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martes, 11 de octubre de 2016

Sembrando dudas

A la pregunta que Dios en la viñeta de Alberto Montt le hace al Diablo sobre qué es lo que está haciendo en el cerebro de un ser humano, éste responde en nuestra versión latina "dubia sémino" a la vez que implanta signos de interrogación en la materia gris que harán que esa masa encefálica se cuestione, al aflorar la incertidumbre, todas sus supuestas certezas o creencias, todas sus fes, esencialmente ciegas como son todas a la luz de la razón, poniéndolas en tela de juicio. 

La palabra "dubia" es el plural de "dubium" que significa "duda" (de la que deriva el adjetivo culto castellano dubitativo), y que conservamos en el viejo aforismo judicial del derecho romano "in dubio pro reo", que quiere decir que el juez, en caso de duda, dictamina a favor del acusado.

Precisamente con la palabra latina "dubium" está relacionado el verbo "dubitare" de donde viene nuestro dudar (dubitar, dubidar, dubdar, dudar), relacionado en su orgien con el número dos ("duo"), por lo que significa "estar dividido entre dos posibilidades", ya que el número dos representa la duda, el descubrimiento de que el uno no es ninguno (y que no hay una sola y única cosa, sino múltiples y varias) y que, por lo tanto, la unidad no existe de por sí, sino que es fruto de la dualidad, lo que nos lleva, mucho más lejos, al posible descubrimiento ontológico de que yo (y el Yo) no soy uno, sino, por lo menos, dos.

También las lenguas hermanas dan razón de este origen: en italiano tenemos dubbiare, en portugués duvidar y en francés douter (y de ahí redouter, con el significado añadido como efecto secundario de "temer").

En cuanto a la otra palabra que utiliza Satanás: "sémino",  es la primera persona del presente de indicativo del verbo "seminare", es decir, "siembro, estoy sembrando". Precisamente de este verbo procede nuestro sembrar (seminare, seminar, semnar, semrar, sembrar) y los cultismos inseminar e inseminación, diseminar (sembrar al vuelo, esparcir) y seminario, lo que nos remonta a la antigua raíz indoeuropea *see- de la que derivan también semen, simiente y semilla, pertenecientes todas al mismo campo semántico.

Y es que frente a las certezas y a las verdades divinas que nos inculca Dios (o Alá o Jehová), el diablo, por su parte, siembra la  fecunda semilla de las dudas.

Sirva como colofón esta reflexión magistral de Rafael Sánchez Ferlosio: Predicar una nueva fe entre practicantes de un viejo culto animista, tibio y desgastado puede ser un propósito con esperanza de éxito, pero proponer el escepticismo y el agnosticismo entre gentes entusiasmadas y enfervorizadas con sus propios dioses patrios no sólo parece tarea desesperada, sino también el mejor modo de atizar el fuego, ya que para la llama de la creencia no hay mejor leña que el hostigamiento, porque permite inflamarse a los creyentes en eso que suele llamarse santa indignación.

lunes, 27 de junio de 2016

Algunas etimologías

EMOTICONOS: Uno, que siempre ha tenido vocación iconoclasta y aun más,  ideoclasta, y que es amigo por lo tanto no de dar una imagen rompedora, como se dice ahora, sino de romper todas las imágenes habidas y por haber esencialmente falsas todas ellas como son y, además, falsificadoras de la realidad que pretenden reflejar, uno, decía, no puede por menos ahora de declararse enemigo acérrimo o al menos poco amigo de esos engendros que se han dado en llamar emoticonos. 

No sé quién inventó este horrísono palabro, un neologismo que es mezcolanza del latín EMOTIO, acción de e-mouere, vía inglés "emotion",  y el griego "icono", o sea imagen, es decir imágenens emotivas que expresan estados de ánimo. Al parecer eran en su origen caretos que reflejaban emociones bastante básicas y primarias como la alegría y la tristeza o el amor y el odio. Volvemos, pues, a la escritura ideográfica, abandonando el registro alfabético que debemos a fenicios en primer lugar, y a griegos y romanos en segunda y no menos importante instancia.

El humorista chileno Alberto Montt describe así esta vuelta a la escritura jeroglífica en una de sus últimas viñetas.


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LO FATAL: El hado (o los hados, si se prefiere decir en plural) es el nombre antiguo del destino. El expediente de la etimología puede ayudarnos a descubrir algo de su significado. Lo primero que surge de la investigación por vía etimológica es que la palabra latina FATVM se relaciona con FARI (hablar), FABVLA y el verbo FABVLARI, INFANS, INFANDVS, NEFANDVS, AFFABILIS, FAMA, INFAMIS... Al castellano nos han llegado así inefable, hada (femenino de hado), prefacio, y enfadar, propiamente entregarse a la fatalidad, al aburrimiento que provoca hacer algo que ya está hecho, planificado, que ya se sabe en qué consiste antes de hacerlo.

Es decir, está relacionado con una raíz indoeuropea *bhā- que evoluciona en griego ático a phee-, con el significado de decir, hablar... De ahí proceden algunos términos como afasia, disfasia, blasfemar, y por intermedio latino lastimar... En griego, con vocalismo o y sufijo -nā tenemos phoo-née, el nombre de la voz, el sonido. De este término vienen al castellano voces como: fonema, fonética, afonía, cacofonía, estereofonía, sinfonía, telefonía... 
 
Nos encontramos, pues, con que lo “fatal” es lo que ha sido dicho, lo que está dicho, lo que ya se sabe antes de que suceda o también lo que va a suceder porque se ha dicho que va a suceder y por el simple hecho de decirlo ya está sucediendo de alguna manera. De ahí procede la expresión latina FATA SIBYLLINA: los oráculos de la Sibila.

Como personificación FATA son las Parcas o hadas del destino. Resultan curiosas las expresiones FATO FVNCTVS: que ha cumplido su destino, que ha muerto, fallecido, y FATO CEDERE/OBIRE ceder/ir al encuentro de lo dicho, que significa morir. Resulta curioso, decía, cómo se equipara el sino con la muerte: aquello que nos ha sido prometido a todos es que, efectivamente, vamos a morir: ése es, pues, nuestro destino irremediable. Moriremos: morir hemos, hemos de morir: vamos a morir. Una de las imágenes más relacionadas con las Parcas es precisamente la de la muerte.

Identificadas con las Moiras griegas, se dice de estas hadas no muy benignas  que cada una preside uno de los acontecimientos más importantes en la vida del ser humano. Así una de las hermanas, Átropo, preside el nacimiento hilando el hilo de la vida humana, Clotó lo enrolla en el ovillo, patrocinando el matrimonio y la reproducción, y la tercera hilandera, Láquesis, la muerte, cortando el hilo cuando la correspondiente existencia llega a su término. 

 Átropos o Las Parcas, Francisco de Goya 1819-1823

Si nuestro FATVM es la muerte, también se puede dar la vuelta a la frase y decirlo del revés: la muerte de una cosa es el FATVM, o sea, el hecho de que se diga con palabras, que se sepa, que se convierta en idea. La idea es, pues, la muerte de la cosa... de lo que se podría deducir también que la muerte no es más que una idea, por otra parte. Lo fatal es, por consiguiente, que se sepa una cosa (porque ya está dicha) antes de haberla experimentado, y por mucha experiencia que tengamos de la vida de lo que no podemos tener ninguna experiencia es, desde luego, de nuestra propia muerte.

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MAGISTER (en este caso Noam Chomsky)  DIXIT: 


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UN POCO DE MÚSICA: Os dejo con una simpática versión moderna de la preciosa suite número 1 en G para violonchelo de Bach, interpretada con un acompañamiento extraordinario de ocho chelos, en lugar de uno. Que la disfrutéis.



sábado, 13 de diciembre de 2014

Dos viñetas de Montt


El diálogo de estos peces abisales ha tocado fondo, como se suele decir, con la siguiente constatación:  en el fondo, todos, por muy profundos que nos creamos, somos superficiales, porque el fondo es la superficie en la que nos movemos.

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Rinde Montt, el dibujante chileno, un homenaje en esta viñeta al maestro argentino Quino por su célebre Mafalda que gritaba adolescente y rebelde: "¡Paren el mundo, que me quiero bajar!". Esta vez nos encontramos ante una Mafalda quincuagenaria que ha cumplido recientemente los cincuenta años,  y que bastante indignada  sigue gritando que paren el mundo, pero no para bajarse ella esta vez, cómodamente instalada ya en su sillón como persona adulta, sino para que se bajen algunos, no pocos, de esos congéneres que si no nos hacen a todos la vida imposible, nos la amargan bastante. No hace falta, supongo, dar nombres propios.

    

lunes, 10 de noviembre de 2014

El humor de Alberto Montt

 Obsolescencia programada
 

El dibujante chileno Alberto Montt nos sorprende esta vez con  el descubrimiento de que entre los numerosos inventos de cacharros que la sociedad de consumo ha programado para que duren poco y se queden obsoletos y para que nos resulte más rentable tirarlos a la basura que repararlos, por lo que tenemos que reemplazarlos cada poco tiempo (lavadoras, coches, frigoríficos y un larguísimo etcétera de artilugios o, mejor dicho, cachivaches de efímera vida),  está, nada más y nada menos, que...  la monogamia, es decir, el amor (eterno) a una sola persona durante toda la vida.

Esta palabra "monogamia" es de origen griego, por cierto. Y es que estamos hablando griego a cada paso sin ser conscientes de ello: mono significa "uno, único", como en mon(o)-arquía ("arquía" gobierno), mono-teísmo.. ("teós" dios)  y "gamia" quiere decir matrimonio o unión sexual, como se ve en  endo-gamia ("endo": interno, como en endó-geno), exo-gamia ("exo": externo, como en exó-geno), poli-gamia ("poli" varios, muchos, como en poli-teísmo), bi-gamia ("bi" dos);  y por recurrir al campo científico de la biología, ¿os acordáis de haber estudiado las plantas faneró-gamas y criptó-gamas? ¡Qué facil hubiera sido entonces, cuando nos hacían memorizar aquellos palabros tan difíciles, haber aprendido algo de griego como que "fanerós" significa visible, por lo que las plantas fanerógamas son las plantas exhibicionistas que tienen los órganos sexuales a la vista, y "criptós" oculto, como demuestran vocablos como crítpico, cripta o encriptar, por ejemplo, por lo que las criptógamas son las plantas que carecen de flores o que no tienen órganos sexuales visibles a simple vista!

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Manipulador, egoísta y amateur