lunes, 13 de marzo de 2017

El rayo de luna



Hoy, que es lunes, es el día de la Luna en todo el mundo, Lunae dies: lundi, lunedì, Montag, monday, lunes, vamos a recordar que una noche la casta Luna, la griega Selene, se enamoró apasionadamente de un joven pastor. Se llamaba Endimión. Hemos contado su historia aquí.

Esta leyenda puede relacionarse con "El rayo de Luna" de Gustvao Adolfo Bécquer, quien le ha regalado a nuestra lengua algunas de las más bellas palabras que en ella se han escrito, tanto en verso, en sus Rimas, como en la poética y romántica prosa de sus Leyendas.

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En su leyenda soriana “El rayo de luna”, crea a un personaje, Manrique, que quizá no sea más que un trasunto suyo, que “amaba la soledad, y la amaba de tal modo, que algunas veces hubiera deseado no tener sombra, porque su sombra no le siguiese a todas partes.” Continúa el romántico poeta: “Amaba la soledad porque en su seno, dando rienda suelta a la imaginación, forjaba un mundo fantástico, habitado por extrañas creaciones, hijas de sus delirios y sus ensueños de poeta, porque Manrique era poeta…” Este Manrique se enamoró de una mujer imposible, fruto de su imaginación, de su deseo o de su fantasía. Quizá mejor que de una mujer deberíamos decir nosotros que se enamoró de una criatura, es decir, de una creación de su imaginación. Mejor aún: de un ángel descarnado y asexuado, sin sexo.

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 El sueño de Endimión, Nichlas-Guy Antoine Brenet, 1756

¿Cuál será el sexo de los ángeles? Era esta una de las cuestiones que entretenía a los sabios de Bizancio, famosos por sus disquisiciones bizantinas. Se preguntaban dichos filósofos, mientras las tropas otomanas entraban a saco en Bizancio, si los ángeles serían hembras, machos o hermafroditas. Igual que nuestro Manrique, que no queremos que sea heterosexual, ni tampoco homosexual, sino en todo caso bisexual o, mejor aún, pansexual o asexual, enamorado de una criatura angelical sin sexo determinado o concreto y que a la vez encarna todos los sexos posibles o soñados y ninguno de ellos en particular, enamorado, como buen romántico, de la Luna, es decir, de lo imposible.

Cuando su anciana madre le preguntaba que por qué se consumía en la soledad, y por qué no buscaba una mujer real de carne y hueso a quien amar y con la que poder ser feliz, él no decía más que “El amor… es un rayo de luna”. 

 Selene y Endimión, mosaico romano, Museo del Bardo, Túnez

En su lecho de muerte, pues Manrique al igual que Endimión se adentra en el sueño de la muerte, gritaba una y otra vez “¡No!” a las vanas apariencias del mundo, y reconociendo la falsedad de todo: “Mentiras todo, fantasmas vanos que formamos en nuestra imaginación y vestimos a nuestro antojo, y los amamos y corremos tras ellos, ¿para qué? ¿Para qué? Para encontrar un rayo de luna…” 
Concluye la leyenda afirmando el poeta que Manrique, el otro poeta, estaba loco; o por lo menos todo el mundo lo creía así, matiza. Y nos hace al final una advertencia. Habla la razón por boca del poeta Gustavo Adolfo Bécquer, uno de nuestros más insignes líricos, y lo hace para darle la razón a la locura: “A mí, por el contrario, se me figura que lo que había hecho era recuperar el juicio”.

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Nox erat et caelo fulgebat Luna sereno, cantó Horacio: "Era de noche y en cielo sereno brillaba la luna".


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