sábado, 18 de febrero de 2017

La rueda de la fortuna

La Fortuna suele representarse en la Edad Media como una mujer de gran estatura y majestad, –acorde con la importancia semidivina que se le daba- a menudo coronada como reina, que hace girar con una manivela una noria: la rueda de la fortuna, con la que reparte penas y alegrías, éxitos y fracasos. Aunque hay muchas versiones gráficas de esta rueda, la más común suele presentar cuatro figuras humanas encaramadas en la rueda que no reflejan, como podría parecer a primera vista, a cuatro personas distintas, sino a la misma persona en cuatro etapas diferentes de su vida cronológicamente ordenadas.  

 La Rueda de la Fortuna

La figura de la izquierda, a media altura y en raudo ascenso, suele ir acompañada de la palabra latina REGNABO (reinaré); la segunda, colocada en lo alto de la rueda y coronada y sentada en un trono, suele llevar el cartel de REGNO (reino, estoy reinando); la tercera, a la derecha y en claro descenso, la leyenda REGNAVI (he reinado, reiné),  y en la posición más baja de la rueda, la figura humana yace derribada con el texto SVM SINE REGNO (estoy sin reino).

 Rota Fortunae

La primera mención literaria de esta rueda que gira veloz y conforma el destino de la humanidad aparece quizá en la Consolación de la Filosofía de Boecio, que es un diálogo en prosa y verso, escrito en el siglo V después de Cristo en latín en cinco libros, entre un prisionero condenado a muerte y la Filosofía, personificada como una dama noble, que lo consuela de un modo estoico antes de su ejecución a fin de que asuma resignadamente su destino fatal. 

Leemos en Boecio (Consolación de la Filosofía, libro segundo, prosa primera, 18-19): Fortunae te regendum dedisti, dominae moribus oportet obtemperes. tu uero uoluentis rotae impetum retinere conaris? at, omnium mortalium stolidissime, si manere incipit fors esse desistit.

Te entregaste a la fortuna para ser dirigido por ella, conviene que te adaptes a las costumbres de tu señora. ¿Intentas tú de verdad detener el ímpetu de su rueda giratoria? Ah el más necio tú de todos los mortales, si la Fortuna empieza a quedarse quieta deja de ser la suerte que es. 

 La Rueda de la Fortuna,  Edward Burne-Jones (1883)

Más adelante leemos lo que le dice la propia Fortuna, con un plural mayestático, al condenado (íbidem, prosa segunda, 9-10): haec nostra uis est, hunc continuum ludum ludimus: rotam uolubili orbe uersamus, infirma summis, summa infimis mutare gaudemus. ascende si placet, sed ea lege, ne uti cum ludicri mei ratio poscet descendere iniuriam putes. an tu mores ignorabas meos? 

Esta es nuestra fuerza, jugamos a este juego continuo: movemos una rueda de giro voluble, nos alegramos poniendo lo de abajo arriba, lo de arriba abajo. Sube si te agrada, pero con esta condición, no creas que es una injusticia cuando te lo pida la lógica de mi juego. ¿Acaso ignorabas tú mis costumbres?

En los cánticos goliárdicos de lo siglos XII y XIII hallados en el monasterio de Beuern (Carmina Burana) encontramos una célebre metáfora sobre la fortuna, que es como la Luna, que de pronto pasa de cuarto creciente a luna llena, y de ahí a cuarto menguante y, por fin, a luna nueva: O fortuna uelut Luna... Oigamos, una vez más, la versión de Karl Orff.


 



jueves, 16 de febrero de 2017

QVATTVOR PLVS QVADRATORVM MAGICORVM

V

R O T A
O N V S
T V L I
A S I A

I – Dea Fortuna unam ad rotandum habebat. 
II - Operis /opus ; oneris / ____ 
III- Sum / fui ; fero / ____ 
IV Pars mundi, Pergami regnum et Romana prouincia quoque.


VI

N E M O
E R A M
M A L E
O M E N


I – Nullus homo.
II – Amo / amabam ; sum / ____
III –Bonus / malus ; bene / ____
IV – Augurium, auspicium, praesagium. 

 


VII

S I T V
I N R I
T R E S
V I S V

 I – Vbi, in loco, in ____
II Iesus Nazarenus Rex Iudaeorum
III Numeri Romani: III 
IV Quod cum oculis uidetur, percipitur de ____ 

 

VIII

S P Q R
P A V O
Q V I S
R O S A

I -Senatus populusque Romanus
II- Avis Iunonis
III- Qui homo? 
IV -Pulcherrimus flos 

martes, 14 de febrero de 2017

Versos para san Valentín

El día de san Valentín, según contábamos aquí, fue celebrado por la iglesia católica hasta 1969, año en que el Papa Pablo VI decidió eliminar esta festividad del calendario religioso posconciliar. El 14 de febrero siguió siendo el día de ese santo, pero no se celebraba religiosamente, debido quizás a que la leyenda forjada en la Edad Media del santo casamentero que desafió la prohibición de celebrar bodas mientras durara el servicio militar de los soldados romanos, encarcelado y condenado a muerte por eso mismo en tiempos del emperador Claudio II el Gótico,  no contenía muchos visos o quizá ninguno de verosimilitud histórica.  

 San Valentín santifica el matrimonio, no el amor.

Ahora este día es celebrado por las superficies comerciales y por los enamorados de todo el mundo, que declaran su amor haciéndose algún regalo como prueba de él. Viene así el santo cristiano a ocupar en nuestro calendario la casilla que habían dejado vacía el griego Eros y el romano Cupido, los dioses del amor, en la evolución del politeísmo al monoteísmo actual.



Dos poemas del poeta peruano Manuel González Prada nos vienen aquí como anillo al dedo para celebrar el amor. Aquí va el primero: Amar sin ser querido


Un dolor jamás dormido,
una gloria nunca cierta,
una llaga siempre abierta,
es amar sin ser querido.

Corazón que siempre fuiste
bendecido y adorado,
tú no sabes, ¡ay!, lo triste
de querer no siendo amado.

A la puerta del olvido
llama en vano el pecho herido:
muda y sorda está la puerta;
que una llaga siempre abierta
es amar sin ser querido.




Y un soneto, más conceptual que sentimental, donde el poeta, al modo quevedesco, plantea algunas paradojas a propósito del amor: ¿Por qué, por ejemplo, si el amor es un bien produce malestar? ¿Por qué si es un mal, poniéndonos en el caso contrario, provoca bienestar? ¿Es blanco o es negro? ¿Es bueno o es malo? ¿Es vida o es muerte? 

El lenguaje se queda corto cuando hablamos de los sentimientos en general y del amoroso en particular. Las palabras no dan la talla cuando se trata de reflejar el mundo contradictorio de los sentimientos. Es preciso recurrir a paradojas y contradicciones para expresar lo inexpresable, como el célebre odi et amo de Catulo. Prada lo hizo estupendamente en este soneto que merece figurar en cualquier antología de poesía erótica y amorosa de todos los tiempos.

Si eres un bien arrebatado al cielo
¿por qué las dudas, el gemido, el llanto,
la desconfianza, el torcedor quebranto,
las turbias noches de febril desvelo?

Si eres un mal en el terrestre suelo,
¿por qué los goces, la sonrisa, el canto,
las esperanzas, el glorioso encanto,
las visiones de paz y de consuelo?

Si eres nieve, ¿por qué tus vivas llamas?
Si eres llama, ¿por qué tu hielo inerte?
Si eres sombra, ¿por qué la luz derramas?

¿Por qué la sombra, si eres luz querida?
Si eres vida, ¿por qué me das la muerte?
Si eres muerte, ¿por qué me das la vida?


sábado, 11 de febrero de 2017

Los dedos de la mano



A propósito de los nombres de los dedos (digiti) de la mano (manus), dice Isidoro de Sevilla,  en el libro noveno de sus Etimologías (70-71):

I.- Primus pollex uocatur, eo quod inter ceteros polleat uirtute et potestate.  El primero se llama pulgar, porque entre los otros goza de poder y potestad. Relaciona el santo sevillano el nombre latino de este dedo pollex con el verbo polleo, que quiere decir "tener mucho poder", lo que no deja de ser un juego de palabras motivado por la homofonía. No tiene razón el santo, porque pollex quiere decir "pulga" y "dedo gordo". Nuestro nombre para ese dedo, pulgar, procede de pollicarem, un adjetivo formado sobre pollex, y se llama así porque  sirve para matar las pulgas descabezándolas con la uña. 
Se decía en latín "pollicem (com)premere" (apretar el pulgar) para indicar aprobación y  “pollicem (con)uertere” (volver el pulgar) para indicar desaprobación. Por ejemplo en la Sátira III de Juvenal se dice que en los combates de gladiadores la chusma (uolgus) cuando lo pide (cum iubet) con el pulgar vuelto (uerso pollice) se mata para agradar al pueblo  (occidunt populariter). Pero Juvenal no nos indica hacia dónde vuelve el pulgar el pueblo. 

Otro poeta, esta vez el tardío Prudencio, del siglo IV de nuestra era, dijo: “pectusque iacentis /  uirgo modesta iubet conuerso pollice rumpi”: una joven doncella virtuosa ordena con el pulgar vuelto que se le abra el pecho del que está postrado.  Le horrorizaba al poeta que las vírgenes vestales asistieran a los combates de gladiadores, un espectáculo tan sangriento, y expresaran su deseo de que degollaran o mataran al gladiador caído. 

El pulgar, en nuestros días, gracias a las redes sociales en las que caen presos los incautos que dejan de ser peces para convertirse en pescados, sirve para expresar aprobación o desaprobación según lo volvamos hacia arriba o hacia abajo. Pero en realidad este significado procede del cristianismo donde el pulgar hacia arriba indica el cielo o la salvación y el pulgar hacia abajo el infierno o la muerte. Parece, sin embargo, que en su origen las cosas eran de otro modo: el pulgar hacia arriba significaba espada desenvainada y por lo tanto muerte, y era el pulgar hacia abajo, “compressus” o encerrado en el puño el que indicaba el favor. Digamos que el pulgar representa la espada: hacia arriba está desenfundada y amenazante, si queremos envaninarla debemos apretar el puño, guardando el pulgar.

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Otro gesto que se hace cerrando el puño y colocando el pulgar entre el dedo índice y el cordial, con el que se señalaba a las personas infames o se hacía burla de ellas, es el de hacer la higa, que probablemente sea la representación del sexo femenino, donde el pulgar simularía el clítoris, y que se hacía contra el aojo o mal de ojo. Los romanos llevaban amuletos de manos cerradas en forma de puño con el pulgar haciendo la higa.

Una higa.


II.-  Secundus index et salutaris seu demonstratorius, quia eo fere salutamus uel ostendimus. El segundo índice, y también saludador o indicativo, precisamente porque con él saludamos o señalamos.  

III.  Tertius impudicus, quod plerumque per eum probri insectatio exprimitur.  El tercero impúdico porque con frecuencia se expresa con él la ofensa de un insulto. El dedo corazón, que es el dedo más largo de la mano y que ocupa el lugar central entre los cinco se llamaba en latín “impudīcus” (palabra llana, no esdrújula como en castellano, con el prefijo  negativo in- escrito con eme antes de pe y el adjetivo pudīcus, vergonzoso).  Alude Isidoro a que el gesto de estirar el dedo corazón y encoger los otros cuatro es un ademán obsceno, un símbolo itifálico, mientras que los otros cuatro dedos cerrados en puño envocan los testículos, por lo que es una amenaza grosera, lo que entre nosotros se denomina “peineta”.



IV.-  Quartus anularis, eo quod in ipso anulus geritur. Idem et medicinalis, quod eo trita collyria a medicis colliguntur. El cuarto anular, porque en él se lleva el anillo. El mismo también medicinal porque con él aplican los médicos los ungüentos (colirios triturados, literalmente).

 V.- Quintus auricularis, pro eo quod eo aurem scalpimus. El quinto auricular, porque con él nos rascamos (o escarbamos) el oído. Nosotros lo llamamos "meñique" porque es el dedo más pequeño, mínimo.

jueves, 9 de febrero de 2017

Poesía popular

¿Quién es el autor de eso que se llama poesía popular? El autor es anónimo, o mejor dicho: no tiene nombre propio, sino el nombre común de “pueblo”, como si dijéramos Fulano o Mengana o Perico el de los Palotes. Además, no hay por qué buscar un único autor, sino que una copla popular puede ser hija de varios autores anónimos. Estamos hablando del respetable vulgo, que en latín se llamaba “uolgus”, “volgo” en intaliano, “Volk” en alemán, y “folk” en inglés, de donde nos viene la palabra “folk-lore” o, castellanizada, “folclore”, esto es, la tradición popular.

 

La espontaneidad y la sencillez son dos características esenciales de estas producciones que, además, no nacen ni escritas ni para la escritura, sino que pertenecen al cante de la tradición oral.

Sirva como ejemplo esta copla, que expresa como ninguna otra el sentir común de disfrutar del momento y que puede considerarse la versión popular del culto “carpe diem” horaciano: la gente no quiere sacrificarse en aras del porvenir ni dejar de gozar de su tiempo, el ahora, en aras de un hipotético mañana que no existe:

Quiero gozar de mi tiempo,
que es el que ahora me vale, 
porque el día de mañana
aún no lo ha visto nadie. (1)

(1) Según otra versión de la copla, el último verso sería: “ese no lo ha visto naide (sic)”, con la forma vulgar “naide” en vez de “nadie”. Nadie precisamente es una reacción contra el vulgarismo "naide", procedente de "nati".

La poesía popular es puro sentimiento, sentimiento puro. Decía don Antonio Machado y Álvarez, padre de los insignes poetas Antonio y Manuel Machado, en la introducción a su antología “Cantes flamencos y cantares”, de donde saco estas muestras, que una de las características más importantes de esta poesía era que desconoce el ripio. Dice que podría sentarse el principio de que la copla, soleá o seguidilla que contenga un ripio no es popular, sino que es obra de algún autor con nombre propio y apellidos, porque el pueblo no busca florituras literarias –ripios- sino que expresa con sencillez sus sentimientos: se queja cuando siente dolor, y ríe cuando se alegra, sin esmaltar sus risas o sus lágrimas con adornos postizos, con palabras o frases superfluas que sólo sirven para completar el verso o darle la rima necesaria, pero que no aportan nada a la expresión pura y desnuda del sentimiento.

Sirva como ejemplo esta soleá:

“Si me has de dar malos ratos,
más vale que me aborrezcas
y que no me quieras tanto”

O esta seguiriya desesperada:

“A la muerte llamo,
no quiere venir;  
que hasta la muerte tiene, compañera,
lástima de mí.”

O esta copla mismamente:

“Hasta que no te emborrachas
no vienes en busca mía;
ojalá te emborracharas
a todas horas del día”.


Una copla popular que expresa el enamoramiento a primera vista: te vi casualmente una vez, la primera vez, y desde entonces te sigo viendo a todas horas: tal es la herida del enamoramiento, el flechazo de Cupido que me hace que te vea aunque no te quiera ver, es decir, que me hace ver lo que no veo.

“Al dar la vuelta a una esquina
te vi la primera vez,
y desde entonces te veo
aunque no te quiera ver.”



O este otro cantar, que presenta el mismo tema con otras palabras e imágenes:

“Mira tú si yo tendré
fijo en ti mi pensamiento,
que si al espejo me miro
en vez de verme, te veo.”

Otra copla popular que expresa lo que es la cárcel, esa metáfora de la sociedad, una reflexión que surge desde abajo:

“En la puerta del presidio
hay escrito con carbón:
Aquí el bueno se hace malo
y el malo se hace peor.”

Y lo que siempre ha pensado el pueblo de la falta de libertad: que aunque la jaula sea de oro no deja de ser por eso mismo una prisión;  otra reflexión desde abajo contra el Estado, es decir, contra las altas instancias de la sociedad y de uno mismo:

¿De qué le sirve al cautivo
tener los grillos de plata
y las cadenas de oro
si la libertad le falta?

Algunos poetas han acertado a expresar lo popular que llevan dentro, es decir, han prestado su voz al pueblo, y este, como agradecimiento, los considera poetas populares. Muchos, por ejemplo, atribuyen esta copla a don Antonio Machado: Ni contigo ni si ti / tienen mis penas remedio, / contigo porque me matas, / sin ti porque me muero. Lo primero de todo es que hay variantes como: "tienen mis males remedio" en vez de "tienen mis penas remedio" y "contigo porque no vivo" en lugar de "contigo porque me matas". Y lo segundo es que no parece que la escribiera Antonio Machado, aunque bien pudo hacerse eco de ella. 

Ya nuestro Marcial escribió en latín algo parecido en este dístico elegíaco de hexámetro y pentámetro dactílicos (XII 46),  que traduzco en versión rítmica:


Difficilis facilis iūcundus acerbus es īdem.
Nec tēcum possum uīuere nec sine tē.


 Eres difícil y fácil, amable y arisco tú mismo.
Ni contigo capaz soy de vivir ni sin ti.

martes, 7 de febrero de 2017

Un libro maldito condenado a la hoguera



El filósofo neoplatónico Porfirio de Tiro escribió alrededor del año 270 en Sicilia un tratado en griego titulado Katà Christianón, Contra los Cristianos, que no se ha conservado, y no porque careciera de valor, que lo tenía al parecer, y mucho, sino  porque no interesaba su difusión entre la ya pujante e influyente comunidad cristiana del imperio romano de los siglos III y IV, ya que,  como dice el profesor y editor de los fragmentos, Adolf von Harnack sobre la obra, «es quizás el escrito más rico y fundamentado que se ha escrito jamás contra el cristianismo».

Esta obra, maldita como pocas,  en efecto, fue condenada tres veces a la hoguera y quemada, según leo en el artículo de Jordi Morillas Contra Christianos: la crítica filológica de Porfirio al cristianismo, publicado originalmente en la revista filosófica Daímon  y ahora en la red: la primera condena vino por parte del emperador Constantino,  antes del concilio de Nicea, a la que siguieron un edicto de Valentiniano III, el emperador de Occidente, en el año 448,  y Teodosio II,  emperador de Oriente, que ordenaron la destrucción de todo aquello que Porfirio había escrito contra el culto santo de los cristianos, por lo que a mediados del siglo V ya no podía encontrarse esta obra en ninguna biblioteca.

 Averroes, a la izquierda, conversando con Porfirio de Tiro

Sin embargo, nos han llegado algunos fragmentos, alrededor de 110, del tratado perdido gracias, precisamente,  a algunos autores cristianos que pretendían refutarlo y, que para hacerlo, citaban algunos pasajes. En uno de estos fragmentos conservados afirma Porfirio de los evangelistas cristianos (Mateo, Marcos, Lucas y Juan) que compusieron el Nuevo Testamento: “Los evangelistas son los inventores, no los historiadores de los hechos acaecidos a Jesús”. Y añade en otro fragmentos: «esos astutos y hábiles sofistas(sic) hipotetizan, ya que se inventaron lo que nunca tuvo lugar y adscribieron a su maestro lo que no le había sucedido a él mismo».

Porfirio encuentra en la Última Cena rasgos de canibalismo y antropofagia que repugnan a su mentalidad helénica, y, en concreto, en las palabras de Cristo, recogidas en Juan 6, 53: «De verdad, de verdad os digo, si no coméis la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tendréis vida en vosotros». Ante esta afirmación, tomada literalmente, Porfirio responde: «Pues esto no es ni salvaje ni extravagante, sino que de todas las extravagancias es la más extravagante y de todas las cosas salvajes la más salvaje el hecho de que humanos prueben carne humana y beban sangre de la misma especie y de la misma familia y que haciendo esto obtengan vida eterna».

 El célebre árbol porfiriano

Una cita de la obra perdida de Porfirio nos la brinda san Agustín, en su Epístola 102.28. Su interlocutor le pregunta si es verdad lo que afirma Porfirio, en concreto, si Salomón lo dice en alguna parte, y la cita del neoplatónico es en latín: “Filium Deus non habet”. Lo que quiere decir: “Dios no tiene un hijo”. A lo que se apresura el santo de Hipona a responderle rápidamente que sí que lo tuvo.

Porfirio constataría que si Dios es único, no puede tener un hijo, y por lo tanto la identidad de Cristo no consistiría en ser el «Hijo de Dios». Junto a esta imposibilidad divina o teológica de ser Hijo de Dios, está el hecho de que tuvo una madre carnal e, incluso, hermanos.

Este es el célebre pasaje sobre los hermanos de Jesús de Mateo (12, 46-49), donce Jesús habla de la superioridad de los lazos espirituales o afectivos sobre los carnales o familiares propiamente dichos. Dice en la traducción del griego a nuestra lengua de Nácar-Colungar: "Mientras Él hablaba a la muchedumbre, su madre y sus hermanos estaban fuera y pretendían hablarle. Alguien le dijo: Tu madre y tus hermanos están fuera y desean hablarte. Él, respondiendo, dijo al que le hablaba: ¿Quién es mi madre y quiénes son mis hermanos? Y extendiendo su mano sobre sus discípulos, dijo: He aquí mi madre y mis hermanos".

 La destrucción del árbol de Porfirio (circa 1550)

En efecto, en los Evangelios, escritos originalmente en griego y no en hebreo,  se emplea el término "adelphós" que como se sabe significa siempre "hermano carnal", "nacido de la misma matriz" para referirse a los hermanos de Jesús. Si los evangelistas  hubieran pretendido expresar "primo" o "pariente" tenían a su disposición otras palabras griegas como "anepsiós", por ejemplo, que no hubieran inducido a una innecesaria confusión a sus lectores griegos. El caso es que tanto Mateo como Marcos aluden con normalidad a los hermanos de Jesús "adelphoi" y nos dan hasta sus nombres Santiago, José, Simón y Judas, y al menos dos hermanas "adelphái", de las que no nos dan sus nombres propios.

domingo, 5 de febrero de 2017

QVATTVOR QVADRATA MAGICA

I
L V N A
V X O R
N O T A
A R A T

I.- Quid nocte nobis lucem dat?
II- Mulier a uiro ducta
III – Signum, indicium... N. B. (n… bene)
IV - Quid agricola in agris facit?



II
A
Q V A
Q V I D
V I T A
A D A M

I- Quod est in mari
II- Sic interrogamus.
III- Quid est nobis cunctis carum?
IV- Primus uir qui Iudaeis in Terra habitauit.




III
A P E R
P O N O
E N I M
R O M A

I- Periculosum animal.
II- Ego loco, colloco…
III- Causalis coniunctio
IV –Vrbs Italiae caput.




IV
N O V A
O L I M
V I N O
A M O R

I – Annus nouus / uita ____
II – In antiquis temporibus.
III – In ____ ueritas. Ebrius homo ueritatem dicit.
IV - Mors / uita; odium / ____






jueves, 2 de febrero de 2017

Jefe o jefa ¿qué importa?



 (Heraclés luchando contra las amazonas, que eran mujeres guerreras)

“Que un jefe sea hombre o mujer no es algo que sea relevante”. Esto lo ha declarado la primera fémina que alcanza el grado de Teniente Coronel (“¿Tenienta Coronela?”) en el Ejército de España y que lucirá, por lo tanto, las dos estrellas de ocho puntas en las hombreras de su guerrera, recibiendo el tratamiento correspondiente, si todavía se estila, de Usía, abreviatura de Vuestra Señoría.

Y tiene razón la mujer (no menciono su nombre propio, porque no viene al caso: lo que dice ella lo podría decir cualquiera, y, por usar su misma expresión, "no es relevante"): ya no importa el sexo biológico de quien ejerce el mando. Lo mismo da que da lo mismo que la jefatura la ejerza el macho o la hembra. Como dijo el rey católico de Aragón fascinado por la anécdota de Alejandro Magno y el nudo gordiano “Tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando”. Contaba la leyenda que quien desatara el nudo que se hallaba en el templo de Gordio dominaría Asia. Impaciente Alejandro, no lo desanudó sino que lo cortó de un tajo de su espada, como si diera lo mismo la manera de hacerlo con tal de lograr el objetivo. Otra vez Maquiavelo: el fin justificaría los medios. El caso es que el lema fernandino era algo así como "Tanto monta cortar como desatar", a lo que luego se añadió la coletilla "Isabel como Fernando", simbolizando la unión de ambos reinos Castilla (las flechas) y Aragón (el yugo).

Algunos feministas consideran esto un progreso. Y tienen razón en parte: es un progreso en la historia de la dominación del hombre (incluida la mujer en el mismo saco) por el hombre. Pero no se puede hablar de un progreso en el sentido contrario de la liberación de ese dominio, en el de la lucha del pueblo contra el yugo que le impone el poder, el yugo que cantó Miguel Hernández (“Yugos os quieren poner, / gentes de la tierra mala, / yugos que habéis de dejar, / rotos sobre sus espaldas”).

Efectivamente. Ya no es relevante que el jefe sea macho o hembra. Lo que sigue siendo bastante relevante es que haya jefes, tengan o no tengas testículos, y que haya ejércitos profesionales, porque lo que no se cuestiona, pese al feminismo, es la jerarquía y la propia existencia de las fuerzas armadas, sino la participación de las mujeres en dichas fuerzas y jerarquía. (Para el que no lo sepa: las mujeres pudieron integrarse voluntariamente en el ejército español a partir de 1988, haciendo realidad así el mito de las amazonas).

La palabra jefe entró en castellano según Corominas a mediados del siglo XVII como préstamo del francés chef, que a su vez deriva del latín CAPVT CAPITIS cabeza de donde ya teníamos en castellano "cabo" y "capitán" y "capataz", y en italiano "capo". A partir de 1843 está documentado en nuestra lengua su femenino "jefa". También en inglés tenemos chief, préstamo del francés antiguo, con el signficado de "principal".

¿Cómo evolucionó CAPVT hasta chef en francés? Es normal en el paso del latín al francés la palatalización de las palabras que comenzaban por cá-, que se convertían en cha-, como vemos en los siguientes ejemplos:  CAMPVS> champ, CAMERAM> chambre, CAPITVLVM> chapitre, CARICARE> charger, CABALLVM> cheval, CAVSAM> chose... Así CAPVT palatalizó en francés antiguo en CHIEF y posteriormente CHEF. En el francés hablado en suiza es corriente el femenino CHEFFE.