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miércoles, 23 de marzo de 2016

El enigma de la belleza, según Tagliafierro

"Beauty" es el título del corto de animación, nunca mejor dicho, del realizador italiano Rino Stefano Tagliafierro, que ha dado vida virtual a una selección muy sugerente de cuadros de paisajes y figuras humanas dentro de las diversas temáticas religiosas y mitológicas de los maestros de la pintura universal tales como Tiziano, Caravaggio o Rembrandt. Sus lienzos cobran vida y nos ofrecen una sugestiva meditación sobre el enigma de la belleza.


 (Versión abreviada)

El enigma de la Belleza



"Tiempo voraz, embótale al león la garra
y haz que la propia tierra sus crías embeba,
al fiero tigre descolmilla y desquijarra
y sepulta en su sangre a la fénix longeva".
(W. Shakespeare, Soneto núm. 19, traduc. A. García Calvo)



Sobre la belleza se alzan desde siempre las nubes del destino y del tiempo que todo lo devora. La belleza es cantada,  representada y descrita desde la antigüedad como el instante fugaz de la felicidad y de la plenitud de la vida inagotable, desde el comienzo destinada a un epílogo trágico y salvífico.


En esta interpretación de Rino Stefano Tagliafierro la belleza es transportada a la fuerza expresiva de un gesto que brota del inmovilismo del cuadro, animando un sentimiento que se sustrae al quietismo propio de un museo. Como si en las imágenes que la historia del arte nos ha ofrecido estuviese congelado un movimiento que la actualidad puede revitalizar gracias al fuego de la inventiva digital.


Una serie bien seleccionada de imágenes de la tradición pictórica más bella (del renacimiento al simbolismo de finales del ochocientos, pasando por el manierismo, el paisajismo, el romanticismo y el neoclasicismo) son acercadas según una intención que localiza el sentimiento bajo el velo de las apariencias. Una inspiración que nos devuelve el sentido de una caducidad y de la brevedad existencial que el autor interpreta con la dignidad trágica de una mirada desencantada, capaz de captar el sentido profundo de una imagen.

La belleza en esta interpretación es la compañera silenciosa de la vida que inexorablemente procede de la sonrisa del niño, a través del éxtasis erótico, hacia la mueca de dolor que cierra un ciclo destinado a repetirse hasta el infinito.


Significativos, desde este punto de vista, son el amanecer de una mañana romántica en cuyo cielo vuelan unos grandes pájaros negros y el final del crepúsculo romántico con ruinas góticas que concluye la obra del tiempo que huye.



Giuliano Corti.


Versión íntegra

viernes, 11 de marzo de 2016

Vuelta a casa

El museo parisino del Louvre es el más visitado del mundo. Recibe anualmente la invasión de varios millones de personas. En el año 2013 casi llegaron a diez. 



Tres son sus obras de arte más codiciadas, filmadas y fotografiadas, que no vistas, por la marabunta de los turistas que se amontonan ante ellas. Constituyen el top three, una trinidad que no debe perderse ningún peregrino en su visita al templo de las musas de las bellas artes:    la misteriosa sonrisa de la Gioconda o Mona Lisa que pintó Leonardo,  la prima donna del museo, custodiada constantemente por dos vigilantes de seguridad y blindada tras una vitrina que no oculta los reflejos de la luz; le siguen en visitas, a gran distancia, dos damas más, esta vez escultóricas y de origen griego, la Venus de Milo, encontrada en la isla de Milo (Melos en griego antiguo, una de las cícladas), en 1820,  y la recientemente restaurada Victoria de Samotracia,  descubierta en 1863 en la isla de su mismo nombre, al nordeste del mar Egeo.


La mayoría, cámara, móvil o tableta en ristre, se dedica a sacarles una foto o a hacerse una selfi con estas damas para enseñársela a los amigos: no ven las obras de arte, las filman o las fotografían, que no es lo mismo, para verlas después o para que otros vean que las han “visto”, que han estado allí en su peregrinaje artístico.  No se dan cuenta de que para ver una obra de arte la cámara es un estorbo: basta con posar la mirada directa de nuestros ojos sin ningún filtro para admirarla.


La restauración de la Victoria de Samotracia, la obra maestra de la escultura griega del período helenístico, que data del siglo II antes de nuestra era, ha hecho que aumenten más todavía las visitas al museo.   Tras la restauración, ha salido a la luz un curioso contraste entre la blancura resplandeciente del mármol de la isla de Paros de la diosa y el mármol algo más apagado de la isla de Rodas de la proa de la nave sobre la que se posa en su vuelo. La restauración ha subrayado las formas femeninas de Niqué (victoria en griego, mejor que Nike). El que haya perdido los brazos y la cabeza no le resta atractivo, ya que está provista sin embargo de unas alas que baten al viento con sus plumas hinchadas, como si acabara de posarse sobre el navío victorioso,  y los pliegues de su vestido ondean al  aire todavía.

Ambas obras de arte,  la Afrodita de Milo y la Niqué de Samotracia, exiliadas desde hace más de ciento cincuenta años, deberían volver a su país de origen, a Grecia,  de su ya largo destierro parisino.


Os dejo con el estupendo corto de Aris Caloyerópulos (Ares Kalogeropoulos, en transcripción no fonética),  cuya música también ha compuesto él, que reclama en la lengua del Imperio la devolución del saqueo de todas las obras de arte, incluidos los mármoles de Partenón y la cariátide del Museo Británico, sin olvidar a las dos damas secuestradas en París, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia, a Grecia, su país de origen.



 

jueves, 5 de febrero de 2015

Los noventa rostros de Venus

Philip Scott Johnson hace en este vídeo un rápido repaso al arte del retrato del rostro femenino en la pintura occidental a lo largo y ancho de los últimos quinientos años. Desfilan en él en rápida sucesión numerosísimas Venus (con)fundiéndose unas con otras: desde la Gioconda de Leonardo hasta el retrato de Françoise de Pablo Picasso. La Sarabanda de Bach pone la banda sonora musical que acompaña a las imágenes. 




sábado, 18 de octubre de 2014

El Padre Nuestro pagano de Rubén Darío

Cuenta Plutarco (1)  que en tiempos de Tiberio, o sea de Cristo, y en el Mar Jónico, un barco con destino a Italia se vio obligado a detenerse junto a las islas Equínades, en las costas del Epiro, no lejos de la actual Corfú.
Entonces se oyó una misteriosa voz procedente de las Paxos, dos islotes deshabitados cercanos, llamando al capitán del barco, que era egipcio, por su nombre propio y pidiéndole que al llegar a Palodes anunciara literalmente que el gran dios Pan había muerto.   




Así lo hizo el capitán del barco. Al arribar a Palodes gritó: "El gran dios Pan ha muerto". Y al instante se elevó “un gran lamento no de una sola persona, sino de muchas, lleno de estupor”. 

Este anuncio se ha interpretado a menudo como la muerte del paganismo consumada tras el advenimiento de Cristo. La palabra paganismo procede de "pagum", que significa lugar: Pan representa el mito de la arcadia feliz, el paraíso idílico y bucólico, que podria hacerse realidad aquí y ahora, en estos mismos pagos, si no se proyectara sobre ellos la sombra de la cruz.
 
La nueva religión instauraba una fe monoteísta caracterizada por una negación de la sensualidad y del pluralismo religioso. La muerte del gran dios Pan no podía significar más que el derrumbe del mundo grecorromano.


El poema de Rubén Darío "Padre Nuestro de Pan", incluido en su Lira póstuma, expresa la nostalgia moderna -o modernista, si se prefiere- de los valores sensuales  paganos de la antigüedad.  Rubén reivindica el paganismo en este su Padre Nuestro, compuesto por ocho cuartetos de versos de nueve sílabas con rima ABBA, que contiene ecos del Pater noster cristiano. 

Padre nuestro, padre ambiguo
de los milagros eternos
que admiramos los modernos
por tu gran prestigio antiguo.

 La ninfa junto a la fuente pasa

y tiene en su blancura
lo que inspira, lo que dura,
lo que aroma y lo que abrasa.

Pues al ver la viva flor
o la estatua que se mueve,
hecha de rosa y de nieve,
nos toma el alma el amor.

 Pan nuestro que estás en la tierra,

porque el universo se asombre,
glorificado sea tu nombre
por todo lo que en él se encierra.

 Vuélvanos tu reino de fiesta

en que tú aparezcas y cantes
con los tropeles de bacantes
mancillando la floresta.

 Hunde siempre violento y vivo

y por tus ímpetus agrestes,
en el cielo cuernos celestes
y en la tierra patas de chivo.

Danos ritmo, medida y pauta
al amor de tu melodía,
y que haya al amor de tu flauta
amor nuestro de cada día.

 Deudas que el alma amando trunca

están en tu disposición,
y no le concedas perdón
a aquel que no haya amado nunca.

Sirva como ilustración del espléndido poema de Rubén Darío esta poderosa  imagen titulada "The afternoon of the faun"  de Carlos Schwabe (1923),  que tanto abunda en la Red, sin  que en la mayoría de los casos se cite su autoría y procedencia. Se ve al dios agreste y pastoril caracterizado con sus patas de cabra y cornamenta de macho cabrío tocando la flauta llamada en su honor de Pan. 


La flauta de Pan no es más que la metamorfosis de la ninfa Siringe o Siringa, que narra el poeta Ovidio, de la que se enamoró el fauno y a la que persiguió infructuosamente hasta que ella se arrojó a un río buscando la muerte, donde se transformó en unas cañas. Pan abrazó las cañas en lugar de la ninfa carnal de la que se había encaprichado, suspirando. En ese momento su suspiro se convirtió en las notas musicales de la flauta de Pan formada con cañas de desigual longitud. 

La iconografía de Pan, que es la de los faunos y los sátiros, ha servido para representar en el mundo cristiano a los demonios. Y, de alguna manera, Pan es el anticristo nietzscheano. Fue quizá el grito del capitán del barco egipcio lo que hizo que cundiera el pánico, palabra que procede de Pan precisamente, un pánico por lo que significaba la muerte de este dios, que ha llegado hasta nuestros días y oídos.

La estupenda película de Guillermo del Toro "El laberinto del fauno" (2006), titulada en inglés "Pan´s labyrinth", ha puesto de moda entre nosotros otra vez la imagen del Fauno o de Pan.

(1) Plutarco, De defectu oraculorum, 17.

jueves, 2 de octubre de 2014

La leyenda de Aracné

No está mal, aunque no esté en nuestra lengua sino en la del Imperio, sorry,  pero se entiende bien con la ayuda de las imágenes,  el corto de dibujos animados de Nick Kozis sobre el mito de Aracné, que acabó convertida en araña -eterna tejedora-  por haber retado a la diosa Minerva, o sea a Palas Atenea.



Nos encontramos con el contrapunto femenino de Spiderman: Aracné, la futura Spiderwoman de la Marvel. Tanto Peter Parker, tímido alter ego de Spiderman,  como Aracné sufren una metamorfosis, como también sufrirá Gregorio Samsa, personaje que inmortalizó Franz Kafka en su genial relato. Todas estas transformaciones nos remiten a las célebres e inagotables Metamorphoses del poeta latino Ovidio, padre de todas ellas: de las literarias, de las pictóricas y de las del comic y el cine.   



Aracné era una joven de origen humilde que vivía en la región de Lidia, en Asia Menor. Todos reconocían su talento a la hora de hilar en el telar. Tenía una destreza  extraordinaria: movía las manos y los dedos con una gran precisión y de su taller salían todo tipo de diseños,  formas y colores, cenefas y dibujos que daban vida a historias nacidas de su prodigiosa imaginación. Al contemplar sus obras,  la gente se quedaba embelesada y exclamaba: “¡Qué cosa más bonita…!”.

Pero la joven era tan diestra como orgullosa y quería que su habilidad fuera reconocida por todos sin discusión. Por este motivo, en un arrebato de soberbia, retó a la propia Minerva o sea a Palas Atenea, diosa virgen de la sabiduría, nacida directamente de la cabeza de Júpiter, diosa de la guerra en su aspecto estratégico y de las artes del hilado propias de la mujer casada que debía tejer la ropa de toda la familia a su cargo, a elaborar la tela más bella que se hubiera realizado nunca. La diosa intentó disuadir a la muchacha apareciéndosele como una anciana bondadosa y sensata que con la voz de la experiencia  le aconsejaba modestia y humildad. Aracné, sin embargo, no siguió sus sabios consejos y mantuvo, tanta era su vanidad, su pulso con la diosa. Ambas contendientes se sentaron finalmente frente a frente ante sus telares, dispuestas a competir.

Minerva bordó la escena de la posesión del Ática con todo lujo de detalles: ella y Neptuno, es decir, Posidón,  se disputaron el patronazgo de la ciudad; Neptuno llegó el primero y clavó su tridente en la acrópolis y de allí surgió una fuente de agua salada, dando a entender que su regalo era el mar, que se lo daba a la ciudad para que se abriera al mar Egeo y al mar Mediterráneo; la diosa, sin embargo, por su parte, clavó su lanza y plantó el primer olivo, símbolo de la paz, que representaba también la agricultura y en concreto el aceite como don a la ciudad, ciudad que debía elegir a cuál de los dos dioses prefería. Los ciudadanos eligieron a Atenea como su patrona, y ella, como contrapartida, le regaló su nombre, en plural,  a la ciudad. Si la diosa se llamaba Atena, la ciudad sería Atenas.      

Aracné, por su parte, ensoberbecida, decidió representar algunos episodios escabrosos en los que los dioses, sobre todo el dios supremo,  se habían mostrado deshonestos o libidinosos. Bordó, por ejemplo, el episodio que ya conocemos del rapto de Europa, en el que el propio padre de la diosa se había transformado en toro para seducir a una joven princesa fenicia... 

En el momento de comparar las dos obras, quedaba bien claro, incluso para la diosa, que el trabajo de Aracné era muy superior. La diosa se enfureció y le golpeó en la frente con la lanzadera. La muchacha se asustó y, temiendo la ira divina, corrió a buscar una soga para colgarse de una viga en su propio taller y suicidarse, arrepentida de su soberbia. Minerva se compadeció de ella y la detuvo en el último momento,  pero le lanzó una maldición: la joven viviría para siempre pero colgada de un hilo y tejería y tejería durante toda su vida, ella y su futura progenie, prisionera de una telaraña que ella misma crearía. 

Entonces los brazos y las piernas de Aracné empezaron a encogerse, se le alargaron los dedos, se le hinchó el cuerpo y quedó cubierta por una capa de pelo corto y negro: Aracné se había transformado en araña, que es lo que su nombre significa en griego.


Aracné, según grabado de Gustave Doré

Velázquez abordó este tema en su lienzo La fábula de Aracne, más conocido como Las Hilanderas: en primer plano el taller de hilado, al fondo la escena mitológica: Aracné, en el centro, es recriminada por la diosa guerrera, con casco y la mano en alto, y como telón de fondo el tapiz que ha bordado con el rapto de Europa, que es un homenaje a la obra de Tiziano. 

 

lunes, 29 de septiembre de 2014

Iconografía del rapto de Europa

La profesora Consuelo López López ha publicado el siguiente vídeo donde repasa con imágenes desde sus orígenes más remotos en Grecia y Roma hasta la actualidad la evolución artística e iconográfica del mito de Europa, la princesa fenicia que fue raptada por Júpiter/Zeus enamorado y transformado en un toro manso de gran belleza, que la llevó a lomos hasta las costas de Creta a través del mar donde se unió a ella y donde decidió otorgar a esa parte del mundo el nombre propio de su enamorada.  Las imágenes van acompañadas del concierto número 9 "Ritratto dell´amore" de François Couperain.