martes, 14 de febrero de 2017

Versos para san Valentín

El día de san Valentín, según contábamos aquí, fue celebrado por la iglesia católica hasta 1969, año en que el Papa Pablo VI decidió eliminar esta festividad del calendario religioso posconciliar. El 14 de febrero siguió siendo el día de ese santo, pero no se celebraba religiosamente, debido quizás a que la leyenda forjada en la Edad Media del santo casamentero que desafió la prohibición de celebrar bodas mientras durara el servicio militar de los soldados romanos, encarcelado y condenado a muerte por eso mismo en tiempos del emperador Claudio II el Gótico,  no contenía muchos visos o quizá ninguno de verosimilitud histórica.  

 San Valentín santifica el matrimonio, no el amor.

Ahora este día es celebrado por las superficies comerciales y por los enamorados de todo el mundo, que declaran su amor haciéndose algún regalo como prueba de él. Viene así el santo cristiano a ocupar en nuestro calendario la casilla que habían dejado vacía el griego Eros y el romano Cupido, los dioses del amor, en la evolución del politeísmo al monoteísmo actual.



Dos poemas del poeta peruano Manuel González Prada nos vienen aquí como anillo al dedo para celebrar el amor. Aquí va el primero: Amar sin ser querido


Un dolor jamás dormido,
una gloria nunca cierta,
una llaga siempre abierta,
es amar sin ser querido.

Corazón que siempre fuiste
bendecido y adorado,
tú no sabes, ¡ay!, lo triste
de querer no siendo amado.

A la puerta del olvido
llama en vano el pecho herido:
muda y sorda está la puerta;
que una llaga siempre abierta
es amar sin ser querido.




Y un soneto, más conceptual que sentimental, donde el poeta, al modo quevedesco, plantea algunas paradojas a propósito del amor: ¿Por qué, por ejemplo, si el amor es un bien produce malestar? ¿Por qué si es un mal, poniéndonos en el caso contrario, provoca bienestar? ¿Es blanco o es negro? ¿Es bueno o es malo? ¿Es vida o es muerte? 

El lenguaje se queda corto cuando hablamos de los sentimientos en general y del amoroso en particular. Las palabras no dan la talla cuando se trata de reflejar el mundo contradictorio de los sentimientos. Es preciso recurrir a paradojas y contradicciones para expresar lo inexpresable, como el célebre odi et amo de Catulo. Prada lo hizo estupendamente en este soneto que merece figurar en cualquier antología de poesía erótica y amorosa de todos los tiempos.

Si eres un bien arrebatado al cielo
¿por qué las dudas, el gemido, el llanto,
la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?

Si eres un mal en el terrestre suelo,
¿por qué los goces, la sonrisa, el canto,
las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?

Si eres nieve, ¿por qué tus vivas llamas?
Si eres llama, ¿por qué tu hielo inerte?
Si eres sombra, ¿por qué la luz derramas?

¿Por qué la sombra, si eres luz querida?
Si eres vida, ¿por qué me das la muerte?
Si eres muerte, ¿por qué me das la vida?


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