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jueves, 13 de abril de 2017

HORA CERTA, MORS INCERTA



Quaedam horologia id, quod uerum non est, nobis dicunt: “Mors certa, hora incerta”. Horologium a sensu contrario dicere debet: “Hora certa, mors incerta”. Mors enim, quae nobis ignota manet, incerta est quoniam nullam eiusdem propriam experientiam habemus. Non mortis igitur hora, sed quae hora nunc sit certissima uidetur: ea quam horologium nobis indicat. Itaque non de leti nostri hora, sed de hac ipsa hora quae nunc est loquamur.

Lepizigense Horologium (Germania)

Cicero in opusculo suo De senectute scripsit: “Moriendum enim certe est, et incertum an hoc ipso die”.  Haec uerba,  a M. Tullio Cicerone scripta et a Catone dicta, sunt fortasse origo eius dicti quod in horologio Leipzigensi legitur. Sed nos, obstinati Socratici, quid sit mors quaeramus. Quid est mors? Nescimus. Quaeramus nihilominus quid hora nunc sit. Quid hora iam est? Quam horologium nobis indicat. Sed, ut Vergilius poeta cecinit, "tempus fugit irreparabile", et hora quae tunc erat iam non est. Moriendum ergo an uiuendum est nobis?

viernes, 24 de febrero de 2017

La hora de la siesta

Lewis Mumford, en su ya clásico libro “Técnica y civilización” de 1934, afirmaba , hablando de la invención del reloj mecánico en la Edad Media, que sustituyó con su precisión matemática a los toscos horologios solares y a las clepsidras que usaban griegos y romanos, lo siguiente:

“En todo caso, hacia el siglo XIII existen claros registros de relojes mecánicos, y hacia 1370 Heinrich von Wyck había construido en París un reloj “moderno” bien proyectado. Entretanto habían aparecido los relojes de las torres, y estos relojes nuevos, si bien no tenían hasta el siglo XIV una esfera y una manecilla que transformaran un movimiento del tiempo en un movimiento en el espacio, de todas maneras sonaban las horas. Las nubes que podían paralizar el reloj de sol, el hielo que podía detener el reloj de agua de una noche de invierno, no eran ya obstáculos para medir el tiempo: verano o invierno, de día o de noche, se daba uno cuenta del rítmico sonar del reloj. El instrumento pronto se extendió fuera del monasterio; y el sonido regular de las campanas trajo una nueva regularidad a la vida del trabajador y del comerciante. Las campanas del reloj de la torre casi determinaban la existencia urbana. La medición del tiempo pasó al servicio del tiempo, al recuento del tiempo y al racionamiento del tiempo. Al ocurrir esto, la eternidad dejó poco a poco de servir como medida y foco de las acciones humanas. El reloj, no la máquina de vapor, es la máquina clave de la moderna edad industrial”.


Los romanos dividían el día en doce horas. Dividían así el tiempo en que la luz del Sol iluminaba la Tierra, desde el amanecer hasta el ocaso.  Pero estas doce horas no duraban, como en la actualidad, 60 minutos. De hecho, la precisión actual (60 minutos y 3600 segundos) arranca, según Mumford, de mediados del siglo XIV: "Alrededor de 1345, según Thorndike, la división de las horas en sesenta minutos y de los minutos en sesenta segundos se hizo corriente."


En la antigua Roma no existía esa precisión, y de hecho, las horas no duraban lo mismo en invierno que en verano. Sólo en los equinoccios de primavera y otoño las horas se aproximaban a lo que son las nuestras hoy. Repárese en la palabra equinoccio: está compuesta de "aequus -a -um" que significa igual (de ahí equitativo y ecuación) y de "nox noctis", que queire decir noche


El día comenzaba al amanecer y finalizaba, como es lógico, con la puesta de sol, por lo que un día de verano, pongamos que cerca del solsticio estival, las doce horas de luz durarían, según unos sencillos cálculos matemáticos,  unos 75 minutos, mientras que en invierno durarían solo 45 minutos, por lo que las horas del verano duraban una hora y un cuarto, mientras que las invernales sólo duraban tres cuartos de hora.


Para decir la hora que era usaban el número ordinal, no el cardinal como nosotros, por lo que tenían las siguientes doce horas: prima, secunda, tertia, quarta, quinta, sexta, septima, nona, octava, decima, undecima, duodecima hora.  Entre la hora sexta y la séptima se hallaba el MERIDIES o medio día, palabra compuesta de *MEDIUS DIES, que los ingleses utilizan en acusativo para especificar la hora con las preposiciones latinas ANTE MERIDIEM y POST MERIDIEM. 


La hora SEXTA era la hora de máximo calor, por lo que después de comer había que SESTEAR, es decir, echarse una SIESTA y descansar entregándose a un leve sueño reparador a ser posible al amparo de la furia de los rayos del sol. Era la hora de la SIESTA. En verano en torno al mediodía, dado que amanece muy temprano.


 


Las horas de la noche sólo podrían computarse con relojes de arena o de agua, y su cómputo sólo era necesario con fines militares, por eso la noche se dividía, como creo que suele hacerse ahora todavía en los cuarteles en cuatro períodos de guardias llamados "imaginarias" (uigiliae en Roma, philakaí en Grecia), que durarían aproximadamente unas tres horas en verano.  La MEDIA NOX se producía entre la TERTIA y la QVARTA VIGILIA.


Mumford, un poco más adelante, reflexiona:  "El tiempo cobra el carácter de un espacio cerrado: puede dividirse, puede llenarse, puede incluso dilatarse mediante el invento de instrumentos que ahorran el tiempo. El tiempo abstracto se convirtió en el nuevo ámbito de la existencia. Las mismas funciones orgánicas se regularon por él: se comió, no al sentir hambre, sino impulsado por el reloj. Se durmió, no al sentirse cansado, sino cuando el reloj nos exigió."

 
Como dijo Antonin Artaud, el poeta maldito, cuando inventaron el reloj “nos hicieron esclavos de nuevo”. Pero él sabía mejor que nadie que en realidad nunca habíamos dejado de ser esclavos, y quizá nunca seríamos libres.  Nos sacaron el grillete de los tobillos y nos pusieron las esposas en las muñecas. El reloj de pulsera y el calendario, que se inventaron para medir el paso del tiempo, que es imposible porque es un continuo,  y por lo tanto es falso que se pueda dividir, acabaron creándolo y haciéndolo real, ordenándolo, dividiéndolo y subdividiéndolo, y esclavizándonos a nosotros a sus despóticos dictados.


jueves, 28 de abril de 2016

¿Qué cuentan los relojes?

Los relojes antiguos no se limitaban como hacen los modernos a decirnos la hora exacta que es, cosa que, por otra parte, nunca podremos decir con precisión matemática ni exactitud, porque nada más decir la hora, ya habrá pasado, ya ha dejado de ser. Una hora bien contada nunca se acaba de contar, como nos enseñó Machado. 

Estos toscos relojes antiguos -horologia o cuenta horas, ya sean de arena, de agua o clepsidras  o bien cuadrantes solares-  nos hacen reflexionar con su sabiduría. Contienen a menudo  una máxima o frase lapidaria,  generalmente mínima, compuesta por pocas palabras que sugieren muchas cosas de índole filosófica o poética,  sobre la realidad y falsedad del paso del tiempo que pretenden contar, la fugacidad de la vida y nuestra condena a muerte, es decir, sobre la inminencia de nuestra hora, esa hora siempre futura sin embargo y nunca presente todavía ni nuestra que pende sobre nosotros como una espada de Damocles.

He aquí algunos ejemplos que he ido recopilando de aquí y de allá, tomados la mayoría de ellos de relojes solares que no dejan de asombrarnos.



Ab ultima aeternitas (A partir de la última, la eternidad) 




                               
Adhuc tempus (Aún hay tiempo)

Aetas cito pede praeterit  (El tiempo pasa con pie ligero). Nota cómo de "praeterit" que significa "pasa" viene nuestro término gramatical "pretérito": lo pasado, lo que ha sido dejado atrás, lo preterido.

Afflictis lentae, celeres gaudentibus horae (Para los deprimidos, lentas las horas;  para los que se divierten, rápidas)

Appropinquat hora (Se acerca la hora) Obviamente, se refiere sin mentarla a "la hora de nuestra muerte", como cuando decimos que a alguien le llegó su hora.

Ars longa,  vita brevis (Lo que hay que hacer -el arte- es largo, la vida breve). Es la versión latina de la frase atribuida a Hipócrates: Ho bíos brachýs, he dè téchnee makrée.

Aspice in horam et memento mori (Mira a la hora y recuerda la muerte)


Bene utere (Empléala bien, se refiere a la hora que marca el reloj) 

Breves sunt dies hominis (Cortos son los días del hombre)

Breves sunt, sint utiles (Breves son, que sean útiles) La diferencia sunt/sint es modal: sunt es modo indicativo, constata la realidad; sint es modo subjuntivo del mismo verbo SUM, expresa un deseo: las horas son breves, ¡sean provechosas! 

Brevis aetas, vita fugax (El tiempo es corto, la vida fugaz) 


 


Carpe diem (Aprovecha el día, clásico de Horacio). 

Cotidie morior (Cada día muero. Lo dice el reloj solar en primera persona, que muere sin el sol para renacer al día siguiente) 

Debemur morti nos nostraque (Nos debemos a la muerte nosotros y lo nuestro, verso de Horacio) 


Dives an pauper, nihil interest, morieris (Rico o pobre, no importa nada, morirás)


Do si sol (La doy si hay sol: se refiere a la hora)



Dona praesentis cape laetus horae  (Toma contento los dones de la hora presente, un verso de Horacio que expresa un sentimiento epicúreo)

Dubia multis, certa omnibus (Dudosa para muchos, segura para todos).

Dum loquimur fugit irremeabile tempus (Mientras hablamos huye sin retorno el tiempo, variación sobre verso de Horacio)

Dum quaeris hora fugit (Mientras preguntas por ella, la hora huye)

 Dum spectas fugio, sic vita (Mientras me miras, huyo, así la vida. Es decir, mientras me estás mirando porque pretendes saberme y atraparme con tu mirada, yo -habla el tiempo- he huido; me he escapado; luego es imposible que me detengas. Lo mismo sucede con la vida, y con toda la realidad. Si nos hacemos, llegados a este punto, la pregunta crucial de qué es el tiempo, podremos decir, como san Agustín, que 
«Si no me lo preguntan lo sé. Si me lo preguntan, lo ignoro». )

Ego redibo, tu nunquam (Yo volveré; tú, nunca)

Elapsas signat horas (Marca las horas que han pasado)

Et sic labitur aetas (Y así pasa  la vida)

Ex his una tibi (De éstas, una es tuya)

Fac dum tempus opus, mors accedit (Haz, mientras hay tiempo,  tu trabajo, la muerte viene)

Fac modo quae moriens facta fuisse velis (haz ahora  lo que al morir quisieras haber hecho)

Fert omnia aetas (El tiempo se lo lleva todo, verso de Virgilio)

Festina lente (Apresúrate despacio)

Festina,  mox nox (Apresúrate,  pronto la noche)


Fruere hora (Disfruta de la hora) La imagen del reloj representa a Leda y el cisne, metamorfosis de Zeus para seducir a la joven.

Fugaces labuntur anni (Fugaces pasan volando los años, verso de Horacio)


Fugit irreparabile tempus (El tiempo huye irrecuperable). Está tomado de un hexámetro de Virgilio: Sed fugit interea, fugit irreparabile tempus. "Pero se va entre tanto el tiempo imparable marchando".

Fugit hora, ora   (Huye la hora, ora) Invitación resignadamente cristiana a rezar ante el paso del tiempo y la fugacidad de la vida.

Haec ultima forsan (Quizás ésta sea la última)

Hora fugit, memento mori (La hora huye,  ten presente la muerte)

Hora pro nobis (Que la hora sea para nosotros, juego de palabras con el ora pro nobis  (ruega por nosotros) de la liturgia católica).

Inminet mors (La muerte es inminente)

Latet ultima (La última está latente).


Lente hora, celeriter anni (Lentamente la hora, rápidamente los años)

Me lumen, uos umbra regit (A mí me gobierna la luz, a vosotros la sombra).

Meam non tuam noscis (Sabes la mía, no la tuya)

Memento mori (Recuerda que eres mortal)


Memor ultimae,  utere praesenti  (Acordándote de la última, aprovecha la presente)

 

Mors certa, hora incerta (Segura la muerte, incierta la hora)

Natus moriere (Nacido que has,  morirás)

Ne me perdas (No me pierdas, no me malgastes)

Nec revocare potes qui periere dies (Y no puedes recuperar los días que pasaron, verso de Ausonio).

Neque diem neque horam cognoscitis (Ni el día ni la hora sabéis)

Nescia mens fati est horae sortisque futurae (Tu mente es ignorante de la hora de tu destino y de tu suerte futura)

Nihil sine sole (Nada sin sol)

Non reditura (No ha de volver: se sobreentiende la hora)
                                        

Nulla hora redibit (Ninguna hora volverá)

Numero tempus quod tu teris (Cuento el tiempo que tú malgastas)

Nunc est heri crastinae diei (Ahora es ayer del día de mañana)

Omnia cum tempore praetereunt (Todo pasa con el tiempo)

Omnia humana vana (Todo lo humano vano)

Omnia somnia (Todas las cosas,  sueños)

Omnia subvertet (Todo lo destruirá, se supone que el paso del tiempo)


Orimur, morimur (Nacemos, morimos)


Phoebo absente nil sum (Sin Febo/Apolo/el Sol nada soy)

Praeteritum nihil, praesens instabile, futurum incertum (Nada el pasado, inestable el presente, incierto el futuro)

Pulvis et umbra sumus (Polvo y sombra somos, verso de Horacio)

Quae sit quis scit? (¿Quién sabe cuál es?)

Quasi Phoenix ex cinere mea resurgo (Como el ave Fénix renazco de mi ceniza)

Quid sine sole? Nihil (¿Qué sin el sol? Nada)

Quod addo, detraho vitae (Lo que sumo, lo resto a la vida)

Quod ignoro doceo (Enseño lo que ignoro)


Semitam, per quam non revertar, ambulo (Camino por senda por la que no volveré)

Sic transit gloria mundi (Así transcurre la gloria del mundo)

Sic transit hora (Así pasa la hora)

Sic transimus omnes (Así pasamos todos)

Sicut fumus (Como humo)

Sicut umbra (Como una sombra)

Sine lumine pereo (Sin la luz me muero) 

Sol lucet omnibus (El sol luce para todos)
 



Sol me regit, vos umbra (El sol me gobierna a mí, a vosotros la sombra)


Solarius nobis comminuit articulatim diem (El reloj solar nos ha partido el día en pedazos, verso modificado y tomado de Aquilio, también atribuido a Plauto) 

Sua cuique hora (Cada uno tiene su hora)

Tempora mutantur, et nos mutamur in illis (Cambian los tiempos y nosotros cambiamos también con ellos, frase de Séneca)
                                    

Tempus fugit (El tiempo huye. Si hubiera que elegir un lema clásico de los relojes sería este, sin duda: El tiempo, en efecto, huye, pero eso no quiere decir que pase: el tiempo no pasa, pasan las cosas, incluidos nosotros, las personas, entre las cosas. Y sin embargo el tiempo se nos escapa siempre, huye de nuestra ideación, de la idea que nos hacemos de él).

Transit hora, manent opera (Pasan las horas, quedan las obras)

Tuam nescis (Ignoras  la tuya)

 

Ultima forsan (La última quizás) Se refiere a que la hora que debería verse en el reloj solar de la parte superior, al que le falta el gnomon o elemento que produce sombra,  podría ser la última.

Ut momentum horae sic tua vita fugit (Como un instante de una hora así huye tu vida)

Venio ut fur (Vengo como un ladrón)

Ventus est vita hominis (Viento es la vida del hombre)

Vides horam et nescis futurum (Ves la hora y desconoces el futuro)

Vita tua semper incerta (Tu vida siempre insegura)

Vive memor leti, fugit hora (Vive pensando en la muerte, la hora huye, verso de Persio; "letum" es otro de los nombres de la muerte, además de "mors"; de letum, precisamente, viene nuestro adjetivo "letal")

Vivens mortalis (El que vive, mortal)

Vivere memento (No está mal esgrimir, frente al clásico Memento mori -acuérdate de que eres mortal-  este epicúreo "acuérdate de vivir").


Vulnerant omnes, ultima necat (Hieren todas, la última mata; se sobreentiende "hora", claro).