sábado, 27 de enero de 2018

Hélena de Troya es inocente

Gorgias en su Encomio de Hélena no hace un elogio, sino, más que eso, una auténtica apología o discurso de defensa de una mujer a la que juzga y declara inocente. Hélena, en efecto, no es culpable de adulterio ni responsable de haber provocado la primera guerra mundial de nuestro mundo, la guerra de Troya, abandonando a su esposo Menelao, el rey de Esparta, y fugándose con un príncipe troyano. 

Helena fue a Troya bien porque era su destino y voluntad de los dioses, o bien porque fue raptada por la fuerza, o bien porque fue persuadida y, si se quiere, engañada con palabras, o bien por la irresistible pasión del amor, que también es un dios que arrebata a mortales e inmortales. De cualquier manera, fue contra su voluntad, por lo que, en ningún caso, Hélena es moralmente responsable, y, si no es culpable, resulta que es, en buena lógica, inocente.



Hélena de Troya, Gustave Moreau

Pero Gorgias también nos está absolviendo, de paso, a todos nosotros piadosamente. Nadie es moralmente responsable de nada porque nadie hace mal a conciencia, voluntariamente. Si la argumentación de Gorgias es sólida, y parece que lo es, debe ser válido para todos los agentes y para todas las acciones el principio socrático de que οὐδείς ἑκὼν ἐξαμαρτάνει que se tradujo al latín como nemo spote sua peccat -donde hay que entender el “peccat” en el sentido amplio que va de la equivocación al delito que tenía en latín, y no en el cristiano y restringido de pecado-: nadie es nunca culpable de nada ni responsable de sus actos, por lo que, de alguna manera, está declarando inocente y libre de toda culpa, pecado y responsabilidad jurídica y moral a toda la humanidad. Todos somos inocentes al fin y a la postre, lo que no quiere decir que todo el mundo sea bueno, sino que si hay alguien malo es por ignorancia: nemo uolens malus est.

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