martes, 5 de mayo de 2015

El Eunuco de Terencio en Santander

 
Los días 5 y 6 de junio podremos asistir en el Palacio de Festivales a la representación de la versión que  Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez hicieron de El Eunuco del comediógrafo latino Terencio, estrenada en Mérida el verano pasado con gran éxito de público y crítica. He aquí el cartel y la presentación que Pep Anton Gómez hace de la comedia:


Imagínate en Atenas. Un joven fogoso con las hormonas alborotadas. Se enamora de una esclava. La esclava, lo es de una cortesana. La cortesana tiene un amante. El amante es el hermano mayor del joven fogoso, que quiere hacerle un regalo. A la cortesana. Por eso, le compra un eunuco. Pero aún no se lo ha dado. El joven se entera. De lo del regalo, de lo del eunuco. Y, como acceder a la casa de la cortesana para poder enamorar a la esclava, tarea fácil no es, decide suplantarlo, reemplazarlo. Al eunuco. ¿Te lo imaginas? Imagínatelo.

Y, a todo eso, ahora añádele un criado que no quiere, y una criada que no se entera, y un soldadete enamorado de un generalete, y un generalete que no sabe, que duda, que si carne que si pescado, y un cilindro, –bueno, no, un cilindro no. Un hombre, pobre, que así se llama, Cilindro–, y pasillos, súmale muchos pasillos.

¿Lo tienes?... ¡Bien!... Pues, si llegados a este punto, aún no tienes la cabeza hecha un lío, ahí va el acertijo: Todo esto, junto... ¿qué es?...

Va, te damos una pista... Drama, no es.

Solución: EL EUNUCO, de Terencio. Esta vez en una versión divertida, trepidante y felizmente libre de Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez. Nueve personajes enloquecidos por el amor, el dinero, la pasión, el orgullo, los celos y los equívocos (¡tantos equívocos!). Nueve personajes, sí. Y otras tantas historias que se entrecruzan en un montaje que transita sin rubor por el teatro clásico grecolatino y el musical, la comedia de situación y el vaudeville. Nueve personajes, otras tantas historias y un ritmo endiablado en lo que pretende ser y será toda una fiesta de principio a fin.


Conviene tener en cuenta aquí que la idea que tenemos los modernos de la originalidad es muy diferente de la que tenían los clásicos.   Entre los escritores romanos era práctica habitual imitar modelos griegos, es lo que se suele denomianr "imitatio", que no hay que confundir con el plagio. Se trataba de adaptar una comedia griega (a veces dos refundiéndolas en una) al latín, y era una práctica habitual.

Terencio no es una excepción. Él mismo reconoce que ha tomado la comedia griega de Menandro "Colax" (El adulador) como modelo para su Eunuco. Fue acusado de plagio en el sentido de que no había tomado la comedia directamente de Menandro, que eso era lo habitual traduciéndola y adaptándola al latín, sino que la había tomado de Nevio y Plauto, que a su vez la habían tomado del griego antes que él. Así se defiende el propio Terencio de esta acusación.

Colax Menandri est; in ea est parasitus Colax
et miles gloriosus; eas se non negat 
personas transtulisse in "Eunuchum" suam
ex Graeca; sed eas fabulas factas prius
Latinas scisse sese, id uero pernegat. 

   De Menandro es Cólax; un gorrón hay en ella, Cólax,
y un militroncho fanfarrón; el autor no niega
haber trasladado los personajes a su Eunuco
de la griega; pero que supiese que esas obras
se hicieran antes en latín, lo niega por completo. 

Como sentencia el propio Terencio "Denique / nullum est iam dictum quod non dictum sit prius". O lo que es lo mismo: "En fin / no hay dicho que antes  no haya sido dicho ya." En ese sentido, no puede parecernos mal a nosotros, sino todo lo contrario, que Jordi Sánchez y Pep Anton Gómez hayan hecho con su versión "divertida, trepidante y felizmente libre" lo mismo que hizo Terencio con Menandro. También es de agradecer que hayan "resucitado" la música de la comedia antigua. No me refiero a las partituras, que se han perdido, sino al acompañamiento musical de las obras, que en parte eran cantadas y en parte recitadas.

De Terencio hemos recogido cuatro citas famosas aquí, que merece la pena conocer..

oOo

La palabra eunuco procede del latín "eunuchus" y está tomada del griego de "eunûchos", término compuesto de "euné", que significa lecho (nupcial), y el verbo "ékho" guardar, custodiar. Etimológicamente, por lo tanto, significa "aquel que custodia la cama (de las mujeres)".  No hace falta decir que estos vigilantes de las mujeres estaban castrados, práctica muy extendida en los harenes orientales de los sultanes. Así define el término el diccionario de la academia:  Hombre castrado que se destinaba en los serrallos a la custodia de las mujeres. De ahí, hombre castrado, sin más, y, por consiguiente, hombre poco viril, afeminado.  La palabra se utilizaba en griego además por extensión y analogía para referirse a los frutos que carecían de semilla, grano o hueso y por lo tanto eran estériles.








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