martes, 10 de abril de 2018

Contra los pedagogos / aduersus paedagogos / κατὰ τῶν παιδαγογῶν

Ricardo Moreno Castillo, doctor en Filosofía y catedrático de instituto de Matemáticas ya jubilado, me recuerda a mí un poco al Libanio aquel del que escribía Sócrates Escolástico en su Historia Ecclesiastica traducida del griego al latín   "et hic iram aduersus paedagogos conceptam, scripta in illos oratione, effudit", que dio rienda suelta a su ira concebida contra los pedagogos (ὀργὴν κατὰ τῶν παιδαγογῶν, en versión original), en un tratado escrito contra ellos. El libro de Moreno Castillo es el Panfleto antipedagógico, que se difundió en primer lugar por la Red, donde sigue todavía disponible para quien quiera consultarlo (por ejemplo aquí), y que después editó en formato libro en 2006, cuya lectura sigue siendo imprescindible para entender lo que ha pasado con la enseñanza so pretexto de convertirla en educación en la curtida piel de toro ibérico. 





Ya desde el Panfleto este "viejo" profesor mostró con razón que la pedagogía no era una ciencia, sino una superchería que se había apropiado de un lenguaje vacío, sin contenido y desprovisto de significado, configurándolo como una jerga especializada reservada a los iniciados y deliberadamente críptica para los profanos,  que quiere conferirle un aspecto científico del que carece. Por eso su último ensayo, La conjura de los ignorantes (Pasos Perdidos, 2016), cuyo título recuerda a la novela de John Kennedy Toole La conjura de los necios (así se tradujo A confederacy of dunces entre nosotros), se subtitula De cómo los pedagogos han destruido la enseñanza, con lo que está ya dicho casi  todo.




Ricardo Moreno ha sabido como nadie expresar su ira, que es también la nuestra, contra los pedagogos que, como muy bien dice, han destruido la enseñanza, minusvalorando los contenidos, e intentando enseñar a los profesores a hacer su labor, presentando como novedoso lo que se venía haciendo desde siempre mejor o peor, y proclamando memeces tales como que lo importante no es enseñar algo en concreto, sea lo que sea, sino enseñar a aprender, y que, por lo tanto, los estudiantes no tienen que aprender nada en particular, sino sólo aprender a aprender (sic), como si no supieran, intentando elevar lo que es de sentido común a la categoría de ciencia con lo que se pierde, irremediablemente, el sentido común. 

Por otra parte la generalización de la educación obligatoria hasta los dieciséis años, lejos de ser una conquista social y un progreso como quieren estos pedagogos pseudo-progresistas, priva a la gente común del sentido común como advierte G. K. Chesterton en una célebre cita: the purpose of compulsory education is to deprive the common people of their common sense. La implantación de la LOGSE no significó una mayor y mejor alfabetización de la población sino todo lo contrario: una analfabetización funcional generalizada decretada en la práctica por el gremio pedagógico/psicagógico, o psicopedagógico, como prefieren ellos denominarse para dar más empaque  a su profesión, responsable directo de la ruina de la enseñanza en España con ribetes pseudo-progresistas. 

Contra la fiebre que les ha entrado a algunos gurús, guruses o gurúes pedagógicos y docentes  a la virulé "por la novedad antes que por la sensatez" y por las Nuevas Tecnologías escribe Moreno Castillo cosas tan sensatas como que: La revolución de Internet es mínima si se compara con la de la imprenta. El salto del códice manuscrito, que era un objeto de lujo, al códice impreso, es mucho mayor que el del libro impreso a Internet (pág. 106),  y también: Internet puede ser una ayuda pero no sustituye al vehículo fundamental de la enseñanza: la palabra, la palabra viva entre maestro y discípulo. El invento más hermoso y antiguo de la humanidad, el que nos distingue de los demás animales” (pág. 108). Y sobre todo, y refiriéndose a las humanidades: Y a los profesores nos toca la difícil y hermosa tarea de conservar y transmitir este legado a nuestros alumnos, para que también ellos puedan conocerlo, amarlo y disfrutar de él. Es un acto de barbarie interceptar este legado tan solo para no parecer anclados en el pasado y para cultivar la propia imagen de vanguardistas, novedosos y progresistas” (pág. 124).

El testimonio de Mercedes Ruiz Paz, por otra parte, que publicó en 2003 La secta pedagógica, un libro agotado que urge reeditar cuanto antes porque no ha perdido ni un ápice de su interés, resulta bastante esclarecedor porque Ruiz Paz es licenciada en pedagogía ella misma, además de maestra en activo, y sabe de lo que escribe. Mostraba en este ensayo valiente un conocimiento profundo de primera mano acerca de los métodos sectarios utilizados por muchos de sus colegas pedagogos y psicagogos, que tan faltos de conocimiento como ávidos de poder, se han hecho con el control del sistema de enseñanza español implantando su dictadura pedagógica sobre la labor docente del profesorado y sembrando la inseguridad y el sentimiento de culpa entre los auténticos profesionales de la enseñanza, maestros y profesores, hasta conseguir que sus consignas adquirieran rango de ley de la mano de la LOGSE, y sucesivas leyes LOCE, LOE, incluida la LOMCE actual, todas ellas nefastas. 
 

Ruiz Paz ha declarado que el principal problema de la enseñanza primaria y de la secundaria es que ya no se enseña nada, no hay enseñanza. So pretexto de impartir educación(!)*, no se imparte enseñanza, sino que se ha promocionado pedagógica- e institucionalmente la ignorancia y la aculturización. Culpabiliza a los propios pedagogos que han hecho el trabajo sucio de los políticos a cambio de reconocimiento profesional  y amplias parcelas de poder. En todos los centros educativos, por ejemplo, hay un orientador, pedagogo o psicagogo equiparado a cualquier profesor, que en la práctica es casi un cargo directivo, y un Departamento de Orientación  al que están adscritos numerosos profesores -pedagogos y psicagogos-, y los llamados profesores de "ámbito" (hay un ámbito socio-lingüístico y otro científico-tecnológico, letras y ciencias), que muchas veces han renunciado a sus especialidades a cambio de un traslado codiciado,   y los alumnos están paradójicamente más desorientados que nunca gracias y merced a su labor. Ha aumentando también considerablemente la planificación burocrática recargando las programaciones didácticas, todo ello en detrimento de la calidad de la cada vez más maltrecha enseñanza. 

*En un IES de cuyo nombre no quiero acordarme, el Departamento de Orientación ha puesto un novedoso proyecto educativo -¡un revolucionario plan pedagógico!- en marcha para que los alumnos de ESO aprendan a ser "corteses" (sic, por la palabra cortesía, que alude a las maneras amaneradas, valga la redundancia, de la corte, no dice "caballerosos", que sería discriminador y machista): a pedir las cosas por favor, a dar las gracias, a llamar antes de entrar a la puerta, a saludar y a despedirse... 

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