miércoles, 18 de enero de 2017

Versos de Prada



Quitadme de los ojos ese Cristo
de mustia faz y demacrado pecho;
quitadme de los ojos esa Virgen
de ingrácil rostro y desgarbado cuerpo.


 El nancimiento de Vennus, William-Adolphe Bouguereau (1879)

Vengan a mí los Dioses del Olimpo,
vengan los Dioses jóvenes y bellos,
con las miradas invitando al goce,
con las sonrisas incitando al beso.



 El nacimiento de Venus, Alexandnre Cabanel (1863) 

Surge, oh Belleza, surge y resplandece
en el blanco esplendor de tus misterios
sin recatar a mis voraces ojos
las tentadoras curvas de tu seno.

Otro, infestado de pudor tartufo,
cubra la Forma con profano velo:
yo adoro de rodillas, yo bendigo
la victoriosa desnudez de Venus.

oOo


Este Prada no es el costurero italiano, el cual, que yo sepa, no se ha metido de modisto de altos vuelos a poeta todavía; tampoco es el columnista de algunos periódicos y revistas españoles de derechas, novelista por otro lado notable además de católico practicante, confeso obeso y mártir de las tres o cuatro lectoras desocupadas y beatas que todavía lo soportan.

Lo que traigo hoy aquí a colación son unos versos breves pero llenos de enjundia epigramática de don Manuel González Prada, escritor peruano injustamente olvidado o desconocido por estos pagos, del que sacamos aquí una reseña, ya fallecido, pero cuyas rimas siguen vivas, hoy más que nunca, todavía, sin perder ni ripio del ritmo en el baile de las palabras.

Manuel González Prada  (1844-1918)

Vienen como anillo al dedo  para este medio de lectura rápida sobre la pantalla fugaz que es internet, o sea la Red de la telaraña cibernética, y no sobre el papel –aunque no hay mal que por bien no venga, ya que la falta de papel supone muchos más árboles que se salvan de la tala.

Su característica más notable es, aparte de la brevedad telegráfica, la condensación aforística del pensamiento. Allá van, espigados aquí y allá de su obra poética, algunos ejemplos que hablan un poco de todo: de la maldad e ignorancia, si no son la misma cosa, del ser humano; del amor; de la relatividad del bien y el mal; y una declaración de principio que no tiene desperdicio, antes del “Je ne regrette rien” de Edith Piaf.

Quien muchos días se pasa 
 sin ver a un necio de frente, 
no tendrá seguramente 
 ningún espejo en su casa. 
*
 Mal conocemos al hombre
 porque nunca deslindamos
 donde termina el imbécil 
y donde empieza el malvado.
 * 
El vicio y la virtud, el bien y el mal, 
simples cuestiones de ángulo visual.
 * 
De nada estuve nunca arrepentido,
 a no ser del pecado... no cometido. 

Todo cabe en lo posible; 
¿Por qué razón no cabrá? 
Nada existe más absurdo
 que la misma realidad. 
 * 
Yo figuro en la comedia 
 de mi vida, o la tragedia, 
como el autor, el actor 
 y el sereno espectador.
 *
 Ser el diamante o la arcilla, 
 la palmera o el zarzal, 
el rumiante o el microbio, 
el monarca o el patán, 
todo es el mismo,
 todo es igual. 
Sucumbir hoy o mañana, 
de vejez o enfermedad, 
podrirse bajo la tierra 
 o en los abismos del mar, 
todo es lo mismo, 
todo es igual. 
 * 
 La dulce muerte del sueño 
 venga y cierre mis pupilas: 
 el olvidar que se vive 
es lo mejor de la vida. 

 En la sesuda experiencia 
de las personas ancianas, 
no busquéis verdad o ciencia, 
buscad errores con canas. 
*
 La creencia prudente y acertada, 
la más segura, no creer en nada. 
*
 ¿Dónde tus luces divinas, 
oh Religión decantada? 
Viejo candil de posada,
 más humeas que iluminas.
 * 
Todos somos hermanos 
 (recordémoslo bien); 
 todos somos hermanos, 
 como Caín y Abel. 
 * 
Orgullo no te cause el patriotismo, 
que son también patriotas 
que aman sus escondrijos y sus peñas 
 los topos y las ostras. 
 * 
 ¡Es un perro! decimos 
al denigrar a un zote. 
Con más razón, al insultar a un perro, 
 repetirán los perros: ¡Es un hombre!

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