jueves, 31 de mayo de 2018

Contra todos los -ismos

No habrá seguramente sufijos más abundantes y universales que -ismo e -ista no sólo por su rancio abolengo, sino también por lo productivos que siguen resultando todavía. Proceden del latín -ismus e -ista, y en última instancia del griego -ισμός e -ιστής. Pero en su origen no eran tales simples sufijos, sino la fusión de una raíz verbal acabada en -íζ-, como resultado del protogriego *-ιδy-  donde la yod se aplicaba a activar raíces nominales (por ejemplo ἐλπίδy-ω > ἐλπίζ-ω, esperar, sobre la raíz  ἐλπίδ- esperanza), con los sufijos propiamente dichos -μός de acción y -τής de agente, como por ejemplo βαπτίζω (sumerjo, bautizo), que origina βαπτισμός, bautismo, y βαπτιστής, bautista.

La formación del sufijo -ισμός a partir de verbos acabados en -ίζω es paralela a la creación de sustantivos acabados en -ασμός y -αστής a raíz de verbos acabados en -άζω. Este último sufijo, sin embargo, no ha tenido tanta difusión como el primero, del que hay centenares de ejemplos en la lengua griega, aunque hay algunos casos como el verbo ἐνθουσιάζω del que conservamos los sustantivos ἐνθουσιασμός, entusiasmo, y ἐνθουσιαστής, entusiasta. 



En origen, pues, el sufijo -ismo servía para re-crear sustantivos a partir de raíces verbales formadas sobre nombres, y denotaba proceso que expresa la acción o a veces resultado. Este procedimiento acabó extendiéndose a cualesquiera otras raíces verbales y nominales. Muy abundante en griego clásico, pasó al latín en helenismos a partir del siglo II de nuestra era, y a partir del siglo IV se hace cada vez más abundante y productivo, usándose ya para crear neologismos que no son préstamos griegos, hasta llegar a las lenguas modernas donde sigue estando vivo y productivo.

El sufijo -ίζω tenía en griego clásico un doble valor: por un lado factitivo y por otro ecoico u onomatopéyico. Cuando se unía a un gentilicio o a un nombre de persona, se indicaba adopción de costumbres, partido o lengua: ἐλληνίζω hablo griego, φιλιππίζειν ser del partido de Filipo. En el diccionario de Anatole Bailly aparece χριστιανίζω con el significado de hacer profesión de fe cristiana, y a raíz de ahí χριστιανισμός, cristianismo como la profesión de dicha creencia religiosa. La adaptación latina sería christianizo y christianismus, documentada ya en Tertuliano. Sobre este modelo se formarán nombres de religiones, herejías, sectas o sistemas filosóficos. A partir del Renacimiento y hasta nuestros días las formaciones en -ismo comienzan a ser numerosas en todas las lenguas europeas.

Los usos modernos más importantes de este sufijo son la formación de un nombre de acción sobre verbos acabados en el sufijo -izar, denominando el proceso o el cumplimiento de la acción o su resultado, como por ejemplo bautismo, organismo, sincronismo, pero también una característica personal como heroísmo, patriotismo, despotismo, sin olvidar la formación de un sistema, teoría o práctica de tipo religioso o filosófico, político o social, basándose a veces en el nombre propio del fundador como budismo, calvinismo, epicureísmo... Pueden formarse con términos descriptivos nombres de doctrinas o ideologías como agnosticismo, estoicismo, feminismo, capitalismo, machismo, hedonismo... Un uso documentado desde la antigüedad es la formación de términos que denotan una peculiaridad lingüística como anglicismo, latinismo, a los que puede añadirse arcaísmo, clasicismo, modernismo, vulgarismo, y tantas denominaciones de tendencias artísticas vanguardistas como surgieron en el siglo XX.

Interesa especialmente por su reciente actualidad la formación moderna de nombres que tienen el sentido de superioridad o supremacismo como racismo, sexismo, nacionalismo, especismo, patriotismo, etc. sin perder de vista el que engloba a todos los demás humanismo, por aquello de Protágoras de que el hombre es la medida o metro patrón de todas las cosas "de las que son en cuanto son, de las que no son en cuanto no son", lo que implica que vemos la realidad bajo nuestra óptica humana, reduciéndola a nuestra medida.



No existe ningún argumento lógico ni mínimamente coherente para que los llamados "seres humanos" creamos que somos el centro del universo (antropocentrismo, humanismo). No somos más que un tipo de cosas entre otras muchas cosas. Se dice que somos animales mamíferos pertenecientes a la especie homo sapiens sapiens, el hombre que sabe que sabe, cuando en realidad pertenecemos a la del homo sapiens non sapiens, o sea al hombre que sabe que no sabe, consciente de su ignorancia y de sus numerosísimos prejuicios. 


El humanismo del que solemos hacer gala no es más que el último reducto del patriotismo y del nacionalismo más cerril, que nos ha hecho tanto daño a los propios seres humanos como al resto de las criaturas, plantas y seres del reino inerte. El nacionalismo y el patriotismo nos hacen creen que nuestra nación y nuestra patria son las mejores. El racismo nos hace creer que nuestra raza es superior. El sexismo nos hace creer que nuestro sexo es superior, el mejor. El especismo nos hace creer que la especie humana es superior a todas las demás, como culminación de la creación divina, ya que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, según la Biblia. El humanismo es la culminación y justificación de todos estos -ismos. Hasta hay un Partido Político Humanista que se presenta a las elecciones, colmo ya de los colmos.



El humanismo, como culminación de todos los -ismos, se basa en la creencia, falsa como todas, de que nosotros somos el fin de la creación: nuestra nación, nuestra patria, nuestra especie, nuestro sexo... sólo porque es lo nuestro, pero el hecho de que sean nuestros o ajenos no los hace ni mejores ni peores que los demás. Es lo que acertó a denominar genialmente Rafael Sánchez Ferlosio como "la moral del pedo": a ninguno nos molestan nuestras propias ventosidades, que pueden llegar a complacernos, mientras que las de los demás, por el contrario, nos ofenden, sin que objetivamente haya razones aromáticas.

El animalismo se quiere plantear como la superación del humanismo, pero los animales en general y sobre todo algunos en particular, los que disponen de sistema nervioso central, los domésticos o mascotas, que privilegiamos como compañeros de nuestra soledad frente a los que criamos para comérnoslos, son demasiado parecidos a nosotros, demasiado humanos, por lo que el animalismo es un nuevo humanismo de onda más amplia, como advierte Agustín García Calvo (tertulia política del Ateneo núm. 233 de 9 de junio de 2010), que trata de conferir a los animales algo de la dignidad humana, y que deja fuera inexplicablemente a las plantas y a las rocas y demás cosas del llamado reino inerte.


 
Ilustración de Pawel Kurczynski (1976-...)

lunes, 28 de mayo de 2018

Nemo sponte sua malus est

Socraticum dictum οὐδείς ἑκὼν κακός -id est, nemo uolens malus fit- noua atque correpta circumlocutio est illorum uerborum quae non solum in dialogo Protagora (358d) οὐδ᾽ ἔστι τοῦτο, ὡς ἔοικεν, ἐν ἀνθρώπου φύσει, ἐπὶ ἃ οἴεται κακὰ εἶναι ἐθέλειν ἰέναι ἀντὶ τῶν ἀγαθῶν, sed etiam in Politica (589c) οὐ γὰρ ἑκὼν ἁμαρτάνει atque in Timaeo quoque (86d–e) κακὸς μὲν γὰρ ἑκὼν οὐδείς a diuo Platone scripta sunt. Quod e Graeca in Latinam linguam ab eruditis doctisque hominibus ut “Nemo sponte sua peccat” translatum est. Nota bene: Hoc uocabulum “peccat” non Christiano sed Latino latioreque sensu tibi intellegendum est. Quod nullum hominem sponte sua malum scienter inferre significat.

Homo igitur qui inter uarias optiones unam malam, quae ei noceat, eligit non propter intimam inprobitatem propriamque malitiam, sed propter omnium rerum inscientiam agit. Ob eam rem si sententiam suam erroneam esse intellegeret, eam pro alia certiore mutaret atque aliter ageret, propterea quod nemo improbus naturaliter fit. Quod non indicat omnes homines probos naturaliter fieri, sed neminem improbum nisi nescium esse, quia illi neque id quod faciunt neque quid faciant sciunt. 

 Neronis sollicitudines,  William Waterhouse (1878)

Qua de causa numquam homines propter improbitatem malitiamue agimus, sed peccata nostra a falsa opinione proficiscuntur, quoniam nemo, sicut Socrates aiebat, sponte est malus, nemo facit ea quae mala sibi esse putat. Hominum enim malitia magnae imperitiae signum est.

In eodem sensu notum quoque est illud, quod Aristoteles citat: οὐδεἰς ἐκών πονηρὸς, οὐδ' ἄκων μάκαρ, id est: nemo uolens malus, nec inuitus felix fit.

Malum enim ex ignorantiae obscuritate oritur, quod sol clarissima luce collustrare poterit. Stulti igitur nesciique homines magis quam improbi nobis timendi sunt.

Socratis autem uerba contraria religionis Christianae sunt, quoniam Christi doctrina dictitat malum in hominibus cum originale peccato intrasse, atque hominem improbum fieri et in peccati errore perseuerare, quia liber sit, posse.

sábado, 26 de mayo de 2018

Bella, horrida bella

Desde su fundación en 1776 los Estados Unidos de América han estado permanentemente en guerra 222 años de los 239 de su existencia si contamos hasta el año 2015, por poner ahí un límite convencional, aunque en realidad, desgraciadamente, el cómputo suma y sigue. Dicho de otra manera sólo durante 17 años de los dos siglos largos de su historia ha estado cerrado el templo de Jano bifronte, y ha disfrutado este país de paz.

Trazo adrede este paralelismo entre el Imperio de los EEUU y el Imperio Romano al mencionar el templo de Jano que había en Roma, equiparando la llamada “pax Americana” y la “pax Romana”: en ambos casos se llama paz no a la ausencia sin más de guerra, sino a la sumisión del mundo al Imperio, castigada la insurgencia con las armas.  Ya lo dijo Cornelio Tácito con la economía lingüística de cinco palabras latinas: miseram seruitutem falso pacem uocant

 Imagen tomada de Infowars

El emperador Augusto escribió en sus Res gestae: Ianum Quirinum, quem clausum esse maiores nostri uoluerunt, (el templo de Jano Quirino, que nuestros antepasados quisieron que permaneciese cerrado,) cum per totum imperium populi Romani terra marique esset parta uictoriis pax, (al haberse en todo el dominio del pueblo romano por tierra y por mar logrado a fuerza de victorias la paz,) cum, priusquam nascerer, (ya que, antes de que yo naciera,) condita urbe bis omnino clausum fuisse prodatur memoriae, (desde fundada la Ciudad en dos ocasiones solamente se transmite a la posteridad que había permanecido cerrado), ter me principe senatus claudendum ese censuit (tres veces durante mi Principado consideró el Senado que debía cerrarse)."

El templo de Jano, en efecto, permanecía abierto en Roma a causa de las continuas guerras. Se cerró bajo el principado de Augusto para significar que reinaba la paz en el Imperio, cuando en realidad proseguían las guerras y continuas luchas en las fronteras, en particular al este del Rin, en la Germania. Las puertas del templo estaban abiertas en tiempo de guerra, prácticamente siempre, como plegaria para que gracias a la mediación del dios pudiera lograrse efectivamente la paz. Huelga decir que estuvieron cerradas en muy pocas ocasiones.

Jano Quirino es un dios pacífico contrapuesto a Marte, que es el dios de la guerra y señor de los ejércitos. Su templo estaba dentro de la ciudad, a diferencia del de Marte, que se hallaba extramuros para que, al decir de Vitrubio, no hubiera guerra ni discordia civil en la Urbe, dentro de ella, sino fuera. El mes de enero, Ianuarius en latín, lleva su nombre, porque abre y cierra la puerta el año, igual que el oficio de portero en inglés janitor.


 
Así como ningún rey, cónsul o emperador romano fue ajeno a la guerra, ningún presidente de los Estados Unidos puede considerarse tampoco un “hombre de paz”: todos, sin excepción, aunque alguno haya sido galardonado paradójicamente con el Premio Nobel de la Paz, han declarado y ejecutado alguna guerra, por lo que son responsables de las que en el mundo han sido. Los Estados Unidos nunca han permanecido una década completa sin un conflicto armado desde las guerras contra los indígenas y la de la independencia, pasando por la guerra de secesión y la intervención en las dos guerras mundiales y la del Vietnam durante el siglo XX hasta las modernas invasiones, llamadas sarcásticamente en el mundo occidental "misiones de paz",  de Iraq y Afganistán, sin que el simbólico templo de Jano haya estado cerrado más de cinco años seguidos sin un conflicto bélico, y eso sucedió una vez durante el período aislacionista de la Gran Depresión (1935-1940).

Imagen del dios Jano con la llave del templo

La historia de los Estados Unidos, igual que la de la Roma antigua es una sucesión de guerras execrables. No en vano la sibila de Cumas, consultada por Eneas sobre el futuro de Roma que estaba a punto de fundarse,  profetizó una vez una siniestra visión: Bella, horrida bella / et Thybrim multo spumantem sanguine cerno:  Guerras, guerras horribles /  veo y el Tíber que echa en sangre abundante espumarajos,  en el libro sexto de la  Eneida de Virgilio (vv. 86-87). 

Obtengo la información y la cronología completa, para los lectores a los que les interese la historia, de Info Wars, MediaPart.

lunes, 21 de mayo de 2018

Tauromachia: bestiarius ludus.


Foto aérea del anfiteatro romano de Nîmes tomada en 1935 durante una corrida de toros, no hace tanto tiempo. Hay tradiciones como esta de la tauromaquia que no son cultura ni arte ni nada que se le parezca por el estilo, sino vulgar entretenimiento sangriento para las masas. La plaza estaba abarrotada, como puede verse; en la arena,  el gladiador, concretamente bestiario -el torero-,  y la bestia -el toro-, y muchos siglos de ovación y de barbarie detrás. A las cinco en punto de la tarde en todos los relojes. 
 
Escena de anfiteatro. Detalle de un mosaico del siglo III de nuestra era, Bad Kreuznach (Alemania)  

Las corridas de toros fueron declaradas el 7 de noviembre de 2013 patrimonio cultural de España después de que el pleno del Senado aprobara por mayoría el texto aceptado y tramitado por el Congreso, lo que suponía el primer reconocimiento legal de la Fiesta (?) en toda su historia. 

 

Tauromaquia en el Coliseo en ruinas,  Maerten van Heemskerk (1552)

sábado, 19 de mayo de 2018

Educar en la desobediencia

La educación es un proceso que se padece desde la cuna hasta la sepultura y que persigue la formación de un individuo personal capaz de vivir en armonía con el entorno natural y social, lo que conlleva su adaptación al medio y consiguiente aceptación, pero, como advertía Jiddu Krishnamurti a este respecto lúcidamente: No es saludable estar adaptado a una sociedad profundamente enferma.

La enseñanza en nuestro país comenzó siendo obligatoria hasta los diez años, luego hasta los catorce, ahora lo es hasta los dieciséis. Algunos illuminati quieren imponerla hasta la mayoría de edad de los dieciocho; obligatoria, por imperativo legal, desde los seis años, pero en la práctica ya hay parvulario –lo llaman "educación infantil" o "preescolar"- desde los tres años; y quieren lograr la escolarización por abajo desde los “cero” años, con lo cual se convierten la escuela y su hermano mayor, el instituto, si no lo son ya, que ya lo son, en Kindergärten o guarderías tuteladas de menores donde los padres, trabajadores ambos en el mejor de los casos con un salario mileurista y precario de miseria, es decir, esclavos mercenarios, acuartelan, estabulan o depositan a sus hijos bajo custodia del Estado o de instituciones penitenciarias afines privadas o concertadas y sostenidas con fondos públicos,  porque no pueden ocuparse de ellos,  para que les proporcione la educación que la familia no puede darles.

¿Y qué hemos sacado en limpio? Aumento cuantitativo de los estudiantes, descenso cualitativo de las enseñanzas, grandes rebajas de los programas y las exigencias mínimas, con lo que la incultura y la práctica analfabetización tanto en ciencias como en letras de las nuevas generaciones españolas es, salvo rarísimas excepciones y pese al propio sistema que las genera, mayúscula. Querían conseguir, y lo están consiguiendo, unos ciudadanos acríticos, sumisos, visceralmente incultos, fieles contribuyentes a Hacienda, que dicen que somos todos, unos demócratas que pueden votar a los unos o a los otros, a diestro y siniestro, da igual, o sea, unos idiotas de tomo y lomo en el sentido etimológico de la palabra, que creen que saben lo que quieren y lo que hacen cuando lo único que hacen es lo que está mandado.




Hagamos un poco de historia: El modelo de escolarización pública, gratuita y obligatoria surge en Europa, concretamente en Prusia -el antecedente remoto del sistema prusiano es el espartano en la Grecia clásica-, a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, y hoy se ha impuesto prácticamente a todo (y en todo) el mundo. Se encierra a tiempo parcial a los menores de edad en aulas que imitan a cuarteles, fábricas y cárceles. La libertad condicional de fines de semana y períodos vacacionales sirve para hacer más llevadera la reclusión consiguiente. Se separa a los niños por generaciones en grados escolares o cursos, que son carreras competitivas; y, si en un principio había división por sexos, ha acabado por imponerse la coeducación o educación mixta, salvo en algunos colegios del Opus Dei. Se han inventado una categoría, que es la “minoría de edad” legal, para justificar la necesidad del enclaustramiento escolar en las guarderías y en las aulas. Esta escolarización obligatoria no es cuestionada por casi nadie, y algunos consideran incluso, en el colmo del sarcasmo, que es un progreso y logro social de la humanidad. Habría que matizar en todo caso: es un avance en la historia, sí, pero de la historia de la dominación del hombre por el hombre, no de la libertad.

La educación,  que no enseñanza, que pretende impartirse hoy a la ciudadanía tiene la escrupulosa y en principio muy loable pretensión de atender a la diversidad del alumnado, pero se atiende a su diversidad para uniformarla bajo un modelo común y nivelarla con el mismo rasero igualitario que si se tratase de un nuevo servicio militar obligatorio impuesto a ambos sexos.

Los objetivos -y repárese se en el origen militar del término- son servir al sistema social, económico y político en el que pretende integrarse a niños y niñas; contribuir a su reproducción; acrecentar sus valores como el fomento del espíritu emprendedor, frente a las humanidades -hay fundaciones privadas que se dedican a impartir talleres de emprendeduría (sic, por el terminacho) en colegios e institutos-; formar al alumnado en la ideología del individualismo, el consumismo, el pensamiento positivo y acrítico, el militarismo, la sumisión a la autoridad, al poder, a la jerarquía, la aceptación de la estratificación social y, en suma y definitiva, de la realidad en general.

 

La transmisión tradicional de conocimientos se ha sustituido por un adoctrinamiento político-económico (y por lo tanto religioso en el más amplio y laico sentido de la palabra; la economía es el nuevo culto, y la ciencia la nueva religión en la que el hombre moderno cree ciegamente a pies juntillas) tendente a hacer de los niños futuros ciudadanos democráticos y sumisos, votantes y contribuyentes políticamente corregidos, modernos esclavos, lo que justifica que ya no se hable de enseñanza, que es algo neutro, sino de educación, expresión que está cargada de ideología y adoctrinamiento. Se los educa para el mercado y la política. Y además se hace con recochineo y majaderías del tipo de dedicar, dentro del curso académico una semana, por ejemplo, consagrada a los buenos modales de la buena educación,  un día del curso escolar a practicar la sonrisa, otro la cortesía y otro los saludos... 

El modelo actual de escuela “sostenida con fondos públicos”, que incluye bajo esta denominación a la pública y la concertada, sin hacer ningún distingo entre ambas, es el “emprendedor”, eufemismo de empresarial, y economicista, un modelo de resultados y no de análisis de los procesos, que no fomenta el pensamiento libre y crítico, sino la subordinación a las necesidades del mercado y los criterios de la más estricta rentabilidad y rendimiento.

El curriculum vitae es un camino de obstáculos competitivos y selectivos que hay que superar para, una vez que el educando pase por el aro como fierecilla domada, convertirlo en una persona integrada y controlada por el sistema. En la escuela se aprende a amoldarse a los patrones establecidos, a adoptar un pensamiento convergente en lugar de divergente, a decir lo que ya está dicho y a saber lo sabido y consabido, para lo que se inventaron los exámenes y las continuas evaluaciones, destruyendo la creatividad. 

 

Abundan en la jerga pedagógica expresiones como "éxito -otros prefieren logro, que es la palabra patrimonial del cultismo lucro; algo tendrá que ver el ánimo de lo uno y el afán de lo otro- o fracaso educativo", pero tanto el éxito como el fracaso son categorías económicas que tienen más que ver con el déficit y el superávit de una empresa capitalista que con el proceso pedagógico de enseñanza y aprendizaje.

Abundan también los “planes de mejora”, inspirados por la idea cristiana pecaminosa de que se hace siempre algo mal y que hay que mejorarlo en el futuro. Es como el propósito católico de enmienda después de haber confesado el pecado y de haber realizado el acto de contrición y la consiguiente penitencia, una herencia de una educación de colegio de curas o monjas y de pago.

Hay también mucho papanatismo que contrapone las “nuevas formas de enseñar” y el uso de las “nuevas tecnologías” a la enseñanza tradicional. Las novedades son veneradas por el mero hecho de serlo, sin pararnos a pensar que hay cosas que se siguen haciendo igual de bien ahora que hace cinco mil años, y no está mal que así sea porque no están mal hechas, por lo que no necesitan ninguna mejora, pero, cargando como cargan algunos con el complejo judeo-cristiano de culpabilidad, se empeñan en el plan de mejoría permanente.



En fin, parece que poco se puede hacer. Pero frente a la educación y adoctrinamiento que se imparte en las aulas en la obediencia debida que van a recibir niños y niñas, cabe siempre la posibilidad de educar en la desobediencia: enseñarles por ejemplo algo tan sencillo y tan seno como es decir que NO a cualquier obligación que se les imponga, venga de donde venga, ahora que la censura  ha cambiado y que, como cantaba Isabel Escudero, ha sustituido "el no de lo prohibido por el sí de lo mandado".

jueves, 17 de mayo de 2018

Raqueros de Santander

Eran niños pobres que, sin falso pudor y con toda la naturalidad del mundo, se lanzaban al agua desnudos en la machina a recoger las monedas que les arrojaban los señoritos y que ellos sacaban del fondo de la bahía en la boca para ir luego a comprar alguna chuchería o al cine, si llegaba para tanto, a ver alguna película, viviendo un poco así de la picaresca del puerto. 

Raqueros de Santander, José Cobo Calderón (1999)

Ya el novelista costumbrista cántabro José María de Pereda retrataba a estos chavales en su novela “Sotileza”. Hay, además, una foto de 1890 en la que se ha inspirado el moderno grupo escultórico de José Cobo Calderón,  que ahora se puede ver en el paseo marítimo de Santander, obra que los inmortaliza.



Según el Diccionario de la Real, raquero significa, aplicado a un buque o embarcación pequeña, “que va pirateando o robando por las costas”; referido a persona es aquella que anda al raque, y, en sentido general, “ratero que hurta en puertos y costas”.

El raque se define como el acto de recoger los objetos perdidos en las costas por algún naufragio o echazón. En cuanto a la etimología, aunque es dudosa según Corominas, se propone el germánico *rakan “recoger con rastrillo”, conservado en inglés to rake “rastrillar”. Otros relacionan la palabra con el alemán das Wrack, "barco o buque naufragado", de donde el compuesto Wrackteil aplicado a los pecios (o pecíos) o restos del naufragio.  De raque deriva “raquear” con el significado de “hurtar” y “raquero” como “merodeador de playa”, palabras ambas atestiguadas en 1884.

¡Qué pena que ya no haya raqueros, o raquerucos, como se dice cariñosamente con este diminutivo tan querido en Cantabria, que se bañen con el traje de baño decente que la naturaleza les ha dado, que es la desnudez de los vivos cueros! ¡Qué pena que las aguas de la bahía estén cada vez más contaminadas y sucias! ¡Qué pena que los únicos nadadores que se lancen al agua en el paseo marítimo para envidia y gozo de los paseantes y transeúntes sean estas esculturas!


 
Raquero que en el muelle del puerto de Santander mira en la noche a la luna llena como si fuera una moneda de plata antes de zambullirse en el fondo del mar a rescatarla.

martes, 15 de mayo de 2018

Matar al Padre

Tiene su cosa el latinajo: Qui patrem suum necat non peccat.  La gracia, una vez que se sabe que el "necat" que rima con "peccat" quiere decir "mata", reside en que no son divinas palabras, como diría Valle Inclán, sino diabólicas o demoníacas, ya que llevan la contraria a las sagradas escrituras y preceptos religiosos. La frase quiere decir que quien mata a su padre no comete pecado, contradiciendo así el cuarto mandamiento de la ley de Dios,  ya que dar la muerte no es forma de honrar uno a nadie, y menos a su padre, y el quinto, que prohíbe taxativamente la matanza. Pero estos latines tienen su gracia, y no por la rima fácil, que no deja de ser una peculiaridad idiomática propia de cada lengua mundana  no exportable a las demás, sino porque una de las seis palabras que contiene es ambigua. En efecto, esa frase puede entenderse y traducirse también así: No peca quien mata al padre... de los cerdos; pues suum, además del posesivo "suyo", puede ser el genitivo plural de sus, suis (primo hermano del griego ὗς ὑός hûs huós) “cerdo”, de donde el adjetivo castellano suido, que se aplica según la Real al mamífero artiodáctilo paquidermo (perdón por los tres neologismos grecolatinos seguidos), de jeta bien desarrollada y caninos largos y fuertes que sobresalen de la boca, como por ejemplo el sus scrofa, vulgarmente jabalí. 


Pero la gracia de ese latinajo tampoco se agota en la doble lectura. Desde un punto de vista psicoanalítico y freudiano, matar uno a su padre no es un pecado ni un crimen sino el destino fatal de todo animal racional macho que se aprecie, siempre y cuando el crimen se cometa simbólicamente como modo de superación sublimada del complejo de Edipo.  No se trata de asesinar uno a su padre biológico, claro está, que eso es pecado y además delito de parricidio, entendido este como el asesinato que es de un pariente consanguíneo en línea ascendente de hijo a padre o descendente de padre a hijo -de igual a igual, de semejante a semejante, de par a par, que eso era par(r)icida-  sino al ideal o espiritual, es decir, al patriarca de todos los padres y padre del patriarcado que todos llevamos dentro: el padre de todos los cerdos de dos patas.



Desde un punto de vista animalista, que equipara a la especie humana con la porcina, sería igualmente un crimen matar, o sacrificar, como también se dice,  al cerdo cuando le llega su sanmartín, es decir, la fecha de su matacía o matanza, pues suelen conceder los animalistas  a las especies animales dotadas de sistema nervioso central la categoría de "sintientes", con lo que amplían la longitud de onda del concepto de "humanismo" incluyendo a dichos animales y excluyendo de su estatuto a plantas, rocas y otros seres vivos carentes de dicho sistema nervioso, y entienden que el mandato divino "no matarás" les afecta también a ellos, por lo que se abstienen de comer sus viandas.   

Matanza del cerdo en la Edad Media



Pero no se trata de matar físicamente al padre de todos los puercos. Tampoco de asesinar físicamente al Santo Padre, o sea al Papa que vive en Roma, vicario en la Tierra del Padre celestial, de Dios Padre, la autoridad suprema y omnipotente, al que no en vano se le rezaba en latín, como Dios manda, "Pater noster qui es in Caelis, sanctificetur nomen tuum, etcétera.". (Ya se encargará Satanás de arrastrar al falso Papa, que es el Anticristo, dado que ha traicionado el espíritu cristiano de pobreza, junto a todos nosotros, los fieles y cristianos secuaces de su secta, hasta el pudridero de los infiernos cuando nos llegue la hora en el momento menos pensado).  

De lo que se trata es de matar simbólica- y metafóricamente uno a su propio padre, al que aborrece con toda su alma, por ser su rival en el amor de su madre y por encarnar el poder patriarcal que subordina a la mujer y a los hijos a su autoridad dentro de la Sagrada Familia.


Cualquier revolución que se precie, empezando por la individual en nuestro fuero interno, tiene que inmolar  de ese modo  al Padre, pero no para sustituirlo una vez depuesto. La juventud francesa de mayo del 68 lo intentó en París durante un cierto tiempo, pero luego, en un momento dado, la magia desapareció y los jóvenes airados pasaron de una rebelión incontrolable e iconoclasta, que no ofrecía ninguna puerta de entrada a la represión porque no tenía cabezas visibles, a un movimiento asimilado, ordenado, legalizado y neutralizado por el Poder, empoderándose ellos mismos, como ahora se dice.



No consiguieron lo que de verdad pretendían. El desmadre de los jóvenes no llegó al despadre. Pero no se puede hablar de éxito ni de fracaso, que son categorías económicas como el superávit y el déficit, porque la rebelión a su modo sigue siempre viva y latente por lo bajo, de modo que renace y se viene arriba de vez en cuando en el lugar menos pensado, como surgió, por ejemplo, cuando menos se esperaba,  en Madrid, donde saltó la liebre el 15 de mayo de 2011: Que por mayo era, por mayo / cuando faze la calor...

 Agustín García Calvo en la Puerta del Sol, mayo 2011



Los jóvenes parisinos, como los madrileños después y tantos y tantos otros que han intentado matar al Padre (necare patrem suum), es cierto, acabaron convirtiéndose todos ellos en unos padrazos de cuidado. Y es que esa es la forma freudiana y ordinaria de matar uno metafóricamente a su padre y de resolver el conflicto edípico: convertirse uno en su propio padre, ocupar la casilla que ha quedado vacía, el trono vacante. La mitología griega da buena cuenta  de ello, como de tantas otras cosas: Zeus se rebela contra su padre Crono para destronarlo, quien a su vez se había levantado contra su progenitor Urano, al que había castrado con una hoz, y destronado: a rey depuesto, rey de repuesto.

Crono emasculando a su padre Urano, Giorgio Vasari (1564)

Frente a esa falsa solución lo único que cabe es darle la vuelta a la cosa: además del desmadre, que es propio del sistema, tenemos que procurar el despadre, el desempadronamiento y la desemponderación, que es muchísimo más importante, y es la única forma, se me olvidaba decirlo, de combatir el patriarcado y de proceder a la matanza de los cerdos de dos patas.



¿Cómo se hace? Vamos a decir en primer lugar cómo no se hace esa revolución: Desde luego no se hace fundando un partido político y presentándose a las elecciones como creen algunos ingenuos que pretenden cambiar el mundo para que el sistema siga igual. ¿Cómo se consigue entonces? Muy fácil: diciendo (porque decir es una forma de hacer) a todo Dios (Estado, Capital, Maestro, Papa, Patriarca de Alejandría, Dalai Lama, Jefe o Jefa, Presidente o Presidenta y un larguísimo etcétera en el que se incluye uno mismo, yo mismo, por supuesto en última y no menos importante instancia: el ego es el último reducto y el más secreto donde se esconde el Padre de todos los Padres), diciéndole, decía: tú no eres mi padre: yo no soy tu hijo: no te reconozco: lárgate: no quieras darme lecciones porque no hay lección que valga.

domingo, 13 de mayo de 2018

Epigramas de Calímaco (y II)

En el libro VII de la Antología Griega se hallan estos epigramas o inscripciones funerarias para algunas tumbas, destacando el número 80, que Calímaco dedica a la muerte del también poeta Heraclito de Halicarnaso, al que no hay que confundir con el filósofo presocrático. Calímaco dice que pese a la muerte de Heraclito, sus ruiseñores, es decir, los trinos o versos líricos del poeta perdurarán.

Alguien me dijo, Heraclito, tu suerte, y a mí me brotaron
lágrimas. Recordé     bien cuántas veces los dos
conversando hundimos el sol, pero ya eres, amigo,
     polvo de años atrás     en dondequiera que estés.
Mas viven líricos tus ruiseñores, en que Hades, que todo
borra, no ha de poner     manos encima jamás.

El número 317 está dedicado al célebre misántropo Timón, que aborrecía a la humanidad y la luz del día. Su tumba estaba situada en una escollera prácticamente inaccesible, lo que da idea de su carácter arisco y huraño y de lo mucho que amaba la soledad. El epitafio le pregunta si ahora que está en el reino de los muertos está más contento que cuando habitaba entre los vivos, pero él reconoce amargamente que ni siquiera muerto puede estar solo, por lo que su aspiración de soledad absoluta se ha visto truncada en la muerte. Por eso prefiere la luz del sol, es decir, la vida que las tinieblas soterrañas, porque en el reino de Hades, superpoblado como está, los muertos son mayoría absoluta. Usaban, en efecto, los griegos la expresión “pasar a la mayoría” “eis toùs pléonas eltheîn” como sinónimo de morir.


 Timón de Atenas renunciando a la sociedad.

¿Qué odias ahora, Timón, que has muerto, la luz o la sombra?
-¡Ni tan siquiera aquí     solo me vais a dejar!



El núm. 451 propone que se utilice el eufemimo “dormir un sueño sagrado” para los hombres buenos que han muerto y que no se diga nunca precisamente que han muerto, a fin de no matarlos más, es decir, para que perdure su memoria.

Duerme Saón el hijo aquí de Dicón su sagrado
sueño. No hay que decir     “muerto” del hombre de bien.

El epigrama 471 es uno de los más conocidos. Habla del suicidio de Cleómbroto de Ambracia, que tras la lectura del Fedón de Platón, se quitó la vida, tratando de imitar a Sócrates.



“¡Sol, -despidiéndose-, adiós! Cleómbroto, que era de Ambracia,
desde lo alto de un     muro al Averno saltó,
causa de muerte sin que haya ninguna, salvo el tratado
sobre el alma que él     tanto gustó de Platón.

El número 524 nos recuerda un poco al epitafio nihilista aquel del cementerio civil de la Almudena de Madrid: “Nada hay después de la muerte”. En efecto, el lector le pregunta al sepulcro si allí está enterrado Cáridas, y este le dice que sí. Acto seguido, le pregunta al propio difunto qué hay allá abajo y este responde que mucha tiniebla. El poema acaba con un rasgo humorístico: lo que le ha dicho es la verdad, pero si quiere oír otra cosa más dulce, puede decirle que por ejemplo,

-¿Cáridas yace aquí? -Si dices el hijo de Arimas
el de Cirene, sí    yace debajo de mí.
-Cáridas, ¿qué hay abajo? -Tinieblas. -¿Se vuelve a la vida?
-No, mentira. -Y ¿Plutón?     -Cuentos. -¡Adiós a la fe!.
-Tal mi respuesta veraz a vosotros, mas si otra que guste
quieres, a céntimo el buey     grande en el Hades está.

viernes, 11 de mayo de 2018

Epigramas de Calímaco (I)

Igual que un libro te lleva a descubrir otro, un poeta te lleva también irremediablemente a otro. Conocemos, por ejemplo, un poema largo de Calímaco gracias sobre todo a la traducción que hizo Catulo al latín, pues el original griego, salvo algunos fragmentos, se ha perdido. Se trata de La cabellera de Berenice.

Guiados por la selección de los epigramas de la Antología Griega que tradujo al francés Marguerite Yourcenar y por la traducción al español de los sesenta y tres que publicó el también poeta Luis Alberto de Cuenca, ofrecemos una pequeña antología de Calímaco.

Poeta alejandrino,  Calímaco nació en Cirene, en Libia. Vivió en el siglo III antes de nuestra era. Estudió en Atenas, después hizo carrera en Alejandría, donde llegó a ser bibliotecario del Museo, y poeta áulico y cortesano. Como dice De Cuenca en su introducción: “Desde las fabulosas bibliotecas asirias de Senaquerib y Asurbanipal (siglo VII a. J. C.) la historia de la cultura no había conocido nada igual. En este ambiente, pues, de culto a los valores intelectuales va a desarrollarse la personalidad humana y artística de Calímaco”.


 Museo y Biblioteca de Alejandría

En el epigrama núm. 43 del libro XII de  la Antología Griega manifiesta Calímaco su “odi profanum uolgus”, como dirá Horacio después. Hace el poeta aquí una declaración de principios y se revela como un vate exquisito que huye de lo mayoritario y los caminos trillados como de la mismísima peste. Su amor se dirige casi indefectiblemente a chicos jóvenes, siguiendo la musa efébica del viejo Anacreonte, de Teógnide y de tantos otros, que encontraba parangón en los amores del mismísimo Zeus hacia el bello Ganimedes.


Me harta el poema que es cíclico, y no me recreo
en el camino que aquí     lleva y allá a multitud.
Odio también al amante promiscuo, ni bebo de fuente
pública; asco me da     todo lo que es popular.
Lindo, sí, lindo tú eres, Lisanias; mas antes que dicho
lo haya, el eco ya     “anda con otro” silbó.


 Fauno de Barberini o Sátiro borracho

En el epigrama 102 del mismo libro, dedicado a un tal Epicides, Calímaco reconoce que persigue los amores que huyen de él y rechaza los que se le ofrecen y están a su alcance.

Un cazador, Epicides, acecha en los montes a toda
liebre y rastrea cualquier     huella de corzo que ve
aun soportando la nieve y la helada. Y si alguien le dice:
“¡Pieza abatida ahí!”    nunca la toma a su vez.
Y es de esta clase mi amor: perseguir acostumbra lo que huye;
y lo que está a su merced     deja volando escapar.


Horacio en su segunda sátira del libro primero, versos (105-108) se hace eco y recoge en hexámetros latinos este epigrama de Calímaco,  cuando escribe :

...leporem uenator ut alta
in niue sectetur, positum sic tanbere nolit,
cantat et adponit "meus est amor huic similis; nam
transuolat in medio posita et fugientia captat".

..."Cual cazador que a la liebre en la mucha
nieve persigue y rechaza tocar así a la dejada"
canta y añade "mi amor se asemeja a ese, pues pasa
sobrevolando lo que hay a su alcance y busca lo que huye".

miércoles, 9 de mayo de 2018

¡Qué buenos son, que nos llevan de excursión!

Ha pasado ya una buena ristra de años desde que siendo yo mozalbete entonaba con alborozo aquella canción, cuyo estribillo me viene ahora a las mientes, de «qué buenos son los padres escolapios, que buenos son que nos llevan de excursión», agradeciéndoles infinitamente la salida del centro (eso es lo que sugiere el prefijo ex- de la palabra ex-cursión con toda su fuerza centrífuga) a los profesores que nos sacaban por un tiempo prudencial de la jaula de las aulas, para que recargáramos las pilas y pudiésemos volver con energía renovada a la incursión (el prefijo in-, aquí de claro valor centrípeto, señala la vuelta a la normalidad y enclaustramiento; tras la excursión se impone la incursión en la  machadiana “monotonía / de lluvia tras los cristales”). 

Que conste que yo no estudié en los escolapios ni en los agustinos ni en los  salesianos ni en ningún otro colegio de pago tampoco, sino en un centro público, y no me pesa, sino todo lo contrario.  El caso es que todos cantábamos aquella cantilena de agradecimiento a nuestros profes “majos y enrollaos” equiparándolos con los padres escolapios, lo que no les gustaba demasiado, la verdad sea dicha. 


Ya por entonces los centros públicos comenzaban a competir con los privados en la organización de las llamadas “actividades extraescolares”, hasta el punto de que en la actualidad todos disponen prescriptivamente de un Departamento a ellas consagrado, y de un Jefe encargado de hacer su programación y el seguimiento de dichas actividades fundamentales para el normal funcionamiento de un centro escolar de primaria y secundaria que se precie, cuya obligatoriedad sin ellas resultaría intolerable, igual que un calendario sin festividades, un trabajo sin vacaciones o una semana sin finde. (Cuando hablamos aquí de "actividades extraescolares" no nos referimos a las clases de natación, ballet, artes marciales y encaje de bolillos con las que los padres complican las agendas de sus hijos fuera del horario escolar privándoles así de juego libre, sino a las que organizan los propios centros escolares, dentro de su horario lectivo,  para proyectarse en la sociedad escurriéndose de sí mismas a fin de volver corriendo al redil y hacer más soportable la reclusión obligatoria).

Hemos ido viendo desde entonces cómo también rivalizan unos y otros centros en la organización de diversos saraos como posados para orlas conmemorativas del inolvidable curso académico, organización de eventos deportivos y concursos de misses y misters -parece que estos últimos han pasado afortunadamente ya a la historia-, bailes de primavera y de graduación, ceremonias de comienzo y fin de curso, y cómo llegan a fletar  autobuses y chóferes para que se vayan turnando en los largos trayectos por las autopistas de Dios devorando quilómetros a toda pastilla, trenes, cruceros y hasta aviones para poner en circulación por tierra, mar y aire por el ancho mundo no pocas cohortes de estudiantes que vitorearán eufóricamente a la Madre Superiora (“¡Viva la Madre Superiora!”), por lo tolerante y comprensiva que es organizando la excursión, que ella preferirá denominar “salida didáctica y pedagógica”, quien, defensora como es de la realización de ese “viaje de estudios” (sic) y por su trascendencia espiritual como una de las señas de identidad irrenunciables de “su” convento, perdón, quería decir, de su colegio, y de “su” proyecto educativo, celebrada año tras año desde tiempos inmemoriales, acompañará a los novicios y novicias  como mayoral que vela por el rebaño pastoreándolo para que no se descarríe y pueda recibir la bendición del sumo pontífice en la Basílica de San Pedro en el Vaticano, donde se les dará suelta y día libre para que visiten, por su cuenta y riesgo, si así lo consideran, los museos. 

Otro de los cánticos de aquellos autobuses que me viene al hilo de esto a la memoria exhortaba al conductor a pisar el acelerador de un modo bastante irresponsable e imprudente. Creo que decía algo así: “Para ser conductor de primera, / acelera, acelera...” Ignoro si se siguen cantando canciones en los autobuses. Imagino que no, que a lo sumo se entretendrá a los alumnos con películas de acción o de risa para que no se aburran con el paisaje, o se pondrá algún tipo de música para todos que acabará disgustando a la mayoría, ahora que cada cual cultiva sus gustos  personales. A tal efecto, supongo, cada uno llevará sus auriculares puestos para escuchar “su” tachunda, y se distraerá publicando y leyendo chorradas con su móvil en sus redes sociales, por lo que ya no se entonarán aquellos cantos corales más propios de una taberna que de un autobús escolar. 

Si los alumnos estudian Historia del Arte, por caso, parece muy justificado y hasta oportuno que visiten la Capilla Sixtina in situ, aunque luego allí no puedan permanecer más de cinco minutos, tal es la avalancha de turistas que suele haber, ni puedan atender a las explicaciones de los profesores, en el caso de que estos les expliquen algo, dado que se exige un silencio religioso por ser un lugar de oración, por lo que resulta casi preceptivo acompañarse de una audioguía, pero esa actividad carece de todo valor pedagógico si no se acompaña de un trabajo previo y posterior en el aula, y si los alumnos no realizan durante su visita algún tipo de tarea complementaria, y se limitan a fotografiar sin ton ni son y al tuntún las cosas -incluidos ellos en los inevitables selfis de las "cosas que hay que ver"- que no tienen tiempo de ver con detenimiento y recreación para enseñarlas después aburriendo a familiares y amigos. 

 Capilla Sixtina repleta de turistas

Parece a fin de cuentas como si las Actividades Extraescolares, por lo tanto, se hubieran convertido en las auténticas actividades del Centro Escolar, las que más lo caracterizan y definen, siendo las intraescolares, por emplear este término para las clases magistrales y cada vez menos magistrales, poco más que un breve paréntesis entre una y otra extraescolar y una disculpa para realizar las que realmente promocionan al Centro, las que rompen con la reclusión claustrofóbica, sin las que esta sería insoportable. Los profesores que critiquen la excesiva realización de dichas actividades, por su parte, serán ellos mismos tachados de intransigentes cavernícolas y carcas chapados a la antigua por pretender tener a los alumnos "amarrados al duro banco" de las galeras turquescas que siguen siendo, pese a todos los pesares, las aulas. Como consecuencia de todo esto, la mayoría de los centros escolares han cambiado y se han convertido en centros de actividades extra-escolares: organizan excursiones y viajes que hacen la competencia a las agencias del gremio; hacen turismo para dar una vuelta -eso es el "tour"-  y volver tras el garbeo del giro de Copérnico a lo de siempre y a lo mismo.

lunes, 7 de mayo de 2018

Siervos y esclavos

Según san Pablo, los esclavos no tenían por qué preocuparse de su condición porque todos los hombres éramos esclavos (serui) de Dios, que es el Señor (Dominus). Por eso, no debe sorprendernos que la Iglesia no abogase por la abolición de la esclavitud cuando el cristianismo se convirtió en la religión oficial del Imperio romano. Al revés, la Iglesia poseía esclavos, particularmente en las tierras de los monasterios, y amenazaba con la excomunión a quien los incitara a rebelarse contra sus dueños. El cristianismo intentó mejorar las condiciones de vida de los esclavos, pero nunca propugnó la abolición de la esclavitud. 

Igualmente el Islam, en el siglo VII, reconoció la esclavitud. El profeta Mahoma exhortaba a sus seguidores a que tuvieran un trato correcto con los esclavos, pero no ponía en cuestión la propia existencia de la esclavitud. 
En la Edad Media europea la esclavitud evoluciona hacia la servidumbre por la decadencia del comercio a gran escala. Los esclavos eran mano de obra no rentable. El propio lenguaje también evolucionó a medida que se reconocía la nueva realidad social. La palabra latina que significa ESCLAVO es SERVVS, que evolucionó a siervo. Pero el siervo medieval dista mucho del seruus romano, porque este último era un esclavo, mientras que el siervo medieval  era otra cosa, como veremos enseguida.

A principios del siglo XII, se acuñó una nueva palabra para denominar a los auténticos esclavos que seguían existiendo desde la antigüedad, derivada del grupo étnico más numeroso en la trata medieval: los eslavos, víctimas del comercio esclavista en Bizancio. La palabra tiene equivalencias en todas las lenguas occidentales:

castellano
francés
portugués
italiano
rumano
alemán
inglés
esclavo
esclave
escravo
schiavo
sclav
Sklave
slave

Otra palabra española del mismo origen es ESLABÓN, que en castellano viejo se decía esclavón, y que designaba a las anillas, a las que comparaba con los esclavos por su incapacidad para separarse de la cadena, de la que formaban parte como eslabones.

En la misma época en que aparece la palabra esclavo, la palabra siervo, procedente del latín seruus, que significaba esclavo, pasó a querer decir campesino dependiente. 


La servidumbre es la situación o estado de determinadas personas, llamadas siervos. Los siervos constituían una clase de trabajadores agrícolas, y estaban legalmente vinculados a un lugar de residencia y de trabajo, y obligados a cultivar y cosechar la tierra de su señor, que podía ser un noble, un eclesiástico o un monasterio. A cambio, se les permitía labrar parcelas de esas tierras para su propio sustento y el de su familia, pagando a su señor una parte de sus ganancias (el famoso diezmo o décima parte de la cosecha) en especie y en metálico, entre otras obligaciones. Puesto que su residencia y su trabajo estaban legalmente unidos a la tierra, se les llamaba siervos de la gleba (en latín glaeba es terruño, tierra de cultivo) y estaban incluidos en cualquier transferencia de la propiedad agrícola. El señor, a cambio, estaba obligado a darles protección. 

La servidumbre era jurídicamente un estado de no libertad que implicaba una dependencia personal con respecto a un señor y que limitaba enormemente la residencia y el sustento, además de someter al siervo a unas obligaciones propias. Aunque muchos siervos eran descendientes de esclavos, la servidumbre no era idéntica a la esclavitud. Los siervos tenían ciertos derechos legales, determinada protección y no podían ser vendidos, tenían derecho a heredar y legar propiedades, mientras que los esclavos no. Seguían siendo, como los definió Varrón, “instrumentum uocale”: una cosa que habla.
En la antigüedad existieron situaciones sociales muy afines a la servidumbre (aparte de la esclavitud): la de los campesinos que trabajaban las tierras en la antigua Roma era semejante a la de los siervos medievales. Esos campesinos romanos, llamados coloni (‘colonos’) constituyen uno de los posibles precursores de los siervos medievales.
A veces imaginamos que la esclavitud es historia y un fenómeno propio del pasado, agua pasada,  pero su derogación es bastante reciente. En España, por ejemplo, no fue abolida hasta 1872, tras la proclamación de la primera república española.
En la Declaración Universal de Derechos Humanos, aprobada en 1948 por la Asamblea General de las Naciones Unidas, el artículo 4º establece que: Nadie estará sometido a esclavitud ni a servidumbre; la esclavitud y la trata de esclavos están prohibidos en todas sus formas.

Teóricamente, la esclavitud ha sido abolida de la faz de la Tierra, pero en la práctica,  nosotros ¿somos libres? Os dejo con esta pregunta, con este billete con cita de Tolstoioi para reflexionar...


...y con el poema de Jacques Prévert (1900-1977) Pour toi, mon amour, relacionado con este tema, cuya letra es muy sencilla. Así dice en el idioma de Molière, con su traducción:

Je suis allé au marché aux oiseaux 
Et j'ai acheté des oiseaux 
Pour toi 
mon amour 
Je suis allé au marché aux fleurs 
Et j'ai acheté des fleurs 
Pour toi 
mon amour 
Je suis allé au marché à la ferraille 
Et j'ai acheté des chaînes 
De lourdes chaînes 
Pour toi 
mon amour 
Et puis je suis allé au marché aux esclaves 
Et je t'ai cherchée 
Mais je ne t'ai pas trouvée 
mon amour

El mercado de esclavos en Roma, Jean-Léon Gérôme, 1884


Una traducción: Para ti, amor mío:

Fui al mercado de pájaros / y compré pájaros /Para ti /amor mío / Fui al mercado de flores / y compré flores /Para ti /amor mío/ Fui al mercado de chatarra / y compré cadenas /Pesadas cadenas /Para ti /amor mío /Después fui al mercado de esclavos / Y te busqué /Pero no te encontré / amor mío.