domingo, 18 de diciembre de 2016

Himno a Baco de Propercio

Baco, Caravaggio (1595)
 
Nunc, o Bacche, tuis humiles aduoluimur aris:
da mihi pacato uela secunda, pater.
Ya, oh padre Baco, en tu altar nos arrodillamos humildes;
dame, aplacándome, buen viento que sople a favor.

te quoque enim non esse rudem testatur amoris
lyncibus ad caelum uecta Ariadna tuis.
Dice también que libre no estás de amores Ariadna
que en tus linces subió hasta la bóveda astral.

Baco y Ariadna, Tiziano 1520-23

tu potes insanae Veneris compescere flatus,
curarumque tuo fit medicina mero.
Puedes tú apaciguar huracanes de amor alocado,
y en tu bebida hay bálsamo de la pasión.

per te iunguntur, per te soluuntur amantes:
tu uitium ex animo dilue, Bacche, meo.
Dos se hacen uno por ti, por ti se hacen dos los amantes;
Baco, de mi alma tú quítame tal pudrición.

hoc mihi quod ueteres custodit in ossibus ignes
funera sanabunt aut tua uina malum.
Esta desgracia que vieja pasión conserva en mis huesos
sólo me la curarán muerte o beber tu licor.

semper enim uacuos nox sobria torquet amantes;
spesque timorque animum uersat utroque modo.
Siempre la noche sin vino atormenta a lejanos amantes;
y esperanza y temor turban sus almas al par.

quod si, Bacche, tuis per feruida tempora donis
accersitus erit somnus in ossa mea,
Pero si gracias, Baco, a tu don por mis sienes ardientes,
llega el sueño a posar sobre mis miembros su paz,

ipse seram colles pangamque ex ordine uites,
quas carpant nullae me uigilante ferae.
cerros yo sembraré y plantaré en hilera las viñas
que ningún animal hoce, cuidándolas yo.

El triunfo de Baco o Los borrachos, Velázquez 1626-28

dum modo purpureo spument mihi dolia musto,
et noua pressantes inquinet uua pedes,
Siempre que a mí me rebosen barricas de mosto bermejo
y uva fresca en lagar manche al pisarla mis pies,

quod superest uitae per te et tua cornua uiuam,
uirtutisque tuae, Bacche, poeta ferar.
he de vivir lo que quede de vida por ti y por tu cuerna,
Baco, y poeta a mí de tu poder me dirán.

dicam ego maternos Aetnaeo fulmine partus,
Indica Nysaeis arma fugata choris,
Yo cantaré que tu madre a ti te parió fulminada,
y armas indias que al son van de tus danzas a huir,

uesanumque noua nequiquam in uite Lycurgum,
Pentheos in triplici funera grata gregi,
loco a Licurgo, en vano contrario a la viña reciente,
fin de Penteo que fue víctima de bacanal,

curuaque Tyrrhenos delphinum corpora nautas
in uada pampinea desiluisse rate,
los piratas tirrenos, delfines de cuerpo ondulante
del pampanoso bajel que se arrojaron al mar,


et tibi per mediam bene olentia flumina Diam,
unde tuum potant Naxia turba merum.
y bienolientes por ti los ríos en la isla de Naxo
donde la gente de allí bebe tu puro licor.

candida laxatis onerabo colla corymbis;
cinget Bassaricas Lydia mitra comas;
Yo cargaré blanquecino tu cuello de largos corimbos;
un turbante oriental va tu cabello a ceñir;

leuis odorato ceruix manabit oliuo,
et feries nudos ueste fluente pedes.
exhalará tu cerviz delicada aromáticos olios,
y tus descalzos pies vas con la túnica a herir.

mollia Dircaeae pulsabunt tympana Thebae;
capripedes calamo Panes hiante canent,
Retumbará femeninos timbales Tebas de Dirce;
sátiros van a sonar flautas soplando de Pan,

uertice turrigero iuxta dea magna Cybebe
tundet ad Idaeos cymbala rauca choros;
con su cabeza de torre a su lado gran diosa Cibeles
címbalos roncos hará para la danza sonar;

ante fores templi, cratere antistes et auro
libabit, fundens in tua sacra merum,
Ante las puertas del templo hará el sacerdote con cáliz
de oro la libación, vino vertiendo en tu honor. 

 
Baco joven, de Joaquín Agrasot (1872)
 
haec ego non humili referam memoranda coturno,
qualis Pindarico spiritus ore tonat:
Yo cantaré con alto coturno estas hazañas
como la inspiración truena de Píndaro al son:

tu modo seruitio uacuum me siste superbo,
atque hoc sollicitum uince sopore caput.
tú sólo vuélveme libre de mi esclavitud altanera,
y mi cabeza febril véncela con tu sopor.

El sueño de Dioniso, óleo de A. Bloemaert (1591).


El dios Baco, ebrio de vino, se abandona a un profundo sueño reparador. Su culto estuvo muy extendido en la antigüedad. En Roma un decreto del senado llegó  a prohibir la celebración de las bacanales, esos antiguos "botellones", por los desórdenes públicos que provocaban.

No sólo se veneraba en Dioniso al inventor del vino, sino también al inspirador de todo entusiasmo, de la ebriedad y la transgresión. Los romanos lo denominaban a veces Líber, porque liberaba a los seres humanos de sus inhibiciones. Un antiguo aforismo rezaba: In uino ueritas: En el vino está la verdad.   

El himno a Baco de Propercio (Elegías III, 17), compuesto en dísticos elegíacos de hexámetro y pentámetro dactílico,  es a la vez una súplica al dios, rogándole la paz del olvido que quita las penas, y un recuerdo de sus hazañas. Se cita, por ejemplo, a Ariadna, que después de ser abandonada por Teseo, fue amada por Baco, cuyo carro era arrastrado por linces.  Evoca Propercio, sin citar su nombre propio, a la madre del dios, Sémele, que fue fulmiada por el rayo de Júpiter cuando éste, accediendo a sus deseos, se le manifestó con todos sus atributos. Recuerda el poeta a Licurgo, rey de Tracia que se opuso al culto dionisíaco; enloquecido como castigo, mató a su hijo creyendo que cortaba una viña; y recuerda también a Penteo, otro rey que se opuso al culto de Baco,  porque hacía que las mujeres se desmandaran, abandonaran la ciudad y, convertidas en bacantes, se entregaran a una orgía de música y danza; Penteo fue descuartizado vivo por las ménades o bacantes poseídas por el espíritu del dios, entre las que se encontraban su propia madre y sus hermanas. Ambos reyes, Licurgo y Penteo, encarnan el espíritu racional de la prohibición, el espíritu apolíneo, que diría Nietzsche, de la "ley seca"; basándose en argumentos de orden público quieren prohibir el vino, pero ambos mueren víctimas del espíritu dionisíaco, que, inherente a la naturaleza humana, no puede ser reprimido impunemente.  Los piratas tirrenos quisieron vender a Baco, que viajaba en su barco de Icaria a Naxos, como esclavo. De alguna manera, pretendían también ellos someter, esto es, dominar al dios más libre y libertador del panteón olímpico, y por eso fueron castigados enloqueciendo y arrojándose al mar, donde se convirtieron en delfines.

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