martes, 23 de enero de 2018

Mentirosas mentes

Decíamos en Algo in mente,  a propósito de la etimología de “mente”,  que el derivado más chocante a primera vista era el verbo mentir, que ya existía en latín MENTIRI, y que en principio significaba inventar, imaginar, derivando después a su significado actual y más conocido de no decir la verdad y, por lo tanto, engañar.


Sobre esta curiosa relación escribe Juan Manuel de Prada en XLSemanal (núm. 1577 de 14 de enero de 2018) un artículo muy acertado titulado Mentes mentirosas, aliteración que revela el parentesco etimológico, en el que hace una interesantísima reflexión sobre la relación entre la “mente” y la “mentira”. 

 Juan Manuel de Prada
Dice así: “La etimología de las palabras esconde sabidurías muy hondas y provechosas. A nadie se le ocurriría pensar que “mente” y “mentira” comparten la misma etimología, pues nuestra orgullosa condición nos induce a creer que nuestra mente es más bien una incesante fábrica de verdades. Pero el genio del lenguaje nos enseña exactamente lo contrario: nos advierte (de) que lo natural de una mente es urdir mentiras, que lo propiamente mental es la mentira, que quienes se fían de lo que su propia mente les dicta estarán siempre engañados; o, todavía peor, que son embusteros redomados”. Y añade más adelante, con una expresión que el autor repite como si se tratara de un mantra: “Los fatuos hijos de Descartes (sic) urden con su mentirosa mente cualquier desvarío y piensan orgullosamente que se han hecho una idea clara y cierta de las cosas. Cuando lo cierto es que tener una “idea clara y cierta” de las cosas suele ser el primer y más delator indicio del error (negrita mía); pues sólo los imbéciles tienen ideas claras y ciertas de las cosas complejas”.

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