jueves, 17 de mayo de 2018

Raqueros de Santander

Eran niños pobres que, sin falso pudor y con toda la naturalidad del mundo, se lanzaban al agua desnudos en la machina a recoger las monedas que les arrojaban los señoritos y que ellos sacaban del fondo de la bahía en la boca para ir luego a comprar alguna chuchería o al cine, si llegaba para tanto, a ver alguna película, viviendo un poco así de la picaresca del puerto. 

Raqueros de Santander, José Cobo Calderón (1999)

Ya el novelista costumbrista cántabro José María de Pereda retrataba a estos chavales en su novela “Sotileza”. Hay, además, una foto de 1890 en la que se ha inspirado el moderno grupo escultórico de José Cobo Calderón,  que ahora se puede ver en el paseo marítimo de Santander, obra que los inmortaliza.



Según el Diccionario de la Real, raquero significa, aplicado a un buque o embarcación pequeña, “que va pirateando o robando por las costas”; referido a persona es aquella que anda al raque, y, en sentido general, “ratero que hurta en puertos y costas”.

El raque se define como el acto de recoger los objetos perdidos en las costas por algún naufragio o echazón. En cuanto a la etimología, aunque es dudosa según Corominas, se propone el germánico *rakan “recoger con rastrillo”, conservado en inglés to rake “rastrillar”. Otros relacionan la palabra con el alemán das Wrack, "barco o buque naufragado", de donde el compuesto Wrackteil aplicado a los pecios (o pecíos) o restos del naufragio.  De raque deriva “raquear” con el significado de “hurtar” y “raquero” como “merodeador de playa”, palabras ambas atestiguadas en 1884.

¡Qué pena que ya no haya raqueros, o raquerucos, como se dice cariñosamente con este diminutivo tan querido en Cantabria, que se bañen con el traje de baño decente que la naturaleza les ha dado, que es la desnudez de los vivos cueros! ¡Qué pena que las aguas de la bahía estén cada vez más contaminadas y sucias! ¡Qué pena que los únicos nadadores que se lancen al agua en el paseo marítimo para envidia y gozo de los paseantes y transeúntes sean estas esculturas!


 
Raquero que en el muelle del puerto de Santander mira en la noche a la luna llena como si fuera una moneda de plata antes de zambullirse en el fondo del mar a rescatarla.

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