miércoles, 28 de febrero de 2018

Quid est ueritas?

¿Qué es la verdad? Dicen que le preguntó Poncio Pilatos a Jesús, el llamado Cristo, en el pretorio. Y éste guardó silencio: no supo qué contestar.  Su silencio nos ensordece. ¿Qué es la verdad? Nos seguimos preguntando nosotros: pregunta sin respuesta donde las haya.

 Cristo y Pilatos: ¿Qué es la verdad? (Nikolai Nikolaevich Ge, 1898)

Si desnudamos la pregunta, al final sólo nos queda el qué, el quid de la cuestión, que lo pone todo en tela de juicio. Al final nos queda la pregunta desnuda que se hacía Sócrates: τί ἐστιν; (¿Qué es…?) 

Malamente podía preguntarse un griego por la verdad, como sin embargo hacía Pilatos, porque para un griego la verdad es a-létheia, un des-cubrimiento, un des-velo, es decir, el acto de quitar el velo que cubre algo, la verdad para un griego es un término que se define no por lo que es, sino por lo que no es, y desde luego no es la realidad. entretejida de apariencias como está: no es lo que parece. 

No hay, pues, más verdad que el descubrimiento de la mentira de la realidad que se nos impone matemáticamente desde arriba y no es verdad. La única verdad que nos hace libres es el descubrimiento, apocalipsis o revelación de la mentira que nos constituye. Veritas uos liberabit.

lunes, 26 de febrero de 2018

El asalto al cielo

Asalto al  cielo es una expresión calcada del alemán  Angriff auf den Himmel, que utilizó el venerable Karl Marx en un escrito y que se generalizó como sinónimo de toma del poder por parte de la clase obrera. El cielo es, pues, para los marxistas sinónimo del gobierno y el poder, de la supraestructura que se impone a lo de abajo, como para los cristianos lo había sido de la vida eterna.

 

La expresión la había popularizado antes el poeta Hölderlin (1770-1843) y hecho famosa en el romanticismo alemán, de donde la tomaría Marx. Y de ahí, entre nosotros, le ha llegado a Pablo Iglesias, no al histórico fundador del PSOE y de la UGT, sino al homónimo jefe de Podemos, que pretende asaltar los cielos democráticamente, a través de la victoria en las urnas. Así cerró la alocución a sus fieles en Vista Alegre en 2014: “El cielo no se toma por consenso: se toma por asalto”, una arenga que había abierto diciendo: “Hoy empieza a nacer una organización política que está aquí para ganar y para formar gobierno”. 

¿Qué hay detrás del asalto a los cielos de Hölderlin? Hay una referencia a la titanomaquia de la mitología griega, la guerra que sostuvieron los dioses del Olimpo capitaneados por Zeus contra los Titanes, a los que destronaron. Un titán Crono había derrocado a su propio padre, Urano, dios del cielo y señor del universo, al que castró, apoderándose de su trono y liberando a sus hermanos los Titanes, que habían sido encerrados en el Tártaro bajo el reinado de Urano. 

El hijo, dirá Sigmund Freud, está abocado a matar al padre, con una metáfora que expresa el momento en que este madura y aspira a convertirse en su propio padre, para lo que le estorba la figura paterna real, contra la que se rebela, y que acaba paradójicamente asumiendo y encarnando.

 

El propio Urano, que es el nombre del cielo en la lengua de Homero, profetizó por su parte que los hijos de Crono se rebelarían contra su gobierno igual que habían hecho él y sus hermanos contra su padre. Por eso Crono, supersticioso y temeroso de que la historia se repitiera, devoraba a sus propios hijos recién nacidos, hasta que se le escamoteó uno, Zeus, milagrosamente, que se salvó y capitaneó la rebelión contra el Padre, cumpliéndose la profecía del asalto a los cielos para que todo cambiara de forma que pudiera seguir igual. 

Pero oigamos, si somos capaces de oírlo, y si no, leamos al menos, lo que dice el poeta alemán en su novela Hiperión sobre lo que iba a encontrar uno en el cielo después del asalto: ¡Pero, cálmate corazón! ¡Estás desperdiciando tus últimas fuerzas! ¿Tus últimas fuerzas? ¿Y tú, tú quieres asaltar el cielo? Pues, ¿dónde están tus cien brazos, Titán, dónde tu Pelión y tu Osa, tus escalas para asaltar el castillo del padre de los dioses, para que subas y derribes al dios mismo y la mesa de los dioses y todas las cumbres inmortales del Olimpo, y prediques a los mortales: “¡Quedaos abajo, hijos del instante, no os esforcéis por subir a estas alturas, porque aquí arriba no hay nada!” (Traducción de Jesús Munárriz en Ediciones Hiperión, Madrid).

Hiperión, el héroe de Hölderlin, no nos exhorta a asaltar el cielo, es decir, a tomar el Poder, sino, por el contrario, a desistir de ese estúpido empeño. No hay que intentar derrocar a los dioses del Olimpo que están en las alturas, porque no es verdad que haya dioses ni trono ni cetro de monarquía, porque allá arriba, in excelsis, no hay absolutamente nada que conquistar: el cielo está vacío. No hay Dios ni dioses que nos valgan.

Hay que alcanzar el cielo, se dijo un buen día Ícaro, y ya sabemos cómo acabó la historia...


El lamento de Ícaro, Herbert Draper (1898)

domingo, 25 de febrero de 2018

Economía política

Seguimos hablando en griego en la forma dialectal gringa, aunque no seamos conscientes de ello,  como demuestran estas cuatro palabras ya internacionales: crisis, economía, política, sistema.


sábado, 24 de febrero de 2018

Encuesta a las cohortes de 4º de Educación Secundaria Obligatoria (ESO)

Si desde el Gobierno, a través del Ministerio correspondiente, se fomentase una campaña de instalación de una apepé consistente en un microchip intercutáneo o más propiamente subcutáneo (del latín sub “bajo” y cutis “piel”),  consistente en una pequeña cápsula de cristal especial del tamaño de un minúsculo grano de arroz -no temas, el procedimiento es inocuo e indoloro, te la meten sin que te enteres-, que contiene un transpondedor (mejor sería traspondedor, pese a la Academia,  que así adapta el anglicismo que es el nombre de un “aparato que emite una señal en una frecuencia determinada cuando lo estimula otra señal externa apropiada”) con un código único que permite tu identificación y seguimiento, no con el objeto de controlarte y vigilar tus pasos como pudiera parecer a primera vista sino de poder conocer tu ubicación exacta e inmediata en un posible caso de urgencia y necesidad, velando en caso de extravío o secuestro por tu seguridad personal e integridad física, que se vería así monitorizada y garantizada, tú ¿qué harías?


 

A) Accedería gustoso/a al implante.

B) Rechazaría la aplicación.

En cualquier caso, que no cunda el pánico, no te preocupes. El Gobierno no va a pedirte semejante cosa. No necesita pedírtela, dado que la inmensa mayoría de vosotros, por no decir todos, ya se lo procuráis gustosamente sin ser conscientes de ello, cuando usáis el último modelo de lo que en España llamamos móvil y en ámbitos ultramarinos del español contemporáneo celular, y no os dais cuenta de que él os usa a vosotros, sus supuestos usuarios, y no voy a decir que os manipula, que es palabra muy culta que a lo mejor algunos no entienden, sino que os maneja, que es voz más llana y castellana, a vosotros, cuando vosotros creéis que lo estáis manejando a él con vuestros rápidos dedos, y pagáis encima por ello unas mensualidades, y no me digáis que no, porque si no cotizáis vosotros por la servidumbre lo hacen vuestros padres y/o tutores legales, de forma que el Gran Hermano -y no estoy hablando de un programa de televisión, sino del Gobierno, y no precisamente del actual, que es un títere, sino del de verdad que está detrás de ese y mueve los hilos-, el Gobierno, digo, controla ya vuestra identidad, sabiendo en todo momento dónde estáis y qué hacéis, procesando vuestras conversaciones, vuestras fotos, vuestros vídeos, la ingenuidad de vuestra adolescencia constreñida en ciento cuarenta caracteres... todo lo que subís ingenuamente a la Red de pescar incautos.

Las redes sociales te buscan a ti, no eres tú el que vas a buscarlas a ellas, esclavizado a tu propio perfil, subordinado a la imagen que debes ofrecer a tus numerosos seguidores, o followers en la lengua del Imperio, que es la que te hacen estudiar para que aprendas, y la que hablas,  para que te ofrezcan sus “likes” y para que puedas sentirte querido virtualmente por la máquina.

Lo peor es que a lo mejor tú crees que lo controlas, y es el aparato el que te controla a ti porque no es ya un apéndice tuyo, un adminículo, digamos, o un juguete inocente, sino que eres tú mismo, es tu propia alma esclavizada: dependes de él, lo necesitas tanto como él te necesita a ti, por eso no puedes vivir sin él.

jueves, 22 de febrero de 2018

In taberna quando sumus

Uno de los cánticos tabernarios más famosos europeos de la Edad Media es este In taberna quando sumus de los Carmina Burana o canciones de la abadía de Beuern (Alemania). Os presento la letra original en octosílabos latinos con rima asonante y pareada, y su versión española en igual verso y rima. La traducción no puede ser muy literal, habida cuenta de la servidumbre de rima y ritmo, pero tampoco le hace demasiada traición al original dado que conserva sus caracteríticas métricas que la hacen idónea para el canto. 


Hay muchas versiones modernas, además de la ya clásica de Karl Orff. Algunas como la del grupo checo Gothien o la de Artefactum son bastante puristas, con instrumentos medievales. (Os incluyo al final el videoclip de Artefactum, notable además de por la versión musical por las imágenes que lo ilustran). Otras versiones introducen además instrumentos más modernos, como Corvus Corax, Stille Volk, o Wolfmare... 

A mí, particualrmente, la que más me gusta es esta última de Wolfmare, un grupo ruso de San Petersburgo que hace  una mezcla (explosiva) de música folk de temática pagana arropada por una envoltura roquera bastante metálica. A su favor hay que decir que pronuncian bastante bien el latín, y que se entiende bastante bien por lo tanto la letra.   Espero que os guste a todos en general, y sobre todo a los más metaleros. 


El triunfo de Baco o "Los borrachos" de Velázquez (1628 y 1629)



In taberna quando sumus               Cuando en la taberna estamos,
non curamus quid sit humus,         en la fosa no pensamos,
sed ad ludum properamus,             que en el juego nos volcamos
cui semper insudamus.                   y por él siempre sudamos.
Quid agatur in taberna,                  Qué sucede  en la taberna
ubi nummus est pincerna,              donde el dinero gobierna
hoc est opus ut queratur,                 es  preciso investigarlo
si quid loquar, audiatur                   y lo que digo escucharlo.

Quidam ludunt, quidam bibunt,       Unos juegan, beben otros,
quidam indiscrete vivunt.                en desorden viven otros.
Sed in ludo qui morantur,                Los que juegan a los dados
ex his quidam denudantur               quedan unos desplumados,
quidam ibi vestiuntur,                      son allí otros revestidos,
quidam saccis induuntur.                 y en sacos otros  metidos.
Ibi nullus timet mortem                   Nadie teme allí a la muerte,
sed pro Baccho mittunt sortem        mas por Baco tientan suerte

Primo pro nummata vini,                 Por quien paga bebe el vino
ex hac bibunt libertini;                     lo primero el libertino;
semel bibunt pro captivis,                una vez por los cautivos;
post hec bibunt ter pro vivis,           y tres veces por los vivos;
quater pro Christianis cunctis,         cuatro, por cristianos juntos;
quinquies pro fidelibus defunctis,    cinco, por  fieles difuntos;
sexies pro sororibus vanis,              seis, por  las damas gentiles;
septies pro militibus silvanis.           siete, por soldados viles

Octies pro fratribus perversis,          Ocho por frailes perversos,
nonies pro monachis dispersis,         nueve, por monjes dispersos;
decies pro navigantibus,                   diez veces, por mareantes;
 undecies pro discordantibus,           once, por los discrepantes;
duodecies pro penitentibus,              doce, por los capuchinos;
tredecies pro iter agentibus.              trece, por los peregrinos;
Tam pro papa quam pro rege            Por el papa y  por el rey
bibunt omnes sine lege.                    beben todos ya sin ley.

Bibit hera, bibit herus                       Beben dama y  caballero,
bibit miles, bibit clerus,                    y el soldado, bebe el clero,
bibit ille, bibit illa,                            bebe aquel y bebe aquella,
bibit servus, cum ancilla,                  bebe siervo con doncella,
bibit velox, bibit piger,                     bebe el raudo, bebe el tardo,
bibit albus, bibit niger,                      bebe el blanco, bebe el pardo,
bibit constants, bibit vagus,              bebe el presto , bebe el vago,
bibit rudis, bibit magus.                    bebe el rudo, bebe el mago.

Bibit pauper et egrotus,                    Bebe el pobre y el quebrado,
bibit exul et ignotus,                         y el proscrito e ignorado,
bibit puer, bibit canus,                      bebe el chico y el anciano,
bibit presul et decanus,                     y el obispo y el decano,
bibit soror, bibit frater,                     beben monjas y compadres,
bibit anus, bibit mater,                      beben viejas, beben madres,
bibit ista, bibit ille                            bebe  aquesta, bebe aquél,
bibunt centum, bibunt mille.              beben cien,  mil en tropel.

Parum sexcente nummate                Seiscientas monedas poco
durant, cum immoderate                  duran, cuando con descoco
bibunt omnes sine meta                    a tope todos abrevan.
quamvis bibant mente leta.               aunque alegremente beban.
Sic nos rodunt omnes gentes,           Mal nos juzgan ya las gentes,
et sic erimus egentes.                        seremos así indigentes.
Qui nos rodunt confundantur            Los que juzgan se censuren 

et cum iustis non scribantur(1)         y en los justos no figuren.
  
(1) et cum iustis non scribantur. Es un eco del salmo 68, 29 de la Vulgata,  que dice:   deleantur de libro viventium et cum iustis non scribantur «Que sean borrados de libro de la vida y no sean inscritos con los justos » 
 



He aquí la versión, más purista,  del grupo español de música medieval Artefactum:


martes, 20 de febrero de 2018

De la Vida de Esopo

Leyendo la anónima Vida de Esopo en edición bilingüe y traducción de Manuel González Suárez (Ediciones Clásicas, Madrid, 2011) me encuentro con uno de esos raros ejemplos que se conservan y que contienen algún asomo de lo que podría denominarse “literatura popular”.

Así se describe al comienzo de la novelita al protagonista, un esclavo inteligente: (Esopo)... era de mal aspecto hasta decir basta, cabezón, cuellicorto, de nariz respingona, negro, bigotudo, barrigudo, bracicorto, contrahecho, encorvado, un puro desastre. Él mismo se encarga de replicar a los que le dicen que es tremendamente feo y repelente: Hay que mirar a la inteligencia, y no al aspecto. No se trata de decir la simpleza de que hay que fijarse en la belleza interior y no en la exterior, que no cuestiona para nada el concepto mismo de belleza, sino que viene a decir la voz del pueblo que no debemos juzgar a nadie por las apariencias, o, más sencillo todavía, que no debemos juzgar a nadie.



Esopo hecho prisionero, ilustración de Francis Barlow 

Resulta también bastante significativo cómo responde nuestro protagonista a la pregunta sobre su lugar de nacimiento y su patria de origen, cuando el que va a ser su amo, Janto, le pregunta que dónde ha nacido, porque aquí hallamos otro atisbo de esa voz popular que reniega de todas las patrias grandes y chicas: En el vientre de mi madre. Janto vuelve a formularle insistente la pregunta: No te pregunto eso, sino en qué sitio has nacido. Y Esopo le contesta, evitando cuidadosamente decir el nombre propio del lugar de nacimiento: Mi madre no me notificó si fue en una alcoba o en un triclinio. Resulta gracioso cómo sortea la pregunta con sus respuestas,  dando a entender lo poco que importa para la gente del común el lugar de nacimiento, lo que recuerda de alguna manera al cosmopolitismo de Diógenes y los cínicos, quienes al declararse ciudadanos del universo mundial reniegan de la idea de patria o, como diríamos hoy, de la denominación de origen particular.
 
Según la leyenda, el rey Erictonio, si no fue su hijo Erecteo, uno de los primeros reyes de Atenas, había nacido de la tierra, y era por lo tanto autóctono, hijo de la pasión del dios Hefesto por la diosa Atenea, a la que intentó violar, eyaculando sobre sus muslos. La virgen, asqueada, limpió su esperma de sus piernas con un paño de lana, que arrojó al suelo. La tierra, fecundada por el semen, dio nacimiento a un niño que se llamaría Erictonio, nombre parlante que significa precisamente relacionado con la lana soterrada (ἔρι es lana y χθόνιος enterrado). No sólo era este rey oriundo del Ática, sino que además era de alguna manera la figura principal del mito de la autoctonía, cuya representación ideológica fue fundamental en la constitución del régimen democrático e imperialista de Atenas, que legitimaba su superioridad, y en la creación del patriotismo ateniense y de todos los  nacionalismos posteriores, que excluyen a los metecos y llegan a calificarlos de alóctonos o nacidos fuera de la tierra que pisan y en la que se encuentran, creando el moderno concepto de extranjería, contra el que se rebela siempre que puede la razón del pueblo. 

 
 Esopo aconsejando a su hijo Eno, ilustración de Francis Barlow.

Entre los muchos consejos que da Esopo a su hijo Eno, que acabó suicidándose avergonzado por haberse “comportado inicuamente” con su padre, destaco este que también me parece que es expresión de la voz popular y de la razón común, en contra del concepto de extranjero y de la xenofobia: Hospeda a los extranjeros y hónralos, no sea que algún día tú también seas un extranjero.

 
 Esopo y Janto en las termas, ilustración de Francis Barlow

Hay otra anécdota que recuerda a Diógenes, cuando Janto le pregunta a Esopo si había mucha gente en las termas, y este responde que sólo había visto a una persona... Ante lo cual su dueño se anima y decide ir a darse un baño entre tan escasa concurrencia. ¿Cuál no sería su sorpresa cuando llegó y comprobó que las termas estaban abarrotadas de gente y no cabía ni un alma más? Le pidió explicaciones a su esclavo Esopo, y este le dijo que había una piedra a la entrada en la que todos tropezaban y maldecían al que la había puesto allí, pero sólo una persona la había quitado de en medio y entrado a bañarse.

Los samios exclaman algo que es la voz del anhelo del pueblo, que es su amor por la libertad: ¡Libres como somos, no vamos a convertirnos en esclavos!

domingo, 18 de febrero de 2018

Apolo y las Musas, según Mingote

Así representó nuestro genial dibujante Antonio Mingote (2002) a Apolo y las Musas en esta amable y risueña litografía en ocho colores que evoca el mundo clásico. 

Tanto Apolo como las nueve Musas están cuidadosamente caracterizados. Hijas todas ellas de Zeus y de Mnemósine, es decir, de Júpiter y de la Memoria, las nueve hermanas representan tradicionalmente las artes temporales, rítmicas o musicales (de su nombre de Musas nos vienen nuestros museos y nuestra música, como arte por antonomasia de las musas), es decir,  las artes que nosotros percibimos básicamente a través del oído. 

Las artes espaciales que percibimos a través de la vista, es decir, las Bellas Artes: Arquitectura, Escultura y Pintura, recluidas cuando no secuestradas en los museos,  carecen de musas propiamente asignadas.

En la cumbre de lo que podría ser el monte Parnaso vemos al rubio dios Apolo tocando el arpa, o la cítara, y presidiendo el coro de las nueve hermanas canónicas en su calidad de Apolo Musageta o conductor de Musas como pastor a cargo de un rebaño; a la derecha y en actitud dramática a Melpómene, Musa melódica de la tragedia que nos hace llorar con sus trenos; a la izquierda, a Terpsícore, en actitud de prima ballerina, como Musa de la danza que nos deleita con sus coreografías y bailes; más a la izquierda, con un reloj de arena y contemplando el universo, a la Musa de la astronomía, la célica Urania; en lugar intermedio y debajo de las anteriores, distinguimos, por la izquierda a Érato tañendo la lira, Musa de la poesía amatoria y lírica (lírica deriva  de lira, es decir, del acompañamiento musical que se hacía de los versos cantados con dicho instrumento); en el centro, con máscara cómica y actitud risueña, a  Talía, la Musa festiva y jocosa de la comedia; a su derecha y en actitud pensativa y declamativa a la Musa de la oratoria Polimnia, la de los muchos himnos, y por último, en la falda del monte, de izquierda a derecha, distinguimos a Euterpe, Musa sonora de la música, soplando un instrumento de viento; a Clío, la Musa gloriosa de la historia, leyendo un gran libro -por aquello, tal vez, de que la historia comienza con la invención de la escritura y el registro escrito de los hechos- y, finalmente, a Calíope, Musa grandilocuente de la épica, con una heroica espada.

Se puede, si se quiere, hacer un estudio de la literatura clásica greco-latina y sus géneros literarios partiendo de las Musas: ya se ha dicho que todas ellas son hijas de la Memoria y representan las artes rítmicas que percibimos básicamente por el oído. En su conjunto las nueve hermanas presiden tres artes básicamente: la Música (Euterpe), la Danza (Terpsícore) y la Literatura cuando todavía no se había convertido en documento escrito, sino que nacía y vivía en la tradición oral (las siete restantes).

Si atendemos ahora a la división de la literatura en cuanto a las diferentes formas de utilización del lenguaje, tenemos que decir que todos los géneros literarios hacen un uso rítmico del lenguaje verbal (hemos descartado ya el lenguaje corporal y gestual de la danza y la mímica, y el lenguaje musical). Sin embargo, unos géneros literarios, los más antiguos, tienen "metro", es decir, "medida", o sea el verso, y otros tienen ritmo, sí, pero no "medida", que serían los géneros prosaicos, ya que la prosa es mucho más reciente y está íntimamente relacionada con la fijación escrita.

Literatura en verso: Distinguimos básicamente:  poesía lírica (Érato), poesía épica (Calíope) y poesía dramática, con sus dos subgéneros: tragedia (Melpómene) y comedia (Talía).

Literatura en prosa: La distinción es aquí menos clara,  y brilla por su ausencia el género literario prosaico moderno por excelencia, la novela, que griegos y romanos descubrieron tardíamente y practicaron poco; contamos con excelentes pero escasas novelas como El Satiricón de Petronio, El Asno de Oro de Apuleyo, o, entre las griegas, Dafnis y Cloe, de Longo, por ejemplo.    El género literario narrativo prosaico equivalente a nuestra novela sería la historiografía, representado por Clío. Otro género literario prosaico sería la oratoria (Polimnia), de vital importancia en el mundo antiguo,  hasta el punto de que sería algo inaudito ver a un Demóstenes o a un Cicerón leyendo un discurso escrito. Nunca se lo hubieran permitido. De hecho, muchos de sus discursos, que ahora podemos leer, fueron escritos después de ser pronunciados en el foro o ante los tribunales. La Musa menos especializada de todas, a la hora de atribuirle la presidencia de un género literario, sería Urania, que podríamos considerar la Musa de la ciencia o de la filosofía, o incluso, de la poesía didáctica.


La ilustración de Mingote de Apolo y las Musas está tomada de aquí.

viernes, 16 de febrero de 2018

Una cita espuria

En la Red no sólo abundan las llamadas noticias falsas, fake news en la lengua del Imperio, sino también muchas citas de índole literaria o filosófica que se atribuyen erróneamente a autores de renombre para darles un aura de magisterio dogmático basándose en el argumento de autoridad o del prestigio del “magister dixit”, es decir, que como lo ha dicho un maestro es indiscutible. He recibido una de estas fake quotes en mi correo electrónico. 



Se trata de una imagen de Séneca con la frase espuria: “La religión es considerada por la gente común como verdadera, por los sabios como falsa y por los gobernantes como útil”, atribuida al propio Lucio Anneo Séneca. Buscando en la obra del filósofo cordobés la frase supuestamente original, no la he encontrado por ninguna parte. Sí que he hallado su versión inglesa: Religion is regarded by the common people as true, by the wise as false, and by rulers as useful. 


No se trata de una sentencia de Séneca. Alguien se la ha endilgado para darle la rimbombancia de un nombre propio a lo que dice, que, por otra parte, no está mal traído. Es una lástima, no tanto por la falsificación que supone, que es un atentado contra la propiedad intelectual, sino porque para que lo que dice sea razonable o no lo sea, tenga valor o no lo tenga, sea o no sea inteligible e inteligente, no necesitamos adscribírselo al magisterio de ningún filósofo como Séneca, cuya efectiva popularidad está tan arraigada en la memoria colectiva del pueblo español que para muchos su nombre propio es sinónimo de sabio, y el diccionario de la Academia se ha visto obligado a recoger la siguiente acepción de séneca(con minúscula)"hombre de mucha sabiduría", especificando que es una alusión al filósofo nacido en Córdoba en torno al año 4 y muerto en el 65 en Roma. 

 

Y, al margen de quien haya dicho esa frase, es bastante razonable como reflexión sobre el papel que ha desempeñado la religión a lo largo de la historia de la humanidad, aunque quizá se haya perdido la vigencia de su actualidad en el mundo occidental. 

Hay quien ha atribuido la frase a Lucrecio, pero Lucrecio no dijo eso, sino algo mucho más contundente, ya que acusó a la propia religión de impiedad en un célebre hexámetro antes de narrar el sacrificio de Ifigenia: religio peperit scelerosa atque impia facta (De rerum natura, I, 83): La religión cometió criminales y crueles acciones.

Sí que parece, sin embargo, que algo similar a la presunta frase de Séneca dijo el historiador inglés Edward Gibbon (1737-1794), reflexionando sobre la historia romana en época de los antoninos, en su monumental Historia de la decadencia y ruina del imperio romano: La traducción que manejo, algo anticuada como se verá por su ortografía,  es la de don José Mor de Fuentes, publicada en Barcelona en 1842, que dice literalmente: “Conceptuábanse los varios cultos que abarcaban tan anchuroso señorío igualmente ciertos por el pueblo, falsos por el filósofo y útiles por el majistrado(sic), produciendo la tolerancia no solo condescendencia mutua sino concordia relijiosa(sic)”. 

   Retrato de Edward Gibbon, J. Reynolds (1723-1782)

 
En la lengua del Imperio en que fue escrita la obra de Gibbon se dice literalmente: The various modes of worship, which prevailed in the Roman world, were all considered by the people, as equally true; by the philosopher, as equally false; and by the magistrate, as equally useful. And thus toleration produced not only mutual indulgence, but even religious concord. (Edward Gibbon, 1776, The Decline and Fall of the Roman Empire, capítulo II: The Internal Prosperity In The Age Of The Antonines).



La frase se ha vulgarizado, simplificado y popularizado atribuyéndosela por lo general a Séneca de diversos modos:
-La religión es algo verdadero para pobres, falso para sabios, y útil para dirigentes. 
-La religión es verdad para la gente común, falsa para los sabios y útil para los poderosos.
-La religión es considerada (o vista) por la gente común (people, decía Gibbon)  como verdadera (o cierta), por los sabios (philosopher) como falsa y por los gobernantes (magistrate) como útil.





La cita de Gibbon puede extrapolarse efectivamente y sacarse del contexto de la obra y época en que la escribió el historiador, aplicándola no ya a los various modes of worship de la religión, desprestigiada como está desde que Karl Marx estableciera por lo menos la bellísima metáfora de la religión como opiáceo (das Opium des Volks, el opio del pueblo), sino a la propia realidad y a la ciencia que la justifica que, necesitada de nuestra fe para sustentarse, es creída a pies juntillas por la inmensa mayoría democrática de la población como verdadera, sólo denunciada por aquellos intelectuales o no intelectuales, muy pocos a la sazón, que anteponen la razón común a la fe generalizada y ven la falsedad de sus mentiras, y aprovechada efectivamente por los que mandan para engañar a través de los medios a su alcance de masificación y creación de la opinión pública a los contribuyentes y votantes, es decir, a la ciudadanía, predicando que así son las cosas, que la Realidad es lo que hay y que no hay más que eso.
  

miércoles, 14 de febrero de 2018

De la soledad del corredor de larga distancia

El running (así, en inglés: gerundio del verbo to run: correr) es una metáfora perfecta de la vida en nuestro entorno urbano, y un reflejo del escapismo e individualismo posmoderno. El runner, que es aquel que practica el running, no es alguien que sale simplemente a correr, como se decía antes de la explosión de la práctica urbana de este deporte, sino un emprendedor con toda la parafernalia comercial y la panoplia que hay detrás aplicadas a esta actividad en principio tan sencilla.

Dice literalmente Luis de la Cruz, que ha escrito un sugerente ensayo titulado Contra el running. Corriendo hasta morir en la ciudad postindustrial (Piedra, papel, libros, Jaén, 2016): “Hoy, la figura del yuppie(1) ha caído en desgracia. Su arrogante estampa se hace ahora detestable, tras la última crisis del capitalismo, pero sus valores continúan dominando incólumes el imaginario del éxito social a través de la figura del emprendedor.” Y añade a continuación: “El emprendedor, instaurado como nuevo héroe social, se hace aceptable a través de sus hábitos progresistas. Muchos de los emprendedores apelan a la Responsabilidad Social Corporativa, ejercen la caridad -al menos acuden a carreras solidarias-, son conscientes de la necesidad de cuidar el planeta y saben construir una imagen pública atractiva, que incluye la comida sofisticada, los espectáculos urbanos y la exhibición de sus avances deportivos.”
  1. Abreviación informal de (Y)oung (U)rban (P)rofessional, o Yup, que se convirtió en yuppie en la década de los ochenta para describir a alguien que es joven, con estudios universitarios, que vive en una ciudad y que tiene un trabajo de alto nivel, como ejecutivo o empresario, y goza por lo tanto de una situación económica privilegiada.

Frente a épocas pasadas en las que se fomentaban los deportes en equipo y el trabajo en grupo, estamos asistiendo ahora al auge del individualismo y al desprestigio de lo colectivo, que se traduce en la práctica solitaria de algunos deportes como la natación, el ciclismo o este que nos ocupa del running, y al apogeo de los gimnasios-fitness con atención personalizada y entrenamientos que se adaptan a los deseos de los usuarios, preocupados, ya que no por la cultura, por el culturismo, que no es lo mismo. Los que acuden al gimnasio no sólo van en busca de mejorar su condición física o recuperarse de alguna dolencia, sino sobre todo a trabajar (en el peor sentido, etimológico y transitivo de este verbo) su cuerpo: potenciar el tono y definición muscular, adelgazar y eliminar grasa, celulitis o flacidez y, en general, ponerse o mantenerse en forma. Algunos monitores prestan una atención tan personalizada que llegan a concertar citas previas con cada uno de sus clientes para atender a sus peculiaridades. Asistimos por todas partes a un sentimiento general de culpabilización de lo feo, lo gordo, lo viejo, considerándolo como un vicio propio que hay que corregir,  del que es responsable el alma que habita el cuerpo, que es su conciencia. Se ha entronizado un nuevo tipo de virtud, cuyo objetivo principal es eso que se ha denominado con rimbombante locución Educación Física, en lugar de humilde gimnasia, que se encarna en el cuerpo joven, delgado y atractivo.

La imagen del runner la vemos por doquier en el parque, en el telediario, en las redes sociales, en anuncios de televisión, en escaparates, en los autobuses, en periódicos y revistas ilustradas. Su silueta se asocia a conceptos tan nobles como el espíritu de superación, la nobleza, el esfuerzo, el éxito, el talento, el desarrollo personal, la consecución de metas y logro de objetivos… lo que ha acabado con el placer de salir uno a correr sin más complicaciones.

Definitivamente, el running está de moda, hasta el punto de que hay en la actualidad en el mercado una oferta desorbitada de todo lo relacionado con este mundillo que responde a una demanda que, a su vez, corresponde al reclamo de la publicidad, lo que hace que se disparen los productos y sus precios. La imagen del runner en el espacio urbano y, más raro, en la naturaleza campo a través, se ha convertido en un símbolo de libertad. Sin embargo, hay otro runner más triste, que es el que corre en la cinta de un gimnasio, y que nos recuerda, lo mismo que el ciclista que pedalea en el velocípedo estático, al hámster enjaulado que hace girar su rueda interminablemente, como si fuera el propio Sísifo acarreando su roca monte arriba que se despeñará al llegar a la cima monte abajo.



Antes podíamos salir a correr con unas zapatillas cualesquiera, una camiseta de algodón y un calzón corto. Sin embargo, ahora, si haces la cuenta, antes de ponerte en marcha habrás invertido ya media hora larga con los preliminares. La publicidad ha creado la necesidad, porque ese es su cometido, de tener que disponer de unas zapatillas especiales para cada tipo de carrera y de unas plantillas para corregir si es preciso la pisada, cada terreno, cada entrenamiento, si se trata de ganar velocidad o resistencia, ropa específica (mallas compresoras, camisetas térmicas de varios colores y materiales, calcetines adecuados) con avances que hasta hace poco ni siquiera podíamos imaginar, un reloj con GPS que mida los ritmos de carrera, la ruta, la frecuencia cardíaca, productos tecnológicos que controlan multitud de parámetros vitales del organismo con el fin de conocer mejor el propio rendimiento físico.... Y es que, nos dice la publicidad, no se puede salir a correr sin más, ahora mismo, con la calor o el frío que hace y sin pulsómetro, o sin escuchar música ni ponerse la sujeción para el móvil, por si pasa algo, y los cascos, y el propio móvil, sin activar el GPS ni programar  la música adecuada para cada sesión, y un demasiado largo etcétera. 

Te dice la publicidad a través de su propaganda: Ahora que eres un runner, ¿qué vas a hacer en pleno invierno? Ya no puedes salir a correr en pantalón corto y camiseta de tirantes como en el tórrido verano. Las temperaturas bajan a mínimos. Y todavía la publicidad te da más ideas, por si fueran pocas las que nos meten en la cabeza: Al igual que nos ponemos mallas largas para proteger las piernas, camisetas térmicas, calcetines de invierno, gorros, bragas para el cuello y todo tipo de apepés para resguardarnos del frío, ¿qué les pasa a tus manos? Sufren, como es natural. ¿Cómo evitarlo? No vas a dejar el running por esa nimiedad ni vas a correr con las manos en los bolsillos para que no se te congelen... Para proteger tus manos puedes recurrir, además de a cremas a los guantes, pero no a unos guantes cualesquiera, por supuesto, sino a unos específicos para correr, guantes running diseñados ad hoc contra el frío con los que librarnos de los molestos picores, grietas e inflamación de los molestos sabañones entre los dedos de las manos. Pero la cosa no es tan sencilla, porque no hay un solo modelo exclusivo de guantes para correr. Cada marca de textil deportivo exhibe su catálogo propio,  y algunas recomiendan guantes ligeros para temperaturas frescas que no llegan a ser glaciales, térmicos con protección contra las temperaturas de menos cero grados y el viento helados, y, por último, extremos, indicados para condiciones realmente gélidas, por ejemplo para la alta montaña en días de crudo invierno y nieve.


No se olvide, además, last but not least, la creciente y apabullante literatura de manuales de autoayuda, motivación, autoestima y superación personal, y los libros que hay sobre "estrategias para maximizar su entrenamiento en su cinta de correr", por ejemplo, o las guías paulatinas para quemar calorías y luchar contra la obesidad y el aburrimiento que supone dedicarse con empeño a una cosa así.


Estas consideraciones a las que me han llevado las reflexiones de Luis de la Cruz me han traído a la memoria la película de Tony Richardson The loneliness of the long distance runner (1962) (traducida como La soledad del corredor de fondo), basada en la espléndida novela corta y guión de Alan Sillitoe, que habla de un corredor que corre por el placer de correr, cosa que hoy ya no hace nadie, y  que narra en primera persona las vicisitudes de Colin Smith, recluido en un reformatorio juvenil por haber perpetrado un robo, y que, gracias a sus cualidades como atleta, se encuentra ante el dilema del éxito como héroe deportivo (ganar una importante carrera) y la soledad del corredor de fondo. Con estas palabras empieza la película: Correr siempre ha sido muy importante para mi familia, sobre todo para escapar de la policía. Lo único que sé es que tienes que correr, correr sin saber por qué, por los campos y los bosques. Correr sabiendo que una meta no es el final, aunque haya una multitud vitoreándote. Esa es la soledad del corredor de fondo”. 

domingo, 11 de febrero de 2018

Psicompompos y psicagogos a gogó


Psicopompo es epíteto del dios Hermes en calidad de guía de las almas en su último viaje al pudridero de los infiernos, y también del barquero Caronte, que hace la última travesía de las ánimas de los difuntos previo pago de un óbolo. Este helenismo está fraguado con la palabra “psico” (alma o, si se prefiere un término más aséptico: mente) y “pompo”, que significa conductor, guía, compañero de viaje.


El mar del Aqueronte y Hermes psicompompo, Adolf Hiremy-Hirschl (1898)

Tanto Hermes como Caronte serán nuestros psicopompos cuando llegue la hora de abandonar este mundo. Dejémosles, pues, el epíteto a ellos, y resucitemos otro muy similar para nuestro propósito sin esas fúnebres connotaciones en principio, aunque al fin y a la postre va a resultar lo mismo que el otro como espero que se vea más adelante,  a fin de englobar a psicoanalistas, psicólogos y psiquiatras; todos ellos pueden ser definidos con el helenismo que propongo: psicagogos.


 La Barca de Caronte, José Benlliure y Gil (1919)

Este palabro es de impecable hechura helénica y está fabricado a imagen y semejanza de pedagogos y demagogos, con el término “agogo”, que también significa que conduce, que guía, que lleva,  manipuladores como son estos profesionales de lo que conservamos del niño (pedo-) y del pueblo (demo-) respectivamente, es decir de aquello que hemos sido y acaso seguimos siendo en el fondo de nuestro corazón. En el mundo antiguo, un psicagogo era también un mago evocador de las almas de los muertos. Además de este significado espiritista, la “agogía” conlleva otras varias connotaciones, además de la idea de conducción, como la dirección de un caballo, de un ejército, de los asuntos públicos, del espíritu y de la educación.

La agogía, pues, es la conducción del pueblo, del niño o de nuestra mente hacia una meta preestablecida: el gobierno, en el caso del pueblo, la edad adulta, en el caso del niño, y la normalidad y aceptación de la realidad o conformación con lo establecido en el caso de la psicagogía.


 Hermes psicompo

La agogé espartana se caracterizaba por su obligatoriedad, y porque estaba controlada por el Estado, es decir, por su carácter público y no privado, como nuestra educación primaria y secundaria. En los tres casos se trata de una dominación del pueblo, del niño y de la mente o alma del individuo: eso es lo que tienen en común, la muerte, en suma de lo que acaso estaba vivo debajo de las palabras "pueblo", "niño" y "alma" o "mente".

En efecto, el pedagogo -el más ilustre, el único: Herodes, según Machado- se dedica a conducir al niño hacia la madurez, para insertarlo así en la sociedad y hacerlo pasar por el aro cual fierecilla domada, a fin de convertirlo en un niño muerto. El demagogo, por su parte, es el encargado de guiar al pueblo, de manejarlo, de llevarlo por el mal camino. No en vano los políticos de uno y otro signo suelen echarse en cara unos a otros que son unos demagogos. Y tienen razón: la política no es más que demagogia justificada como democracia, manipulación del pueblo, conversión de la gente en contribuyentes y votantes en el mejor de los casos, ciudadanos y no súbditos, olvidando que es la misma cosa con distinto nombre, muerte del pueblo de la gente viva en definitiva. Hace poco leíamos en la prensa que un político acusaba a otro de ser "la voz de su amo". Y es verdad. Como también es verdad que es lo mismo el político acusador que el acusado. 


 El paso de la laguna Estigia, Joachim Patinir (h. 1520)

Pues bien, junto a los pedagogos y demagogos, que nos manipulan en el ámbito público -educación obligatoria y sumisión política-, tenemos en el ámbito de nuestra vida privada a los psicagogos, que cobran sus emolumentos por manipular nuestra psique cuando se nos presenta algún trastorno de salud mental a través del psicoanálisis, las diversas estrategias psicoterapéuticas o los fármacos en último extremo, tratando de solucionar "nuestro" problema. 

La función, en efecto, de los psicagogos es que nos adaptemos a la realidad, al principio de realidad, a que las cosas son como son, y que debemos aceptarlas tal y como son porque no pueden cambiarse a nuestro antojo y por capricho. Los psicagogos nos engañan tratando de convencernos de que lo que es a todas luces un problema social y político es en realidad “nuestro” problema individual, personal, particular, psíquico, por eso necesitan guiar nuestra psique hacia la aceptación de que las cosas son como son y no pueden ser de otra manera. Camuflan así un problema social en psicológico, culpabilizándonos o responsabilizándonos, si se prefiere un término más laico y con menos connotaciones religiosas, a nosotros mismos, y convirtiéndonos en almas muertas, matando lo que de vivo quedaba en ellas al calificarlo de "enfermedad mental" en el mejor de los casos o, en el peor, de  locura.

viernes, 9 de febrero de 2018

Cuestión de vida y muerte

¿Quién sabe si esta vida no es estar ya muerto,
 y la muerte estar viviendo?
τίς δ’ οἶδεν, εἰ τὸ ζῆν μέν ἐστι κατθανεῖν, 
 τὸ κατθανεῖν δὲ ζῆν;
Eurípides fragmento 638



 Fotograma de Los otros (Alejandro Amenábar, 2001)


Viñeta de Miguel Brieva.

miércoles, 7 de febrero de 2018

El asno y la lira


Asinus iacentem uidit in prato lyram. 
Accessit et temptauit chordas ungula;
sonuere tactae. -“Bella res; sed, mehercules,
male cessit”, inquit, “artis quia sum nescius. 
Si repperisset aliquis hanc prudentior, 
diuinis aures oblecta(ui)sset cantibus.” 
Sic saepe ingenia calamitate intercidunt.

La fábula latina de Fedro dice así: Un borrico vio una lira que estaba tirada en un prado. Se acercó y tocó sus cuerdas con la pezuña; al tañerlas, resonaron. "Bonita cosa; pero, rediós, me ha salido mal -dijo-, porque soy ignorante del arte. Si se la hubiera encontrado alguien más entendido que yo, habría deleitado nuestros oídos con sus divinas notas." Así a menudo los talentos se malogran por desgracia.

Así recreó nuestro Tomás de Iriarte (1750-1792) la vieja fábula de Fedro en la que se inspiró, haciendo una versión en la que sustituye el instrumento de cuerda que es la lira por el de viento que es la flauta, para crear su famoso burro flautista que tocó la flauta por casualidad:

Esta fabulilla, / salga bien o mal,/ me ha ocurrido ahora / por casualidad.
Cerca de unos prados / que hay en mi lugar / pasaba un borrico / por casualidad. 
Una flauta en ellos / halló, que un zagal / se dejó olvidada / por casualidad. 
Acercóse a olerla / el dicho anima / y dio un resoplido / por casualidad. 
En la flauta el aire / se hubo de colar, / y sonó la flauta / por casualidad. 
-“¡Oh! -dijo el borrico. / ¡Qué bien sé tocar! / ¡Y dirán que es mala / la música asnal!” 
Sin reglas del arte / borriquitos hay / que una vez aciertan / por casualidad.

Haciendo literatura comparada, podemos llegar hasta la siguiente rima de nuestro poeta Gustavo Adolfo Bécquer (1836-1870) que, aunque lírica, puede guardar alguna relación con la vieja fábula de Iriarte y a través de él con la más vieja de Fedro en cuanto al contenido. Ha cambiado el instrumento musical: de la lira de Fedro hemos pasado a la flauta de Iriarte. Bécquer prefiere un instrumento de cuerda, el arpa.

Del salón en el ángulo oscuro, 
de su dueña tal vez olvidada, 
silenciosa y cubierta de polvo, 
veíase el arpa. 

¡Cuánta nota dormía en sus cuerdas, 
como el pájaro duerme en las ramas, 
esperando la mano de nieve
 que sabe arrancarlas! 

¡Ay!, pensé; ¡cuántas veces el genio
 así duerme en el fondo del alma,
 y una voz como Lázaro espera 
que le diga: “Levántate y anda”!

lunes, 5 de febrero de 2018

SINE VERBIS

Quinus, Argentinus iucundus delineator, Mafaldae creator, 
pulchras imagines sine uerbis adumbratas 
quae deliberationem habeant
nobis praebet 
propterea quod cogitationes sine ullis uocabulis fieri quoque possunt. 
Res, igitur, ipsa cum imaginibus pictis sine uerborum necessitate de libertate patet ac ratiocinatione colligitur.


sábado, 3 de febrero de 2018

El rabo del perro de Alcibíades o La estrategia de la distracción

Alcibíades, el niño bonito y mimado de Atenas, que en su juventud destacaba por su belleza entre los efebos, al que desearon por igual hombres y mujeres, centro de atención de todas las miradas, allá por donde pasaba levantaba toda una polvareda de comentarios apasionados sobre su persona. El rico aristócrata sobrino de Periclés y discípulo de Sócrates, que se interesó por él, aunque no consiguió desviarlo de su ambición por el poder, sacaba a pasear por Atenas un magnífico perro, cuya espléndida cola destacaba por su vistosidad, por el que había pagado la astronómica suma de setenta minas, es decir siete mil dracmas de entonces, una cantidad exorbitante, para que todos admiraran el porte sublime del can, acorde con la dignidad de su dueño que hacía de él ostentación. Asociadas ambas imágenes, la del perro y la de su dueño, los atenienses ya no sabían si el animal se parecía al amo o el dueño al perro en una rara y perfecta simbiosis. 

Busto de Alcibíades, museos Capitolinos de Roma.

Cuando el perro ya no era novedad -noticia, diríamos hoy-, acostumbrados como estaban los atenienses al espectáculo de verlo paseando con su dueño por el ágora de Atenas, y se había agotado ya ese tema de conversación, Alcibíades ordenó caprichosa- e inexplicablemente que le amputaran la cola para escándalo de sus compatriotas. Aquello provocó entre amigos y conocidos un aluvión de críticas y comentarios reprobatorios. Nadie entendía excepto él por qué había tomado una decisión tan arbitraria que demostraba, además, crueldad, maltrato animal y mal gusto. 

 Sócrates buscando a Alcibíades en casa de Aspasia, Jean-Léon Gérôme (1861)

Todo el mundo lo criticaba, pero él, muy tranquilo y risueño, comentó a sus más íntimos allegados que, mientras los atenienses hablaban de la amputación del rabo, no reparaban en cosas peores concernientes a su persona que, con esta estrategia de distracción a modo de cortina de humo, lograba pasar desapercibida. Alcibíades no era un don Nadie en la Atenas de Periclés del siglo V, sino, huelga decirlo, un mandatario. Mientras el vulgo hablara del perro, se olvidarían de los asuntos públicos de mayor enjundia y más turbios, asuntos sociales, políticos y económicos de su gobierno. 

Mosaico romano del museo de El Bardo (Túnez)

Los alcibíades de turno, personajes famosos de la política y del star system, se manejan muy bien en la palestra de los medios masivos, incluidas las redes sociales en esa denominación, y controlan muy bien la estrategia de la distracción que inauguró el Alcibíades histórico, haciendo que nuestra atención se desvíe de asuntos más importantes y controvertidos, y se centre en otro foco de interés, como dicen ahora, mera cuestión comercial de puesta en escena política. 



Esta anécdota la refiere Plutarco en su biografía de Alcibíades, incluida en Vidas paralelas, donde dice que teniendo un perro admirable por su tamaño y su porte (ὄντος δὲ κυνὸς αὐτῷ θαυμαστοῦ τὸ μέγεθος καὶ τὸ εἶδος), que había comprado pagando por él a la sazón setenta minas (ὃν ἑβδομήκοντα μνῶν ἐωνημένος ἐτύγχανεν,), le cortó el rabo, que llamaba la atención por lo bellísimo que era (ἀπέκοψε τὴν οὐρὰν πάγκαλον οὖσαν.). Al reprenderle sus compañeros y decirle que todos se metían con él por lo hecho al perro y le vituperaban (ἐπιτιμώντων δὲ τῶν συνήθων καὶ λεγόντων ὅτι πάντες ἐπὶ τῷ κυνὶ δάκνονται καὶ λοιδοροῦσιν αὐτόν,), él, riéndose, “eso es en efecto- les dijo- lo que yo quiero (ἐπιγελάσας, "γίνεται τοίνυν," εἶπεν, "ὃ βούλομαι·); porque quiero que los atenienses hablen de eso, para que no digan de mí algo peor” (βούλομαι γὰρ Ἀθηναίους τοῦτο λαλεῖν, ἵνα μή τι χεῖρον περὶ ἐμοῦ λέγωσι). 

 "Cuidado con el perro"

Hagamos caso del mosaico que había a la entrada de algunas casas señoriales romanas que representaba a un perro y tenía la leyenda de CAVE CANEM “cuidado con el perro”, y procuremos que los perros mediáticos de los hodiernos alcibíades no nos distraigan y desvíen nuestra atención de lo que realmente nos importa.