domingo, 9 de abril de 2017

Cuando salgas de viaje para Ítaca...

Hay algo de perverso en la utilización que la publicidad hace de la literatura. Por ejemplo, el anuncio televisivo del Seat Exeo 2009 usaba unos versos de Constantino Cavafis “Ítaca”, un poema sublime repleto de referencias clásicas. Es perverso porque no hay nada menos poético que un coche. Y el poema de Cavafis es muy bello. Sugiere que lo importante no es el destino, sino el viaje en sí; lo que cuenta no es la meta, sino el camino. Y esta idea bellísima, que contradice a Maquiavelo (el fin justifica los medios), la utilizan los publicistas para vendernos la moto de su engendro automovilístico, maldito sea, que además tiene nombre latino “EXEO”,voy (EO) del interior (EX) hacia fuera, o sea, salgo. 

Cuando se abre la puerta del coche que nos quieren vender, se oye una voz solemne como venida de ultratumba, profunda y sugestiva que recita unos misteriosos versos con una agradable melodía de fondo. Oigámoslos. “Cuando inicies tu viaje a Ítaca, ruega que el trayecto sea largo…”. Constituyen una invitación al viaje, como descubrimos enseguida. Ítaca es el nombre propio de un destino turístico que nos trae inmediatamente resonancias clásicas… Ítaca era la isla de Odiseo, el héroe homérico más conocido como Ulises que, habiéndose ausentado de su patria para ir a la guerra de Troya, que duró diez largos años, emprendió su regreso, lleno de aventuras, que le llevó otros diez años, toda una odisea, la Odisea de Homero, precisamente. 



Algo parecido pasó hace tiempo cuando utilizaron la novela “On the road” de Kerouac para anunciar un BMW, otro utilitario que pretende utilizarnos a nosotros haciéndonos creer que lo utilizamos nosotros a él como medio de transporte, cuando es la máquina la que nos utiliza a nosotros como sus chóferes. Es el coche, no lo olvidemos, uno de los principales embelecos del mundo capitalista en que actualmente vivimos y uno de los medios de transporte más inútiles que se han inventado, no sólo por su carácter ferozmente individualista y por la invasión que ha supuesto su proliferación de los campos y de las ciudades, sino también por su carga simbólica asociada al éxito social y a la testosterona, así como al fantasma de la libertad, que diría Buñuel. Nada más esclavo que un automóvil que, en vez de liberarnos, nos convierte en sus siervos. Los coches, además, han invadido las ciudades y convertido las calles en aparcamientos, privándonos a los viandantes de amplios espacios para el esparcimiento, e impidiendo a los niños corretear o jugar a la pelota o a cualquier otra cosa en la calle so riesgo de atropello.



El mundo al revés: El peligro son los niños, no los automóviles.

No soy partidario yo de la quema de coches, que me parece un acto vandálico, pero recibo con alborozo la noticia de que gracias a la crisis económica se dejan de fabricar porque la gente no los compra: no hay mal que para bien no venga. “Cada viaje, algo excepcional”. Nos dice el anuncio. Es mentira. Los coches no sirven para viajar, sino sólo para llevarnos del trabajo a casa y viceversa, o de casa al centro comercial y vuelta de nuevo a empezar. Nada más. Es lamentable el uso mezquino, completamente irrespetuoso, de uno de los poemas más sublimes de la literatura universal. Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca debes rogar que el viaje sea largo, lleno de peripecias, lleno de aprendizajes, y no debe importarte en absoluto el medio de transporte que emplees, y si vas a pie, a caballo, en una nave como Odiseo o en bicicleta, mucho mejor que si vas en coche, porque los coches son peores que el caballo de Atila, rey de los hunos, pueblo bárbaro donde los haya: por donde pasan no vuelve a crecer la hierba sino la negra flor del asfalto.  



Y aquí tenéis el poema, por si no lo conocíais. Se titula Ítaca y lo escribió el poeta moderno griego, nacido en Alejandría, Constantino Cavafis. Es una reflexión sobre el viaje, que es a su juicio más importante que la llegada a la meta. El destino, en este caso Ítaca, no es más que un pretexto para iniciar un largo recorrido interminable como es la vida misma… Algo así cantó también nuestro Machado en su inolvidable: Caminante, no hay camino; se hace camino al andar. Merece, y mucho, la pena conocerlo. Aquí lo tenéis en traducción castellana de  Ramón Irigoyen.



Constantino Cavafis (1863-1933)


Cuando salgas de viaje para Ítaca, 
desea que el camino sea largo, 
colmado de aventuras, de experiencias colmado.
 A los lestrigones y a los cíclopes, 
 al irascible Posidón no temas, 
 pues nunca encuentros tales tendrás en tu camino,
 si tu pensamiento se mantiene alto, 
si una exquisita emoción te toca cuerpo y alma. 
 A los lestrigones y a los cíclopes, 
al fiero Posidón no encontrarás,
 a no ser que los lleves ya en tu alma,
 a no ser que tu alma los ponga en pie ante ti.
 Desea que el camino sea largo. 
 Que sean muchas las mañanas estivales
 en que —¡y con qué alegre placer!— 
 entres en puertos que ves por vez primera. 
Detente en los mercados fenicios
 para adquirir sus bellas mercancías, 
 madreperlas y nácares, ébanos y ámbares, 
y voluptuosos perfumes de todas las clases,
 todos los voluptuosos perfumes que te sean posibles. 
 Y vete a muchas ciudades de Egipto
 y aprende, aprende de los sabios.
 Mantén siempre a Ítaca en tu mente. 
Llegar allí es tu destino. 
Pero no tengas la menor prisa en tu viaje. 
 Es mejor que dure muchos años 
 y que viejo al fin arribes a la isla, 
rico por todas las ganancias de tu viaje, 
sin esperar que Ítaca te va a ofrecer riquezas.
 Ítaca te ha dado un viaje hermoso. 
Sin ella no te habrías puesto en marcha. 
 Pero no tiene ya más que ofrecerte. 
Aunque la encuentres pobre, Ítaca de ti no se ha burlado.
 Convertido en tan sabio, y con tanta experiencia, 
ya habrás comprendido el significado de las Ítacas. 

   Dibujo de Dimoscenis Coquinidis (El Pireo1929-...)  para ilustración de la Odisea de Homero.

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