jueves, 11 de enero de 2018

La medicina perjudica la salud

Nūper erat medicus, nunc est uispillo Diaulus:
Quod uispillo facit, fēcerat et medicus.
(Marcial, I, 47)

Médico era hasta ayer Diaulo, ahora sepulturero.
Y hace el enterrador ya lo que hacía el doctor. 

En este epigrama Marcial acusa a un tal Diaulo, que había sido médico antes que enterrador, de seguir haciendo lo mismo que hacía antes: embarcarnos con Caronte. El epigrama es un dístico elegíaco compuesto por un hexámetro y un pentámetro dactílicos: el hexámetro presenta una premisa, mientras que el pentámetro sirve de conclusión con un desenlace inesperado que provoca la sonrisa por la crítica satírica que conlleva, con un mecanismo muy semejante al del chiste: concisión y sorpresa final. 
 
Un refrán castellano relaciona ambas profesiones con la misma gracia que el epigrama de Marcial: Del médico y del enterrador, cuanto más lejos mejor. Y no son pocos los proverbios que insisten en la conveniencia de mantenerse alejado de los galenos, que así se llama a los médicos en recuerdo de Galeno: Abogado, juez y doctor, cuanto más lejos mejor da a entender que hay que evitar a los leguleyos o profesionales de la abogacía y de la justica, esa asociación de malhechores, así como a los de la medicina, calificados popularmente como matasanos, por los honorarios que cobran, ya que no es raro que en su propio beneficio prolonguen la necesidad de sus servicios innecesarios, y por certificar efectivamente nuestra muerte. Otro refrán añade la figura no menos popular de la “suegra” a los males que hay que evitar: Suegra, abogado y doctor, cuanto más lejos mejor. 


En otro epigrama de nuestro Marcial (VI, 53) se nos habla de un tal Andrágoras que después de haberse bañado, cenado contento y acostado, fue encontrado muerto de repente al amanecer del día siguiente sin causa exterior aparente. ¿Cual fue la razón de tan súbita muerte? Había visto en sueños que se le aparecía el médico Hermócrates. La sola visión del galeno le provocó la muerte instantánea y fulminante. 

Los médicos emplean una jerga especializada y grecolatina que ningún profano puede entender para hablar de las cosas más sencillas e impresionar así al enfermo ocultándole la realidad, el cual se deja engañar por estos matasanos en connivencia con los boticarios y la poderosa industria farmacéutica que vive gracias a ellos a costa de nuestra preocupación por la salud. No es raro que mucha gente tenga más miedo a los médicos y a los hospitales que a la enfermedad.
 
Puede afirmarse sin empacho ninguno algo que puede parecer poco serio a primera vista, es más, parecerá un chiste como estos epigramas de Marcial, pero que tiene la virtud, por lo paradójico de su formulación, de hacernos reflexionar un poco, y de conectar al mismo tiempo con el escepticismo popular, que pone todas las certezas en duda: La medicina es perjudicial para la salud, se ha convertido en la enfermedad mortal de nuestra vida. La obsesión rayana en la histeria por la salud destruye nuestra vitalidad, es autolesiva y mortal de necesidad.



 Extracción de la piedra de la locura, Jerónimo Bosco (1475-1480)

Aldous Huxley, el autor de la espléndida novela A brave new world, que se ha traducido entre nosotros como Un mundo feliz, era por cierto médico, y dejó dicho entre otras cosas: “Ahora la medicina ha progresado tanto... que ya todos somos enfermos”. Todos, en efecto, somos pacientes dentro del estado terapéutico y profiláctico en el que vivimos, que mira por nosotros y vela por nuestra salud hasta convertirnos en enfermos.

El campo de la salud-enfermedad constituye un terreno privilegiado para el ejercicio autoritario y despótico del poder, desde antes del nacimiento, pasando por una interminable sucesión de momentos claves de nuestra vida, hasta el trance de la muerte: subordinan nuestra existencia a lo que las "autoridades sanitarias" entienden por salud, es decir, a la profilaxis. Nacemos y morimos en un hospital. Y la vida se ensombrece por el miedo a la muerte. Y la salud, por el fantasma de la enfermedad y la obsesión por cuidarse uno, cuando lo más saludable sería descuidarse, despreocuparse.

La búsqueda de la salud se ha convertido en el factor patógeno predominante, una obsesión similar a la búsqueda de la salvación del alma en la Edad Media. De hecho la palabra latina salutem significa “salvación” antes que “salud”, como en el hexámetro aquel virgiliano: ūna salus uictīs, nullam spērāre salūtem: La salvación del vencido es no esperar salvaciones.


Medicus es en latín el que pracrtica el ars medendi (del verbo medeor, cuidar, tratar, poner remedio, de donde proceden las palabras relacionadas: medicus, remedium -pero a veces es peor el remedio y sus efectos secundarios o daños colaterales que la enfermedad-, medicina, medicamentum, medicare), y al médico se le dice en latín, ya desde la traducción de la Vulgata del evangelio de Lucas, Medice, cūrā tē ipsum: Médico, cúrate tú a ti mismo (y déjanos en paz a los demás).

Preocuparse por la salud no es saludable, no nos deja vivir,  pone en peligro nuestro bienestar. Ya a finales del siglo pasado, cobró auge la medicina profiláctica, la que ahora padecemos ya en el siglo XXI,  que se dedica más a prevenir enfermedades que a curar las que uno tiene. La medicina curativa, la medicina de verdad, está despareciendo en favor de la medicina preventiva o profiláctica, ese monstruo hermano de la guerra preventiva que en nombre de la paz futura arruina la presente. Asimismo la profilaxis, en nombre de nuestra salud futura, arruina nuestro bienestar presente con chequeos, preocupaciones y análisis interminables. Por todo lo cual, si rezáramos al deus medicus Esculapio, o Asclepio, como le llamaban los griegos, le rogaríamos como hacía Ivan Illich: «No nos dejes caer en el diagnóstico y líbranos de los males de la salud». 

2 comentarios:

  1. Hay una primera parte de tu comentario, incluyendo el título y la boutade de la cita, que induce a pensar que estás en contra de los médicos, de la medicina, así, sin más, a palo seco, algo con lo que yo no podría estar de acuerdo. En otros párrafos en cambio parece que lo que atacas es la excesiva prevención ante las enfermedades, lo que creo que sí es cierto: no hay más ver que no se publica revista, sobre todo de las dirigidas especialmente al público femenino, que no incluya su apartado dedicado a la alimentación sana, a la prevención de tal o cual enfermedad, etc. Tampoco falta, por lo que he podido ver así de reojo, cadena de tv que no tenga su programación con expertos hablando de salud. También tenemos al médico que nos recomienda, por ejemplo, beber mucha agua, tomarse la tensión con regularidad, hacer ejercicio… moderado. O sea que sí, hay una cierta obsesión, muy bien vista y políticamente correcta, por la prevención. Ahora, de ahí a desentenderse de médicos, medicinas y hospitales hay una distancia. Que la industria farmacéutica se beneficia de todos esos miedos, de acuerdo, pero quizás sea cuestión de medida. ¡Salud!
    P. S. 2 citas. 1. "Es el mejor de los buenos / quien sabe que en esta vida / todo es cuestión de medida: / un poco más, algo menos…" 2."El que tiene salud no lo sabe / y si lo sabe, está enfermo".

    ResponderEliminar
  2. Sí, claro, Dionisio. Contra la medicina que cura o que alivia el dolor si no puede curarlo nadie tiene nada que objetar, todo lo contrario. Lo malo es que la medicina se dedica cada vez más a "prevenir" enfermedades que a curar las que hay, y es entonces cuando no nos deja vivir con análisis, chequeos, y monsergas, haciéndonos responsables de "nuestro" estado de salud y "nuestro" cuerpo. Es demasiada, además, la obsesión por la salud, como tú comentas en los medios, lo que crea un estado de ánimo poco saludable. Muy buenas las citas. Gracias por el comentario. Y sí: ¡Salud!, que es lo que hace falta (para no necesitar médicos ni medicamentos).

    ResponderEliminar