jueves, 2 de febrero de 2017

Jefe o jefa ¿qué importa?



 (Heraclés luchando contra las amazonas, que eran mujeres guerreras)

“Que un jefe sea hombre o mujer no es algo que sea relevante”. Esto lo ha declarado la primera fémina que alcanza el grado de Teniente Coronel (“¿Tenienta Coronela?”) en el Ejército de España y que lucirá, por lo tanto, las dos estrellas de ocho puntas en las hombreras de su guerrera, recibiendo el tratamiento correspondiente, si todavía se estila, de Usía, abreviatura de Vuestra Señoría.

Y tiene razón la mujer (no menciono su nombre propio, porque no viene al caso: lo que dice ella lo podría decir cualquiera, y, por usar su misma expresión, "no es relevante"): ya no importa el sexo biológico de quien ejerce el mando. Lo mismo da que da lo mismo que la jefatura la ejerza el macho o la hembra. Como dijo el rey católico de Aragón fascinado por la anécdota de Alejandro Magno y el nudo gordiano “Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando”. Contaba la leyenda que quien desatara el nudo que se hallaba en el templo de Gordio dominaría Asia. Impaciente Alejandro, no lo desanudó sino que lo cortó de un tajo de su espada, como si diera lo mismo la manera de hacerlo con tal de lograr el objetivo. Otra vez Maquiavelo: el fin justificaría los medios. El caso es que el lema fernandino era algo así como "Tanto monta cortar como desatar", a lo que luego se añadió la coletilla "Isabel como Fernando", simbolizando la unión de ambos reinos Castilla (las flechas) y Aragón (el yugo).

Algunos feministas consideran esto un progreso. Y tienen razón en parte: es un progreso en la historia de la dominación del hombre (incluida la mujer en el mismo saco) por el hombre. Pero no se puede hablar de un progreso en el sentido contrario de la liberación de ese dominio, en el de la lucha del pueblo contra el yugo que le impone el poder, el yugo que cantó Miguel Hernández (“Yugos os quieren poner, / gentes de la tierra mala, / yugos que habéis de dejar, / rotos sobre sus espaldas”).

Efectivamente. Ya no es relevante que el jefe sea macho o hembra. Lo que sigue siendo bastante relevante es que haya jefes, tengan o no tengas testículos, y que haya ejércitos profesionales, porque lo que no se cuestiona, pese al feminismo, es la jerarquía y la propia existencia de las fuerzas armadas, sino la participación de las mujeres en dichas fuerzas y jerarquía. (Para el que no lo sepa: las mujeres pudieron integrarse voluntariamente en el ejército español a partir de 1988, haciendo realidad así el mito de las amazonas).

La palabra jefe entró en castellano según Corominas a mediados del siglo XVII como préstamo del francés chef, que a su vez deriva del latín CAPVT CAPITIS cabeza de donde ya teníamos en castellano "cabo" y "capitán" y "capataz", y en italiano "capo". A partir de 1843 está documentado en nuestra lengua su femenino "jefa". También en inglés tenemos chief, préstamo del francés antiguo, con el signficado de "principal".

¿Cómo evolucionó CAPVT hasta chef en francés? Es normal en el paso del latín al francés la palatalización de las palabras que comenzaban por cá-, que se convertían en cha-, como vemos en los siguientes ejemplos:  CAMPVS> champ, CAMERAM> chambre, CAPITVLVM> chapitre, CARICARE> charger, CABALLVM> cheval, CAVSAM> chose... Así CAPVT palatalizó en francés antiguo en CHIEF y posteriormente CHEF. En el francés hablado en suiza es corriente el femenino CHEFFE.

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