lunes, 25 de mayo de 2015

Un anglicismo: blog.



El término 'blog' es anglosajón -¿qué no lo es hoy en día?- y proviene de las palabras 'web', que significa red y telaraña en inglés, es decir, la tela que teje en forma de fina retícula la araña, y de 'log', que es la abreviación de la palabra griega “logos”, con sus dos sentidos, de lenguaje y pensamiento. Incluso en un término inglés nos encontramos con una raíz griega.

El término 'weblog' fue acuñado por Jorn Barger a finales de 1997. La abreviación monosilábica 'blog' fue hallada por Peter Merholz quien dividió en 1999 la palabra 'weblog' no como corresponde etimológicamente web-log (algo así como empleo del lenguaje en cuanto escrito en la Red), sino como un verbo cuyo sujeto fuese nosotros, en inglés “we”, y el recién creado verbo “blog”: 'we blog', como si dijéramos: nosotros hacemos blog o blogueamos, es decir, nosotros escribimos conectados a la red para que otros puedan leer y comentar. Un blog, así pues, es una herramienta para la comunicación o puesta en común que permite la participación de los lectores con sus comentarios.

 

La palabra fue adoptada rápidamente como nombre y verbo. Su adaptación al castellano es 'bloguear', que implica tanto editar el 'weblog', como añadir un mensaje en el 'weblog' de alguien. Y de ahí han venido palabras como “blogueros”, que es la castellanización de “blogger” e incluso “blogosfera”, para aludir al mundo redondo –la esfera de Parménides- de los blogs.

Si buscamos una palabra en nuestro acervo lingüístico para reemplazarla tal vez deberíamos acudir, como han sugerido algunos, a la expresión "cuaderno de bitácora", que se define como "libro en que se apunta el rumbo, velocidad, maniobras y demás accidentes de la navegación". La palabra "bitácora", que procede del latín habitacula,  entró en castellano, según Corominas, hacia 1538 para referirse a una "especie de armario inmediato al timón, en el que se pone la brújula o aguja de marear". La propuesta no ha cuajado mucho porque  tiene dos desventajas frente a "blog": una su longitud -cuaderno de bitácora, o simplemente, bitácora son muchas sílabas frente al monosílabo blog-, y otra su arcaísmo.  Aunque es una palabra bonita por su sonoridad, está prácticamente en desuso.

 

Se ha resucitado gracias a internet, me temo que también vía anglosajona, la palabra de origen latino foro (de forum vienen nuestro foro y nuestros forenses, pero también nuestro fuero interno y nuestros desaforados desafueros), que en la antigua Roma designaba a la plaza pública donde se trataban los negocios y el pretor celebraba los juicios -el equivalente al ágora griega- con el sentido de lugar virtual para discutir asuntos de interés donde se puede participar con comentarios y opiniones. 

Lo malo de la mayoría de los foros que se pueden frecuentar en internet es que se han convertido en un cementerio de lugares comunes o tópicos, donde, en vez de discutirse las ideas expuestas en consideración para la crítica destructiva, que es la más constructiva que hay, valga la contradicción, se exhiben en el mejor de los casos opiniones personales sin ningún pudor. Y ya se sabe: quot homines, tot sententiae: hay tantas opiniones como personas.  Cada cual tiene la suya y todas son tan respetables, según dicen, que no nos atrevemos a contradecirlas, cuando no debería ser así. Las ideas, al contrario de las personas que las expresan, no tiene por qué ser respetables, todas están sujetas a la crítica y todas deberían ser pasadas por el tamiz de la duda.


 

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