuestro "para", que conllevaría la idea de finalidad, (castellano viejo "pora") proceden de "per" y "per ad" respectivamente.

El refrán está documentado como No hay mal que no venga por bien, en Baltasar Gracián (El Criticón III 206) y también No hay mal tan malo de que no resulte algo bueno, en Mateo Alemán (El Guzmán de Alfarache I 173). Hay noticia de que Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza (1580-1639) es autor de una obra titulada No hay mal que por bien no venga, escrita probablemente antes de 1630.

 

Una versión griega del dictum sería APO TO KAKO, KALO, από το κακό, καλό: De lo malo, algo bueno. Es decir que del mal puede resultar un bien. La versión latina sería DE MALO BONVM, o tal vez EX MALO BONVM.

Este dictum antiguo contradice una idea personal de un filósofo como Séneca, que afirma en su Epístola 87, 22 bonum ex malo non fit, lo que quiere decir que lo bueno no surge de lo malo. Para Séneca está muy claro que una cosa es el bien otra el mal y que son radicalmente distintas, hasta el punto de que lo malo no puede entrañar ningún bien. Pero es una idea personal del filósofo. La sabiduría popular viene a decir, sin embargo, todo lo contrario, porque lo que hace la razón común es poner en cuestión la existencia químicamente pura de lo bueno y lo malo, del bien y el mal, afirmando que por muy mal que nos vayan las cosas en la vida siempre asomará algún bien de ellas.

El dicho griego equivalente a nuestro "no hay mal que por/para bien no venga" sería ουδέν κακόν αμιγές καλού, o lo que es lo mismo:  "NINGÚN MAL SIN MEZCLA DE BIEN".

1 comentario:

  1. Toda mi vida llevo diciendo que la expresión más natural para decir lo que la frase quiere significar es diciendo PARA y no POR. Lo consulté incluso con la RAE y simplemente me respondieron con referencias históricas a autores (que utilizaban el POR) pero no entraron en la cuestión gramatical. Por eso me ha alegrado encontrar su
    Me ha alegrado mucho encontrar a alguien que comparta la opinión.
    Un saludo.

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