lunes, 5 de junio de 2017

Hablemos de deporte, ese invento del gobierno.



Las apologías del deporte y de la educación física se hacen hoy día desde el punto de vista subjetivo y privado de la salud y el fomento de hábitos higiénicos, tomando muchas veces como referencia clásica el tan cacareado como mal entendido lema de “mens sana in corpore sano” de Juvenal, es decir, la obsesión por el buen estado físico y psíquico que cada cual debe procurarse por su propio bien, no ya por el bien de la comunidad, como se hacía en la antigüedad, donde se creía que para preservar la paz uno debía entrenarse para la guerra: si uis pacem para bellum: si quieres la paz prepárate para la guerra, o sea mantente en forma y entrénate para defender a tu patria y compatriotas. 

Viñeta de Claude Serre contra el deporte (1938-1998)

El dicho de Juvenal no es sino parte de un hexámetro, el 356, de su sátira décima, que dice literalmente: orandum est ut sit mens sana in corpore sano, cuya traducción es: Ruega que sana la mente en cuerpo sano se tenga. Es decir, hay que suplicar a los dioses que nos concedan un alma sana en un cuerpo sano, no que tengamos nosotros que esforzarnos por conseguir ambas cosas a fuerza de instrucción y entrenamiento, y preocuparnos por la salud física y psíquica, cuya concesión no estaría en nuestras manos, sino en las de la divina providencia. 


La frase de Juvenal se ha popularizado entre nosotros sin la primera parte, que es su connotación religiosa ”orandum est ut sit”, lo que la desvirtúa. Su contexto es: "Mas para que algo supliques y ofrezcas en los santuarios / tripas y sacras salchichas de un cochinillo lechoso, / ruega que sana la mente en cuerpo sano se tenga."   Y continúa: “Pide un alma valiente, que huya del miedo a la muerte, / que considere la recta final de nuestra existencia / don natural, que pueda arrostrar cualesquiera trabajos, / no se enfade ni nada desee, y superiores / crea las penas que son y trabajos de Hércules duros / a la pasión carnal, las comidas y plumas de Sardanapalo. / Muestro aquello que tú puedes darte. Se abre sin duda / solo el camino  mediante el valor de una vida tranquila. / No tienes genio divino, si seso tenemos: nosotros / diosa te hacemos, Fortuna, y en cielo a ti te ponemos.” El origen, pues, de la cita no está ligado al fomento del deporte ni de la Educación Física, como puede comprobarse.


El término moderno deporte, según leo en “Milón de Crotona o La invención del deporte” de Jean Manuel Roubineau, procede del francés antiguo desport-disport-déport que significaba diversión, que, perdido en la lengua gala, volvió a reintroducirse a través del inglés, como sport hacia 1830 para designar las disciplinas practicadas por el sportsman: hípica, ajedrez, whist, que es un juego de naipes, billar, petanca, pesca y caza, tiro, esgrima, remo, equitación, lucha, boxeo y también gimnasia. A raíz de eso, y a lo largo de los siglos XIX y XX, bajo el efecto de la evolución de las prácticas deportivas, la palabra sport ha tomado el sentido que tiene hoy, cuyo carácter competitivo para el que lo practica y entontecedor (Mairena, Machado) para el que lo contempla, subvencionado por el Gobierno y el Estado (panem et circenses),  lo diferencia del simple juego.

 Pegatimnas contra el deporte, tomadas de aquí

En castellano, según Corominas, tenemos ya la palabra deporte entendida como placer, entretenimiento hacia 1440, y mucho antes, en el siglo XIII, depuerto, derivada del verbo deportarse con el significado de divertirse, descansar, que a su vez procede del latín DEPORTARE. Pero el sentido moderno de la palabra, según el maestro Corominas, como “actividad al aire libre con objeto de hacer ejercicio físico” hay que buscarlo en el siglo XX para reintroducir el inglés sport, que no deja de ser un término de origen latino, dado que se tomó del francés, como queda dicho, equivalente de nuestro castellano viejo deporte y depuerto. 

Viñeta de Claude Serre contra el deporte (1938-1998)

Recordemos al entrañable Juan de Mairena, alter ego de don Antonio Machado, que les decía a sus alumnos que siempre había sido “enemigo de lo que hoy llamamos, con expresión tan ambiciosa como absurda, educación física”. Y añadía: “No hay que educar físicamente a nadie. Os lo dice un profesor de Gimnasia.” Y más aún: “Todo deporte... es trabajo estéril, cuando no juego estúpido. Y esto se verá más claramente cuando una ola de ñoñez y de americanismo invada a nuestra vieja Europa.” Pues bien, esa ola ha inundado ya a la vieja Europa, incluida la curtida piel de toro que es la península ibérica en que habitamos.

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