lunes, 30 de octubre de 2017

Corporis partes: III.- Con toda el alma

Aunque resulte un tanto problemático incluir el alma entre las partes del cuerpo humano, vamos a tratarla a ella, que es tan incorpórea y sutil,  a ella, que es la conciencia imaginaria del cuerpo,  como si fuera una parte más del todo, y, procediendo como Jack el Destripador, nos toca en nuestro despiece vérnoslas ahora con el alma inmortal.  

La palabra alma viene del latín ANIMAM, que en principio significaba aire y aliento vital. Tras la pérdida de la –M final del acusativo, nos encontramos con el cultismo ánima. Las ánimas son las almas de los difuntos que penan en el purgatorio, si es que sigue existiendo tal cosa,  antes de alcanzar la gloria bendita del cielo.  La palabra ÁNIMA, que es esdrújula, aunque se conserva por la vía culta y eclesial, que es la vía escrita, por la otra vía, por la oral y popular, evoluciona a ANMA, tras la pérdida de la vocal átona de la sílaba interior; y en ANMA se produce una disimilación parcial que obliga a la primera sonante nasal a convertirse en líquida, esto es, en L (en R en algunas zonas dialectales del español, donde se dice mi arma  en vez de mi alma) con lo que ya tenemos el resultado de ALMA.

En castellano, gallego y portugués decimos alma, pero conservamos el cultismo anima,  en francés se dice âme, en italiano anima, en rumano inima, donde vale por corazón, y en provenzal coexisten anma y arma.

En cuanto a los derivados cultos, tenemos el adjetivo anímico y el sustantivo animismo. Clasificamos a los seres en animados e inanimados, siguiendo el criterio de que el ánima es el principio vital, por lo que los seres animados son los seres vivos y los inanimados, con prefijo negativo in-, los inertes. Tenemos también el adjetivo y sustantivo animal, con el sentido de ser vivo o animado, y el verbo animar, y los dibujos animados o dotados de vida y movimiento.


Hemos de considerar como caso aparte el sustantivo derivado ya en latín,  ANIMUS, que evoluciona a ánimo, en castellano. Aunque el latín no es una lengua que se prodigue mucho en palabras compuestas, no tanto al menos como el griego, aquí tenemos unas cuantas derivadas de animus precisamente, que conservamos en numerosos cultismos:  ecuánime, exánime, magnánimo, pusilánime y unánime. El primero está formado por el adjetivo aequus –a –um, que significa igualitario, justo y equitativo, por lo que unido a animus, una persona ecuánime es alguien de juicio imparcial y de ánimo justo. El segundo, exánime, está formado con la preposición ex, que significa “fuera de”, como cuando decimos ex novio para calificar a alguien que ha dejado de ser lo que era, y animus con el significado de principio vital, vida, por lo que viene a ser lo mismo que muerto o sin señales de vida aparente.  El tercero está hecho con el adjetivo magnus –a –um, que quiere decir grande, por lo que magnánimo es aquel que tiene un espíritu amplio y generoso. El cuarto se forma a partir del adjetivo pusillus –a –um que significa pequeño, débil, flojo, por lo que alguien calificado de pusilánime es lo mismo que si dijéramos que es falto de ánimo y de valor para afrontar la realidad y su falsedad consustancial. El quinto y último está compuesto por unus –a –um y animus, por lo que unánime quiere decir si se aplica a personas que tienen el mismo parecer, la misma opinión, el mismo ánimo, y si se aplica a los ánimos que muchas personas coinciden en ellos.
 
Del verbo SPIRARE, que en principio significaba soplar, tomar aliento, expeler aire, exhalar un olor, derivó SPITITUM, que propiamente significa “soplo, aire”, y que al evolucionar al castellano dio espíritu siendo una de las pocas palabras latinas que, por influjo de la lengua escrita de los textos considerados sagrados, ha conservado la U final tras la caída de la M del acusativo, habiendo desarrollado una e protética delante de la S-inicial seguida de consonante o S- líquida. Esta palabra, que entra dentro del campo semántico del alma que tratamos, ha dado origen al adjetivo espiritual y a la espiritualidad pero también al espiritismo o supuesto trato con los espíritus de los muertos, a través de un intermediario que entra en trance y se comunica presuntamente con ellos y que se denomina con el latinajo médium. En relación con el significado propio de “soplo, aire”, tenemos en castellano el adjetivo espiritoso, que hace referencia al vapor sutilísimo que exhalan el vino y los licores. En inglés spirits, en plural, son bebidas con alta graduación alcohólica.

Del verbo SPIRARE, que evoluciona a espirar, es decir, tomar y echar aire,  conservamos muchos otros verbos derivados, que ya existían en latín,  aspirar  (de AD-SPIRARE), echar el aliento hacia algo, conspirar  (de CON-SPIRARE), respirar con otros, alentar lo mismo que otros, expirar (de EX-SPIRARE), exhalar el aire y hacerlo por última vez, por lo tanto, morir, inspirar (de IN-SPIRARE) inhalar aire, infundir, respirar (de RE-SPIRARE) soplar una y otra vez, suspirar (de SUB-SPIRARE) respirar hondo, desde abajo, y transpirar , que no existía en latín, sino que se creó en las lenguas modernas, con el significado del prefijo latino TRANS- , a través de, por lo que significaría “respirar a través de algo”.

Tomémonos un respiro, y pasemos al griego psyché, que viene a ser el equivalente semántico de ANIMA (alma, principio vital, espíritu) y de MENS (mente, inteligencia), y observemos el amplísimo campo de helenismos que conservamos en las lenguas modernas, relacionados con la psique y lo psíquico:  por un lado la psicología o ciencia que estudia el comportamiento de la mente humana,  y por otro la psiquiatría, que como especialidad médica se ocupa de su salud.

La Real Academia permite que se escriba sicología y siquiatría, que responden a nuestra pronunciación, en lugar de psicología y psiquiatría, pronunciar cuya P nos supone un esfuerzo ímprobo. Sin embargo, en inglés, francés, alemán (e incluso italiano) se mantiene sin ningún problema. Esto unido a que la letra griega psi se ha convertido en el anagrama de los psicólogos hace que se conserve. Parece que a los psicólogos y psiquiatras no les gusta que se les quite la P inicial, porque es como si le faltara algo a su oficio, es como si le quitara gravedad y seriedad, lo que unido a que la sicología sin pe inicial es la ciencia que se ocupa del estudio de los higos hace que se entienda mejor su resistencia.

La letra griega mayúscula Psi se utiliza, sobre todo en el mundo anglosajón, como anagrama de la palabra psicología.
 
Uno de los más bellos relatos que nos ha transmitido la antigüedad es el cuento de Alma y Amor, o de Psiqué y Cupido, inserto como cuento independiente en la novela latina Metamorfosis o El asno de oro de Apuleyo.  En este cuento la bella Psiqué, vamos a conservar la acentuación aguda griega de la palabra,  es castigada por la diosa Venus a que todos los príncipes de este mundo se olviden de ella, porque les parecerá inalcanzable, y a que de ella se enamore el ser más horrible que haya en el mundo: la Bestia del cuento. El encargado de que se cumpla el enamoramiento es, como siempre, el hijo de la diosa,  Cupido, alegoría del Amor, quién cuando ve a Psiqué, por su parte, no puede evitar caer rendido ante su suprema belleza y enamorarse perdidamente de ella, porque lo que sugiere el relato es que el monstruo más monstruoso que hay en el mundo es el propio Amor.

Tenemos, pues, al cazador cazado, al Amor enamorado de una bellísima doncella con nombre parlante:  Psiqué, el alma. Una vez celebradas las nupcias, una boda en la que parecía que la novia se casaba con la propia muerte, el Amor arrebata a la doncella y se la lleva consigo a un palacio maravilloso de ensueño donde ella y él son inmensamente felices, pero el esposo le impone una condición a la amada difícil de cumplir: no puede ver de día al amado ni saber quién es, sólo se encontrarán en la oscuridad de la noche en la alcoba.

La curiosidad de Alma, despertada por sus malvadas hermanas que envidian su felicidad, hace que una noche después de hacer el amor con su marido, cuando él se da la media vuelta y se duerme, ella acerque una candela para ver su rostro: el amado se despertará sobresaltado y abandonará a Alma, que se verá así desanimada y condenada a vivir sin Amor, el monstruo más hermoso que podía haber. Ha perdido el amor cuando lo ha conocido, cuando ha descubierto que su marido, la Bestia, era el Amor.

Comienza entonces la larguísima peregrinación de Alma por el mundo en busca del amado… Tras la superación de varias pruebas que le son impuestas, Alma, casi exánime, es perdonada por la diosa, y le concede a su hijo el Amor que se una con ella, a la que le regala como recompensa el don de la inmortalidad. Desde entonces, el Alma, unida al Esposo, es inmortal; y de su sagrado matrimonio nace una niña que llevará el nombre latino de Voluptas, la voluptuosidad, o sea, el placer.

La famosa escultura de Antonio Canova, conservada en el museo del Louvre de París, representa la unión de Alma y el alado Amor.

domingo, 29 de octubre de 2017

Contra reloj


Dos versos contra el reloj que,  si no son de Plauto mismo porque suelen atribuírsele a Aquilio, son plautinísimos sin embargo nos sirven para rebelarnos contra el cambio de hora y contra el cómputo del tiempo cronometrado en general: ut illum di perdant, primus qui horas repperit, / quique adeo primus statuit hic solarium! (¡Maldito sea / ¡Confunda el cielo a / ¡Pierdan los dioses a  /   el primero que inventó las horas / y el primero que implantó además aquí el reloj!).



-Quis imperat hic? Num populus?    -Nooooooon, horologium.


viernes, 27 de octubre de 2017

Hostias y ostias.

Hostias 

Sentencia la Real Academia Española en su inmensa pedantería que hostia procede del latín “hostia”, que significaba "víctima de un sacrificio" (ofrecida en principio como expiación para apaciguar la ira de los dioses, por oposición a “uictima”, que se ofrendaba en señal de acción de gracias) y nos da como primera acepción "Hoja redonda y delgada de pan ácimo, que se consagra en la misa y con la que se comulga", es decir, la famosa oblea, y en segunda: Cosa que se ofrece en sacrificio”. Recoge, además, como no podía ser menos una tercera acepción, que califica de malsonante, y que es la que más se utiliza a día de hoy en castellano, cuya etimología sería la misma según la RAE.: “golpe, trastazo, bofetada”. Cuando se dice en medio de una discusión acalorada que “aquí va a haber algo más que palabras”, sabemos que ese algo más no puede ser otra cosa que hostias desgraciadamente. Pero ¿qué relación tienen estas últimas hostias con las primeras? Ninguna, sencillamente.


No se entiende muy bien cómo la oblea ha podido llegar a ser sinónimo de bofetada, golpe y trastazo, hasta el punto de que su origen etimológico sea común y el mismo según los sabihondos académicos. Es verdad que cuando la misa era como Dios manda, en latín, el sacerdote daba una hostia al feligrés que comulgaba, arrodillado ante el altar, depositándola en su boca, pero de ahí a que eso sea sinónimo de un bofetón va a un abismo.

No debería la RAE perder de vista el latín FVSTIGARE, que era golpear con el FVSTEM, es decir, con palo, vara, bastón o garrote, de donde nos viene al castellano la palabra “fuste”, como madera o parte sólida de los árboles y de ahí fundamento de una cosa, y también “fusta” con el significado de “vara flexible empleada como látigo o rebenque”; este FVSTIGARE es el origen del cultismo fustigar “golpear con la fusta”, y de las palabras patrimoniales hostigar y hostiar. Esta última, que es la más común y es puro castellano, no la recoge el Diccionario de la RAE todavía por lo que he visto. 


Se llega a ella a través de un paso intermedio que es fostigar, documentado por ejemplo en el Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita. En la estrofa 1168, verso 3º, leemos en efecto: fostigarás tus carnes con santa disçiplina. También en los Milagros de Nuestra Señora de Gonzalo de Berceo (XVI, 359) leemos: menazólo el padre porque avié tardado, / que mereciente era de seer fostigado. También en el Cancionero de don Juan Alfonso de Baena leemos seres de mi palmatoria / muy mal fostigado. Pero baste con estos ejemplos.

En gallego y en asturiano existe un descendiente de este fostigar que es FOSTIAR, a veces con prefijo A-, AFOSTIAR, que persiste en algunos otros ámbitos del español oficial contemporáneo, donde está claro que la f- inicial no puede proceder de la h- latina, y sí al revés, que nuestra h- inicial provenga de una f- latina.

Ostias 

 Según el Diccionario de la RAE, ostia es vocablo que está en desuso y que procede del latín “ostrea”, que significa “ostra”, y que en castellano viejo se decía “ostria” u “ostia”. Advierte Corominas que el deseo de rehuir la confusión sacrílega de esta ostia con la hostia consagrada hizo que se generalizara la forma portuguesa “ostra” en detrimento de la primera, que dejó de usarse (aunque todavía se dice ostión en Andalucía y en algunas zonas de Sudamérica). 


El conocido cómic de la posguerra española Roberto Alcázar y Pedrín popularizó entre nosotros la frase ¡Ostras, Pedrín!, que empleaba el personaje Roberto Alcázar como eufemismo de ¡Hostias, Pedrín! para expresar asombro a su compañero de aventuras. Y algunos se empeñan todavía en exclamar “ostras” en lugar de “hostias” para evitar la malsonancia de la confluencia con lo sacrosanto. Son los mismos que en lugar de exclamar mierda profieren miércoles, o cáspita y córcholis en vez de vaya usted a saber qué, y  rediós y cago en Dios o mejor cagüendiós, como dice a veces la gente, en lugar de rediez y cagüendiez, para parecer más finos y educados, quedando ya algo obsoleto pardiez que sustituía a par Dios o sea por Dios hace mucho tiempo; esos mismos escriben a veces también “ostias” sin hache, para no incurrir claramente en la blasfemia, y sí en la falta de ortografía.

La expresión que se oía antaño en España, cuando los hijos les preguntaban a las madres de una forma insistente e insolente, que qué había para comer, solía ser: "¡Hostias en vinagre!". Ignoro el origen de esta locución de la que se me ocurren dos explicaciones:

-Que sea en realidad “Ostias (es decir, ostras) en vinagre”. Las ostras suelen comerse crudas, pero a veces se riegan en vinagre (o en zumo de limón) para que suelten las impurezas, o se preparan a la vinagreta.

 Viñeta del cómic Roberto Alcázar y Pedrín

-Que sea, en efecto “Hostias (es decir, obleas consagradas) en vinagre”. Lo que nos lleva a la ceremonia de la eucaristía, en la que el sacerdote divide la hostia consagrada en dos porciones, y, acto seguido, parte una de esas porciones en otra más pequeña y procede a la inmixtión echándola en el cáliz donde está el vino consagrado. Como advierte el Vaticano, debe procurarse que el vino no esté avinagrado; si lo estuviera, avinagraría también la hostia.

miércoles, 25 de octubre de 2017

Σωκράτης κοσμοπολίτης




Sócrates ciertamente al pedírsele que dijera de qué ciudad era contestó "mundial"; pues se consideraba habitante y ciudadano del mundo entero (M. T. Cicerón). 


mundano, na.
Del lat. mundānus.
1. adj. Perteneciente o relativo al mundo (‖ sociedad humana).
2. adj. Dicho de una persona: Inclinada a los placeres y frivolidades de la vida social.
3. adj. Perteneciente o relativo al gran mundo.
mujer mundana *
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*mujer mundana.
1. f. p. us. prostituta.

martes, 24 de octubre de 2017

Corporis partes: II -De rodillas.

Seguimos con este repaso de la anatomía, descuartizando el cuerpo humano, y nos ocupamos hoy de la rodilla. Rodilla se decía en latín clásico GENU, un sustantivo neutro de la cuarta declinación, que se conserva casi tel quel en el francés genou  y en las restantes lenguas romances,  como veremos luego, a excepción de la nuestra, donde se ha sustituido por otro término también de origen latino.

De GENU procede, sin embargo, nuestro cultismo genuflexión, o doblamiento que se hace de la rodilla, es decir, arrodillamiento. Es la genuflexión, precisamente, una costumbre muy antigua, nacida, dicen unos, en la Edad Media. Los caballeros, en efecto, al ser armados como tales o al presentarse ante su señor, se inclinaban ante él hincando la rodilla derecha en señal de vasallaje, lo que indicaba tanto sumisión como respeto, igual que, al parecer, se sigue haciendo hoy ante el Rey o la Reina, según manda el protocolo de la Casa Real (?). 


La genuflexión se hace siempre con la rodilla derecha llevándola hasta el suelo e inclinando la cabeza. Por ser signo de reverencia, lo adoptó la iglesia católica reservándolo  al Santísimo Sacramento y a la Santa Cruz en la liturgia del Viernes Santo, pero no debía hacerse ante imágenes marianas, es decir de la virgen María, o de los santos.  El gesto se ha convertido en uno de los más clásicos para expresar la adoración y el reconocimiento de la grandeza de Cristo, o también de humildad y penitencia.

Otra cosa distinta es orar de rodillas, la doble genuflexión, que como tal se ha suprimido de la liturgia católica de la misa, aunque algunos fieles sigan practicándola. La genuflexión es signo de adoración y sumisión a Dios –hágase tu voluntad, fiat uoluntas tua, que se decía en latín cuando la misa se decía como Dios manda– y se considera como el acto supremo de reverencia del rito católico.

Pero el origen de la genuflexión podría buscarse mucho más atrás en la historia, podemos remontarnos a los romanos. En el imperio romano Diocleciano y Maximiano la exigen como saludo a los augustos. Algunos historiadores atribuyen la persecución que ambos emperadores desataron contra la Iglesia a la negativa de los cristianos primitivos a someterse a esta norma, aunque lo cierto es que la genuflexión continuó en vigor con los emperadores cristianos posteriores.

Pero podemos remontarnos un poco más atrás todavía en la historia, y encontrarnos con uno de sus testimonios más antiguos, si no el más antiguo que conocemos: la prosquinesis, literalmente "movimiento hacia delante", que es como se llama en griego a la costumbre nacida en el imperio persa de los Aqueménidas de saludar al Gran Rey o Rey de Reyes postrándose ante él.  Con tal gesto se hace hincapié en la diferencia que separa al soberano aqueménida de los súbditos mortales sujetos a su cetro.

Cuando Alejandro Magno conquista Persia, se considera el heredero legítimo de los aqueménidas e impone el rito palaciego de la prosquinesis, lo que origina enormes protestas entre sus viejos compañeros macedonios y griegos, que se resisten a rendirle ese tributo que consideran bárbaro e indigno de hombres libres como presumen de ser ellos todavía.

La prosquinesis, precisamente, la practican los Magos de Oriente -no en vano Melchor, Gaspar y Baltasar eran astrólogos persas- cuando se presentan en el portal de Belén a adorar al recién nacido y ofrecerle su tributo de oro, incienso y mirra, como podemos ver en este fresco de Giotto, donde el primer rey se arrodilla ante el niño Jesús:


Hay una frase célebre en torno al simbolismo del arrodillamiento que se ha puesto en boca de muchos revolucionarios: “Vale más morir de pie que vivir de rodillas (o arrodillado)”. He visto que se discute mucho su autoría, atribuyendo la mayoría su creación al revolucionario mexicano Emiliano Zapata. Lo cierto es que entre nosotros la popularizó Dolores Ibárruri, alias La Pasionaria, la heroína comunista que pronunciaba durante la guerra civil española discursos incendiarios que levantaban pasiones, dada su habilidad oratoria, y se ha atribuido después a Ernesto Ché Guevara.  

La frase juega con el simbolismo “de pie” frente a “de rodillas”, y con la antítesis vida/muerte. En cuanto al simbolismo del pie y la rodilla, está claro, según lo que llevamos visto, que estar de pie significa no doblegarse ante nada ni ante nadie, mientras que el simbolismo de arrodillarse conlleva sumisión y reverencia servil: la del súbdito ante el monarca, la del vasallo ante el señor, la del creyente ante la majestad de su Dios.

Otros dos derivados cultos de GENU, además de genuflexión,  son ingenuo y genuino. Comencemos por el segundo, para testimoniar que un padre reconocía a un recién nacido como hijo suyo y lo admitía en su familia en la  antigüedad, el padre lo levantaba del suelo, donde había sido colocado, y lo ponía sobre sus rodillas; el niño que había sido reconocido así era denominado GENUINUS. De este rito tenemos noticias por la literatura; por ejemplo en el libro noveno de la Ilíada de Homero, vv. 454-456, se queja Feniz, compañero de Aquiles,  de cómo su padre Amíntor lo maldijo por haber seducido a su manceba: “... en gran maldición me maldijo, / que en sus rodillas jamás asentara un nieto querido / hijo de mí, y le cumplían los dioses el voto maldito.”  

Cuando este rito de reconocimiento cayó en desuso, los hablantes latinos ya no relacionaban la palabra GENUINUS con GENU, o al menos no se explicaban su razón de ser, y preferían relacionarla con otra palabra latina muy parecida GENUS, de la tercera declinación, que significaba “género, origen, familia”, de ahí que reinterpretaran el significado del adjetivo como "familiar, original, sui géneris, propio de su género", significado con que ha llegado hasta hoy.   GENUINUS  se aplicaba sólo a cosas con el significado de innato, auténtico.

Lo mismo le sucede a INGENUUS, aunque se discute su origen: hablando de personas, los ingenui eran los nacidos de padres libres, los nobles, ya que habían sido reconocidos; hablando de cosas, las naturales o dignas de un hombre libre, y de ahí vendría el significado actual de delicado, distinguido.

En latín vulgar, sin embargo, para referirse a la rodilla se prefería la forma GENUCULUS, que es el diminutivo de GENU, a la forma clásica GENU, como sucedía también con la oreja, que se denominaba AURÍCULA con la forma del diminutivo antes que con AURIS. De este diminutivo viene la forma italiana ginocchio,  la rumana genunchi, el catalán genoll, el gallego xenollo y el portugués joelho. De este diminutivo nos viene a nosotros, asimismo, la expresión un tanto arcaica ya “de hinojos”, con el significado de “de rodillas”.



Como hinojo era el nombre de una planta en castellano (procedente de FENICULUM, de donde salió la fermosa moza de la Finojosa), se prefirió denominar a la rodilla con otra palabra, que fue ROTAM, que en principio era el nombre de la rueda,  por la función del hueso de la rodilla, que se llama ROTULAM, de donde viene nuestro cultismo rótula, pero se usó el diminutivo: al fin y al cabo la rodilla, por mucha forma de rueda que tenga, no deja de ser una rodecilla, es decir, una rueda no muy grande. Este diminutivo fue ROTELLAM, de donde nos viene el cultismo rodela, y la palabra patrimonial rodilla, estando atestiguado rodiella, por ejemplo en los Milagros de Nuestra Señora de Berceo “Essi por qui tu ruegas, fincada tu rodiella”: Ese por el que ruegas, hincada tu rodilla. 

De rodilla tenemos rodillera, que es la pieza o remiendo que se echa a la ropa en la parte de la rodilla, o también lo que se pone para comodidad, abrigo, adorno o protección de la rodilla. Pero una rodilla también es en castellano "una almohadilla circular -de ahí la comparación con la rueda- que se pone sobre la cabeza para soportar un peso", de donde luego se generaliza el uso como trapo cualquiera que sirve para limpiar.

En relación con ROTA, el nombre de la rueda, tenemos muchos derivados que nos llevan muy lejos de la rodilla, pero que tienen que ver con la rotación, rotatorio, rotativo, el rodaje, el ruedo, el rodeo y el verbo rodear.

El  rodillo es el cilindro que se hace rodar por el suelo para llevar o arrastrar, por ejemplo, cosas de mucho peso. El hecho de que sea el masculino de rodilla no debe hacernos pensar en el supuesto sexismo de la lengua, sino en el procedimiento gramatical que tiene esta de crear nuevos términos atribuyéndoles un género gramatical distinto: no es más que economía del lenguaje lo que diferencia a las rodillas de los rodillos, a las pozas de los pozos, o más a lo culto,  a las rótulas de los rótulos.  


El masculino, por cierto, de RÓTULA, que es RÓTULO, evolucionó a rollo, la primera forma que tuvieron los libros en nuestro mundo -el rollo de papiro-,  y de este rollo, surgieron verbos tan ilustres como arrollar, enrollar y desarrollar

sábado, 21 de octubre de 2017

La misa no mola si no es en latín.

En 1965 por primera vez un papa, Pablo VI, dijo una misa en italiano y no en latín “como Dios mandaba” hasta entonces al menos. A partir de ese momento, comenzaron a celebrarse las misas en lengua vernácula (en cada país la suya) y se perdió con ello uno de los mayores encantos de la ceremonia de la liturgia católica, la utilización de las divinas palabras que decía Valle Inclán. 

Pero esa no fue la única innovación: el sacerdote dejó de celebrar la misa mirando “ad Orientem”, es decir, igual que los fieles, hacia Jerusalén (ex Oriente lux), dándoles la espalda como el conductor de un tren o autobús, y se puso de cara a los fieles como un político que suelta un mitin demagógico. Se perdió la genuflexión a la hora de la eucaristía, que se recibía entonces en la boca, y no de pie y en la mano como ahora. Se ha perdido el gregoriano y la música sacra. Ahora predominan las guitarras y hasta el rock-and-roll y demás mandangas populares y más propias de los 40 principales, en detrimento del gran patrimonio musical del que disponía la Iglesia de misas solemnes de Mozart, Bach, Palestrina… Ahora hay monaguillas, además de monaguillos, no iba la Iglesia a discriminar a la mujer más de lo que ya lo hace no permitiendo su acceso al sacerdocio. Sólo el sacerdote podía leer la Epístola y el Evangelio, mientras que ahora cualquier feligrés/a puede hacerlo. En el antiguo rito tampoco se interrumpía la misa para saludar y darle la paz al vecino y a los del banco de atrás, como se hace ahora...

Lo que ha hecho la simplificación de la liturgia, so pretexto de ser más accesible a la gente, es empobrecerse,  y que la gente se desentienda cada vez más de la celebración de la eucaristía, que ya no tiene el encanto, la solemnidad, la magia, el boato y el misterio que tenía antaño. Y, como cantaba Brassens, sin el latín, sin el latín, la misa nos aburre soberanamente, o ya no mola como molaba.

  Ite, missa est,  momias en una iglesia del sur de Italia. M.C. Escher (1898-1972)

Por cierto. Al final el sacerdote decía: Ite, missa est, que significa literalmente: “Marchad, ha sido enviada”. Y de ese “missa”, participio de perfecto del verbo mittere,  es de donde le viene el nombre a la misa. Pero ¿qué cosa ha sido y adónde y a quién ha sido enviada esa cosa? O dicho en términos gramaticales escolares y pedantes: ¿Cuál es el sujeto omitido y que se sobreentiende de la frase? Pues parece que no puede ser otro más que la propia asamblea, o la ceremonia, o la eucaristía, dicho a la griega, o la “hostia” dicho en latín. En efecto, tenemos que el sacerdote decía en el ofertorio: “Suscipe, sancte Pater, omnipotens aeterne Deus, hanc immaculatam hostiam” (Recibe, Padre Santo, Dios todopoderoso y eterno, esta hostia inmaculada), y después de la consagración: “...hostiam puram, hostiam sanctam, hostiam immaculatam, Panem sanctum vitae aeternae et Calicem salutis perpetuae” ( ...la hostia pura, hostia consagrada, hostia inmaculada: consagrado Pan de vida eterna y Cáliz de eterna salvación). Cabe preguntarse: ¿A quién ha sido enviada la víctima? La respuesta sería obvia: in Deum, a Dios, o in caelum, al cielo.  Hay sin embargo quien piensa, y es la opinión más extendida, que "missa" es un sustantivo que significaría "licencia", por lo que las últimas palabra del sacerdote significarían: Idos (o iros, como admite la Academia ahora), hay licencia.

Entiéndase que hostia es “sacrificio” o más propiamente la víctima expiatoria que se sacrificaba, es decir, se mataba para comérsela en honor de los dioses paganos y que en el ritual de la misa católica, apostólica y romana, suele ser una oblea de trigo, no desprovista de gluten, para escándalo de los celíacos, que se ven así privados de la sagrada comunión si el Vaticano no admite las hostias sin gluten, que representa la carne de Cristo, que es el agnus Dei o cordero del Dios cristiano que quita los pecados del mundo y  que se autoinmola para rendención de la humanidad. 


He aquí la letra de la canción “Tempête dans un bénitier (Tormenta en la pila de agua bendita)” de Georges Brassens, que le dedicó al asunto de la vulgarización de la misa en lengua vernácula, a la que antes se aludía, en versión de Agustín García Calvo (19 canciones con versión para cantar, Georges Brassens, editorial Lucina, Madrid, 1983).

Tormenta en el agua bendita: / el Sumo Pontífice con / Concilio y con Congregación / nos la arman que hasta Dios tirita. / No ven lo que les ocurre, / bonetillos de adoquín: / sin el latín, sin el latín, / la Misa nos aburre. / Ya el Sagrado Ministerio / queda sin don y sin din: / sin el latín, sin el latín, / ni magia ni misterio. / Ya el rito no nos fascina, / ya dice el fiel “A mí, plín”; / sin el latín, sin el latín, / es como la oficina. / Oh Santa Madre del Hijo de / Dios, dile tú a ese jollín / de grajos que nos carga ýjode / sin el latín. / No soy el único, rediez, / desde que han dado tal respingo, / que sólo si llueve el Domingo / acudo al Templo alguna vez. / No saben lo que se guisa, / tejas de poco serrín: / sin el latín, sin el latín / nos aburre la Misa. / Al renunciar a lo oculto, / poco va a hacer retintín, / sin el latín, sin el latín, / el cepillo del culto. / Sacristán y monaguillos, / cuando les haga tilín, / sin el latín, sin el latín, / se irán a hacer novillos. / Oh Santa Madre del Hijo de / Dios, dile tú a ese jollín / de grajos que nos carga ýjode / sin el latín. / Esos pajarracos chiflaos / royendo están en rabia insana / la sola vieja rama sana / de la cruz donde están posaos. / No ven lo que les ocurre, / bonetillos de adoquín: / sin el latín, sin el latín, / la Misa nos aburre. / El vino en la Eucaristía / se transmuta en alpechín / sin el latín, sin el latín, / y su virtud se enfría. / En Lurdes, Fátima, Otranto, / como en Tolú y en Pequín, / la Iglesia ya, sin el latín / ha perdido su encanto. / Oh Santa Madre del Hijo de / Dios, dile tú a ese jollín / de grajos que nos carga ýjode / sin el latín.



En la letra de la canción de Brassens hay una curiosa y sacrílega homofonía: Sainte Marie mèr' de / Dieu, (Santa María madre de / mierda Dios). En la versión para cantar de García Calvo, se ha sustituido por otra que tiene su miga de sugerente gracia: “Oh Santa Madre del Hijo de... / Dios”, que suena igual que “nos carga / ý jode sin el latín”.

miércoles, 18 de octubre de 2017

Corporis partes: I. -De boca en boca

Boca se decía en latín clásico OS, palabra de la que sólo nos han quedado algunos cultismos en español, como por ejemplo el diminutivo ósculo, literalmente “boquita”, usado con el significado de beso respetuoso o afectivo que se da con la boca cerrada, o el curioso verbo oscilar, que significaba moverse o balancearse como hacían los OSCILLA, o mascarillas que se colgaban de los árboles como ofrenda  a varias divinidades, sobre todo al dios Baco en relación con la cosecha de las viñas. Los OSCILLA eran por lo tanto boquitas o, tomando la parte por el todo, caritas.  Como los OSCILLA se movían cuando soplaba el viento, el verbo OSCILLARE pasó a significar moverse por efecto del viento, y de ahí nuestro oscilar y nuestras oscilaciones.


La raíz OS se convierte en OR- modificada en función de la aplicación de lo que se conoce como ley del rotacismo, por la que una –S- entre vocales se convertía en –R-, por ejemplo rus en singular, el campo, y rura, en plural, los campos, de donde tenemos los adjetivos rústico y rural. El plural de OS, como neutro que es, era *OS-A, que por el rotacismo pasó a OR-A. De ahí procede el cultismo oral, relativo o concerniente a la boca;  orificio, utilizado por extensión para cualquier abertura o agujero, y el verbo orar con su significado de “hablar por la boca y pedir algo” y su numerosa corte de derivados como: orador, oratoria, oratorio, oración, oráculo, adorar, e inexorable, uno de esos palabros que tanto gustan a los políticos, un imble, como los llama Rafael Sánchez Ferlosio a los adjetivos que empiezan por “in”, que es el prefijo negativo,  y que acaban por “ble”, sufijo que significa que algo puede ser y que es susceptible o digno de algo, pero que al estar negado por el prefijo resulta que no, que es imposible, que es el paradigma de todos ellos. Inexorable: que no se puede conseguir con ruegos oratorios y por lo tanto es inevitable. Gustan nuestros políticos de convertir estos adjetivos que les son tan gratos en adverbios en -mente, con lo cual crean unas palabras inexorablemente largas y monstruosas, cuyo significado último es que la realidad es como es y que las cosas son como son y que ellos, aunque a veces lo prometan para conseguir votos, no van a querer ni a poder cambiarlas, o si acaso las cambian es para que en el fondo permanezcan igual.

Pero nuestra boca, la castellana, catalana, gallega y portuguesa,  no viene del culto OS, sino de la palabra latina más vulgar BUCCAM, de donde proceden también el francés bouche, el italiano bocca y boccata, y el rumano bucal. 

La evolución de BUCCAM es muy sencilla: Tras la pérdida inexorable de la -M final de los acusativos latinos, que sólo conservamos en latinajos como currículum,  referéndum, médium y demás, BUCCA,  la U breve y tónica cambió su timbre a O,  BOCCA, y la C geminada se simplificó, BOCA.

Como derivado culto de BUCCAM tenemos el adjetivo bucal, palabras patrimoniales tenemos muchas más, como por ejemplo bocado y bocadillo, que, como diminutivo de bocado, significaba en principio pequeña porción de comida, y que hoy en día entendemos siempre metido en un panecillo abierto en dos mitades. El término coloquial bocata -¿tomado del italiano boccata?- que vale por bocadillo también procede en último término de BUCCAM.

Bocanada es otro derivado de boca, que en principio alude lo que se puede tener en la boca, líquido, humo o, simplemente,  aire fresco.

El verbo boquear significa en principio abrir la boca, aunque también puede connotar expirar, es decir, llegar al final porque uno lo hace por última vez.

El boquerón, también llamado bocarte,  es un pez similar a la sardina, aunque más pequeño, con el que se preparan las anchoas cuando se mete en salazón, y que se denominó así por su gran boca un tanto desproporcionada con el resto del cuerpo.

Un boquete es una brecha o rotura en una pared o muralla, una boca que se le abre a algo, metafóricamente hablando.

Boquilla es un diminutivo de boca, con varios significados relacionados con instrumentos musicales o con el tabaco, entre otros.

Un bocazas es alguien que habla por los codos, más de lo que aconseja la discreción, alguien en definitiva que no tiene en cuenta que por la boca muere el pez y que en boca cerrada no entran moscas, y que no valora lo suficiente el silencio en un mundo tan ruidoso como en el que nos ha tocado vivir.

El verbo abocar también deriva de boca. Tenía un significado primitivo de derramar el contenido de un recipiente en otro, para lo que es menester arrimar las bocas de ambos, y de ahí ha desembocado en acercarse a la supuesta “boca” de algo, por ejemplo en una frase como: Muchos jóvenes están abocados al paro.

Otro verbo derivado de BUCCAM es embocar, que en principio significa tragar algo con la boca,   y su contrario desembocar, que significaría salir como por una boca, como hacen los ríos cuando desaguan en otro río, en un lago o en la mar salada.

 Desbocar es otro verbo que se utiliza sobre todo cuando se habla de caballos desbocados, es decir, que no obedecen al freno que se les pone en la boca.

De bucca probablemente existió en latín vulgar un adjetivo *bucceus o *buccius “relativo a la boca”, que aunque no está atestiguado, explicaría el origen de nuestro bozo, el nombre del vello que apunta sobre el labio superior de los jóvenes antes de salirles la barba, y, derivado del bozo sería el bozal, que se les pone por ejemplo a los perros para que no muerdan, con lo que se les tapa la boca. Embozar sería cubrir la parte inferior del rostro, de ahí que el embozo de la sábana de la cama sea la doblez que toca al rostro, propiamente a la boca. Y de ahí no hay ya más que un paso para explicar el significado de rebozar: cubrir y por lo tanto ocultar el rostro con la capa o el manto, y,  pasando a la gastronomía, recubrir un alimento con huevo batido, harina, pan rallado, miel, y un largo etcétera.

Hay además en nuestra lengua numerosos compuestos cuyo primer elemento es la boca que nos ocupa: bocacalle, bocamanga o boquiabierto, que no necesitan mucha explicación.

Posiblemente, la palabra buche, con el significado habitual de bolsa o papo que comunica con el esófago de las aves donde se reblandece el alimento, y,  por extensión,  estómago en general, y sus derivados embuchar y desembuchar  podría derivar también de buccam.. 

En Roma se encuentra una de las bocas más célebres del mundo,  la Bocca della Verità, es decir, la boca de la verdad. Un rostro de mármol en forma circular ubicado en la iglesia medieval de  Santa Maria in Cosmedin,  ante el que hacen cola los turistas que visitan la ciudad eterna para hacerse la típica foto metiendo su mano en la boca.    La máscara, que tiene un diámetro de algo más de un metro y medio, data del siglo I, y representa un rostro masculino con barba en el cual los ojos, la nariz y la boca están perforados y huecos. Probablemente este mármol fuera una fuente o la tapa de una alcantarilla, hallado como fue cerca de la Cloaca Máxima.

Cuenta la leyenda que el que mete su  diestra en la boca debe hacer alguna afirmación ante los presentes; si esa afirmación no fuera cierta,  se cerraría la boca de la verdad y el que ha metido la mano la perdería de un  mordisco de la marmórea efigie, quedándose manco para siempre. ¿Alguien se atreve a meter la mano, después de esto, y decir algo en el acto que sea verdadero de verdad? ¿Qué hará la bocca della verità si le decimos algo así como que la verdad es que no hay verdad?



domingo, 15 de octubre de 2017

Byungchulhania

Pronostica Byung-Chul Han en su libro “La expulsión de lo distinto” (Barcelona, Herder, 2017) que en el futuro habrá una profesión que consistirá en la escucha y un profesional que se llamará oyente, al que pagaremos por tener la paciencia de escucharnos. Si se cumple esta profecía, vendrá el llamémosle listener con flagrante anglicismo a suplir la figura trasnochada del psicoanalista laico y del confesor católico, ahora que ha desaparecido la confesión individual en la intimidad del confesonario donde se establecía, bajo el llamado secreto de confesión, una secreta complicidad tras el examen de conciencia y el acto de contrición entre el sacerdote y el penitente arrodillado ante él, sustituida en muchas parroquias por la moderna y aséptica confesión colectiva ante la impersonalidad de Dios, que es el Ser Supremo. 


Vendrá el listener también a sustituir al paciente amigo que escuchaba nuestros problemas y servía de paño de lágrimas y consuelo a nuestras penas en torno a un café o a una copa, ahora que ya no hay amigos de verdad, y sí, sin embargo, numerosos followers y no pocos contactos virtuales en nuestra agenda digital, donde acumulamos soledades a lo largo de nuestra timeline, sin experimentar nunca el vértigo del encuentro con alguien distinto, con el otro, y no con un clon o trasunto de nosotros mismos desesperados por distinguirnos en algo de los demás.

En una de sus Cartas a Milena, escribía Kafka, citado por Byung-Chul Han, sobre lo absurdo que le parecían las relaciones por correspondencia, lo que podría muy bien aplicarse a nuestras conexiones y contactos numéricos hodiernos. Decía: “¿A quién se le habrá ocurrido pensar que la gente podía relacionarse por correspondencia? […] Los besos escritos no llegan a su destino, sino que los espectros se los beben por el camino”. (F. Kafka, Cartas a Milena, Madrid, Alianza, 2016, p. 333).

El signo patológico de nuestro tiempo no es la represión sino la depresión como consecuencia de nuestra autorrealización, obligados como nos vemos a aportar un rendimiento extraordinario de nosotros mismos que nos deprime: heautontimorúmenos: verdugos que se autoinfligen martirio y se convierten en sus propias víctimas. Nos obligamos a ser auténticos, es decir, iguales a nosotros mismos, autores y creadores del fetiche de nuestra propia identidad personal, falsa pero real, fieles a ella.

Narcisistas como somos no podemos amar al otro, ni tampoco a nosotros mismos, cosa que no es tan mala, sino el autorretrato que proyectamos de nosotros mismos, nuestra propia imagen o caricatura, que está en constante fabricación.

Somos incapaces de escuchar a nadie que no seamos nosotros mismos, porque vivimos encerrados bajo arresto domiciliario, como la tortuga en su caparazón, o el caracol en su concha, donde no pueden irrumpir los demás. La micropantalla no nos deja ver, nos obnubila, impide la mirada y nos ciega. Los auriculares nos ensordecen.

De la Red obtenemos información sin que sea necesario que salgamos al espacio público a buscarla, ya que es ella la que entra en nuestra vida privada impunemente a buscarnos a nosotros y a preocuparnos, pero esa intercomunicación digital que nos conecta con los demás, paradójicamente, nos aísla. La Red es una caja de resonancia de nuestra voz, como la botija vacía de Ferlosio donde retumban nuestros propios pedos. Es verdad que destruye la distancia que nos separa de los otros, pero eso no significa que surja el calor humano, que no surge, de la cercanía personal.

Además, los medios sociales proporcionan exclusivamente información, pero no fomentan la discusión y crítica de las ideas, sino sólo la autopromoción del informante, que hace publicidad de sí mismo y su marca registrada: EGO trade mark.

La verdad es que oímos muchas cosas, hay mucho ruido ensordecedor, pero pocas nueces: no nos detenemos a escuchar las voces y no nos paramos a distinguirlas, como decía Machado, de los ecos. Hemos perdido la capacidad de escuchar a los demás. Hoy cada cual convive con sus penas, con sus miedos, con sus sufrimientos, porque, y esto es lo más importante, el dolor se ha privatizado, se ha individualizado, se ha personalizado, impidiendo de este modo su politización, es decir, la transposición del ámbito privado al espacio público. El sufrimiento humano ya no es un problema sociológico, sino psicológico; ya no es político, sino individual.