viernes, 7 de abril de 2017

Hacer lo ya hecho

ACTVM AGERE: hacer lo que está hecho. Así se decía en la antigua Roma cuando alguien se ponía a hacer algo que previamente había sido realizado y, por lo tanto, ya estaba hecho y, por eso mismo, no hacía falta ni merecía la pena volver a hacerlo, o cuando alguien repetía sin muchas esperanzas de logro un acto cuyo fracaso había quedado palpablemente demostrado, lo que condenaba la acción a ser siempre una repetición infructuosa. Lo mismo sucede con el lenguaje: DICTVM DICERE. Decimos lo que ya está dicho, repetimos siempre lo mismo, lo mismo de siempre. Tanto ACTVM como DICTVM son acusativos internos: hacer lo hecho, decir lo dicho. Repetir. Inútilmente. Tanto palabras como hechos. ¿No podríamos hacer algo que no estuviera hecho y decir algo que no estuviera dicho? En los viejos cómicos romanos se encuentra varias veces esta expresión de ACTVM AGERE. Así en Plauto, en el Pséudolo, verso 260:  stultus es, rem actam agis. Eres tonto, haces una cosa hecha. 



No merece, pues, la pena hacer algo que ya está hecho, es una estupidez, algo propio de un tonto, nos dice el personaje plautino. Sin embargo, ¿no es eso lo que hacemos constantemente todos y cada uno de nosotros, incapaces de hacer o decir algo nuevo, algo que no esté hecho ni dicho ya, tontos que somos? En Terencio, en Formión, verso 419, encontramos: actum, aiunt, ne agas. No hagas, dicen, lo que está hecho.




No sucederá nada imprevisto, no planeado, ninguna sorpresa. Es cierto lo que dice el refrán castizo: “Trabajo sin provecho es hacer lo que ya está hecho”. 

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