viernes, 31 de agosto de 2018

Soltando cabos sueltos (I)


Esperando a los bárbaros
Hay alarma por la llegada masiva de migrantes, como se ha puesto de moda decir ahora para no liarse con los prefijos latinos in- y e(x)-, a la vieja Europa. Algunos han cifrado en 50 millones el número de moros en la costa que aguardan para desembarcar en los próximos años. Dicen que vienen a destruir nuestra cultura y a acabar con nuestro sistema económico. El Imperio Romano está a punto de derrumbarse otra vez. La noticia me trae a la memoria unos versos del poema inolvidable de Constantino Cavafis: “Esperando a los bárbaros”. Todo el mundo esperaba la masiva llegada de los inmigrantes ilegales, pero “se hizo la noche, -cedo la palabra al poeta-, y los bárbaros no llegaron. / Algunos han venido de las fronteras / y contado que los bárbaros no existen. /¿Y qué va a ser de nosotros ahora sin bárbaros? / Esta gente, al fin y al cabo, era una solución”.
El saqueo de Roma por los bárbaros en 410. Joseph-Noel Sylvestre (1890)

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¡Vivan las caenas!
A la constitución de 1812 se la llamó la Pepa porque fue aprobada por las cortes de Cádiz el día de san José, que es el 19 de marzo en el calendario cristiano, y a los Josés o Joseses se les denomina coloquialmente “pepes” ( y “pepas” a las Josefas). La explicación que suele darse y que yo conozco de este hipocorístico es que cuando la iglesia medieval citaba a José de Nazaré añadía siempre a continuación la aposición “pater putativus” que significa “padre putativo”, es decir, presunto padre de Jesús de Nazaré, a veces simplificada p.p., como el Partido Popular, al que se conoce como el pepé con acento agudo, a diferencia de nuestro pepe con acento paroxítono: se non è vero è ben trovato. La Pepa, pues, se convirtió en un estandarte liberal contra el absolutismo borbónico monárquico durante la ocupación francesa, pero una vez expulsado el invasor, muchos españoles volvían a aclamar al monarca, y así frente al grito de guerra de "¡Viva la Pepa!" de los liberales, los partidarios del antiguo régimen gritaban: "¡Vivan las caenas!", una expresión a favor de las "cadenas" y en contra de la "libertad". Ni unos ni otros comprendían que ambos gritos eran al fin y al cabo el mismo grito: porque la Pepa, aquella constitución, igual que esta otra que padecemos ahora, tampoco era la libertad, si no otro nombre de los muchos que podían adoptar las cadenas.

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Contra la conmemoración (a toro pasado) de mayo del 68
Mayo es el mes de las flores. Con flores a María, con flores a porfía se cantaba antaño. Y ha sido el mes de las conmemoraciones, por ejemplo, esta del cincuentenario del glorioso mayo francés de 1968, gracias al que la imaginación, lejos de usar su potencial creativo para levantarse contra el poder establecido y decirle que NÓ, se instaló ella misma en el Poder, consolidando así la dominación. Se gritaba entonces: La imaginación al Poder. El grito debería haber sido muy otro: La imaginación contra el Poder. Otro gallo nos cantara.


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Extra scholam nulla salus.
La moderna pedagogía se basa en el dogma de que no puede haber educación fuera del recinto escolar monopolizado por el Estado y el capital privado o subvencionado con fondos públicos. Al igual que el dogma de la iglesia católica Extra ecclesiam nulla salus, los modernos pedagogos nos dan a entender que fuera de la escuela en el sentido más amplio del término no puede haber ninguna educación. A la pregunta de qué es la educación, su respuesta es: lo que se imparte en la escuela. Con lo que entramos en un dialelo o círculo vicioso. La educación se ha convertido en el artículo de fe de la nueva religión laica mundial: nos saca de nosotros mismos y nos pone en camino hacia una nueva tierra prometida. Es tal la globalización o ecumenismo de esa fe que la naturaleza religiosa de la educación, como señaló Iván Illich, pasa casi inadvertida.

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Es por tu bien.
Cuando alguien que se encuentra en una situación privilegiada hace daño a otro causándole algún perjuicio suele justificarlo diciéndole: “Es por tu propio bien.” Se arroga así el derecho de definir lo que es el bien y el mal, y de decidir según su criterio lo que es mejor para el otro. Alguien nos hace mal y para justificar su proceder y anestesiarnos nos asegura que el mal que nos inflige, que ni siquiera se llama mal, sino “las molestias”, es “por nuestro bien”, o lo que es lo mismo, porque se confunden la causa y la finalidad “para nuestro bien”, equiparándose así el bien y el mal. Disculpen, nos dicen a veces, las molestias, estamos trabajando por y para su futuro.

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Dejad que los niños sean niños.
Esta breve animación española, que ganó el Goya al mejor cortometraje de animación en 2016, nos toca el corazón con su mensaje sencillo que bucea en nuestras propias experiencias infantiles. Se titula "Alike" y fue dirigida por Daniel Martínez Lara y Rafa Cano Méndez. Muy a menudo nos hemos dejado llevar por un impulso de conformismo que perjudica no sólo nuestra propia percepción sino también la de los demás. Nos recuerda lo que los adultos podemos aprender observando a los niños y su ejemplo de autenticidad y de amor por las pequeñas cosas de la vida y lo que es más importante para nuestra felicidad, algo que nos haga salir del conformismo excesivo que nos ha sido impuesto y que nos ahoga cada día de nuestra vida.


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De una profesora que dimitió
Recién licenciada en Bellas Artes y sin trabajo ni actividad remunerada, se enfrenta a su primer contrato y día de clase en un instituto de ESO y Bachillerato como profesora de Dibujo... Lo primero que le dice el Jefe de Estudios es que hay una puerta que se cierra a una hora determinada y que los alumnos de ESO no pueden salir sin autorización expresa hasta que no concluya la jornada escolar, “porque son menores de edad”, le explica y se queda tan ancho como si eso justificara su reclusión obligatoria, y lo segundo es que además de sus clases de Dibujo tendrá que hacer guardias de aula, sustituyendo a otros profesores en su ausencia y velando por mantener el orden y el clima de estudio que debe reinar en la clase, y guardias de patio de recreo... La lleva al aula donde se encuentra amontonados a unos chavales y chavalas de catorce a quince años, obligatoriamente escolarizados contra su voluntad, que reciben a la profesora a grito pelado, tirando cosas y sin mostrar ningún respeto ni interés por ella ni por el dibujo artístico.


La profesora, ni corta ni perezosa, se da media vuelta y se dirige con el Jefe de Estudios al despacho del Director a anunciarle que si lo que querían era un guardia jurado para un centro penitenciario que hubieran empezado por ahí, pero que ella no tenía, desde luego, ninguna vocación de carcelera, por lo que dimitía.Y dimitió renunciando a empleo y sueldo.

jueves, 30 de agosto de 2018

Un pedo en el morro

Ocurrió en el año 50 de la era cristiana en la provincia romana de Judea, durante la fiesta de la Pascua judía, en Jerusalén. Quizá podamos resumir en pocas palabras la situación política de Oriente Medio en aquel entonces  recurriendo a unas palabras del historiador Kovaliov: Mientras el alto clero del Templo de Jerusalén y los grandes propietarios se habían, en general, reconciliado con los romanos, la masa popular, oprimida por un doble juego, era un vivero de descontentos. El pueblo creía firmemente en la llegada de un Mesías, el prometido Salvador, que debía salvar a los hebreos de la opresión de los extranjeros e instaurar en la tierra el reino de la Verdad.

¿Qué es lo que sucedió exactamente? Un legionario romano, que se hallaba a la sazón de guardia en el Templo, no sin la complicidad seguramente de sus compañeros de armas que le reirían la gracia, se levantó la túnica a la vista de todo el mundo con un gesto absolutamente obsceno y provocador, mostró sus verijas y, dándose la vuelta acto seguido, sus nalgas desnudas que enfiló hacia los fieles que se hallaban celebrando la Pascua y agachándose con el trasero al aire soltó una ventosidad tan irreverente y ensordecedora que, se diría, el cuesco hizo retumbar las paredes del  sacrosanto Templo salomónico. 

 Maqueta del templo de Jerusalén

El pedo puede expresar muchas cosas en el ser humano, desde la vergüenza de aquel al que se le escapa involuntariamente en público hasta el desprecio hacia alguien o algo cuando se emite adrede, desde intenciones humorísticas de graciosa camaradería y burlesca broma hasta una gravísima falta de respeto y de consideración hacia los demás. En este caso, el gesto era una gravísima injuria a las sagradas creencias de los cientos si no eran miles de judíos que celebraban la pascua congregados en el Templo, como si aquella ventosidad quisiera penetrar con su hedionda fetidez en el recinto sagrado del Sancta Sanctorum y expresar sin palabras algo tan irrespetuoso como “¡Esta es mi ofrenda a vuestro Dios, y me cago en Él!”.

Cuenta el incidente el historiador de origen judío Flavio Josefo, que vivió en el siglo primero de nuestra era y escribió en griego,  en un pasaje del libro II, capítulo 17, de la Guerra de los judíos y en otro del libro XX, capítulo 5, de sus Antigüedades judías. Hay algunas pequeñas diferencias entre ambas versiones, por ejemplo el número de muertos, que va de treinta mil a veinte mil, pero coinciden pese a lo exagerado de la cantidad en lo fundamental, varios millares de muertos.

Se acercaba la fiesta de los Ácimos, en la que era costumbre entre los hebreos comer panes no fermentados, es decir, sin levadura. Una gran muchedumbre venida de todas partes se congregaba en el Templo de Jerusalén, de donde años atrás Jesús había expulsado no sin violencia a los mercaderes porque habían convertido un lugar de oración en un vulgar mercado donde se rendía culto al dinero en vez de a Jehová. El procurador romano, temiendo alguna revuelta tumultuosa, había ordenado que una cohorte se apostara con sus armas en los pórticos para velar por el mantenimiento del orden público. La medida no era extraordinaria, ya que así solía hacerse todos los años por esas fechas, por lo que no era extraña la presencia de legionarios romanos. 

Esta es la crónica exacta de los hechos según Flavio Josefo: Al cuarto día de la festividad, un soldado romano descubrió su sexo, propiamente sus vergüenzas o partes pudendas, y se lo mostró a la gente (Τετάρτῃ δὲ ἡμέρᾳ τῆς ἑορτῆς στρατιώτης τις ἀνακαλύψας ἐπεδείκνυε τῷ πλήθει τὰ αἰδοῖα). La versión que nos da en la Guerra... tiene más lujo de detalles: uno de los legionarios levantándose la túnica (εἷς τις τῶν στρατιωτῶν ἀνασυράμενος τὴν ἐσθῆτα) y agachándose indecentemente (καὶ κατακύψας ἀσχημόνως), mostró a los judíos el trasero (προσαπέστρεψεν τοῖς Ἰουδαίοις τὴν ἕδραν ), y descerrajó un ruido acorde a su postura (καὶ τῷ σχήματι φωνὴν ὁμοίαν ἐπεφθέγξατο).

Los que lo vieron se irritaron y dijeron que no era a ellos a quienes injuriaba de ese modo, sino, lo que era mucho más grave, al fino olfato y a los oídos de su Dios, es decir a Yahvé o Jehová mismo que habitaba en la cámara secreta de aquel Templo que había levantado con sus propias manos el sabio rey Salomón mil años atrás. Los más exaltados  insultaron al procurador de Judea, responsabilizándolo personalmente y alegando que era él el que había apostado allí a los soldados... Los jóvenes más radicales y predispuestos al motín y a la algarada, cogieron piedras y apedrearon enseguida a los legionarios romanos, pues consideraban, además, que no era una ofensa individual protagonizada por un legionario desvergonzado cualquiera, sino una afrenta colectiva perpretada en toda regla por el ejército  del senado y el pueblo de Roma contra lo más sagrado de sus íntimas creencias y religiosas convicciones. La indignación de los presentes fue tal que algunos gritaron enardecidamente “¡Muerte a los romanos!”. El procurador rogó que mantuvieran la calma, pero no logró persuadir a los cada vez más descontentos judíos según se extendía la noticia de la oprobiosa y flatulenta blasfemia. Temeroso de que aquello desembocara en una revuelta, ordenó a todas las tropas destacadas en la ciudad que acudieran al Templo enseguida, donde cundió el pánico entre la multitud ante la llegada de los soldados, hasta el punto de que los que trataban de huir murieron en el intento agolpándose y atropellándose los unos a los otros,  pisoteados y aplastados entre sí. La fiesta dejó de ser tal para convertirse en un multitudinario duelo luctuoso. Por todas partes corrían las lágrimas y se oían los lamentos por los cientos de cadáveres, si no eran miles, que quedaban de resultas. 

 Imagen tomada de Legonium

Horacio, en una de sus sátiras hace una alusión despectiva, y no es la única que hace, a los judíos (libro I, 9, 69-70): Hodie tricesima sabbata: uin tu / curtis Iudaeis oppedere? “Hoy es día treinta y es sábado: ¿acaso quieres soltarles un pedo a los pelados judíos?” La traducción es de J. L. Moralejo, que en nota explica el significado del adjetivo “curtis” que aplica el poeta a los judíos aludiendo a su circuncisión.

¿Puede haber alguna relación entre los versos de la sátira de Horacio y el episodio que narra Flavio Josefo? Obviamente, no. Los hechos históricos acaecieron en el año 50 d. de C., por lo que Horacio, que había muerto cincuenta y ocho años atrás, no podía estar aludiendo a algo que todavía no había sucedido. Sin embargo, podría haber una relación inversa en el sentido de que la ocurrencia del incidente protagonizado por el legionario romano, ya fuera suya propia o ya alentada por alguno de sus conmilitones o mandos, podía haber surgido del recuerdo de la lectura de la célebre sátira de Horacio, donde el poeta narra el encuentro que tuvo en la Vía Sacra de Roma con un pesado del que no podía librarse. Esta sátira, a fin de cuentas, es una de las más conocidas y celebradas del poeta de Venusia, y de ahí podía haber surgido la ocurrencia de “curtis Iudaeis oppedere” es decir de soltarles un pedo en las narices -el prefijo ob- antepuesto a pedere, origen de nuestro peer, le confiere ese matiz de inmediatez al verbo- a los circuncisos judíos. Pero esto no es más que una hipótesis.

Muro de las Lamentaciones, Jerusalén.

Las legiones romanas ya habían irrumpido años atrás en la ciudad y masacrado a miles de judíos, profanando el templo de Yahvé. El propio Pompeyo se había adentrado incluso en el Sancta Sanctórum, un recinto vacío y sin decoración, salvo un revestimiento de oro, al que sólo tenía acceso el sumo sacerdote una vez al año para quemar incienso con motivo de la fiesta de la expiación (Yom Kippur). Y en el año 70 de nuestra era el emperador Vespasiano entraría triunfal en Jerusalén y destruiría finalmente el Templo dejando atrás miles de cadáveres. Lo único que queda de él es el Muro de las Lamentaciones, la muralla que lo contenía circunvalándolo,  donde los judíos lloran la pérdida del Templo.

martes, 28 de agosto de 2018

¿Viajar? ¿Para qué?

¿De qué puede servirle a alguien viajar? ¿De evasión? ¿Acaso de distracción momentánea? Efectivamente. Y de poco más que eso. Cuando viajamos cambiamos de paisaje y paisanaje, pero nosotros no cambiamos por el mero hecho de trasladarnos: sólo cambia el lugar donde nos encontramos, nuestra posición en el espacio, no nosotros mismos. 


Hay un pensamiento de Pascal muy oportuno a este respecto. Dice que ha descubierto que toda la infelicidad humana radica en no saber estarse quietos en un lugar: “ne savoir pas demeurer en repos dans une chambre”, literalmente: no saber permanecer en reposo en una habitación. 


La necesidad de movernos, de no parar quietos, de no saber estar tranquilos en ningún lugar, de ser como el gato hiperactivo que, cual mosca cojonera tras el cristal, cuando está fuera quiere entrar y cuando está dentro quiere salir, nos obliga continuamente a ponernos en circulación y a trasladarnos de un lugar a otro sin descanso. 


Le pasaba al poeta Horacio, que hablando de sí mismo, reconocía: "Romae rus optas; absentem rusticus urbem / tollis ad astra leuis." Lo que viene a decir algo así como: Quieres en Roma el campo; ya rústico, la urbe lejana, / frívolo, subes al cielo. Cuando estaba en Roma echaba en falta la paz y el silencio del campo, y cuando se hallaba en la campiña, donde disponía de una cómoda residencia regalo de Mecenas, añoraba el ajetreo y el bullicio de la gran ciudad. No estaba contento en ningún lugar disfrutando de sus ventajas, sino que echaba siempre en falta las que no tenía en ese momento. Le pasaba a él y nos pasa a nosotros, los modernos.


De eso se aprovechan las agencias de viaje para engañarnos como a bobos y vendernos sus paquetes turísticos. Y, sin embargo, ya lo cantó Baudelaire: “Amer savoir celui qu' on tire du voyage”. ¡Cuánta razón tienen los poetas!: Sabor amargo aquél que se le saca al viaje.


Ya se lo decía Séneca a su querido Lucilio, que era como su alter ego, en la carta número 28 de su voluminosa correspondencia, cuyo titulo podía ser: "Nadie huye de sí mismo": ¿Que esto a ti solo, piensas, te ha pasado y te extrañas como de cosa nueva de que con tan largo viaje y con tantas mudanzas de parajes no te has sacudido la tristeza y el agobio de tu alma? Hoc tibi soli putas accidisse et admiraris quasi rem nouam quod peregrinatione tam longa et tot locorum uarietatibus non discussisti tristitiam grauitatemque mentis? Debes cambiar de mentalidad, no de atmósfera. Animum debes mutare, non caelum. Aunque cruces el anchuroso mar, aunque como dice nuestro Virgilio, “tierras atrás y ciudades se alejen” te seguirán a donde quiera que vayas tus vicios. Licet uastum traieceris mare, licet, ut ait Vergilius noster, terraeque urbesque recedant, sequentur te quocumque perueneris uitia.  

(Si no nos gusta demasiado la traducción moralizante de "vicios", podemos decir más sencillamente: "problemas, preocupaciones". La sombra, metáfora de la negra cuita, como cantó el poeta Horacio, siempre acompaña al jinete que galopa huyendo de sí mismo: post equitem sedet atra cura. Pero sigamos leyendo lo que Séneca le escribe a su amigo Lucilio:)
 

A uno que se quejaba de eso mismo Sócrates le dijo:¿Por qué te extrañas de que no te valgan de nada los viajes, cuando te pones en circulación? Hoc idem querenti cuidam Socrates ait, 'quid miraris nihil tibi peregrinationes prodesse, cum te circumferas? Te agobia la misma causa que te obligó a partir.” premit te eadem causa quae expulit'. ¿En qué puede reconfortarte la novedad de las tierras? Quid terrarum iuuare nouitas potest? ¿Qué el conocimiento de ciudades y paisajes? quid cognitio urbium aut locorum? A nada va a parar ese trajín. in irritum cedit ista iactatio. ¿Quieres saber por qué no te consuela esa huida? Quaeris quare te fuga ista non adiuvet? Huyes contigo mismo. tecum fugis.


Un poema de Constantino Cavafis, La ciudad, habla de esto mismo.

"La Ciudad" de C.P. Cavafis  (1910)

(Traducción  directa del griego de Pedro Bádenas de la Peña)



(Vista de Alejandría, Egipto)



Dijiste:"Iré a otra tierra, iré a otro mar.
Otra ciudad ha de haber mejor que esta.
Cada esfuerzo mío es una condena dictada;
y mi corazón está -como un muerto- enterrado.
¿Hasta cuándo seguirá mi alma en este marasmo?
Adonde vuelva mis ojos, adonde quiera que mire
veo aquí las ruinas negras de mi vida,
donde pasé tantos años que arruiné y perdí".

No hallarás nuevas tierras, no hallarás otros mares.
La ciudad te seguirá.
Vagarás por las mismas calles.
Y en los mismos barrios te harás viejo;
y entre las mismas paredes irás encaneciendo.
Siempre llegarás a esta ciudad. Para otra tierra -no lo esperes-
no tienes barco, no hay camino.
Como arruinaste aquí tu vida,
en este pequeño rincón,
así en toda la tierra la echaste a perder.


Η Πόλις 
 Είπες· «Θα πάγω σ' άλλη γή, θα πάγω σ' άλλη θάλασσα, 
 Μια πόλις άλλη θα βρεθεί καλλίτερη από αυτή.
 Κάθε προσπάθεια μου μια καταδίκη είναι γραφτή· 
 κ' είν' η καρδιά μου -- σαν νεκρός -- θαμένη. 
Ο νους μου ως πότε μες στον μαρασμό αυτόν θα μένει. 
Οπου το μάτι μου γυρίσω, όπου κι αν δω 
ερείπια μαύρα της ζωής μου βλέπω εδώ, 
που τόσα χρόνια πέρασα και ρήμαξα και χάλασα». 
Καινούριους τόπους δεν θα βρεις, δεν θάβρεις άλλες θάλασσες. 
Η πόλις θα σε ακολουθεί. Στους δρόμους θα γυρνάς
τους ίδιους. Και στες γειτονιές τες ίδιες θα γερνάς·
και μες στα ίδια σπίτια αυτά θ' ασπρίζεις.
Πάντα στην πόλι αυτή θα φθάνεις. Για τα αλλού -- μη ελπίζεις -- 
 δεν έχει πλοίο για σε, δεν έχει οδό. 
Ετσι που τη ζωή σου ρήμαξες εδώ 
στην κώχη τούτη την μικρή, σ' όλην την γή την χάλασες.
Κωνσταντίνος Π. Καβάφης (1910)

lunes, 27 de agosto de 2018

La ley de los hermanos Grimm



Seguramente os sonará el nombre de los hermanos Grimm a algunos de vosotros asociado a una importante colección de cuentos infantiles que a todos nos han contado alguna vez, como Caperucita Roja, Blancanieves o La Cenicienta, porque estos dos hermanos alemanes se dedicaron a recopilar y publicar por escrito esos y otros muchos relatos de hadas, narraciones populares transmitidas de generación en generación por tradición oral, por lo que se merecen nuestro reconocimiento y agradecimiento.

Algunos de vosotros, además, habréis tenido la oportunidad de ver quizá la película que Terry Gilliam dirigió en el año 2005 titulada El secreto de los hermanos Grimm. Aunque el guión es una fantástica mezcla de ficción y (poca) realidad, los dos protagonistas, que son los actores Matt Damon y Heath Ledger, dan vida a los dos hermanos Grimm que existieron en la realidad: Willhelm (1786-1859) y Jacob (1785-1863). No es quizá una gran película pero es entretenida e interesante, lo que no es poco pedir destacando la aparición e interpretación estelar al final de la bellísima actriz italiana Monica Belucci.

La película nos presenta al cínico Will y al soñador Jacob, que se resistía a vivir en un mundo demasiado real, por lo que daba rienda suelta a toda su fantasía para evadirse de él. Recordaréis, si la habéis visto, que los dos intentaban ganarse la vida engañando a los pobres lugareños y contándoles historias extraordinarias de maldiciones, espíritus y fantasmas que los acechaban, para posteriormente salvarlos mediante exorcismos varios a cambio de algo de dinero para ir tirando. Por eso intervenían en la película personajes de cuento de hadas como La Cenicienta, Caperucita Roja, Hansel y Gretel...


Los hermanos Jakob y Wilhelm Grimm, Elisabeth Jerichau-Baumann (1855)

Pero conviene saber, además, que los dos hermanos fueron estudiosos del lenguaje y profesores universitarios. Precisamente, entre los filólogos se les recuerda también por sus estudios de gramática comparada y de lingüística indoeuropea porque, como fruto de ellos, formularon la que se conoce hoy como ley de Grimm.

La mayoría de las lenguas que hablamos en el mundo -pero no todas, ojo- son de origen indoeuropeo, como sabemos. ¿Qué es el indoeuropeo? El indoeuropeo es una lengua que se habló hace cinco mil años de la que no queda ningún documento escrito, porque los pueblos que la hablaron y que vivieron en las estepas caucásicas del sur de Rusia, al norte del mar Negro, no conocían la escritura todavía.

Sabemos que a partir del segundo milenio antes de Cristo, diversos grupos indoeuropeos se dispersaron en varias migraciones hacia el este (Persia y la India), hacia el sur (Asia Menor), y hacia los territorios eslavos y bálticos del norte, posteriormente ocuparon la península itálica y la balcánica y se extendieron hacia las islas británicas e Irlanda.

La primitiva lengua común que hablaban estos pueblos fue sufriendo modificaciones y adquiriendo rasgos dialectales que dieron origen a las distintas lenguas indoeuropeas que nos es dado conocer: el antiguo indio o sánscrito, por ejemplo, es una de ellas, pero también el griego clásico, el latín, el celta o el germánico, entre otras.

El parecido entre algunas palabras y estructuras gramaticales de estas lenguas revela su origen común. A pesar de que no han quedado restos escritos de esta lengua prehistórica indoeuropea común podemos reconstruirla con bastante probabilidad gracias al método comparativo a partir de los parecidos y semejanzas entre las lenguas derivadas. Del mismo modo, el parecido entre el italiano, el portugués, el francés, el rumano y el castellano, por ejemplo, nos revelaría que son lenguas procedentes de un mismo tronco lingüístico común, lengua madre que es el latín, y que aunque no conociéramos por sus documentos escritos podríamos recomponerla con bastante acierto.

No es casualidad, por ejemplo, que una palabra como "madre" se diga "mater" en latín, "mátar" en sánscrito, "moder" en gótico, "meter" en griego y "mathir" en una lengua céltica como es el irlandés antiguo. Tampoco es casualidad que la tercera persona del singular del presente de indicativo del verbo ser, se diga "est" en latín, "esti" en griego, "ist" en germánico y "asti" en antiguo indio. Eso se debe a que todas estas palabras son variedades dialectales, digamos, de una palabra común indoeuropea que podría haber sido en el primer caso *mater (el asterisco significa que es una suposición, que esta forma no está atestiguada por escrito). Gracias al método comparativo se puede y ha podido reconstruir el indoeuropeo con precisión de relojero.



Conviene dejar muy claro aquí que el inglés actual, contra lo que pudiera parecer a primera vista, no es una lengua que proceda del latín, aunque más de la mitad de su vocabulario (el 62% según unos estudios) sea de origen latino, tomado del latín directamente o de préstamos del francés, que sí es una lengua neolatina o románica, a través del antiguo normando. El inglés procede, junto con el alemán actual, el neerlandés, que se habla en Holanda, el danés, que se habla en Dinamarca, el noruego, el sueco y el islandés del antiguo germánico, que es una lengua indoeuropea hermana del latín y del griego, a cuyo estudio se aplicaron con mucho provecho precisamente nuestros hermanos Grimm.

Volviendo a ellos, precisamente, su aportación más importante a la historia de las lenguas indoeuropeas consiste en constatar -es la ley de Grimm- que las consonantes oclusivas sordas indoeuropeas (ya sabéis, P, T, C, "PeTaCa" para acordarnos) se convierten en aspiradas en germánico, como demuestran el alemán y el inglés actuales, mientras que se mantienen en otras lenguas indoeuropeas. La P se convierte en F (*pater > father) , la t en TH (*tres > three ) y la C en H (*cord > heart), por poner ejemplos asequibles en inglés, que es la lengua del Imperio.

Según la ley de Grimm, además, las consonantes oclusivas sonoras indoeuropeas (ya sabéis, B, D, G, "BoDeGa" para acordarnos) pierden la sonoridad y se ensordecen, por lo tanto, se convierten en P, T, C, respectivamente. Esto explica que una raíz como *dent- que conservamos en latín bajo la misma forma (y en español en dent-ista, por ejemplo) y que en griego se conserva con vocalismo "o" (y en español en o-dont-ólogo) en inglés sea "tooth", o que el número diez (que se decía "decem" en latín y "deca" en griego) se diga "ten" en inglés, o el número dos, que se decía "duo" tanto en latín como en griego, se diga en inglés "two".

Finalmente, las consonantes oclusivas aspiradas indoeuropeas F, TH y H perdieron la aspiración y se sonorizaron por lo que se convirtieron en B, D, G respectivamente. Tomemos el ejemplo de la raíz indoeuropea, conservada en latín, *frater > brother, o la raíz, presente en latín y en griego, *fer-, que significaba llevar, y que tenemos en inglés "I bear" .

Así pues, gracias a los hermanos Grimm conocemos un poco mejor la prehistoria de nuestras lenguas europeas y los cuentos y leyendas que en ellas se contaban y se siguen contando y se seguirán contando durante mucho tiempo todavía.

Fotograma de la película

domingo, 26 de agosto de 2018

Santa Apolonia iconoclasta

El veneciano Giovanni d'Alemagna pintó a mitad del siglo XV a santa Apolonia, virgen y mártir, de cuyo martirio ya hablamos aquí, dispuesta a destruir un ídolo pagano en un decidido alarde de cristiana iconoclasia. 

Según la noticia de Eusebio de Cesárea, sin embargo, no consta que Apolonia de Alejandría destruyera ningún ídolo pagano. La anécdota en la que se basa el pintor veneciano está tomada seguramente de “La Rappresentazione di santa Apollonia vergine e martire”, una sacra rappresentazione italiana tardomedieval. Se trata de  un género teatral de temática religiosa,  algo parecido a nuestros autos sacramentales castellanos, que se desarrolló a partir del siglo XV en la Toscana. Esta obra de teatro anónima en verso  reinventa la vida de la santa falsificándola al hacer que después de su martirio,  que consistió, como se sabe, en extraerle todos los dientes, no se suicidara, sino que se presentara ante el rey y le demostrara que podía hablar aun desdentada, milagro prodigioso, y acto seguido destruyera un ídolo pagano, en el que veía la representación del mismísimo demonio,   por lo que finalmente la mártir moriría decapitada por sus verdugos,  y no arrojándose voluntariamente a la hoguera, lo que la redimía del suicidio, como cuenta el padre de la historia eclesiástica que efectivamente hizo.


Santa Apolonia destruye un ídolo pagano, Giovanni d' Allemagna c. 1442-45


La santa, ni corta ni perezosa, encaramada en mitad de una escalera que sujetan a sus pies dos mujeres, empuña un martillo o más bien una maza hercúlea con la firme intención de demoler un ídolo pagano,  una estatua presumiblemente de Baco, el dios del vino y la transgresión orgiástica, habida cuenta del tirso o bastón de cañaheja que porta su mano izquierda, en el que la crítica psicoanalítica no dejará de  ver un claro símbolo itifálico,  y las hojas de yedra, si no son de parra, de su mano derecha, ídolo que se encuentra, además y para mayor indecencia, completamente desnudo, lo que contrasta con el largo atuendo de la santa aureolada y coronada. 

El vestido de Apolonia y la desnudez del dios pagano representan dramáticamente, por lo que suponemos que va a suceder,  el encontronazo entre el mundo pagano y el cristianismo triunfante. La sensualidad repulida y la delicada forma de la blanca estatua contrastan con el cuerpo revestido de arriba abajo de la santa y la firmeza de su actitud ascendente, que simboliza el triunfo del cristianismo emergente. La desnudez de Baco refuerza la asociación de su culto con la libertad, la naturalidad y la sensualidad, mientras que el vestido de Apolonia, que oculta las formas femeninas de su cuerpo, expresa su absoluta y abnegada castidad. 


Aunque Apolonia es el tema principal de la escena, lo que llama poderosamente nuestra atención es el deslumbrante monumento, motivo central de la composición que ella pretende destruir. Adornando el pilar de mármol sobre el que se alza la estatua del dios, destaca un águila como emblema del poderío militar de las legiones romanas, lo que subraya el dominio del Imperio sobre esta lejana provincia de Egipto donde vivió la santa. También el vuelo del águila, relacionado con el mito de Ganimedes,  simboliza la ascensión del alma del emperador muerto, una vez incinerado su cadáver en la pira fúnebre, a las regiones celestes para ser acogido en el Olimpo con la categoría de dios: la apoteosis. A la derecha de Baco, las autoridades alejandrinas y las nobles damas, asomadas al balcón, contemplan la escena sin muestras de desaprobación. 

 Martirio de Santa Apolonia, Giovanni d' Allemagna

La santa, a la que le serían extraídos todos los dientes, se convertiría paradójicamente al correr de los tiempos en la patrona de los dentistas, odontólogos o estomatólogos.


 Santa Apolonia cegada, Giovanni d' Allemagna 

sábado, 25 de agosto de 2018

Dos notas pedagógicas

Una falsa etimología

Los pedagogos suelen arrimar el ascua a su sardina y amoldan la etimología del término “educación” al campo semántico propio de su especialidad, previamente definido. Suelen decir que se remonta al latín “educere” que significa educir, es decir, sacar algo, hacer que salga del interior, como por ejemplo en la frase educere uagina ferrum (desenvainar el sable o desenfundar la espada). Pero resulta que la acción de educere es en latín eductio, y en castellano la acción de educir es la educción, a imagen y semejanza de inducción, deducción y demás compuestos. 

Hay en latín otro verbo muy parecido que es educare. Y la acción de educare es, propiamente, la educatio, de donde deriva nuestra educación. Ambos verbos, educere y educare,  están precedidos del mismo prefijo centrífugo e(x)- que indica el movimiento “de dentro hacia afuera”; ambos proceden de una misma raíz indoeuropea, que significa grosso modo “conducir, llevar”, pero resulta que no son sinónimos sino en cierto modo antónimos. 

Un romano como Varrón nos explica la diferencia: educit obstetrix, educat nutrix. La obstetra o comadrona se ocupa del parto; la nodriza, de la alimentación y la crianza (del élevage en francés). 

La educación, pues, está más relacionada con la gastronomía que con la tocología. Prueba de ello son los términos alumno y alma mater, los dos emparentados precisamente con el verbo alere,  que significa “alimentar”: alumnus es el alimentado, el nutrido, el criado, y alma mater, la madre nutricia o nodriza, como se denominó en principio a la Iglesia y a la Virgen María y posteriormente a la Universidad de Bolonia, la más vieja de Europa, fundada en 1088, que adoptó el lema: “Alma mater studiorum”. La metáfora es evidente la Universidad sería la madre que amamanta a su hijo. 

En castellano la palabra educación es un neologismo documentado en el siglo XVII, aunque debió de comenzar a usarse a finales del XVI, según Corominas,  como sinónimo de crianza, instrucción y adoctrinamiento. Los primeros educadores fueron los obispos en el seno de la Iglesia, que se veía a sí misma como la Madre Iglesia, de la que los fieles, concebidos como alumnos, no deberían destetarse porque fuera de la Alma Mater no había ninguna salvación (extra ecclesiam nulla salus). Es ahora el Estado el que ha adquirido la función de madre nutricia, y ha considerado a toda la humanidad educanda, esto es,  “que debe ser educada”, es decir, amamantada con el bolo alimenticio y la sopa boba del adoctrinamiento y adiestramiento canino. La educación se reservó para que la impartiesen los funcionarios del Estado, y la educción, para la mayéutica de Sócrates, el hijo de la partera, perito en partos.


oOo

Pero ¿quién era Comenius?

Amós Comenio fue un obispo, teólogo y pedagogo del siglo XVII, uno de los fundadores y responsables de la moderna educación y su cacareado sistema educativo. Versado en el arte de la alquimia, aplicó el concepto de esta al proceso de la ilustración, hasta el punto de que la naturaleza religiosa de la educación y la fe que políticos y economistas depositan en ella, dedicándole enormes sumas de dinero público, es tan evidente que su carácter de piedra filosofal corre el peligro de pasar inadvertido. Su dogma fundamental, su idolatría, es que el proceso educativo aumenta el valor del ser humano, capitalizándolo y conduciéndolo hacia una vida mejor y un horizonte constante de progreso. No estamos hablando de la educación religiosa, sino de la naturaleza religiosa inherente a toda educación por muy laica que se pretenda. 

 
Magister: Veni, puer, disce sapere.
Puer: Quid hoc est sapere?
Magister: Omnia, quae necessaria, recte intellegere, recte agere, recte eloqui.
Puer: Quis me hoc docebit?
Magister: Ego, cum Deo.
Puer: Quomodo?
Magister: Te per omnia ducam, tibi omnia ostendam, tibi omnia nominabo.
Puer: En! Adsum! Duc me, in nomine Dei.

...Y entonces el maestro comienza a enseñarle al niño el abecedario y empieza así su alfabetización, dentro de una liturgia escolar que agrupa a niños y niñas por edades, a veces también por sexos, en un recinto consagrado a ese fin, el aula, dentro de un centro penitenciario, donde son adoctrinados por personal cualificado... Y lo primero que el niño aprende es el curriculum oculto del sistema educativo, una mentira: extra scholam nulla salus: fuera del recinto escolar no hay salvación; que lo que no se enseña en la escuela carece de valor y lo que se aprende fuera de ella no vale la pena aprenderlo. Y también que hay dos mundos: el real al que está abocado y al que un día entrará, mal que le pese, y el sagrado, en el que se le encierra “para que aprenda”, en el que todo es “por su bien”, es decir, para que se prepare para el siempre incierto día de mañana y para pasar por el aro como domada fierecilla.

Comenio diseñó el mapa educativo por el cual, hasta hoy, nuestras sociedades continúan orientándose y rigiéndose. La vida se configura como una escuela permanente en un constante proceso de enseñanza y aprendizaje, como dicen ahora los pedagogos; y el ser humano, como un “homo educandus”, un animal que ha de ser educado “para que aprenda a aprender”.

viernes, 24 de agosto de 2018

El canto de las sirenas

Cuando decimos que nos dejamos seducir por el canto de las sirenas, o, simplemente, que oímos la sirena de una ambulancia o de una fábrica, estamos evocando, tal vez sin querer, un episodio de la Odisea de Homero. 

Las sirenas eran unos monstruos encantadores que, según la imaginería de la cerámica griega de la ilustración de abajo, eran aves canoras que vivían en una isla y atraían con su canto a los incautos navegantes. Aquí las vemos revoloteando sobre la nave de Ulises/Odiseo, que atado al mástil por voluntad propia, puede escuchar su cántico sin sucumbir a su fascinación, mientras que la tripulación tiene los oídos ensordecidos por tapones de cera.

Ulises y las sirenas, jarrón de figuras rojas, Atenas, siglo V a. C.

Enseguida se imaginaron las sirenas, sin embargo, como mujeres-pez, dado su carácter de monstruos marinos. De hecho, la primera imagen que nos viene a la mente cuando pensamos en una sirena,  es la Sirenita de Copenhague o la Ariel edulcorada y un tanto empalagosa de Walt Disney. Ello se debe al cuento infantil que escribiera el danés Hans Christian Andersen en 1836, que adaptó Walt Disney, el mayor corruptor de la infancia del siglo XX,  según el dictamen de Rafael Sánchez Ferlosio, desvirtuándolo totalmente.

En el cuento original, en efecto, la sirenita, que no se llama Ariel ni tiene nombre propio siquiera, no consigue el amor del príncipe, mientras que en la película el amor entre ellos acaba triunfando frente a todas las adversidades en un happy-end más propio de los bodrios infantiles de Disneylandia que de la vida real, que algunos justifican porque, dicen, va dirigido a los niños, olvidando que el cuento de Andersen también iba destinado a un público infantil, aunque de encefalograma no tan plano.


Las sirenas, en todo caso, siempre han fascinado a los hombres, cuando no por su canto, como a Odiseo/Ulises, sí por sus encantos femeninos, pues se han convertido en unos símbolos eróticos relacionados con la volubilidad del agua, olvidándose el carácter monstruoso que tenían en su origen. El mito de las sirenas es uno de los más persistentes a través del folklore de muchos pueblos marineros. Sin ir muy lejos, tenemos en Cantabria, concretamente en Liérganes,  la moderna leyenda del Hombre Pez, que constituiría una versión masculina del mito de la sirena.

La imaginación de estos seres híbridos ha variado a lo largo de los tiempos. El pintor surrealista belga René Magritte (1898-1967) imaginó así a la sirena, invirtiendo la proporción mujer/pez:

La sirena, René Magritte (1934)

No puedo resistir la tentación de ofreceros, a propósito del canto de las sirenas y de la fascinación que han ejercido sobre la humanidad a lo largo de los siglos desde la invención homérica, la siguiente reflexión de Juan José Millás que apareció en el periódico El País y que tituló "Ulises", en la que se citan unos versos del poeta Ángel González. Recorto y pego la columna con una ilustración de Máximo, ese espléndido dibujante que nos sugiere con unos simples trazos tantas cosas, y que, aunando el mito de la sirena-ave y la sirena-pez, nos presenta una nube con forma de sirena-pez:

ULISES (Juan José Millás) 

Cada español vio el año pasado una media de 22.000 anuncios. Así que a simple vista, sin echar mano de la calculadora, es como si nos fusilaran 2.000 veces al mes, unas 60 al día. Cruzas por delante de la tele para rescatar de los suburbios de la librería un libro de poemas y recibes seis ráfagas o siete que te dejan en el sitio, aunque tus deudos no lo adviertan: también ellos han sido ejecutados varias veces desde que se levantaran de la cama. Con el libro en la mano vuelves sobre tus pasos, y mientras abandonas la habitación decidido a no volver la vista a la pantalla, el electrodoméstico continúa ametrallándote a traición no para que caigas, no es tan malo, sino para que, verticalmente muerto, salgas a la calle a comprar una colonia, un coche, unas gafas de sol, un cursillo de inglés, una hipoteca o una caja de compresas extrafinas y aladas congeladas para amortizar la inversión del microondas.

Ya en la parada del autobús abres el libro y tropiezas, lo que son las casualidades de la vida, con unos versos de Ángel González que se refieren a los reclamos publicitarios de la civilización de la opulencia:


No menos dulces fueron las canciones
que tentaron a Ulises en el curso
de su desesperante singladura,
pero iba atado al palo de la nave,
y la marinería, ensordecida
de forma artificial,
al no poder oír mantuvo el rumbo.


Si miras alrededor, verás otros ulises atados, como tú, al palo de un libro. Sólo que esto es un autobús y no una nave, y que en lugar de regresar a Ítaca vuelves a la oficina. Cómo no caer, aunque sea un instante, en la tentación de escuchar lo que dice la sirena de Calvin Klein, de Mango, o de Winston, que te susurra al oído obscenidades cancerígenas. Veintidós mil anuncios, dos mil al mes, unos sesenta al día. No hay héroe capaz de resistirlos ni Penélope que lo aguante. Estamos listos.


miércoles, 22 de agosto de 2018

Campo de amapolas

Un alto en el camino. De pronto, inesperado, este campo del norte de Burgos atiborrado de amapolas, aromas a tomillo, romero, y camomila, un cielo azul lapislázuli atravesado por el vuelo lejano de algún cuervo en medio de tanta paz, tanta serenidad, tanta calma y tantísima belleza. Sólo se oía el monótono canto de los grillos que rompía el silencio intenso que me ensordece aún. Total. Absoluto. 




Tuve entonces la sensación de haber encontrado de golpe y sopetón algo que había perdido hace mucho tiempo allí donde menos y cuando menos lo esperaba, quizá un verano de mi propia infancia o pronta adolescencia, lejos de la industrialización, de la escuela y de la ciudad gris, libre al fin,  en comunión con la naturaleza. 

 



Sopló entonces una ráfaga de viento. Cerré los ojos y respiré profundamente. Me perdí entre las amapolas silvestres mecidas por la brisa veraniega. Ahora mismo, cuando cierro los ojos y recuerdo aquel momento, sigo perdiéndome en ellas. Como me perdí aquella otra vez, hace ya tantos años, en el lienzo impresionista que pintó Claude Monet cuando lo vi en una enciclopedia o quizá en aquel museo de París donde yo no había estado nunca todavía. Como el niño del cuadro que porta, en primer plano, una amapola en la mano y acompaña a la señora de la pamela blanca y la sombrilla azul.

 
 Amapolas, Claude Monet (1873)

martes, 21 de agosto de 2018

Gramática periodística terrorista

(Última hora) Los hombres matan, la poli abate. (Rafael Sánchez Ferlosio)
Estos son algunos titulares de la prensa electrónica de ayer (20 de agosto de 2018) sobre la misma noticia:

A) Con el verbo “abatir”, como sinónimo y eufemismo de “matar”:
 
-Por activa:
Los Mossos abaten a un hombre que entró armado en una comisaría gritando “Allahu Akbar” (El diario.es)
Abaten a un hombre al intentar acceder a comisaría Mossos al grito «Alá es grande» (La Razón)
Los Mossos abaten a un atacante que gritaba "¡Alá es grande!" en la comisaría de Cornellà (El español)
-Por pasiva:
El hombre abatido en la comisaría de Cornellà es de origen argelino y gritó con un cuchillo en la mano 'Alá es grande' (Infolibre) 
Abatido un hombre en una comisaria de Cornellá, al intentar asaltarla al grito de “Alá es grande” (Diario16)
Abatido tras intentar asaltar la comisaría de Cornellà al grito de «Alá es grande» (ABC)  
Abatido un argelino que entró en una comisaría de Barcelona al grito de “Alá es grande”. (El Diario Montañés)


B) Con el verbo, más propio, “matar” en activa:

Los Mossos matan a un hombre que entró en una comisaría al grito de “Alá es grande”. (El Mundo y Público coinciden)
Los Mossos matan a un hombre que entró en una comisaría con un cuchillo y gritó: “Dios es grande” (El País).


De los diez titulares 7 utilizan el verbo “abatir” tanto en activa (3, con el sujeto los Mossos: los Mossos abaten) como en pasiva (4). Los siete titulares se han inclinado por un eufemismo, que en las tres primeras acepciones del Diccionario de la Real Academia significa “derribar, hacer caer, tumbar”, y sólo en la cuarta “hacer caer sin vida a una persona o animal”). Los cuatro titulares que utilizan el participio de perfecto pasivo “abatido” omiten y por lo tanto ocultan el complemento agente “por los Mossos” que debe sobreentenderse y deducirse de la mención que hacen del lugar donde se ha producido el suceso: “una comisaría de Cornellá (tres titulares) y de Barcelona (un titular). Podemos concluir que un setenta por ciento presentan la noticia ocultando el hecho de que la policía de la Generalitat, los Mossos d'Esquadra, ha matado a un hombre (7 titulares), a un atacante (1 titular), a un argelino (1 titular) a un “sustantivo animado masculino singular” (1 titular).

Sólo tres titulares de los diez, un treinta por ciento, usan el verbo apropiado “matar” y lo hacen en voz activa: “Los Mossos matan”. Impecablemente correctos los tres titulares, que corresponden a El Mundo, Público y El País. Los tres coinciden en que el muerto -en alguna cadena televisiva que no recuerdo escuché el eufemismo "neutralizado"- es “un hombre”, sin especificar su origen argelino. Los tres coinciden en que el hombre “entró en una comisaría”. El País puntualiza “con un cuchillo”.

Todos los titulares dicen que la víctima, que algunos se atreven ya a considerar el presunto terrorista, gritó algo: “Alá es grande” (8 titulares), “Allahu Akbar” (1 titular) y “Dios es grande” (1 titular).

 Medallón de Santa Sofía, Estambul, con la inscripción "Allahu Akbar"

Hay que destacar que el grito debió de ser en lengua árabe, como dice el titular de Eldiario.es “Allahu Akbar”, en árabe y leído de derecha a izquierda الله أكبر, donde Allāhu es el nominativo de Alá (Dios), y la forma akbar el superlativo del adjetivo Kabir «grande», es decir «más grande», por lo que la traducción correcta no sería “Alá es grande” sino “Dios es el más grande”. El País es el único que traduce "Alá" por Dios, pero lo hace sólo en la portada, porque en la página interior se arrepiente y lo modifica: Los Mossos abaten a un hombre que entró en la comisaría de Cornellà al grito de “Alá es grande”.


Indudablemente, el mejor titular es el de El País, pero el de la portada, porque traduce el grito perfectamente al castellano: “Dios es grande”. Lo que me recuerda a una consideración que hacía Maurizio Bettini en su Elogio del politeísmo (publicado entre nosotros por Alianza editorial en 2016): “En éstas, en efecto, (se refiere a las religiones monoteístas) la divinidad no se distingue por un nombre propio, sino por un nombre común”. Lo que sucede es que un nombre común “dios” asume en estas religiones el papel de nombre propio, porque al haber sólo uno en absoluto, exclusivo y excluyente, se escribe con mayúscula: Dios, anulándose la oposición nombre común/nombre propio.

Ya lo decía Minucio Felix en latín allá por los siglos II o III de nuestra era: “Nec Deo nomen quaeras; Deus nomen est: no le busques un nombre a “dios”: su nombre es “dios”. Y como nombre común que es, aunque ascendido a la categoría de nombre propio,  puede traducirse a otras lenguas: así decimos God en inglés, Bog en ruso, Dío en italiano, Dieu en francés... y Alá en árabe. 

Considera Bettini que dado que tanto en el cristianismo como en el islam la divinidad monoteísta lleva el nombre de “Dios” parece “ obvio concluir que ambas religiones adoran, en realidad, al mismo dios”. Aunque reconoce que “cuesta trabajo admitir que la divinidad llamada por los musulmanes Alá, es decir, “el Dios”, sea la misma que los cristianos llaman “Dios”, aun cuando se le asigne de hecho el mismo nombre.”

lunes, 20 de agosto de 2018

Zeus y Ganimedes, según Pierre y Gilles

No es extraño que Pierre Commoy y Gilles  Blanchard, conocidos como Pierre y Gilles,  siendo ambos artistas declaradamente homosexuales, se hayan interesado por el mito de Ganimedes y su larga trayectoria en la historia del arte.  Ganimedes, raptado o arrebatado por Zeus o, si se prefiere su nombre latino, por Júpiter, que se había enamorado de él y transformado en águila rapaz para secuestrarlo, fue elevado y ascendido al celeste Olimpo, junto al dios, un dios, por cierto, bastante mujeriego, por otra parte. Según los más puritanos para convertirlo en su copero, según otros para que compartiera, además, su lecho como amante, dada la práctica de la pederastia en el mundo griego.




Se suele representar a Ganimedes en las artes figurativas como un niño o adolescente de gran belleza. Era un pastor troyano, por lo que suele aparecer a veces tocado con el gorro frigio, cayado de pastor y perro guardián, y desnudo o semidesnudo. Y no suele faltar en la iconografía la imagen del águila, símbolo y animal carismático de Zeus/Júpiter. Algunos pintores como Rembrandt, por citar sólo un caso entre los muchos que hay, han disminuido considerablemente la edad de Ganimedes y nos presentan al dulce catamito no como un efebo preadolescente, sino como un niño propiamente dicho.


Por ser, precisamente, amante del dios, según la mitología, y no meramente su copero, Ganimedes es hoy, además, el nombre de una de los satélites o lunas que gira en el universo del sistema solar de nuestra galaxia en torno de Júpiter, junto con Leda, Europa, Calistó y tantas otras, y la personificación también del signo zodiacal de acuario, dado que era el encargado de escanciar la bebida de los dioses.


No cabe duda de que la inspiración de esta última fotografía en la que Ganimedes ofrece su copa al águila, metamorfosis del propio Zeus, es la célebre escultura de Bertel Thorvaldsen en la que un Ganimedes porta el gorro frigio. Ya hemos dicho en otros lugares, aquí y aquí,  que Pierre y Gilles no son muy originales en sus tratamientos de la iconografía de la mitología clásica, que se dedican a copiar, recreando los temas preferentemente homosexuales y masculinos que les interesan, con la técnica de fotografiar a efebos jóvenes musculosos y desnudos, y pintar después las fotografías con una estética un tanto almibarada y kitsch, no poco pretenciosa.

   Ganimedes y el águila, Bertel Thorvaldsen (1817)


viernes, 17 de agosto de 2018

Día Internacional del peatón

El Día Internacional del Peatón se conmemora cada 17 de agosto, fecha en que se registró la muerte del primero que fue víctima del automovilismo, una mujer en Reino Unido. La irlandesa Bridget Driscoll fue atropellada por un automóvil con motor de combustión interna un día como hoy, 17 de agosto, del año 1896 en la ciudad de Croydon; este primer caso de muerte de un peatón fue juzgado como muerte accidental, aunque se sabía que el conductor conducía con exceso de velocidad. 

 Imagen de Bridget Driscoll tomada de la Güiquipedia
 


El 13 de septiembre de 1899, Henry H. Bliss se convirtió en el primer muerto en los Estados Unidos a causa de un accidente de coche. Cuando descendía, junto a una mujer, de un tranvía en la ciudad de Nueva York, el conductor de un taxi lo atropelló lesionándole cabeza y pecho; murió a la mañana siguiente. 

 Henry H. Bliss (1873), primera víctima mortal en el continente americano.

Justo un siglo después, se le dedicó una placa en el lugar donde sucedió. A la ceremonia asistió su bisnieta, que depositó un ramo de rosas en el lugar donde atropellaron a su bisabuelo. La placa dice así: “Aquí en la calle 74ª oeste y en el oeste de Central Park, Henry H. Bliss se apeó de un tranvía y fue atropellado y dejado inconsciente la noche del 13 de septiembre de 1899. El lugar del accidente era conocido en ese momento por los conductores de tranvías como "Tramo peligroso". Cuando el señor Bliss, un agente inmobiliario de Nueva York, murió a la mañana siguiente, se convirtió en el primer accidente fatal de coche registrado en los Estados Unidos. Se erigió esta placa para recordar al señor Bliss en el centenario de su muerte prematura y para promover la seguridad en nuestras calles y carreteras”. 




No debería favorecerse el uso del automóvil personal en las ciudades y sí el de vehículos más inocuos como las bicicletas, ni dedicarse más recursos públicos a autopistas y autovías, sino que habría que tener en cuenta que el peatón es siempre lo primero. Tengamos en cuenta que el año pasado murieron en España 1200 personas víctimas de accidentes de tráfico, según datos de la Dirección General de Tráfico, y que hubo 4837 heridos graves ingresados en hospitales, quedando algunos con graves secuelas de por vida. Lo llaman siniestralidad y echan la culpa a los conductores que a veces conducen drogados, borrachos o distraídos, lo que es siniestro es el automóvil personal mismo, coche fúnebre en potencia, y la industria que lo favorece del capital privado subvencionado por el Estado.