sábado, 18 de febrero de 2017

La rueda de la fortuna

La Fortuna suele representarse en la Edad Media como una mujer de gran estatura y majestad, –acorde con la importancia semidivina que se le daba- a menudo coronada como reina, que hace girar con una manivela una noria: la rueda de la fortuna, con la que reparte penas y alegrías, éxitos y fracasos. Aunque hay muchas versiones gráficas de esta rueda, la más común suele presentar cuatro figuras humanas encaramadas en la rueda que no reflejan, como podría parecer a primera vista, a cuatro personas distintas, sino a la misma persona en cuatro etapas diferentes de su vida cronológicamente ordenadas.  

 La Rueda de la Fortuna

La figura de la izquierda, a media altura y en raudo ascenso, suele ir acompañada de la palabra latina REGNABO (reinaré); la segunda, colocada en lo alto de la rueda y coronada y sentada en un trono, suele llevar el cartel de REGNO (reino, estoy reinando); la tercera, a la derecha y en claro descenso, la leyenda REGNAVI (he reinado, reiné),  y en la posición más baja de la rueda, la figura humana yace derribada con el texto SVM SINE REGNO (estoy sin reino).

 Rota Fortunae

La primera mención literaria de esta rueda que gira veloz y conforma el destino de la humanidad aparece quizá en la Consolación de la Filosofía de Boecio, que es un diálogo en prosa y verso, escrito en el siglo V después de Cristo en latín en cinco libros, entre un prisionero condenado a muerte y la Filosofía, personificada como una dama noble, que lo consuela de un modo estoico antes de su ejecución a fin de que asuma resignadamente su destino fatal. 

Leemos en Boecio (Consolación de la Filosofía, libro segundo, prosa primera, 18-19): Fortunae te regendum dedisti, dominae moribus oportet obtemperes. tu uero uoluentis rotae impetum retinere conaris? at, omnium mortalium stolidissime, si manere incipit fors esse desistit.

Te entregaste a la fortuna para ser dirigido por ella, conviene que te adaptes a las costumbres de tu señora. ¿Intentas tú de verdad detener el ímpetu de su rueda giratoria? Ah el más necio tú de todos los mortales, si la Fortuna empieza a quedarse quieta deja de ser la suerte que es. 

 La Rueda de la Fortuna,  Edward Burne-Jones (1883)

Más adelante leemos lo que le dice la propia Fortuna, con un plural mayestático, al condenado (íbidem, prosa segunda, 9-10): haec nostra uis est, hunc continuum ludum ludimus: rotam uolubili orbe uersamus, infirma summis, summa infimis mutare gaudemus. ascende si placet, sed ea lege, ne uti cum ludicri mei ratio poscet descendere iniuriam putes. an tu mores ignorabas meos? 

Esta es nuestra fuerza, jugamos a este juego continuo: movemos una rueda de giro voluble, nos alegramos poniendo lo de abajo arriba, lo de arriba abajo. Sube si te agrada, pero con esta condición, no creas que es una injusticia cuando te lo pida la lógica de mi juego. ¿Acaso ignorabas tú mis costumbres?

En los cánticos goliárdicos de lo siglos XII y XIII hallados en el monasterio de Beuern (Carmina Burana) encontramos una célebre metáfora sobre la fortuna, que es como la Luna, que de pronto pasa de cuarto creciente a luna llena, y de ahí a cuarto menguante y, por fin, a luna nueva: O fortuna uelut Luna... Oigamos, una vez más, la versión de Karl Orff.


 



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