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lunes, 5 de marzo de 2018

Desnudos nacemos y morimos

La primera mención literaria que conozco de este tema, en el que la desnudez no alude tanto al hecho físico en sí, que en el caso del nacimiento es innegable, como a la falta de protección y carencia de auténticas y verdaderas propiedades y pertenencias, está en el Qohelet o Eclesiastés, libro de la Biblia atribuido comúnmente al sabio rey Salomón, cuya datación se estima que podría ser de los siglos IV o V antes de nuestra era: Como desnudo salió del seno de su madre, desnudo se tornará, yéndose como vino, y nada podrá tomar de sus fatigas para llevárselo consigo. También esto es un triste mal, que como vino, así ha de volverse; y ¿qué le aprovechó haberse afanado para el viento? (Tomado del Eclesiastés, capítulo 5, versículos 14 y 15. Cito la Biblia por la traducción de Nácar-Colunga que conozco, Biblioteca de autores cristianos, trigésima edición, Madrid, 1975). Me llama la atención la expresión final de “afanarse para el viento” que parece una poética metáfora de “afanarse para nada”, pues al viento, como aire fugaz que es, no podemos atraparlo entre nuestras manos, y es algo que tal como viene se va.


 La barca de Dante o Dante y Virgilio en los Infiernos, Eugène Delacroix (1822)

El poeta latino Propercio, ya en el siglo I antes de nuestra era y dentro de la literatura ya latina, nos recuerda en un dístico elegíaco de hexámetro y pentámetro dactílicos que no podemos llevarnos las riquezas de este mundo al otro, porque a la hora de partir estaremos desnudos, es decir, desprovistos de todo lo que hemos acumulado en esta vida. Propercio insulta al lector “stulte”, porque no es consciente de que este viaje no puede haber equipaje ni vestimenta ninguna.

haud ullas portabis opes Acherontis ad undas:
nudus in infera, stulte, uehere rate.
(Propercio, III, 5, vv. 13-14)

No llevarás ninguna riqueza al río Aqueronte:
vas desnudo a subir, necio, en la barca infernal.

Páladas de Alejandría, por su parte, dentro de la literatura griega posclásica del siglo IV de la era cristiana, en un epigrama (Libro X, núm. 58 de la Antología Griega) compuesto por un dístico elegíaco añade que partiremos de este mundo tal como vinimos a él, desnudos, coincidiendo con el texto bíblico, pero difiere en la actitud, ya que lo que en la Biblia era un “triste mal”  no debería de preocuparnos ni provocarnos sufrimiento, sino consolarnos de un modo tal vez epicúreo: nada hemos traído, nada nos llevaremos. 



Vine desnudo al mundo, y me iré desnudo del mundo.
¿Qué sufro yo sin razón viendo desnudo el final?

Así tradujo Samuel Johnson este epigrama en versión rítmica al latín: 

Terram adii nudus, de terra nudus abibo.
Quid labor efficiet? non nisi nudus ero.

Don Antonio Machado, por su parte y dentro ya de nuestra literatura castellana del siglo XX,  en la última estrofa de su Autorretrato (que es la composición que abre su Campos de Castilla, publicado en 1912) nos dejó la preciosa imagen de “la nave que nunca ha de tornar”, que es un eco de la nave de Caronte de la literatura clásica grecorromana en la que se emprende el último viaje, e insiste en la idea de que ese viaje se hace “ligero de equipaje” y “casi desnudo”, añadiendo la comparación “como los hijos de la mar”, con todo el simbolismo que tiene para este poeta la mar, donde no hay caminos, sino sólo las estelas.

Y cuando llegue el día del último viaje,
y esté al partir la nave que nunca ha de tornar,
me encontraréis a bordo ligero de equipaje,
casi desnudo, como los hijos de la mar.

jueves, 7 de diciembre de 2017

Cual tábula rasa

Griegos y romanos usaron diferentes materiales como soporte de la escritura para que las palabras quedaran grabadas, inmutables, fijas, no fuera a ser que se les escaparan volando y se las llevara el viento. Usaron para escribir piedra o láminas de bronce, plomo o cobre e incluso metales preciosos para leyes e inscripciones fúnebres destinadas a perdurar en la memoria de las gentes; también emplearon tabletas o tablillas de madera enceradas, tiras de papiro, que es una fibra vegetal de una planta acuática que crece a orillas del Nilo y en la cuenca mediterránea, o pergamino, que, inventado en Pérgamo y empezado a usar cuando escaseó el papiro, es la piel de algunos animales jóvenes (cabrito, ternera, cordero) pelada, descarnada y curtida.

Cuando se escribía sobre papiro o pergamino, se utilizaba una pluma, que en latín podía denominarse calamus (de ahí el célebre lapsus calami o error por desliz al escribir), o penna, cortada y dispuesta como las modernas plumas de ave, que se mojaba en la tinta (atramentum) de un tintero (atramentarium).
Dice la inevitable Güiquipedia que la tabla rasa (en latín tabula rasa) es una tablilla sin inscribir. Pero habría que precisar un poco más y decir: una tablilla encerada. Y es que griegos y romanos utilizaban tabulae o tabellae, que es su diminutivo, que podemos traducir por tablillas o tabletas, para escribir en ellas de un modo privado, a modo de modernas agendas o diarios o mensajería electrónica a través de la Red.

En español se usa la expresión “hacer tabla rasa” para indicar la acción de olvidar y no tener en cuenta hechos pasados, similar a «hacer borrón y cuenta nueva». Como metáfora se aplica, desde Locke, según tengo entendido, a la mente del recién nacido, que vendría al mundo vacía, “como una tabla rasa, horra de caracteres y sin ninguna idea”.
Se esparcía cera en la superficie de unas tablillas de madera, cuyos bordes estaban levantados; por lo que su interior estaba ligeramente raspado o ahuecado de modo que la cera quedase en él fijada y bien contenida. Por lo común se juntaban varias tabletas, mediante un cordoncito pasado por agujeros practicados en el borde; por eso las tabellae podían ser dobles duplices, triples triplices... múltiples multiplices, de donde proceden nuestras palabras duplicar, triplicar... multiplicar, según el número de tabletas de madera de que estaban compuestas. Se indicaban también con el nombre griego de diptycha, triptycha… polypticha, palabras que hemos heredado en castellano: díptico, tríptico y políptico (según el Diccionario “Pintura, grabado o relieve distribuidos en varios paneles que pueden plegarse sobre sí mismos”), compuestas del número dos (di-), tres (tri-) o del adjetivo muchos (poly-) más el sustantivo πτύξ πτυχός (ptýchs ptychós) que significa literalmente pliegue.

Cada tableta se cubría de cera por las dos caras, pero en el dipthychon se enceraban sólo las partes interiores; tenía, por lo tanto, el aspecto de una carpeta, librito o cuaderno; las dos caras exteriores hacían en cierto modo el oficio de cubiertas. Sobre la anterior algunos labraban su propio nombre. Estas tabletas enceradas de madera son el antecedente más antiguo del moderno tipo de libro, y prefiguraron el códice de pergamino que sustituyó al tradicional liber, volumen o rollo de papiro.
En la cera se grababan las letras por medio de un canutito largo, una especie de punzón delgado y puntiagudo o estilete, que se llamaba stilus (o stylus), actividad que se denominaba en latín arare o exarare, con un metáfora agrícola, propiamente “trazar un surco”. En la otra extremidad del stilus había una pequeña espátula redonda o llana, que servía para borrar algunas de las letras o palabras ya trazadas, o para restituir a la cera la igualdad de una superficie uniforme y dejar la tableta quam tabula rasa, de donde viene la expresión de hacer “tabla rasa”. Así se explica el célebre “saepe stilum uertas, iterum quae digna legi sint / scripturus” de Horacio (Sátiras, I, 10, 72) “Vuelve a menudo el punzón, si vas a escribir algo digno / de releerse”, donde la expresión “volver el punzón” significa usarlo no sólo para escribir, sino, al revés también, para borrar lo escrito y corregirlo.

Stilus acabó por significar ya en latín “ejercicio de escribir”, de donde viene nuestro moderno “estilo”, palabra noble, que significa la más exquisita y estilizada, valga la redundancia, expresión de la personalidad de un artista en general y de un escritor en particular a la hora de elegir y disponer las palabras. “El estilo es el hombre” ha dicho Buffon; al principio, en cambio, era un simple punzón de hierro, de hueso, de marfil, y servía para rasguñar la cera. Recuerdo de este origen es nuestra expresión pluma estilográfica.
Las tabletas enceradas eran el medio más adecuado para transmitir misivas secretas, particularmente entre amantes, y en este caso, para que entre el remitente y el destinatario no se entremetiese la curiosidad del portador o de algún otro indiscreto, se ataban con un cordoncito y se sellaban.

He aquí la elegía III, 23, de Propercio según la edición de S.J. Heyworth en Oxford Classical Texts (2007), en la que el poeta se lamenta de haber perdido sus tablillas, igual que si fuera un moderno adolescente que ha extraviado su móvil y ofrece una recompensa a quien se lo devuelva.

Ergo tam doctae nobis periere tabellae,
scripta quibus pariter tot periere bona!
has quondam nostris manibus detriuerat usus,
qui non signatas iussit habere fidem.
illae iam sine me norant placare puellas,
atque eaedem sine me uerba diserta loqui.
non illas fixum caras effecerat aurum:
uulgari buxo sordida cera fuit.
Qualescumque, mihi semper mansere fideles,
semper et effectus promeruere bonos.
forsitan haec illis fuerunt mandata tabellis:
'irascor, quoniam es, lente, moratus heri.
an tibi nescio quae uisa est formosior? an tu
non bona de nobis crimina ficta iacis?'
aut dixit: 'uenies hodie, cessabimus una:
hospitium tota nocte parauit Amor,'
et quaecumque uolens reperit non stulta puella
garrula cum blandis ducitur hora dolis.
me miserum, his aliquis rationem scribit auarus
et ponit duras inter ephemeridas!
quas si quis mihi rettulerit, donabitur auro:
quis pro diuitiis ligna retenta uelit?
i puer, et citus haec aliqua propone columna,
et dominum Esquiliis scribe habitare tuum.

Papiros que crecen en las ruinas del templo de Apolo en Siracusa (Sicilia)

Así la traduzco en versión rítmica en hexámetros y pentámetros dactílicos españoles:

¿Se me perdieron entonces tablillas tan cultas, con las que
se me perdió también tanto de pro que escribí?
Su uso en mis manos las hubo hace tiempo gastado ,
uso que, sin firmar, hizo cobrar validez.
Ya ellas sabían sin mí calmar a mis enamoradas,
y unas palabras decir muy elocuentes sin mí.
No las había el oro incrustado hecho valiosas:
cera había sin más sobre tablero de boj.
Siempre a mí de la clase que fueran me fueron leales,
siempre prestado me han buenos servicios también.
Estos mensajes había tal vez en aquellas tablillas:
«Lerdo, enojada estoy, porque tardaste ayer.
¿No te habrá no-sé-quién parecido más guapa? ¿O lanzas
falsas calumnias no buenas en contra de mí?”
O te decía: «Vendrás hoy, juntos nos solazaremos;
«Toda la noche cuartel te ha deparado el Amor»
Y lo que inventa de grado la chica listilla, chismosa,
cuando la cita se da a triquiñuelas de amor.
¡Pobre de mí, un usurero en ellas sus cálculos hace
y entre sus libros las va frígidos a colocar!
Si alguien me las devolviera, será a precio de oro pagado:
¿Quién va a querer guardar tablas en vez de parné?
Rápido, vete, muchacho, y colócalo en una columna,
y en las Esquilias, pon,    vive el que es tu señor.

domingo, 26 de marzo de 2017

Delenda Carthago




En la primavera del año 146 antes de Cristo, corría como ahora el mes de marzo, la ciudad norteafricana de Cartago, sobre cuyas ruinas se yergue hoy Túnez, la moderna capital de Tunicia, caía finalmente en poder del ejército romano, que estaba al mando de Escipión Emiliano, quien sería conocido a partir de entonces como El Africano por su sangrienta gesta: la ciudad fue pasto de las llamas durante días, ardieron casas, templos, bilbiotecas. Todo fue arrasado. Murieron hombres, mujeres y niños. Los que sobrevivieron fueron esclavizados. Cuando ya no quedaba nada en pie del antiguo esplendor, los romanos sembraron de sal aquellas tierras ensangrentadas para que no volviera a crecer nada allí.  En la foto, las ruinas de Cartago; al fondo y a lo lejos, el azul intenso del Mediterráneo.

El cantante italiano Franco Battiato ha dedicado una bella canción a este acontecimiento histórico, que lleva por título la frase latina "Delenda Carthago", que significa "Hay que destruir Cartago", un dicho que se hizo famoso porque con él remataba machaconamente siempre sus discursos Catón el Viejo de manera obsesiva y sistemática. Battiato canta en italiano, y al final en latín, que es la lengua madre (eso sí, pronunciado a la italiana).




Aquí tenéis la letra en versión castellana de lo que Battiato canta en italiano:  Por tierras desconocidas van nuestras legiones / a fundar colonias a imagen de Roma. / Delenda Carthago. / Con los dedos teñidos de henna sobre triclinios patricios / se degustan carnes condimentadas con aromas de Oriente; / en cálices finamente jaspeados susurran los vinos, / las rosas, la miel. / En los circos y en los estadios / se juntan multitudes / trastornadas / a celebrar ritos de sangre.

Y la parte latina: ....Conferendis pecuniis... Son dos palabras entresacadas de una cita de Tácito: (Entre tanto, Italia fue devastada) para amasar caudales.
 
Y finalmente los cuatro versos siguientes, dos dísticos elegíacos de hexámetro y pentámetro dactílicos  pertenecientes a Propercio, concretamente al comienzo de la séptima elegía del libro III:

Ergo sollicitae tu causa, pecunia, uitae es!
per te immaturum mortis adimus iter;
tu uitiis hominum crudelia pabula praebes,
semina curarum de capite orta tuo.

Así podrían sonar en castellano en el mismo ritmo dactílico: 

¡Conque, dinero, eres tú la razón de una vida agobiada!
Vamos gracias a ti, y antes de tiempo, a morir;
Brindas tú un alimento feroz a los vicios humanos,
de tu caudal brotó germen de cuitas sin fin.

domingo, 18 de diciembre de 2016

Himno a Baco de Propercio

Baco, Caravaggio (1595)

Nunc, o Bacche, tuis humiles aduoluimur aris:
da mihi pacato uela secunda, pater.
Ya, oh padre Baco, en tu altar nos arrodillamos humildes;
dame, aplacándome, buen viento que sople a favor.

te quoque enim non esse rudem testatur amoris
lyncibus ad caelum uecta Ariadna tuis.
Dice también que libre no estás de amores Ariadna
que en tus linces subió hasta la bóveda astral.

Baco y Ariadna, Tiziano 1520-23

tu potes insanae Veneris compescere flatus,
curarumque tuo fit medicina mero.
Puedes tú apaciguar huracanes de amor alocado,
y en tu bebida hay bálsamo de la pasión.

per te iunguntur, per te soluuntur amantes:
tu uitium ex animo dilue, Bacche, meo.
Dos se hacen uno por ti, por ti se hacen dos los amantes;
Baco, de mi alma tú quítame tal pudrición.

hoc mihi quod ueteres custodit in ossibus ignes
funera sanabunt aut tua uina malum.
Esta desgracia que vieja pasión conserva en mis huesos
sólo me la curarán muerte o beber tu licor.

semper enim uacuos nox sobria torquet amantes;
spesque timorque animum uersat utroque modo.
Siempre la noche sin vino atormenta a lejanos amantes;
y esperanza y temor turban sus almas al par.

quod si, Bacche, tuis per feruida tempora donis
accersitus erit somnus in ossa mea,
Pero si gracias, Baco, a tu don por mis sienes ardientes,
llega el sueño a posar sobre mis miembros su paz,

ipse seram colles pangamque ex ordine uites,
quas carpant nullae me uigilante ferae.
cerros yo sembraré y plantaré en hilera las viñas
que ningún animal hoce, cuidándolas yo.

El triunfo de Baco o Los borrachos, Velázquez 1626-28

dum modo purpureo spument mihi dolia musto,
et noua pressantes inquinet uua pedes,
Siempre que a mí me rebosen barricas de mosto bermejo
y uva fresca en lagar manche al pisarla mis pies,

quod superest uitae per te et tua cornua uiuam,
uirtutisque tuae, Bacche, poeta ferar.
he de vivir lo que quede de vida por ti y por tu cuerna,
Baco, y poeta a mí de tu poder me dirán.

dicam ego maternos Aetnaeo fulmine partus,
Indica Nysaeis arma fugata choris,
Yo cantaré que tu madre a ti te parió fulminada,
y armas indias que al son van de tus danzas a huir,

uesanumque noua nequiquam in uite Lycurgum,
Pentheos in triplici funera grata gregi,
loco a Licurgo, en vano contrario a la viña reciente,
fin de Penteo que fue víctima de bacanal,

curuaque Tyrrhenos delphinum corpora nautas
in uada pampinea desiluisse rate,
los piratas tirrenos, delfines de cuerpo ondulante
del pampanoso bajel que se arrojaron al mar,


et tibi per mediam bene olentia flumina Diam,
unde tuum potant Naxia turba merum.
y bienolientes por ti los ríos en la isla de Naxo
donde la gente de allí bebe tu puro licor.

candida laxatis onerabo colla corymbis;
cinget Bassaricas Lydia mitra comas;
Yo cargaré blanquecino tu cuello de largos corimbos;
un turbante oriental va tu cabello a ceñir;

leuis odorato ceruix manabit oliuo,
et feries nudos ueste fluente pedes.
exhalará tu cerviz delicada aromáticos olios,
y tus descalzos pies vas con la túnica a herir.

mollia Dircaeae pulsabunt tympana Thebae;
capripedes calamo Panes hiante canent,
Retumbará femeninos timbales Tebas de Dirce;
sátiros van a sonar flautas soplando de Pan,

uertice turrigero iuxta dea magna Cybebe
tundet ad Idaeos cymbala rauca choros;
con su cabeza de torre a su lado gran diosa Cibeles
címbalos roncos hará para la danza sonar;

ante fores templi, cratere antistes et auro
libabit, fundens in tua sacra merum,
Ante las puertas del templo hará el sacerdote con cáliz
de oro la libación, vino vertiendo en tu honor. 

 
Baco joven, de Joaquín Agrasot (1872)
 
haec ego non humili referam memoranda coturno,
qualis Pindarico spiritus ore tonat:
Yo cantaré con alto coturno estas hazañas
como la inspiración truena de Píndaro al son:

tu modo seruitio uacuum me siste superbo,
atque hoc sollicitum uince sopore caput.
tú sólo vuélveme libre de mi esclavitud altanera,
y mi cabeza febril véncela con tu sopor.

El sueño de Dioniso, óleo de A. Bloemaert (1591).


El dios Baco, ebrio de vino, se abandona a un profundo sueño reparador. Su culto estuvo muy extendido en la antigüedad. En Roma un decreto del senado llegó  a prohibir la celebración de las bacanales, esos antiguos "botellones", por los desórdenes públicos que provocaban.

No sólo se veneraba en Dioniso al inventor del vino, sino también al inspirador de todo entusiasmo, de la ebriedad y la transgresión. Los romanos lo denominaban a veces Líber, porque liberaba a los seres humanos de sus inhibiciones. Un antiguo aforismo rezaba: In uino ueritas: En el vino está la verdad.   

El himno a Baco de Propercio (Elegías III, 17), compuesto en dísticos elegíacos de hexámetro y pentámetro dactílico,  es a la vez una súplica al dios, rogándole la paz del olvido que quita las penas, y un recuerdo de sus hazañas. Se cita, por ejemplo, a Ariadna, que después de ser abandonada por Teseo, fue amada por Baco, cuyo carro era arrastrado por linces.  Evoca Propercio, sin citar su nombre propio, a la madre del dios, Sémele, que fue fulmiada por el rayo de Júpiter cuando éste, accediendo a sus deseos, se le manifestó con todos sus atributos. Recuerda el poeta a Licurgo, rey de Tracia que se opuso al culto dionisíaco; enloquecido como castigo, mató a su hijo creyendo que cortaba una viña; y recuerda también a Penteo, otro rey que se opuso al culto de Baco,  porque hacía que las mujeres se desmandaran, abandonaran la ciudad y, convertidas en bacantes, se entregaran a una orgía de música y danza; Penteo fue descuartizado vivo por las ménades o bacantes poseídas por el espíritu del dios, entre las que se encontraban su propia madre y sus hermanas. Ambos reyes, Licurgo y Penteo, encarnan el espíritu racional de la prohibición, el espíritu apolíneo, que diría Nietzsche, de la "ley seca"; basándose en argumentos de orden público quieren prohibir el vino, pero ambos mueren víctimas del espíritu dionisíaco, que, inherente a la naturaleza humana, no puede ser reprimido impunemente.  Los piratas tirrenos quisieron vender a Baco, que viajaba en su barco de Icaria a Naxos, como esclavo. De alguna manera, pretendían también ellos someter, esto es, dominar al dios más libre y libertador del panteón olímpico, y por eso fueron castigados enloqueciendo y arrojándose al mar, donde se convirtieron en delfines.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Propercio huyendo del amor



Se propuso Propercio, herido del amor de Cintia, hacer un viaje a Atenas para tratar de olvidarla, convencido como estaba de que si dejaba de verla y ponía tierra y mares por medio lograría librar su alma de esa dolorosa pasión. 

Hace al final de esta elegía (III, 21) buenos propósitos: la filosofía académica de Platón o la de Epicuro podrán consolarlo, también la oratoria de Demóstenes o las comedias de Menandro, es decir, la literatura, sin olvidar las obras de arte tanto pictóricas como escultóricas que podrá ádmirar allí. Confía lograr con el viaje, en definitiva, y con la cultura el alejamiento y olvido defintiivos de Cintia.

Ignoraba, sin embargo, Properico aquel verso de Horacio que dice post equitem sedet atra cura: detrás del jinete galopa a su grupa la negra murria. Es decir, que en vano se propone distraerse, alejarse y olvidarse de Cintia, porque ella, quiera Propercio o no,  va a ir siempre con él como si fuera su propia sombra. Nadie huye de su propia sombra. 
  


 Magnum iter ad doctas proficisci cogor Athenas
    ut me longa graui soluat amore uia.
Largo viaje a la culta Atenas  emprendo a la fuerza
porque distancia a mí   libre de males de amor.

crescit enim assidue spectando cura puellae:
    ipse alimenta sibi maxima praebet Amor.
Crece en efecto mi pena  al mirar a menudo a mi niña:
sirve al amor el amor     mismo el menú principal.

omnia sunt temptata mihi quacumque fugari
    possit: at exsomnis me premit usque deus.
Todo lo he intentado a fin de lograr como sea
que huya; mas él,  dios que no     duerme,  me acosa sin fin. 


...at exsomnis me premit usque deus


 bis tamen aut semel admittit, cum saepe negarit:
     seu uenit, extremo dormit amicta toro.
Una con todo o dos veces me acepta, por más que se niega:
 o ella  si viene, a dormir     se echa vestida al diván.

unum erit auxilium: mutatis Cynthia terris
    quantum oculis, animo tam procul ibit Amor.
Sólo habrá una salida: cambiado el país, cuanto a mi vista
Cintia se aleje, el Amor         lejos de mi alma se irá.

nunc agite, o socii, propellite in aequora nauem,
    remorumque pares ducite sorte uices;
¡Venga ya, compañeros, al agua botad  el navío,
turnos a suerte echad     para remar a la par,

iungiteque extremo felicia lintea malo:
    iam liquidum nautis aura secundat iter.
y desplegad propicias las velas a lo alto del mástil:
ya abre a la navegación         ruta la brisa a favor!   

 Romanae turres et vos valeatis, amici,
    qualiscumque mihi tuque, puella, vale.
¡Torres de Roma, adiós, y también a vosotros, amigos,
y como quiera a ti,     niña, conmigo que estés!



ergo ego nunc rudis Hadriaci uehar aequoris hospes,
    cogar et undisonos nunc prece adire deos.
Voy pasajero bisoño a ser  del Adriático ahora 
y hoy a los dioses del mar      debo elevar mi oración.

deinde per Ionium uectus cum fessa Lechaei
    sedarit placida uela phaselus aqua,
Cuando mi lancha, bogando a través del Jónico, arriado 
haya en Corinto, en paz         plácida, velas después,

quod superest, sufferre, pedes, properate laborem,
    isthmos qua terris arcet utrumque mare.
en lo que queda, a sufrir preparáos,  pies, el camino,
donde el Istmo en mitad     parte a las aguas en dos.

inde ubi Piraei capient me litora portus,
    scandam ego Theseae bracchia longa uiae.
Cuando me acoja la orilla del puerto después  del  Pireo,
remontaré el largo vial          que hizo Teseo erigir.



illic in spatiis animum emendare Platonis
    incipiam aut hortis, docte Epicure, tuis;
Empezaré en los espacios allí de Platón a curarme 
mi alma, o en tu jardín,         sabio Epicuro, tal vez;

persequar aut studium linguae, Demosthenis arma,
    libaboque tuos, munde Menandre, sales;
 o estudiaré arte de hablar, de Demóstenes arma, 
y libaré el humor,              fino Menandro, de ti;


aut certe tabulae capient mea lumina pictae,
    siue ebore exactae seu magis aere manus.
o  atraerán los cuadros pintados sin duda a mis ojos 
su obras quizá de marfil    hechas o  bronce mejor.

aut spatia annorum et longa interualla profundi
    lenibunt tacito uulnera nostra sinu:
O el transcurrir de los años  y larga del  mar la distancia 
van en mi corazón      mudo la llaga a sanar;

seu moriar, fato, non turpi fractus amore;
    atque erit illa mihi mortis honesta dies.
o he de morir por mi sino, no de un triste amor malherido;
y el de mi muerte será            día de honor para mí.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Propercio revisitado



Hay que agradecer a S.J. Heyworth su ingente labor como editor de la obra de Propercio (Sexti Properti elegos, Oxford Classical Texts, Oxford University Press 2007). El poeta latino es quizá, como su editor reconoce, el peor transmitido de entre todos los clásicos griegos y latinos. Muchas ediciones modernas de Propercio han sido demasiado conservadoras y poco críticas, por lo que resultan la mayoría de las veces ilegibles.

Cuando un texto está plagado de errores y añadidos de los copistas, conservarlos no es ninguna virtud. Sólo hay que conservar lo que merezca la pena, lo que pueda ser una supervivencia del texto original, no un añadido peculiar del manuscribiente que, la mayoría de las veces, no entendía lo que copiaba. No se puede ser conservador de algo que está atiborrado de gruesos errores.  Por eso, junto a su impecable edición de Propercio, Heyworth ha publicado un estudio de 647 páginas titulado “Cynthia, A companion to the Text of Propertius”, donde fundamenta su edición y discute sus elecciones con todo tipo de argumentaciones, ofreciendo una traducción en prosa en inglés de todas las elegías propercianas.



Así por ejemplo, propone juntar las elegías 24 y 25 del libro tercero porque, desde el punto de vista del contenido, forman un único poema, con la siguiente redistribución de los versos. Ofrezco el texto de la edición y traducción inglesa de Heyworth con una versión rítmica propia :

 


Falsa est ista tuae, mulier, fiducia formae,
olim elegis nimium facta superba meis. 
Falsa es esa confianza, mujer, tuya en tu belleza,
muy en mis cantos ayer            enaltecida que fue.
Mistaken is that confidence in your appearance, woman, you who were in the past made haughty by my elegies.  
                      
Noster amor talis tribuit tibi, Cynthia, laudes:
uersibus insignem te pudet esse meis.
Tales elogios mi amor a ti, Cintia, te ha prodigado:
célebre en versos ser     míos,  vergüenza te da.
Such praise has our love granted you: it embarrasses that you are famous through my verses. 


Mixtam te uaria laudaui saepe figura
cum quod non esses esse putaret amor;
Yo te alabé revestida a menudo de ajena belleza
considerando mi amor              que eras aquello que no;
The you  I often praised was concocted from the appearance of various women, since love thought you were what you were not; 


et color est totiens roseo collatus Eoo,
cum tibi quaesitus candor in ore foret; 
y tu color comparé cuántas veces al alba rosada,
cuando había en tu tez         artificioso fulgor.
and your complexion was so often compared to rosy dawn, though the whiteness of your face was procured.

Haec ego nunc ferro, nunc igne coactus, et ipsa
naufragus Aegaea uerba loquebar aqua ;
Yo proclamaba, forzado a hierro o a fuego y en mismas
aguas egeas del mar,      náufrago, tal confesión;
These words I was uttering now compelled by iron, now by fire, and shipwrecked in the very water of the Aegean.
 
correptus saeuo Veneris torrebar aeno,
uinctus eram uersas in mea terga manus.
arrebatado, en la llama atroz me abrasaba de Venus,
iba amarrado yo,      manos atadas atrás.        
I was seized and roasted in Venus's savage cauldron;  I had been bound with my hands twisted behind my back.

         quod mihi non patrii poterant auertere amici,
eluere aut uasto Thessala saga mari.
De lo que no me podía librar  parentela de amigos,
ni una, con toda la mar,       bruja tesalia lavar.
Family friends could not save me from this, or a Thessalian witch wash it away in the vast ocean.




Ecce coronatae portum tetigere carinae;
traiectae Syrtes, ancora iacta mihi est.
Ved que, engalanada arribó la nave a su puerto;  
Sirtes y escollos libré,       anclas eché a fondear.
But look, the vessels are garlanded and have reached harbour; the sandbanks have been crossed, my anchor is dropped.
 
 Nunc demum uasto fessi resipiscimus aestu
ulneraque ad sanum nunc coiere mea.
Vuelvo en mí hoy por fin cansado del largo extravío,
y mis heridas ya           se han  comenzado a curar.
Now at last tired of the vast deep  I have regained my sense, and my wounds have now come together and healed.

Mens Bona, si qua dea es, tua me in sacraria dono:
exciderant surdo tot mea uota Ioui.
Santa Cordura, si tú eres divina, me entrego a tu culto:
sordo, a Júpiter, le han        dado mis ruegos igual.
Good Sense, if you are a goddess, I dedicate myself to your shrine: so many vows of mine have fallen on Jove's deaf ear. 

Risus eram positis inter conuiuia mensis
et de me poterat quilibet esse loquax.
Yo era la risa, servida la mesa, en mitad del banquete,
y el que quisiera de mí      bien se podía mofar.   
I  was a laughing-stock amidst the parties when tables were set out, and anyone at all could be loquacious at my expense.
 

 Quinque tibi potui seruire fideliter annos:
ungue meam morso saepe querere fidem.
Pude servirte a lo largo de cinco años fielmente:
Mucho mordiéndote, vas,        la uña, a llorar mi actitud.
I have been able to serve you faithfully for five years: often you will bite your nail and lament my fidelity.
 
Nil moueor lacrimis; ista sum captus ab arte;
Semper ad insidias, Cynthia, flere soles.
 No me conmueve tu llanto; burlado que fui por tu truco;
Siempre a fin de engañar,      Cintia, te das a llorar.
I am moved not at all by your tears; I have been deceived by such tricks of yours; always you are accustomed to weep to set snares, Cynthia.
  
Flebo ego discedens, sed fletum iniuria uincit:
tu bene conueniens non sinis ire iugum.
Yo lloraré al dejarte, mas vence al llanto tu ofensa:
Tú no dejas que bien   vaya la unión a la par.
I myself shall weep as I part, but the harm done outdoes the weeping: you do not allow the yoked pair to advance though well-matched.
 

Limina iam nostris ualeant lacrimantia uerbis
nec tamen irata ianua fracta manu.
Ya os digo adiós, umbral que al oírme llorabas, y puerta  
que un puñetazo jamás        lleno de rabia rompió.
Farewell now, threshold, crying at my words and door not broken by my fist angry though it was.

               At  te celatis aetas grauis urgeat annis
et ueniat formae ruga sinistra tuae;
Ah, que te acose avanzada edad con tus años secretos
y una arruga hostil        eche tu  gracia a perder;
But may old age press on you, weighed down with the concealed [and silently advancing] years, and a nasty wrinkle attack your beauty;
 
 exclusa inque uicem fastus patiare superbos
et quae fecisti facta queraris anus.
y repudiada a tu vez altiva soberbia padezcas
y, vejestorio, lo que has           hecho te dé por llorar.
and may you be shut out in tum and endure haughty rejection, and, become an old woman, may you complain of what you have done.
 
 Has tibi fatales cecinit mea pagina diras;
euentum formae disce timere tuae.
Tales pestes fatales te ha cantado mi libro;
ve aprendiendo a temer         de tu belleza el final.
These are the terrible curses my page has sung for you: leam to fear the end in store for your beauty.

(Excluye Heyworth los versos 13-14 de la elegía
Vellere tum cupias albos a stirpe capillos,
a speculo rugas increpitante tibi.
Vas a querer arrancar de raíz canos ya tus cabellos,
cuando arrugas, ay,      te haga el espejo notar.
Then you would wish to pluck your white hairs out by the root, ah, as the mirror protests against your wrinkles.).